Un volumen de ensayo muy personal. En De qué hablo cuando hablo de escribir, Haruki Murakami desvela mucha de sus claves e ideas sobre la escritura.

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TRANSCRIPCIÓN

De qué hablo cuando hablo de escribir, de Haruki Murakami. Una exploración de sus ideas, opiniones, desarrollo, rutinas y valores contado por él mismo. Un Murakami que se sincera más de lo que parecía posible.

Lo publica la editorial Tusquets.

Vamos allá.

Tras leerlo, ya no tengo claro qué esperaba de este libro. Haruki Murakami tiene fama de ser una persona muy celosa de su intimidad. Era evidente que no lo iba a contar todo. Y hay momentos en que así es.

Un ejemplo.

Su esposa. Es un personaje principal en la historia del origen del Murakami escritor. Pero aparte de lo que ya sabíamos sobre lo de casarse y montar un bar, en este libro se explica la enorme importancia de su mujer como su primera lectora y la primera que critica su obra. Pero solo obtenemos esos pequeños e importantes destellos. Me encantaría saber más sobre ella y lo que piensa.

Por otra parte, Murakami tiene fama de autor políticamente neutral. Es una fama injusta, porque basta con leer atentamente La caza del carnero salvaje, con sus discusiones sobre el pasado militar de Japón, o Baila, baila, baila, con su crítica de la burbuja inmobiliaria, para saber que no es así.

Pero incluso sabiéndolo, sorprende la inclusión de todo un capítulo dedicado a criticar la escuela en Japón. Siendo Murakami, esperaba su defensa del individualismo. Lo que no esperaba es que fuese tan explícito en su crítica. Está claro que Murakami se toma muy en serio su papel social.

De qué hablo cuando hablo de escribir reúne 11 textos que forman una especie de ideario personal. El propio autor los compara con conferencias no leídas y sí tienen ese tono. Están claramente escritos para ser contados, para ser comunicación directa con el público. Dice al final que son puramente reflexiones personales y casi se disculpa al afirmar que no sabe si pueden servir a alguien.

Pero sí que sirven. Si eres seguidor de Murakami, harás bien en leerlo. Mucho de lo que cuenta se refleja directamente en su obra.

Si “todavía” no eres seguidor de Murakami, tengo una recomendación para ti.

En sus casi 300 páginas se tratan muchos temas, más de los que puedo comentar. Casi todos se refieren a Murakami como escritor. Desde el origen de su carrera literaria, que atribuye al azar por un lado y a una fuerza especial que se le ha concedido, hasta el proceso práctico que sigue para escribir: diez páginas al día, parando cuando termina sus páginas.

¿Y cómo ve Murakami lo de escribir novelas?

Pues lo ve muy similar a un trabajo físico. De hecho, destaca la necesidad de mantener una buena forma física. Para él, el ejercicio, las costumbres moderadas, la vida monótona y la fuerza física son elementos imprescindibles para mantener la creatividad. Murakami no es amigo del mito del escritor que se destruye psíquica y físicamente.

Le quita romanticismo a su profesión. Sorprende, sin dejar de tener razón, las actividades que compara con escribir una novela. Nos cuenta que las personas inteligentes se cansan con facilidad de ser novelistas.

Para Murakami, lo realmente complicado es mantener una carrera de novelista. Eso requiere una cierta capacidad que no está al alcance de cualquiera. Para él, exige cierta música, pasárselo bien, mucho tesón y toda la fortaleza física y espiritual que puede lograr.

Concibe la literatura como un proceso de extracción desde unas profundidades ignotas y oscuras. Cuanto más larga y compleja es la novela, más debe cavar y explorar esa oscuridad. Clavar esos cimientos en la oscuridad requiere una sintonía entre lo físico y lo espiritual.

De ahí su insistencia en la resistencia y la persistencia. No es fácil ahondar en esos pozos.

No sorprenderá a nadie que Murakami afirma no sentirse ni genial ni especial. Pero se muestra siempre seguro de sí mismo y de sus convicciones, concluyendo más de una idea con alguna versión de “así soy yo”. Acepta las críticas mientras escribe, pero pasa de ellas tras la publicación. Al contrario que la mayoría de los autores, dice pasárselo bien escribiendo.

Agradece el apoyo de sus lectores, en contraste con el recibimiento frío que recibe en el mundo literario. Le sorprende, no sin cierto orgullo, que no haya diferencia de sexos entre los que le leen y que sus libros traspasen las barreras generacionales. Está claro que le alegra que padres e hijos lean sus obras y las comenten juntos.

En varios momentos, reflexiones abstractas acaban convertidas en comentarios sobre su obra. Cuando habla de la originalidad, acaba extendiéndose sobre los cambios deliberados en su forma de escribir, porque la evolución en el estilo le parece un requisito importante. De la misma forma, comenta el paso de no usar nombres para los personajes a bautizarlos para hacerlos más reales. Hasta el punto de que fue Sara, en El año de peregrinación del chico sin color, la que decidió cambiar el curso de la novela.

El personaje, no el autor. Ella planteó el giro fundamental.

El momento más divertido del libro es cuando se pregunta si al final a Borges le dieron el Nobel. Eso es todo lo que necesitas leer para comprender su relación con los premios.

Por haber, hay un comentario de pasada que es simultáneamente una idea de lo más interesante que merece un desarrollo y a la vez suena a reflejo de su obra. Se da en la página 281, cuando dice que en Japón y Asia oriental no existía la modernidad antes de la llegada de la posmodernidad. Que no había esa separación tan clara entre lo objetivo y lo subjetivo.

¿No suena totalmente a Murakami?

Esa ausencia de separación se manifiesta en muchos puntos de este libro. Podría decirse incluso que es su fundamento y su razón de ser, presentarse tanto en lo objetivo como en lo subjetivo. Te está hablando de oscuridades y sótanos. Y luego te cuenta que salir al extranjero fue una decisión totalmente práctica. Que él mismo se encargó de buscar las traducciones para sus novelas, de forma que pudiese ofrecerla a los editores americanos en las mismas condiciones que un autor nativo.

De qué hablo cuando hablo de escribir no es esfuerzo a medias. Decidido a ser sincero y contar cosas, pues cuenta y se centra en ello. Ofrece muchos momentos deliciosos y muchas explicaciones que te hacen comprender mejor su obra. Manifiesta su seguridad en sí mismo, el empecinamiento que sostiene su carrera de escritor.

Si eres seguidor de Murakami, te va a encantar y lo leerás de un tirón, porque tiene ese tono cercano y cálido de conversación. Si eres seguidor de Murakami, te sabrá a poco, porque por muchas preguntas que conteste, siempre quedan otras sin respuesta.

Habitualmente en este punto es cuando pregunto si el libro te gusta, si lo vas a leer y demás. Pero si has llegado hasta aquí, es que te gusta Murakami. Por tanto, deja en los comentarios tu libro de Murakami, el que más te gusta.

Qué duro es ser joven

Leyendo la columna titulada ‘Millennials’: dueños de la nada me vienen a la cabeza dos reflexiones habituales que son así como gordas y también toda una constelación de pequeñas ideas.

Entre las pequeñas ideas, que resulta un poco triste que se dedique tanta inteligencia a escribir un texto así. También que después de tantos siglos no hayamos aprendido que cuando una persona de cierta edad se pone a escribir algo de estilo “es que los jóvenes de hoy”, debería parar inmediatamente e irse a hacer otra cosa, porque el resultado no va a ser bueno. O lo absurdo que resulta que por el simple hecho de haber nacido en un periodo de veinte años el mundo injustamente insista en meter en el mismo saco y tratar de la misma forma a individuos muy diferentes –unos están todavía en el instituto, otros salieron hace una década de la universidad– como si todos participasen de la misma mente colmena.

Parece que inevitablemente la edad trae cierto anquilosamiento que le impide a uno ver más allá y solo te permite recurrir a lo fácil. No me alegra comprobarlo una vez más, porque estoy a punto de cumplir los 50. Pero supongo que no tiene sentido negarlo.

Mi primera reflexión mayor es que debe ser duro ser joven en el mundo moderno. Es decir, todos hemos pasado por eso, y a los jóvenes en todas las épocas se les consideraba peores que las ratas que diseminaban plagas. Se joven es ser blanco, forma cómoda de asignar culpas sin necesidad de pensar o hacer uso de otras facultades cognitivas (y, por supuesto, mucho más seguro que meterse con algún otro grupo más merecedor que podría tener poder o similar). Pero hoy en día la cosa suena todavía peor. El desarrollo de internet y las redes sociales en particular permiten que ese discurso fácil se repita una y otra vez. De mí generación decían lo mismo, pero no tan repetida y machaconamente como se habla de los millennials.

La otra es que debe ser duro levantarse un día y comprobar que el mundo ya no te pertenece. O al menos, ya no te pertenece de la misma forma. El centro, el lugar generador de novedad, es de otros; de otros que encima, en su profunda villanía, no se molestan ni en pedirte permiso primero, haciendo caso omiso de la nobleza de tus canas. De nuevo, nos ha pasado a todos y algunos somos incluso capaces de aceptarlo y disfrutarlo. Pero para muchos, es claramente la última humillación de la realidad, un derrocamiento de una posición absoluta que creían inamovible. Perder el puesto que uno creía merecer por derecho provoca ira, está claro, y esa ira hay que descargarla contra alguien.

Los jóvenes son siempre un blanco fácil de las frustraciones de los adultos.

La naturaleza humana es así, imagino, y supongo que no me sorprende. Lo que me sorprende, y mucho, es que los periódicos sigan insistiendo en publicar ese tipo de textos. Aunque en realidad, quizá es que simplemente conocen bien a su público.

Una extraña bomba ha liberado las más alocadas fantasías surrealistas que ahora recorren el París ocupado por los nazis. Ese es el mundo fantástico al que nos invita China Miéville en Los últimos días de Nueva París.

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TRANSCRIPCIÓN

Los últimos días de Nueva París, de China Miéville. Una novela con nazis, demonios y cadáveres exquisitos. Todo eso en un París alternativo radicalmente transformado.

La publica Ediciones B.

Vamos allá.

En 1941, durante la segunda guerra mundial, una bomba estalló en París. La explosión liberó el surrealismo. Sus delirantes creaciones, sus fantasías desquiciadas, sus caprichosas ideas. En particular, los cadáveres exquisitos, criaturas imposibles, combinaciones de elementos totalmente inconexos, que ahora recorren la ciudad como si siempre hubiesen estado vivas.

La acción de la novela se inicia en 1950. París es una ciudad casi en ruinas y aislada del mundo. Todavía está ocupada por los nazis. Nazis que mantienen una incómoda y renuente alianza con demonios surgidos del inframundo.

Lo comento por si lo del surrealismo vivo recorriendo la ciudad parecía poco.

Quedan grupos de resistencia, por supuesto. Y a uno de esos grupos, basado es un colectivo artístico real, pertenece Thibaut, quien ya era un surrealista mucho antes de ser combatiente. Todo su grupo murió en una emboscada y ahora, cansado y totalmente harto, recorre una ciudad que aspira a abandonar como sea.

Así da con Sam, una mujer venida de fuera con la intención, o eso dice, de fotografiar todos los manifs, todas esas creaciones del surrealismo que recorren las calles de París. Por desgracia, Sam fotografió algo que no debería… o sí… y los nazis, ayudados por mesas lobo, la persiguen.

Los capítulos de 1950 se alternan con los de 1941, donde se nos cuenta la historia de la bomba, que es la historia de Jack Parsons, un ingeniero de cohetes americano y miembro del grupo ocultista de Aleistair Crowley. Parsons, deseando luchar contra los nazis, usa su magia y su ciencia para acumular cierta fuerza creativa.

En 1950, Thibaut va acompañado por el más desconcertante de los cadáveres exquisitos, con su sombrero de oruga, su locomotora que le atraviesa la barba. Thibaut decide ayudar a Sam, quien afirma estar preparando un libro de fotografías llamado Los últimos días de Nueva París.

Hay muchos seres raros que fotografiar.

Los nazis por su parte están dedicados a sus investigaciones mágicas y ocultistas, con su intención de invocar algo… ¿el qué? Quizá un manif superpoderoso o un demonio que se deje controlar.

Nada bueno.

Los personajes reales, una mayoría, tienen vidas muy diferentes en este mundo alternativo. Esos personajes, más ocultismo, ciencia, surrealismo, arte a raudales, nazis enloquecidos, sectas religiosas, objetos mágicos que funcionan porque sí son los elementos con los que China Miéville va montando este libro. Se lee en ocasiones como una partida de rol o incluso un videojuego.

Porque en realidad, lo que quiere China Miéville es mostrarte ese París, la ciudad profundamente alterada con su súbita explosión de imaginación surrealista. Se deleita con cada descripción estrambótica, con cada detalle incoherente o contradictorio.

Su prosa se eleva exuberante como las nuevas torres de Notre-Dame y se retuerce como la escalera moteada de serpiente. Tras cada punto y seguido puede surgir una nueva creación de los surrealistas que Miéville recrea con mimo. Al final acabas queriendo más a los manifs que a los protagonistas. Que no dudo, era exactamente la intención del autor.

Con su énfasis en el París trastocada, la novela debe mucho al concepto del flâneur, el paseante que recorre la ciudad, la recrea y la hace suya con el simple procedimiento de caminar. Thibaut es ese caminante, paseándose por su París con un pijama de mujer que le da superpoderes, observando los alocados edificios o las desconcertantes actividades de la fantasía hecha carne.

La novela usa ese deambular para oponer la idea de un arte vivo, revolucionario y desconcertante, contra un arte mucho más decorativos, mucho más ñoño. Incluso en su decepción, Thibaut no puede dejar de admirar su París, mientras que los nazis intentan controlarlo y dominarlo de la forma más burda. Thibaut es un exquisito admirador del surrealismo. Los nazis son unos paletos.

El autor no se limita a mostrar los elementos más obvios del surrealismo. El libro viene con una serie de notas finales donde puedes ir siguiendo los elementos artísticos que van apareciendo. Notas que son parte muy importante de la novela.

Solo tengo dos puntos de insatisfacción. Uno es que la traducción de los diálogos es algo más rígida de lo que debería ser y contrasta con las descripciones. Lo segundo es una peculiaridad de China Miéville como escritor. Sus finales no suelen estar a la altura del resto de la novela. En este caso, el final de la historia encaja totalmente con lo contado, es la evolución natural de la trama, pero sabe a poco. Es como si tuviese miedo de las consecuencias de lo que ha creado, como si no estuviese dispuesto a dar el último paso.

Por suerte, hay dos finales más. Porque una cosa es la historia de Thibaut y sus vicisitudes, y otra diferente, el final del libro, que se produce en el último párrafo de sus notas. Porque insisto, las notas son parte importante de la novela.

China Miéville es un autor de una enorme imaginación y en Los últimos días de Nueva París hace muy buen uso de ella. Logra que añores seguir en la ciudad que ha conjurado. Logra que desees girar una esquina y seguir explorando. Te olvidas bastante de los personajes y deseas permanecer en Nueva París.

Exposiciones

Pasé el fin de semana en Londres y tuve oportunidad de ver 4 exposiciones que me gustaron mucho. Ahí van:

David Hockney: Conocí a David Hockney en el instituto por sus fotografías (teníamos un profesor de diseño muy bueno, la verdad), esas que hacía con Polaroid o moviendo la cámara de un lado a otro. Para mí la pintura llegó después. Pero fue muy emocionante ver de verdad alguna de esas fotos. Lo mejor de la exposición es que va de principio a fin (trabajos en un iPad y material multimedia) y da una visión muy completa. De las pinturas, a destacar “A Bigger Splash” y varios de los cuadros con dos personas. (Tate Britain).

Giacometti: Una que me encontré cuando ya estaba en Londres. Una exposición espectacular, repasando toda su carrera. Está muy bien organizada y empieza de fábula: una habitación llena de cabezas de toda su vida artística, desde las primeras cuando era muy joven hasta las última. El cierre también es muy bueno, con varias piezas de gran tamaño (Tate Modern)

Balenciaga: Aparte de los vestidos, una cosa que me gustó en que se hacía mucho hincapié en cómo estaban hechos, en la parte estructural y de forma, casi geométrico. Algunos vestidos dependen de doblar de cierta forma una pieza completa de tela. Muy bonito y muy interesante. La segunda planta está dedicada a diseñadores posteriores que hablan de la influencia de Balenciaga con ropa más moderna (Victoria & Albert)

Hokusai: La última que vi unas pocas horas antes de subir al avión. El tema es “Más allá de la gran ola”, porque se trata de dar una visión en conjunto de todo lo que hizo Hokusai a lo largo de sus muchas décadas de trabajo. Hay cosas francamente espectaculares, con estilos o temas que yo al menos no asociaba con él. Queda claro todo lo que su actividad tenía de profesión y también su incesante búsqueda de cambios y nuevos estilos. Por supuesto, la Gran Ola tiene su propia sección, donde se explica el proceso de impresión de la época, el uso del azul de Prusia y demás. Y también se dedica una sección a hablar de la hija de Hokusai, Ōi. Una exposición maravillosa (British Museum)

Es uno de mis libros preferidos de Murakami. Después del terremoto es una recopilación de seis cuentos maravillosos que también sirve como un buen punto de entrada al mundo de Haruki Murakami.

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TRANSCRIPCIÓN:

Después del terremoto, de Haruki Murakami. Una recopilación de seis cuentos maravillosos que tienen como punto común más o menos explícito el terremoto de Kobe de 1995.

Lo publica la editorial Tusquets.

Vamos allá.

Es una obviedad afirmar que la ficción de Murakami, incluso la más realista, transcurre en al menos dos mundo simultáneos.

Está el mundo habitual, donde deviene todo lo que vemos, oímos, lo que percibimos. En ese mundo, todo sucede tal y como debe suceder.

Luego está el mundo de la psique, quizá el inconsciente, quizá algo todavía más ignoto y desconocido. Un sótano profundo. En ese mundo es donde habita el trasfondo común histórico y narrativo de todos nosotros.

Podría pensarse que un mundo es el real y el otro el fantástico. Pero en verdad son dos caras de la misma moneda y simplemente siguen lógicas diferentes. En uno de los mundos, los terremotos se producen por procesos geológicos. En el otro, los terremotos son el resultado de un gusano gigante que vive en el subsuelo.

Ambas verdades, o falsedades, coexisten en la ficción de Murakami.

La característica que une los seis cuentos de Después del terremoto es que se trata de historias individuales. Los protagonistas son personas concretas, que tienen unos problema concretos.

Pero sí, admito que son problemas que van desde ser hijo de un dios a estar enamorado de la mujer de tu mejor amigo. Pero siempre y en cada uno de los casos, esos problemas tienen nombres y apellidos.

Lo que se nos cuenta sucede a pocos días de la tragedia de Kobe. De entre toda la masa anónima, Murakami extrae a seis individuos. Estos seis relatos son todo lo contrario de una estadística.

Se trata, efectivamente, de destacar la absoluta subjetividad de cada uno de los protagonistas.

No se trata de contrastar una enorme tragedia como el terremoto de Kobe con estas historias individuales. Se trata más bien de manifestar que ambas formas de ver el mundo son compatibles y se dan simultáneamente. Hay un momento para las cifras abstractas y un momento para los hechos individuales.

En Después del terremoto, los temblores geológicos se dejan sentir mucho más lejos y en otro lugar. La destrucción altera también el espacio psíquico y mental.

Y esa alteración, la súbita furia de la tierra, abre grietas dejando al descubierto enormes vacíos interiores que los personajes no sabían que tenían.

A veces es indirecto.

Como le sucede a Komura, el protagonista de “Un ovni aterriza en Kushiro”, que se ve de pronto abandonado por su mujer cuando esta se obsesiona con el terremoto. La única razón que le ofrece es «vivir contigo es como vivir con una masa de aire». Lo que parece un diagnóstico acertado. Porque Komura tiene serios problemas para sentir y experimentar la textura del mundo. De todos los personajes del libro, Komura es el que manifiesta la anhedonia fundamental de tantos héroes de Murakami. A Komura, el eco del terremoto le resulta «monocorde y lejano», el café aguado e insípido, tanto le da el frío como el calor. Pero el abandono de su mujer, un súbito viaje a Hokkaido y un encuentro íntimo le impulsan a mirarse a sí mismo.

“Paisaje con plancha” es la historia de Junko, una adolescente fugada de casa. También es una historia de comunión frente al fuego, de la llama como reflejo del mundo interior, de proyección en la hoguera de la playa de ese espacio psíquico. También hay comentarios sutiles sobre el arte y la construcción de nuestra historia vital. Que, por cierto, resulta ser en parte una versión bastante explícita de la estética de Murakami. Hay ecos de la búsqueda del sentido en el tiempo. De lo ancestral y lo eterno como puntos de referencia. Temas que en Junko se combinan con el deseo de ser aceptada y percibida como persona. El vacío interior vuelve a aparecer, pero en este caso es producto de la circunstancias vitales y no una característica intrínseca del personaje.

Junpei, el protagonista de “La torta de miel” es un escritor de cuentos que tiene problemas para organizar su propia vida. Amores y amistades se mezclan en un peculiar triángulo familiar, luego convertido en cuarteto. Murakami muchas veces ha jugado con la idea del doble y este cuento es un buen ejemplo más. En este caso, lo que trastoca el mundo de Junpei son las imágenes de muerte y destrucción, la ineludible realidad de la desaparición final.

En los cuentos “Todos los hijos de Dios bailan” y “Rana salva a Tokio” es donde más explícitamente se manifiesta la vacilación entre los dos mundos que mencionaba antes.

El primero habla de Yoshiya, que en su día abandonó la secta religiosa a la que pertenece su madre. Sin embargo, el alejamiento no es total. Primero por la estrecha relación que mantiene con su madre y porque además esta insiste en que Yoshiya es hijo de su Dios. Un encuentro casual desata una epifanía súbita, una comunión casi mística con la tierra y el pulso fluido y geológico del mundo. El lugar donde se produce y el conjunto de las circunstancias, todo mundano hasta el extremo, no restan valor a la experiencia, sino que la incrementan. ¿Es Yoshiya hijo de un Dios? Hay dos opciones. O puedes responder como quieras. O bien puedes decidir que la pregunta no tiene sentido.

“Rana salva Tokio” es el cuento más gracioso de la recopilación. La deliberada ridiculez de una rana de tamaño humano que busca a un gestor de préstamos, Katagiri, para que le ayude a enfrentarse a Gusano y así salvar a Tokio de la destrucción de un segundo terremoto.

Katagiri es el héroe más anodino que Murakami ha creado jamás. Es como doble y contraste de Rana. Este es un anfibio alto, robusto y con una asombrosa facilidad para citar a los clásicos. ¿Es Katagiri un héroe secreto, un santo destinado a salvar anónimamente al mundo? ¿O se trata de un hombre tan difuso y etero que debe imaginar una rana gigante para sentirse conectado con la realidad? Sí, claro que sí. O no, por supuesto que no.

Las historias de este libro se van abriendo con delicadeza y precisión. Son elegantes análisis de distintas personalidades, cada una de ellas enfrentada a un súbito movimiento tectónico que altera su mundo. Ninguna de las historias concluye realmente.

Es decir, el análisis de lo que sienten los personajes y lo que experimentan está completo, pero los protagonistas acaban frente a un umbral que están a punto de atravesar y que cambiará completamente sus vidas. Cuando nos despedimos de cada uno de ellos, los dejamos justo después del terremoto, pero también justo antes del resto de sus vidas.

La nota final en todos los cuentos es de un enorme optimismo, una amplitud inmensa de posibilidades para todos ellos. Pero no estamos seguros de lo que sucederá a continuación, porque en estos cuentos lo importante es ese momento justo, el ligeramente fuera del tiempo, el atisbar otro mundo, el saber que las cosas pueden ser diferentes y mejores.

Dejo para el final la mejor de las historias, la simplemente titulada “Tailandia”. Siempre mi preferida cada vez que he leído este libro. Es todavía más sutil, más delicada y más armoniosamente melódica que las otras. Trata de Satsuki, una doctora que tras un congreso en Tailandia decide tomarse unas vacaciones. La asiste el enigmático y sabio Nimit, su chofer durante esos días.

Satsuki porta una carga interior que ella inicialmente apenas percibe pero que los ecos del terremoto dejan al descubierto. Al igual que los otros personajes, aspira a deshacerse de su vacío interior. Las conversaciones con Nimit van siendo su guía, en un proceso que se va desarrollando lentamente.

Hay aspectos curiosos en Después del terremoto. El optimismo de las historias. Que los personajes tengan nombre. Que sean absolutamente individuales. Enfrentados a un seísmo psíquico, todos los protagonistas parecen capaces de aceptarse y cambiar sus vidas. Lo conseguirán o no. eso ya es otra cosa. En cada caso, verse a sí mismos con claridad es el triunfo real.

Después del terremoto es una recopilación ideal para empezar a leer a Murakami. Su visión del mundo, la relación entre realidades, su tratamiento de la subjetividad y el yo interior se manifiestan frente al lector con sencillez, esmero y perfección.

Como siempre, si has leído el libro, deja tus comentarios. Y si no lo has leído, ¿piensas hacerlo? ¿Te gusta Murakami? ¿Te animas a empezar por este libro?

Nuevo vídeo en mi canal. Esta vez, sobre El tío Petros y la conjetura de Goldbach, de Apóstolos Doxiadis, una excelente novela sobre ambición y matemática. Enfrentarse a una demostración que ha derrotado a las mentes más brillantes.

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TRANSCRIPCIÓN:

El tío Petros y la conjetura de Goldbach, de Apóstolos Doxiadis. Una novela sobre familia, matemática, la imposibilidad de conocer, la obsesión y el orgullo. La publica Ediciones B.

Vamos allá.

Es una familia peculiar. Dos de los hermanos se dedican al negocio familiar, mientras el otro, Petros Papachristos, vive aislado en una vieja casa, dedicado al ajedrez y rodeado de libros de matemática que no lee. Se le considera la oveja negra de la familia.
Verán.

Por alguna razón, Petros Papachristos no cumplió el destino para el que estaba aparentemente dotado: ser un gran matemático. Su sobrino, sufriendo algo de rebeldía juvenil, se siente atraído por la figura de su tío, cuya condición de paria familiar no acaba de comprender.

Al descubrir que su tío Petros fue un importante matemático, él también decide dedicarse a esa disciplina. Pero su tío tiene ideas muy concretas sobre quién puede ser o dejar de ser matemático, por lo que condiciona su bendición a la ejecución de una tarea.

Una tarea muy fácil de explicar.

Se trata de demostrar que todo número par superior a 2 se puede expresar como la suma de dos números primos.
Por ejemplo, 4 es 2+2, por lo que cumple la condición. 6 es 3+3, por lo que también la cumple. 20 17+3. 112 109 + 3. 4.567.138 es 4.567.109 + 29.

La idea es que de esa forma podemos seguir recorriendo los pares. ¿Es así siempre? ¿Se puede demostrar que tal condición se cumple para cualquier par superior a 2?

Ese es el problema planteado.

Por supuesto, tras un verano de obsesivo trabajo, el sobrino no logra demostrar tal cosa. Era de esperar, porque ese problema se llama la conjetura de Goldbach. Y conjetura indica precisamente que nadie ha logrado demostrarlo. Es uno de los problemas no resueltos más famosos de la matemática, sobre todo porque es tremendamente sencillo de exponer.

El sobrino, convencido de su incapacidad para la matemática, firma un documento asegurando que no estudiará esa disciplina y parte para América… a eso de la universidad. Pero un día, su compañero de cuarto le descubre la naturaleza del problema real y el sobrino monta en cólera. ¿A qué se debió la traición de su tío? ¿Cómo pudo asignarle una demostración que había derrotado a las mentes más brillantes de la matemática? Y en particular, como descubre después, derrotó a la mente brillante de su propio tío.

Porque efectivamente, Petros Papachristos intentó durante años demostrar la conjetura de Goldbach.

El tío Petros y la conjetura de Goldbach es un libro muy corto, pero logra contener una multitud de temas que maneja con soltura.

¿Cuál fue el verdadero fracaso del sobrino? ¿No haber logrado demostrar la conjetura o no haber persistido a pesar del fracaso? Su tío, ¿fracasó en la demostración o encontró una excusa conveniente para abandonar una búsqueda que le hubiese garantizado entrar en el panteón de los grandes matemáticos?

Está también el repaso por la matemática de principios del siglo XX, un momento de gozo para la disciplina, justo antes de que el teorema de Gödel desmontase más de una convicción.Pero, ¿y si no todo fuese demostrable? ¿Y si el mundo contuviese en su interior una incognoscibilidad fundamental? ¿Una ambigüedad que fuese parte de su esencia?

En la parte histórica aparecen personajes reales como Hardy, Ramanujan, Turing y Gödel. Era una época de euforia matemática.

Y como tema final, la propia valoración que los personajes hacen de lo sucedido.

¿En qué consiste un acto heroico? ¿Es heroísmo lanzarse a una empresa que uno ni siquiera sabe si es posible? ¿Es estúpido buscar algo que quizá no exista? ¿Es un pecado de orgullo aspirar a lo más grande? ¿Sólo se es grande si se es el mejor? ¿Qué línea separa el genio de la estupidez? ¿La cordura de la locura?

Muchas de esas cuestiones se desarrollan en los diálogos que el sobrino mantiene con su tío Petros. La narración es casi siempre en primera persona, e incluso cuando pasa a contar la historia del tío Petros, el narrador es el sobrino. Es su visión y valoración final las que dominan el libro.

El tío Petros y la conjetura de Goldbach es una reflexión sobre la admiración, el orgullo y la iluminación casi religiosa del descubrimiento.

Si te gusta la matemática y no has leído este libro, te lo recomiendo. Si lo has leído o planeas hacerlo, no olvides dejar tu comentario. Y si no te gusta la matemática, quizá esta excelente novela te permita comprender por qué apasiona a algunas personas.

De qué hablo cuando hablo de escribir, de Haruki Murakami

De qué hablo cuando hablo de escribir, de Haruki Murakami

En abril se nos viene nuevo libro de Murakami en España, De qué hablo cuando hablo de escribir, publicado por Tusquets, editorial que parece dispuesta a hacernos el favor de publicar en español absolutamente toda la obra de Haruki Murakami.

(En Japón hay nuevo libro este mismo mes, Kishidancho Goroshi, pero imagino que el proceso de traducción será largo y los que no podemos leer japonés tardaremos en poder disfrutarla).

El título, por supuesto, hace referencia a su De qué hablo cuando hablo de correr, que aunque iba de correr, era también un libro sobre la forma que tiene Murakami de ver el mundo y por tanto también parcialmente sobre su escritura.

Sin embargo, De qué hablo cuando hablo de escribir está totalmente dedicado a su forma de concebir la literatura, su obra, su proceso creativo y sus opiniones sobre temas como la literatura japonesa o el elusivo premio Nobel (a este paso Murakami entrará en el club selecto, como Borges, de gente que debería haber recibido ese premio). Y también parece que da consejos sobre el proceso de escribir, que más allá de que se puedan aplicar o no (los consejos sobre cómo escribir tienden a ser muy personales) pueden también iluminar facetas de sus obras.

Siendo autor de una obra muy enigmática y además un hombre poco dado a hablar de lo que hace, el libro suena a francamente interesante.

Toca esperar un mes. Es un libro que me viene en el momento justo, porque me encuentro releyendo todos sus libros con la intención de comentarlos en vídeo (los dos primeros ya están: Escucha la canción del viento y Pinball 1973 y La caza del carnero salvaje)

Una mención aparte para la portada de la edición en español, que tal cual parece un divertido tablero para jugar a “identifica los libros de Murakami que estamos referenciando”.

De qué hablo cuando hablo de escribir, de Haruki Murakami

De qué hablo cuando hablo de escribir, de Haruki Murakami

Humboldt está hoy muy olvidado, pero en su momento su fama fue tan enorme que su nombre se honra por todo el mundo, sobre todo en América. En La invención de la naturaleza, Andrea Wulf rescata a este genial científico del siglo XIX sobre todo porque su visión del mundo cambió a su vez nuestra visión del mundo.

Mi reseña en vídeo:

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TRANSCRIPCIÓN:

Portada de La invención de la naturaleza, de Andrea WulfLa invención de la naturaleza, de Andrea Wulf. Una biografía de Alexander von Humboldt y también un gran libro de divulgación. Lo publica la editorial Taurus.

Humboldt es un personaje curioso. Hoy en día es más conocido en América que en Europa, aunque está olvidado en general. Pero en su época dicen que su fama solo la superaba la de Napoleón. Fue geógrafo, botánico, geólogo, explorador y autor. A partir de 1799, a los 30, dedicó cinco años a un épico por América, del que saldría una enorme producción científica. Luego, con 59 años, no dudó en recorrer Siberia y llegar a la frontera con China. Aunque nunca pudo cumplir su sueño de ir al Himalaya.

Tomaba datos sin cesar y creía en la libre circulación del conocimiento científico. Sus libros eran éxitos de venta y siempre estaba dispuesto a aprender algo nuevo. Sus conferencias públicas convocaban multitudes. Fue un genio seguro de sí mismo pero que buscaba la aprobación de los demás. Invirtió su herencia en su gran viaje y luego usó sus pequeños ingresos para ayudar a otros científicos. Adoraba la libertad, detestaba la esclavitud y el colonialismo. Y era el centro de una red de comunicación científica que unía todo el planeta.

Por todo el mundo hay montañas y cordilleras bautizadas en su honor. Muchas ciudades le deben su nombre. Hay bosques, ríos, lagos glaciares, corrientes marinas, especies animales y vegetales, aeropuertos, colegios y universidades que se llaman Humboldt. En la luna hay un mar de Humboldt y un asteroide en los cielos.

Mi preferido: un calamar de metro y medio que nada en la corriente de Humboldt. Si debes ser recordado, un calamar suena ideal.

Pero, ¿por qué?

Esa es la pregunta que pretende responder Andrea Wulf en La invención de la naturaleza. En realidad, dos preguntas: ¿Por qué Humboldt mereció esos honores? ¿Y por qué deberíamos seguir recordando a Humboldt hoy en día?

La primera respuesta es fácil. Humboldt creó la palabra Cosmos en nuestro sentido moderno. Concebía la naturaleza como un sistema de interacciones. Cambió nuestra concepción del clima y la distribución de las plantas, viendo el planeta como un sistema global. Para él, encontrar conexiones y ver patrones era de lo más fácil. En Sudamérica, por ejemplo, vio maravillas naturales (como el volcán Chimborazo) y también la depredación del colonialismo y la esclavitud. En una época en que se creía que la Tierra estaba a disposición total del ser humano, Humboldt supo ver que el uso indiscriminado de los recursos causaba problema e incluso fue capaz de anticipar el cambio climático.

Pero más allá de sus triunfos científicos, el Humboldt de Andrea Wulf fue también capaz de transmitir su visión. Para él la ciencia era una empresa romántica, cuyo fin último era unificar conocimiento y sentimientos. Como dice la propia autora «El conocimiento, decía, nunca podría “matar la fuerza creativa de la imaginación”, sino añadir pasión, asombro y admiración». Hizo lo posible por difundir sus conocimientos y los de lootros, entregándose a una enorme labor de popularización y divulgación. En ese importante aspecto, influyó y fue influido por el poeta Goethe, hasta el punto de que dicen que su Fausto, el de insaciable sed de conocimiento, está inspirado en Humboldt.

En la primera pregunta, el libro se lee como una combinación de novela de aventuras y apasionante exploración científica. El Humboldt de Andrea Wulf es un personajes fascinante, un individuo singular en un época singular. Casi como un Indiana Jones, si Indiana Jones tuviese rigor como científico.

Pero es la respuesta a la segunda pregunta la que convierte esta excelente biografía en un gran libro de divulgación. Humboldt, es la tesis de la autora, cambió nuestra forma de ver la naturaleza, y al hacerlo su influencia se extendió mucho más allá de su época. Y algunas de las personas en la que influyó procedieron a continuación a construir sobre su legado y cambiar a su vez el mundo.

Algunas de esas influencias fueron sus contemporáneos. Darwin es el ejemplo más evidente, quien también realizó un épico viaje. Pero tenemos a Simón Bolivar. En este último caso, la naturaleza como un hecho parcialmente construido por los seres humanos, y por tanto su uso como reflejo de aspiraciones de libertad. Y también Thoreau en su visión de la vida natural.

Pero más allá de sus días. Si Humboldt escribió el primer libro ecologista, sus sucesores llevarían sus ideas mucho más lejos. Es el caso particular de John Muir, con cuya historia, que se extiende hasta entrado el siglo XX, termina La invención de la naturaleza. El ecologismo moderno, argumenta Andrea Wulf, tiene sus raíces firmemente clavadas en las ideas de Humboldt. El Humboldt que Andrea Wulf quiere recuperar, de los muchos posibles, es el Humboldt ecologista y holista.

Siendo uno de los primeros en comprender el enorme impacto humano sobre el planeta, la autora defiende recuperar a Humboldt porque sus ideas siguen siendo relevantes. Como dice al final: «Uno de los logros más importantes del científicos alemán fue hacer la ciencia accesible y popular» para luego añadir «No fue conocido por un hecho concreto ni por un descubrimiento, sino por su visión del mundo».

Vídeos de ciencia y Azul de Klein

Como diría el chiste, me habías ganado en “Azul de Klein”. Yves Klein fue un artista francés de lo más interesante que, entre otras aportaciones, se inventó todo un azul para él (un día también tuvo la osadía de firmar el cielo). Lamentablemente, murió muy joven, porque de lo contrario seguro que habría aportado muchas más cosas. En lo personal, uno de mis placeres en mi primera, y por ahora única, visita al Centro Pompidou fue encontrarme con muestras de su azul.

Pero a lo que habíamos venido aquí.

La divulgadora científica Deborah García tiene un nuevo canal de YouTube donde en sus primeros vídeos aúna su interés por la ciencia y el arte contemporáneo (una combinación curiosa e interesante, que por lo que he visto parece ser también el tema de su tesis). Los resultados son tan interesantes como este vídeo.

Disfruten:

Cada poco tiempo, Mauro Entrialgo reúne en un volumen las páginas semanales de su personaje Ángel Sefija. Ángel Sefija en camisa de once varas es la oncena de esas recopilaciones, un conjunto de observaciones sobre nuestra sociedad y el mundo moderno.

Aquí mi reseña en vídeo. Si te interesan las lecturas de las que hablo, suscríbete a mi canal de Youtube.

TRANSCRIPCIÓN

Ángel Sefija en camisa de once varas, una nueva entrega de los tomos recopilatorios de la página semanal de Mauro Entrialgo. Una cornucopia de observaciones sociales de la mano de uno de los grandes humoristas gráficos de España.

Quizá no sea evidente, pero Ángel Sefija en camisa de once varas es la undécima recopilación de las páginas que cada semana Mauro Entrialgo publica en la revista El Jueves.

Por tener, Ángel tiene hasta página en la Wikipedia. Por ello sé que empezó como amigo de Alter Rollo, otro personaje del autor. Allí ya era el agudo observador de la realidad cotidiana que es ahora mismo, pero no se suelta realmente hasta saltar a su propia publicación.

Ángel Sefija es un personaje muy poco activo en su propia página. Muy rara vez es el protagonista y muy pocas veces interacciona con otros. Normalmente aparece en la parte superior de la página y anuncia el tema que va a diseccionar.

Ángel Sefija es un explorador de la realidad, un cosmonauta de lo cotidiano. Da la impresión de estar en todas partes. Aparece de pronto, mira fijamente lo que le rodea prestando atención a los detalles más nímios.

Es evidente que Ángel Sefija es una versión, quizá exagerada, de su autor, Mauro Entrialgo. Varios de sus personajes son claramente versiones extremas, o no tanto, de sí mismo. Drugos el acumulador llevaba al límite las tendencias coleccionistas de su creador. Pero en general, todas sus obras, aunque no sean páginas de Ángel Sefija, se sostienen sobre ese enorme poder de observación. Es evidente que en su vida diaria se fija en incontables detalles que a ti pueden pasarte totalmente desapercibidos. Capacidad que le sirve muy bien, porque su humor parte de una comprensión del fenómeno que está comentando. Intenta huir de lo obvio y el chiste fácil.

De tal forma, el poder de Ángel Sefija es tan enorme que te hace ver la realidad de otra forma.

Un caso práctico.

Hace unos meses fui a Barcelona. En el vuelo leí la página de Ángel Sefija donde comentaba un curioso cambio en la forma de sostener y hablar por el móvil. Allí, atrapado en muy constreñido espacio de un asiento en un vuelo moderno, mi incredulidad no pudo ser mayor. Pensé: “imposible, en mi vida he visto tal cosa”.

Por supuesto, en cuanto bajé del avión y salí a la calle no dejé de ver personas sosteniendo el móvil justo como la página describía. No pueden imaginarse mi sorpresa. Fue como poner el pie en un universo alternativo.

Por supuesto, después de tantos años no todas las páginas tienen el mismo nivel. Pero es muy muy consistentemente alto y en más de una ocasión brillante. Ángel Sefija es todo un derroche de inteligencia, con un sentido del humor que corta directamente al hueso. Estoy reseñando este último volumen, pero la verdad, vale cualquiera de los once. O todos.

Te garantizo que al menos una página te mostrará algo que está por todas partes pero no habías percibido hasta ahora. Y el resto te hará reír pensando “cuánta verdad”.

La matemática es maravillosa

El vídeo es una gran herramienta para la divulgación. Y si encima divulgas un área del conocimiento tan absolutamente fascinante como la matemática, mejor que mejor. El ejemplo es el canal Infinite Series.

Y de muestra, estos dos vídeos absolutamente fascinante sobre los infinitos ordinales. Hay que verlos en orden.

La investigación, de Stanisław Lem

No solo es La investigación mi novela favorita de Stanisław Lem, la considero también una de sus obras maestras. Es donde mejor aunó sus preocupaciones filosóficas con la forma de la obra que había creado.

Aquí mi reseña en vídeo. Si te interesan los libros de los que hablo, suscríbete a mi canal de Youtube.

TRANSCRIPCIÓN:

Hoy toca La investigación, de Stanisław Lem. Una extraordinaria combinación de novela policiaca y ciencia ficción. La publica Impedimenta, en su Biblioteca del Siglo XXI.

Stanisław Lem fue un famoso escritor polaco de ciencia ficción. Conocido especialmente porque sus obras tienden más al molde de un escritor satírico como Jonathan Swift que al de la ciencia ficción tradicional. Y también por entretejer en sus novelas y cuentos muchísimos temas filosóficos, sobre todo los referidos a la naturaleza última de la realidad y a si somos realmente capaces de comprender el mundo. A Lem no le hacía falta inventarse extraterrestres, porque desde su punto de vista todos lo somos y la Tierra es un planeta alienígena.

Palabras como metafísica, epistemología u ontología son las que uno puede usar con facilidad cuando habla de la obra de Lem. Muy similar a Borges en ese aspecto.

Un buen ejemplo es esta novela, La investigación que trata… pues bien… de una investigación. En un Londres de mediados del siglo XX, la policía se enfrenta a un buen misterio.

Da toda la impresión de que los muertos se levantan de los depósitos de cadáveres, se alejan a mayor o menor distancia y luego se desploman definitivamente.

Por supuesto, eso es imposible. Y la labor de la policía, con la ayuda de un erudito científico, es descubrir qué está sucediendo en realidad. Porque ya he dicho, lo que parece estar pasando es totalmente imposible. Y no puede estar pasando.

Aunque no es tanto imposible como… inaceptable…

La novela ya arranca con una reunión donde se describen todos los datos del fenómeno. Y el tono se mantiene casi siempre de la misma forma. Se discute, se lanzan hipótesis, se rechazan ideas, se interroga a testigos. Pero la impresión es que detective y científico dan vueltas alrededor del problema central.

¿Y si está pasando lo que no debería estar pasando? La novela va planteando toda una serie de preguntas que no solo se refieren a la investigación policial sino que van directamente al corazón de todo intento racional por comprender el mundo.

¿Cuáles son exactamente los límites de lo que es posible o no? ¿Cuáles son exactamente las reglas del mundo? ¿En qué medida sabemos con certeza lo que creemos saber con certeza?

El científico que ayuda a la policía crea modelos que describen perfectamente el fenómeno. Pero esos modelos no ofrecen ninguna explicación. El detective Gregory investiga con minuciosidad, pero su caso parece quedar enterrado en una montaña de pruebas imposibles de cuadrar entre sí. ¿Es toda investigación inútil? ¿Intentar comprender el mundo es una empresa destinada inevitablemente al fracaso?

En ese aspecto, la combinación de novela policial y ciencia ficción es brillante. Siguiendo el paso de una investigación policial clásica, Lem puede dar riendas sueltas a sus preocupaciones sin tener que salirse en ningún momento de los parámetros del género. La novela se desarrolla con completo realismo…

Exceptuando, por supuesto, lo que está pasando. Que insisto, no puede estar pasando. Es imposible. Y no puede ser.

La investigación es mi novela preferida de Lem. La leí por primera vez en la edición de Bruguera y ya me impactó en su momento. Es una que releo periódicamente. Me fascina la tranquilidad inexorable con la que plantea toda sus dudas epistemológicas. Dudas que sin drama ni tragedia acaban llegando a los mismos cimientos de la realidad.

Me gusta tanto La investigación que le dediqué el primer episodio de mi podcast Hoy Me Gusta. En él me explayo bastante más, especialmente sobre las distintas formas en que la novela acaba dudando de todo orden en la realidad.

Por cierto, tiene una especie de hermana gemela. Una novela llamada La fiebre del heno. La publicó Bruguera en su época, y creo que todavía no se ha reeditado. No pierdo la esperanza.

Recomendados 2016

Leí lo suficiente en 2016. De todos esos libros, entresaco cinco que me gustaría recomendar especialmente. Por supuesto, hay más: por ejemplo, Haruki Murakami es recomendación permanente. Pero me interesaba destacar especialmente estos cinco.

Aquí el vídeo con mis comentarios: Como siempre, si te gusta, suscríbete a mi canal de Youtube.

Los cinco libros, convenientemente enlazados a Amazon.es (me llevo una pequeña comisión si compras a través de eso enlaces), son:

Un libro al día

Durante el mes de agosto me planteé leer un libro al día (el más corto tenía algo más de 30 páginas, el más largo, más de 400). Y aquí dejo un vídeo con mis reflexiones.

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Por cierto, los libros leídos en agosto de 2016 fueron:

  1. Non-Stop Inertia, de Ivor Southwood
  2. Shaking Hands with Death, de Terry Pratchett
  3. Philosophy of Technology: An Introduction, de Don Ihde
  4. Why a man should be well-dressed, de Adolf Loos
  5. Teoría King Kong, de Virginie Despentes
  6. El intelectual melancólico, de Jordi Gracia
  7. Adam Blake, de José Luis Garci
  8. Después del futuro, de Franco Berardi (Bifo)
  9. El instante de peligro, de Miguel Ángel Hernández
  10. Elogia de la indiferencia o la tolerancia plena, de Sebastiano Ghisu
  11. Ideas sobre la complejidad del mundo, de Jorge Wangensberg
  12. A mí, señoras mías, me parece, de Florence Delay
  13. Between the World and Me, de Ta-Nehisi Coates
  14. El viaje de invierno, de Georges Perec
  15. Ninfas, de Giorgio Agamben
  16. De lo sublime, de Longino
  17. Si te rindes, pierdes, de Wismichu (Ismael Prego)
  18. La cámara lúcida, de Roland Barthes
  19. Cómo visitar un museo de arte, de Johan Idema
  20. La duda de Cézanne, de Maurice Merleau-Ponty
  21. Vs., de Sergio Barreto
  22. Galois: Revolución y matemáticas, de Fernando Corbalán
  23. The First Fifteen Lives of Harry August, de Claire North
  24. Richard Serra: La materia del tiempo, de AA.VV.
  25. The Very Soil: An Unauthorized Critical Study of Puella Magi Madoka Magica, de Jed A Blue
  26. Para ver, cierra los ojos, de Jan Švankmajer
  27. Missing Out: In Praise of the Unlived Life, de Adam Phillips
  28. Historia natural y moral de los alimentos 7: El azúcar, el chocolate, el café y el té, de Maguelonne Toussaint-Samat
  29. De lágrimas y de santos, de E.M. Cioran
  30. Mientras no cambien los dioses, nada ha cambiado, de Rafael Sánchez Ferlosio
  31. The Hunting of the Snark, de Lewis Carroll

Los libros de 2016.

Nana de tela

Louise Bourgeois fue una extraordinaria artista que tuvo una carrera larga donde exploró muchos materiales. Entre sus temas, las difíciles relaciones entre personas. Nana de tela es una libro para niños (publicado por la editorial Impedimenta) que cuenta su vida.

Aquí mi reseña en vídeo. Como siempre, si te gusta el vídeo, suscríbete a mi canal de Youtube.

También:

Libros 2017

Aquí vamos. Ya se irá completando…

    Enero

  1. Pretentiousness: Why It Matters, de Dan Fox
  2. Lost in translation, de Ella Frances Sanders
  3. The Edge of Reason: A Rational Skeptic in an Irrational World, de Julian Baggini
  4. El misterio de la cripta embrujada, de Eduardo Mendoza
  5.  

    Febrero

  6. Mi vida en esta galaxia, de Carrie Fisher
  7. Amores imperfectos, de Hiromi Kawakami
  8. El tío Petros y la conjetura de Goldbach, de Apóstolos Doxiadis
  9. Después del terremoto, de Haruki Murakami
  10.  

    Marzo

  11. If I Was Your Girl, de Meredith Russo
  12. Los números notables: el 0, el 666 y otras bestias numéricas, de Lamberto García del Cid
  13. El antídoto, de Oliver Burkeman
  14. Los últimos días de Nueva París, de China Miéville
  15. El universo de cristal, de Dava Sobel
  16.  

    Abril

  17. De qué hablo cuando hablo de escribir, de Haruki Murakami
  18. El diario de la princesa, de Carrie Fisher
  19. Tokio blues – Norwegian Wood, de Haruki Murakami
  20. Inventario de inventos (inventados), de Eduardo Berti y Monobloque
  21.  

    Mayo

  22. All Things Shining, de Hubert Dreyfus y Sean Dorrance Kelly
  23. El astronauta de Bohemia, de Jaroslav Kalfař
  24. Cronometrados, de Simon Garfield
  25. The Procrastination Equation, de Piers Steel
  26. How to Be a Stoic, de Massimo Pigliucci
  27.  

    Junio

  28. Las aventuras de sir Thomas Browne en el siglo XXI, de Hugh Aldersey-Williams
  29. Las pequeñas virtudes, de Natalia Ginzburg
  30. La séptima función del lenguaje, de Laurent Binet
  31. Los Cinco y yo, de Antonio Orejudo
  32. La chica de Kyushu, de Seicho Matsumoto
  33. Capitalist Realism: Is There No Alternative?, de Mark Fisher
  34. We Have no Idea: A Guide to the Unknown Universe, de Jorge Cham y DAniel Whiteson
  35.  

    Julio

  36. Metáforas de la lectura, de Víctor Moreno
  37. Introducing Critical Theory: A Graphic Guide, de Stuart Sim y Borin Van Loon
  38. Hōzuki, la librería de Mitsuko, de Aki Shimazaki
  39. The Kryptonite Kid, de Joseph Torchia

Ted Chiang es un soberbio escritor de ciencia ficción. Solo escribe cuentos, cada uno de ellos un conjunto de ideas combinadas y llevadas hasta su límite lógico, y en muchas ocasiones más allá de los límites que uno creía posible. Recientemente, su cuento más extraordinario, “Story of your life”, ha pasado a ser la excelente película de ciencia ficción La llegada. Muchos de sus cuentos están recogidos en la recopilación Stories of you life and others, publicada en España con el título de La historia de tu vida.

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La caza del Carualo, de Lewis Carroll

Mi libro preferido de Lewis Carroll, más que los libros de Alicia: La caza del Carualo. La historia de una expedición absurda en busca de un enigmático y contradictorio animal llamada Carualo. Por desgracia, hay una variante de Carualo, llamada Boblo, muy peligrosa. Si da contigo, desapareces para siempre.

Aquí mi reseña en vídeo. Y si te gusta, puedes suscribirte a mi canal de Youtube.

La edición es tan bonita que también le hice una foto para Instagram:

@Instagram La caza del Carualo, de Lewis Carroll. Una delirante expedición de diez miembros estrafalarios que parten en busca de un misterioso animal, el Carualo. Por desgracia, hay una peligrosísima variante del Carualo llamada Boblo. Si un Boblo te atrapa, desapareces de inmediato. Lewis Carroll lo cuenta todo en un poema narrativo en ocho partes que es una obra maestra del sinsentido, el absurdo y la melancolía. Se dan todo tipo de situaciones absurdas. El Carnicero declara que sólo puede matar castores. El Capitán pretende usar un mapa totalmente en blanco porque es más sencillo. Un sueño muestra al Carualo como defensor, juez y jurado. Al Carualo se le puede hechizar con guiños y jabones, y está francamente rico acompañado de verduras. La edición de @nordica_libros es excelente. A destacar una serie de maravillosas ilustraciones de Tove Jansson que entre lo geométrico y lo figurativo capturan muy bien la esencia del poema. La estupenda traducción es de Jordi Doce. El texto se lee muy bien y conserva bastante del encanto del original. Se toma algunas libertades, pero en general son necesarias. Ahora que se acercan la época de los regalos, esta edición de @nordica_libros es para atesorar y compartir. #lewiscarroll #aliciaenelpaisdelasmaravillas

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También:

El problema de Newcomb

Dos cajas cerradas. La caja A y la caja B. Las tienes delante. La caja A contiene 1.000 euros. En el caso de la caja B, hay dos posibilidades: nada o 1 millón de euros. Lo de la caja A es seguro. Lo de la caja B depende.

Tus opciones:

1 Te llevas las dos cajas
2 Te llevas la caja B

Lo que sea que haya dentro de tu selección es para ti. La idea es conseguir la mayor cantidad de dinero.

Pero he aquí el detalle. El experimento es obra de un ser superinteligente que ha predicho tus acciones. Si ha predicho que cogerás las dos cajas, entonces B está vacía. Si predijo que cogerías B, entonces ahí hay 1 millón de euros.

Un detalle más. El ser en cuestión jamás se ha equivocado con una predicción. No ha fallado en ninguna predicción que ha hecho sobre el estado del mundo o sobre acontecimientos futuros, no solo sobre las cajas. Jamás se ha equivocado haciendo predicciones sobre tu vida o la de cualquier otra persona.

¿Qué haces? ¿Te quedas con las dos cajas o con la caja B?

Piénsalo.

Como en cualquier experimento mental de este tipo, no hay realmente una respuesta correcta o una respuesta falsa. No en el sentido de que se pueda establecer más allá de toda duda. En realidad, la respuesta que des a un problema de este tipo expone tu personalidad y tu forma de actuar. Qué consideras importante, cómo has interpretado las ambigüedades del planteamiento y demás.

De entre toda las soluciones posibles (tantas como seres humanos, imagino) hay dos principales tal y como cuenta el artículo en The Guardian.

Coges B
Después de todo, es un ser superinteligente que jamás se ha equivocado. Por tanto, si te llevas la caja B, el ser habrá predicho eso mismo y en ella encontrarás un millón de euros.

Coges las dos cajas
El ser ya ha hecho su predicción. En la caja B habrá o no habrá un millón de euros. Coger las dos cajas no va a cambiar el contenido de la caja B porque yo tomo la decisión después. Por tanto, si en la caja B hay un millón de euros, al llevarme las dos cajas ganaré 1.000 euros más. Por tanto, esa es la decisión correcta.

Veo problemas en cada uno de los razonamientos.

En el primer caso, todo depende de que el ser superinteligente haya predicho correctamente. Parece lógico, porque siempre ha acertado hasta ahora. Por desgracia, ése es el problema de la inducción: el hecho de que algo siempre haya sucedido de cierta forma no quiere decir que vaya a suceder así la próxima vez. Quizá yo me plante delante de las dos cajas y justo esta vez el ser superinteligente falle en su predicción. Solo sabemos que ha predicho correctamente en el pasado. Nada nos garantiza que predecirá correctamente en el futuro.

En el segundo caso, la suposición es que una decisión tomada en el futuro no va a afectar una decisión tomada en el pasado. La solución propuesta se apoya en que el ser inteligente podría fallar en su predicción, poniendo el millón en B porque cree que cogeremos únicamente esa caja. Por desgracia, ya hemos admitido que es un ser superinteligente que ha realizado predicciones con éxito en el pasado. Ya es mucho aceptar. Por tanto, ¿cómo sé que el resto de las condiciones físicas del universo se mantienen? Quizá en ese mundo la casualidad está invertida. Quizá sea justo así cómo realiza sus predicciones, no tanto porque prediga sino porque tiene información del futuro.

¿Qué harías yo?

Lo que decía, es una cuestión de personalidad.

Yo cogería la caja B.

El otro día mi hija me preguntaba por qué mi coche es automático. Yo le expliqué que no tengo problema en que los demás tomen decisiones por mí cuando a) a mí no me interesa mayormente tomarla y b) el que toma la decisión está más capacitado que yo para tomarla. En el caso del coche, confío más en que el sistema mecánico sabe mejor que yo cuándo debe cambiar las marchas. Y como se trata de algo de lo que prefiero despreocuparme, pues así queda.

En el caso del problema, ya hemos establecido que se trata de una entidad a) superinteligente y b) todas sus predicciones hasta la fecha han tenido éxito. Parece por tanto no solo más inteligente que yo, sino además más capaz. Por tanto, no tengo ningún problema en asumir que le resultaría difícil predecir mi comportamiento futuro, porque desde su punto de vista seré un sistema trivial. No la voy a poder engañar.

Por tanto, a pesar de las objeciones anteriores, asumiría que el dinero está en B, porque es la caja que voy a coger, porque mi tendencia es dar por buenos los elementos de una situación de ese estilo.

Por cierto, estaría la opción de elegir aleatoriamente. En ese caso, aparentemente la versión original del problema, Newcomb’s Paradox, establecía que la caja B estaría vacía. No sirve de nada entregarte al azar.

Volviendo al asunto de que la respuesta al problema refleja más que nada una cuestión de personalidad, la Wikipedia cita este comentario de Nozick:

To almost everyone, it is perfectly clear and obvious what should be done. The difficulty is that these people seem to divide almost evenly on the problem, with large numbers thinking that the opposing half is just being silly.

(vía Solving Newcomb’s problem with (possibly non) expected utility theory

Esta es una de mis novelas preferidas de Murakami (también una de las primeras que leí en su edición de Alfaguara). La caza del carnero salvaje es su primera gran novela. Retomando al personaje protagonista, y sin nombre, de Escucha la canción del viento y Pinball 1973, la novela relata una absurda búsqueda de un carnero con una extraña marca en el lomo.

Aquí mi reseña en vídeo:

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