La muerte del comendador (Libro 2), de Haruki Murakami

Haruki Murakami con «La muerte del comendador (Libro 2)» cierra la historia iniciada en el primer volumen. La novela completa es una de las obras más reflexivas y apasionantes de su autor.

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TRANSCRIPCIÓN

Hola. El protagonista, cuyo nombre es tan importante que no se nos revela, debe ponerse en acción para localizar a una niña desaparecida. Extraviado en un mundo metafórico, se enfrenta a la vez al pasado y al futuro. Es «La muerte del comendador (Libro 2)», de Haruki Murakami.

Lo publica Tusquets Editores con traducción Fernando Cordobés y Yoko Ogihara.

Entremos en el bosque.

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Un viejo chiste se pregunta: ¿Hasta dónde puede entrar un gato negro en un bosque oscuro? Pues hasta la mitad. De la mitad en adelante está saliendo. En ese punto nos encontramos.

Pero antes de seguir… gracias a Tusquets por enviarme el ejemplar para reseñar. De hecho, es este, las pruebas finales. Como puedes ver, está lleno de notas, marcadores y postits. Gracias a eso la reseña puede estar hoy. Eso sí, el libro es de la editorial, pero las opiniones y comentarios son exclusivamente míos.

Ahora sigamos…

Comprendo por qué originalmente «La muerte del comendador» se publicó como dos libros. Uno continua al otro, efectivamente, pero la separación física entre volúmenes destaca la separación temática y emocional. Y, también es importante, la dualidad interna esencial a todo personaje de Murakami. Es una situación muy ingeniosa presente en los subtítulos de cada tomo. El primero reza “Una idea hecha realidad” y el segundo dice “Metáfora cambiante”. Justo, justo eso…

Originalmente, en este punto del vídeo me demoraba más. Primero comentaba los elementos que conectan esta novela con las anteriores de Murakami y también aquellos puntos donde se distancia. Pero no te voy a hacer esperar. Venga, primero mi valoración y luego lo demás.

«La muerte del comendador», completa, es fácilmente una de las mejores novelas de Murakami. No voy a hacer un ranking ahora, pero está ahí ganando puntos para el primer puesto. Es una obra de madurez, producida por un escritor consciente de todo lo que escribió antes, capaz de recrear su universo particular pero que comprende las limitaciones de la visión ofrecida por sus anteriores novelas. Se lee y se siente como una novela de Murakami, pero también es claramente una evolución. En cierta forma, la novela está contándose a sí misma.

Cuando reseñé el primer libro comenté que es la historia de un paréntesis, cosa que no es habitual en Murakami. Lo habitual, en novelas como «1Q84» o «Los años de peregrinación del chico sin color», es que la historia se inicie en el momento del despertar del protagonista que ha pasado cierta cantidad de tiempo, hasta años, en una especie de estado de suspensión vital. Viviendo, pero sin estar totalmente vivo.

«La muerte del comendador (Libro 1)» al contrario, arranca cuando el protagonista inicia su, digamos encierro. Se atrinchera en la casa de un famoso pintor, deja de trabajar por dinero y hace lo posible por desconectarse del mundo. Un periodo de tiempo que dura aproximadamente nueve meses, como un embarazo. Detalle que no es casual.

«La muerte del comendador (Libro 2)» continúa justo donde termina el anterior. El descubrimiento del cuadro de Tomohiko Amada en el desván había desatado toda una serie de acontecimientos, entre ellos el hallazgo de un extraño pozo en el jardín, una campanilla misteriosa y la aparición del Comendador del título.

En este segundo volumen, todo empieza a encajar. ¿Por qué se pintó ese cuadro? ¿Qué es el mundo de las metáforas? ¿Qué sucedió durante la guerra? ¿Qué relaciona la Alemania Nazi con Nankín y las bombas de Hiroshima y Nagasaki? Pero hay que aclarar que solo llegamos a saber lo que el protagonista descubre o le cuentan.

Y cuando Marie, la niña de 13 que se identifica con la hermana muerta del protagonista, desaparece, este no tiene más opción que empezar a tomar decisiones para rescatarla. Pero ¿rescatarla de qué? Así es como watashi acaba en la tierra de las metáforas. Metáforas que son curiosamente muy concretas.

Se inicia así lo que es la parte principal del libro, la que exige del protagonista que tome decisiones y realice sacrificios, que pierda cosas para ganar otras. Todo el proceso en el otro lado es una más que real prueba de resistencia hasta prácticamente volver a nacer. Las referencias a los monjes budistas en el primer libro no eran casuales.

En cierta forma, «La muerte del comendador» es un libro sobre zonas liminares, zonas limítrofes entre un estado u otro. En ocasiones son reales, dentro de la historia, o metafóricas, como es el caso de Marie, una zona liminar ella misma como adolescente, encontrándose entre la niñez y la vida adulta. Así la novela apuntala una y otra vez el tema del renacimiento y la regeneración. En «La muerte del comendador» solo estás perdido cuando te empeñas en quedarte en el umbral.

Mucho de lo que sucede en este libro recuerda a libros anteriores de Murakami, pero las conclusiones no podrían ser más opuestas. Todo el paseo por el mundo subterráneo remite a «El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas», pero con una resolución muy diferente. Por su parte, la relación del protagonista con Marie recuerda a una muy similar en «Baila, baila, baila». Pero donde «Baila, baila, baila» es la novela más solipsista de Murakami (no sale ni un solo personaje que no sea una versión del protagonista), «La muerte del comendador» trata a Marie como una persona totalmente independiente, con su propio camino vital, con su propio desarrollo, una persona que a pesar de su complicidad con el protagonista divergirá inevitablemente.

Es decir, todos los personajes de «La muerte del comendador», incluso los más fantásticos, poseen su propia subjetividad, son seres independientes del protagonista. Es el punto final de lo que sucedía en «Los años de peregrinación del chico sin color». La ataraxia fundamental, más que explícita en «El fin del mundo», la depresión, la imposibilidad de actuar, que caracterizaban a las novelas de boku, desaparecen como rasgos fundamentales de su obra. Son sustituidos por la comprensión de que hay otras mentes en el mundo y, lo más importante, que puedes apoyarte en ellas para actuar.

En novelas anteriores, el aislamiento era la condición fundamental del protagonista, un aspecto específico e inalterable. En «La muerte del comendador», el aislamiento no es más que parte del proceso para luego poder abrirse al mundo, la necesaria terapia para llorar la muerte de tu vida anterior, descubrir tus sentimientos reales, cerrar capítulos del pasado y tomar decisiones para encarar el futuro.

Todo un proceso que está relacionada con las metáforas, las ideas, los conceptos.

El periplo del protagonista por el otro lado es explícitamente un viaje por el mundo de las metáforas. Porque el arte no es más que un conjunto de metáforas, que ayudan comprender o a exorcizar. El cuadro de Tomohiko Amada es pura metáfora. El cuadro del hombre del Subaru también lo es. El pozo del jardín es otra más. Todas reflejando de alguna forma una realidad que es o que querríamos que fuese.

Porque nuevas metáforas permiten crear nuevas acciones, nuevas relaciones. En «La muerte del comendador» hay cosas que son metafóricamente ciertas sin ser ciertas en la realidad. Pero es que en ocasiones, para un ser humano, lo realmente importante es aquello que es cierto metafóricamente. Y además, una buena metáfora hace que los peligros sean más evidentes.

Incluso la dualidad interior humana se entiende como un enorme sistema metafórico. Mirar hacia nuestro interior es sobre todo el despliegue de unas ciertas ideas y conceptos. Es un proceso lento, que no se puede realizar de golpe, pero es posible. En ese aspecto, Menshiki y el protagonista se vuelven a presentar como reflejos uno del otro, incluso en la forma en que lidian con su mundo interior.

Lo que nos trae de vuelta al arte, como el gran mecanismo para generar nuevas metáforas. El arte que finalmente es una forma de sanación y descubrimiento, incluso de expiación. El arte que no es preciso que nadie vea, cuya simple existencia es suficiente. El arte que cambia nuestra forma de ver el mundo.

En este libro se habla mucho de los muros y de cómo se levantan para aislar. Pero el énfasis continuo es en superarlos, no en derribarlos. En romper los círculos para poder cerrarlos mejor. Es decir, se pone énfasis en el cambio y la transformación. Causas y efectos se entremezclan en esta novela. En un momento dado, incluso da la impresión de que se ha producido un salto en el tiempo.

Incluso los tics molestos de Murakami están casi ausentes en este segundo libro. Esa forma extraña que tiene de referirse al cuerpo de las mujeres, y en concreto la obsesión por los pechos. Aunque veo anime y leo manga, donde se repite mucho la misma dinámica. En cualquier caso, en el libro 2 el protagonista está mucho más centrado, no tan disperso como en el libro 1, y no tiene tantas oportunidades.

Hay muchos aspectos de este libro que me encantan y considero brillantemente ejecutados. Incluso hay alguna sorpresa llamativa que choca todavía más con la idea que uno se hace de un Murakami “normal”. Pero como hablar de ellas requeriría comentar aspectos de la trama… Vamos, que sé que a la gente eso no le gusta.

¿Debería hacer un vídeo adicional hablando de lo detalles? ¿Un vídeo para los que han leído el libro? Déjame un comentario.

Solo decir que esa capacidad de Murakami para describir lo cotidiano, para mostrar a la gente simplemente existiendo, preparando la comida, pensando en medir la presión del coche, leyendo o paseando, le sirve enormemente bien. El protagonista es alguien muy conectado con las sensaciones del mundo, alguien cuya capacidad de observación, como demuestra una y otra vez, se orienta hacia el exterior y rara vez hacia el interior. En un momento dado menciona que de los cuadros que ha pintado recuerda sobre todo la sensación que le producían.

«La muerte del comendador (Libro 2)» es en suma la historia de una transformación, una metamorfosis. El hombre que sale de la casa al final no es el mismo hombre que entró. Pero el cambio es… no sé cómo expresarlo, sutil. Muchas cosas en realidad no cambian, pero sí cambia la forma de entenderlas y de situarlas en el mundo.

«La muerte del comendador» es una novela muy reflexiva, que en el fondo, si prestas atención, está continuamente deliberando sobre sí misma, en diálogo constante con toda la obra anterior de su autor. Pero es una novela, y todo lo que piensa y reflexiona está expertamente encajado en la estructura de la obra, en los personajes, en los entornos, en los diálogos. El protagonista, Marie, Menshiki… son de los mejores personajes creados por Murakami.

En resumen: una de sus mejores novelas.

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Gracias y hasta la próxima.

Categoría: Ficción, Libros

Pedro Jorge Romero