Una mujer que sabe muy bien lo que quiere de la vida. Hôzuki, la librería de Mitsuko, de Aki Shimazaki.

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Hôzuki, la librería de Mitsuko, de Aki Shimazaki, un libro sobre una mujer, su forma clara y definida de vivir la vida. Contado en una novela corta y precisa.

Allá vamos.

Mitsuko lleva una librería de segunda mano, donde vende de casi todo menos libros para niños y mangas. La librería es también famosa por su sección de filosofía. Es una mujer reservada que vive con su madre y su hijo Tarô, que es sordomudo y mestizo. Hay también un gato llamado Sócrates.

Todos los viernes, Mitsuko sale en un supuesto viaje de negocios en busca de más libros. En cualquier caso, su existencia, y la de su familia, es rutinaria y tranquila.

Justo como a ella le gusta.

Pero un día entra en la librería la señora Sato, que viene en busca de toda una lista de libros de filosofía para su marido. Viene acompañada de su hija Hanako, algo más pequeña que Tarô. La complicidad entre los niños es inmediata, a pesar de las dificultades de comunicación.

La señora Sato, que pronto partirá con su marido e hija al extranjero, parece querer una amistad. Mitsuko se resiste, porque no va con su carácter. Es una mujer muy segura de sí misma que sabe exactamente lo que quiere. Pero si su hijo insiste y…

Evidentemente, en esos dos personajes hay más de lo que parece. Es un tema que la novela ejemplifica con las particularidades de las escrituras japonesas. Unos sonidos concretos se pueden transcribir de formas diferentes, cambiando así el posible significado.

Sucede en varios momentos de la historia, pero en particular se da con el nombre de la librería: Kitô. Nombre que Mitsuko escribe así, y que es lo que dice el cartel de la tienda.

Algunos lo toman por un apellido, que no es, o por algún otro término, dependiendo de cómo decidan ponerlo en kanji. Tenemos así una realidad externa que sin embargo cada uno interpreta a su modo.

Que es justo como a Mitsuko le gusta que sea. Porque la ambigüedad está en los demás. Ella sabe exactamente cuál es el nombre y a lo que remite. Sabe exactamente quién es ella y no precisa de ninguna validación o lectura externa.

Ella lo escribe así.

Que para ella es Hôzuki.

La ambigüedad es uno de los temas, pero esta novela no es ambigua. Todo lo contrario, es tremendamente precisa. Lo que sucede, sucede por una razón, todo está perfectamente explicado.

Lo que hace la novela es usar la ambigüedad como metáfora de nuestra forma de conocer a los demás. De los demás solo tenemos lo que podemos percibir o lo que nos pueden contar. Lo que hay de fondo nos está vedado. Al final cada uno proyecta en los demás lo que quiere ver o desea entender.

Rápidamente descubrimos aspectos de la vida de Mitsuko. Algunos plantean serias dudas sobre lo que estamos leyendo, al ser aparentemente contradictorios. Algunos explican detalles que ya conocemos inicialmente, como el aprecio por la filosofía o el nombre del gato. Todo se va revelando a su debido tiempo y todo encaja perfectamente.

Pero solo lo sabemos nosotros.

No hay confesión final.

Al menos, no de Mitsuko.

Otro de los temas de la historia es la maternidad. Cómo la valora cada una de las mujeres de la historia, cómo se enfrenta a ella y la justifica. Qué circunstancias se confabularon en cada caso. Cómo la viven día a día. Cuál es el grado de responsabilidad de cada una.

Pero yo diría que el verdadero tema de la novela es la propia Mitsuko. Se trata de explorar su personalidad y psicología, entender por qué ha tomado todas las decisiones que ha tomado y por qué ha hecho todo lo que ha hecho.

Acabamos comprendiendo cómo siente, cómo piensa, cómo ve el mundo.

En ese aspecto, la señora Sato sirve de contraste y elemento de comparación.

Si Sato o Mitsuko tomasen la misma decisión, ¿cuál de las dos te parecería más valiente?

Es la pregunta implícita en Hôzuki, la librería de Mitsuko. Todo el cuidado de la trama, toda la carga metafórica que extrae de la escritura japonesa, la definición precisa de la protagonista, van en esa misma dirección.

¿La has leído? ¿Te ha gustado? ¿Alguna otra novela con un personaje femenino perfectamente definido? Deja tus comentarios, recomendaciones y consejos.

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Un libro sobre cómo nos equivocamos al hablar de la lectura. Metáforas de la lectura, de Víctor Moreno.

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Bienvenido al canal. Hoy te traigo, Metáforas de la lectura, de Víctor Moreno, publicado por Lengua de trapo. Un libro sobre cómo hablamos de la lectura de libros, de la falsa relación que mantenemos con ellos y de las palabras grandilocuentes que empleamos para hablar de un simple hobby.

Te lo cuento.

Los libros tienen muy buena prensa. Incluso los que no leen “saben” que deberían leer. Es resultado de una de las impresionantes campañas de mercadotécnica de la historia. Un simple taco de hojas de papel convertido en…

Es la bobería del libro, nuestra manía a tratar un objeto producido en serie como si fuese un artefacto mágico, un tesoro, una aventura… Una ventana

En Metáforas de la lectura, Víctor Moreno va derribando una a una esas metáforas que usamos para hablar de leer. Que si la lectura es una conversación, que si es un viaje, que si el libro es una casa, un espejo, que si la lectura es viajar, que si es un juego, que si es felicidad. Que solo se puede pensar leyendo. Que los libros son amigos mejores que las personas.

Las va desgranando lentamente, atacándolas con furia, usando el sarcasmo, desvelándolas por lo que tienen de pretenciosas, de intento de vestir de seda una afición sencilla.

Destaca una y otra vez que las metáforas impiden el pensamiento, limitan en lugar de liberar, crean falsas expectativas, anquilosan. Las metáforas sirven para no decir nada, que se usan para no tener que hablar de leer.

Como muchas otras actividades, leer es tremendamente divertido, entretenido y satisfactorio para aquellas personas a las que les gusta practicar la lectura. Nada más. O como dice en cierto momento, «la superioridad del libro es pura palabrería».

El problema fundamental es que todas esas ideas exageradas e hiperbólicas sobre la lectura solo sirven para halagar el ego de los lectores y elevarlos a un nivel superior, cuando en realidad un lector no hace nada especial. Leer no es muy diferente a ver la televisión, seguir el fútbol o salir en bicicleta. Leer es un entretenimiento en el que algunos seres humanos nos empeñamos.

Me encanta este libro. Debería haber más libros así: libros para desmitificar los libros, libros para hablar de los libros y de las lecturas tal y como son, sin toda esa mitología que los rodea. Metáforas de le lectura, estés o no de acuerdo con todo lo que dice su autor, es un libro ideal para ello.

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El arte, de Juanjo Sáez

El arte es de todos. Cualquiera puede disfrutar de él. Cualquiera puede hacer arte. Pero nos han convencido de lo contrario. El arte, de Juanjo Sáez.

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Bienvenido al canal. Hoy te traigo El arte, de Juanjo Sáez y publicado por Astiberri. Uno de esos libros que solo tiene sentido si lees el subtítulo: “Conversaciones imaginarias con mi madre”. Una reflexión sobre el arte, sobre lo que significa, sobre cómo nos lo han robado y cómo recuperarlo.

Te lo cuento.

Conocí este libro gracias a Deborah García, que los recomendó en su canal. Por cierto, que en su canal habla de ciencia y arte, así que si te interesa cualquiera de esos dos temas… o los dos a la vez… deberías echarle un vistazo.

Pero volvamos al libro.

Me encantan los libros sobre arte que están a tu favor.

Y pocos libros están tan a tu favor como El arte, conversaciones imaginarias con mi madre. Quiere que disfrutes del arte. Pero más aún, parte de la firme convicción de que el arte es para todos y pertenece a todos. El arte contemporáneo ha sido secuestrado por ciertas élites intelectuales, que para apartarlo lo han cubierto de una densa niebla de jerga y pretenciosidad. Niebla que el libro aspira a disipar.

De ahí lo de conversaciones imaginaras con su madre. No porque quiera corregirla, sino porque quiere contarle cómo lo siente él y hacerle ver que ella también lo puede disfrutar y apreciar. Quiere que comprenda que el arte es harto común. Lo que expresa con la frase «el arte es un tesoro que no has han robado».

Es más, desde su punto de vista, la capacidad de hacer arte es de todos, la sensibilidad necesaria está dentro de todas las personas.

Gráficamente, es una combinación de cómic con páginas escritas a mano. A veces explica lo que considera los puntos claves de distintos artistas, como Calder, Picasso, Warhol, Tàpies. En otras ocasiones, reflexiona sobre temas personales o sobre la capacidad humana para el arte. Y a veces simplemente nos transmite la emoción de la sencilla charla con su madre.

Con El arte, Juanjo Sáez ha escrito un libro estimulantes e inteligentes, que invita a la reflexión y que rebosa de pasión.

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Un panfleto contra los intelectuales quejicosos. El intelectual melancólico, de Jordi Gracia.

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El intelectual melancólico, de Jordi Gracia y publicado por Anagrama. Un panfleto, un ajuste de cuentas, contra los intelectuales quejicosos que pasean sus llantos por los medios.

Te lo cuento.

El autor lo llama síndrome del narciso herido. Aflige a muchos intelectuales que un día descubren que acabarán muriendo. Enfrentados a ese vacío existencial descubren de pronto que no son el centro del mundo. Mundo que encima se empeña en seguir sin ellos. Se vuelven resentidos y melancólicos. Presa de esas emociones, arremeten de inmediato contra el presente que tan árido les parece, un presente que dicen ha olvidado todos los valores, todas las culturas, todas las cumbres del pensamiento que ellos creen haber defendido siempre.

No es difícil encontrar ejemplos. Que si los millenials esto o aquello. Que si en mi época. Que si antes leíamos literatura de verdad. Que si las películas. Que si…, que si…, que si. Son paradójicamente famosos, así que los medios no tienen ningún problema en darles todas las plataformas posibles para decir una y otra vez lo mismo.

Jordi Gracias va desgranando ejemplos de los argumentarios esgrimidos, de las declaraciones apocalípticas realizadas, de las predicciones de muerte intelectual absoluta que se cierne sobre el mundo. Destaca también que hay elementos auxiliares a esas posiciones. Que la queja, por ejemplo, tiene muy buena prensa. Hay mucho de nostalgia también. Aunque curiosamente, los seres humanos tendemos a sentir nostalgia del pasado tal y como creemos que fue, no de cómo fue en realidad.

No se trata, nos recuerda Jordi Gracia, de pensar que todo va bien y no hay problemas. Sino que esa actitud quejicosa es muy contraproducente y no se ajusta a la realidad. Toda denuncia y posible solución debe partir de un análisis equilibrado. No es esa la postura del intelectual melancólico, que siempre presenta una enmienda a la totalidad del presente.

En última instancia, es una postura inútil. Esa queja continua nunca vas a cambiar nada. Al final nadie te hará caso, ante la regañina perpetua, todos pasarán de ti. Y finalmente sufrirán justo esos valores que fingen defender.

Lo que me gusta de El intelectual melancólico es lo que tiene de recordatorio. Los quejicas de ahora no van a cambiar, y cada vez que publiquen un nuevo libro no dejarán de repetirse. Pero ese síndrome no aflige solo a los intelectuales. Siempre nos afecta un poco a todos siempre. Así que el libro nos recuerda mantener la cabeza clara, sopesar los hechos y decidir racionalmente antes de lanzarnos contra el mundo tal y como es ahora.

¿Qué opinas? ¿Conoces a muchos intelectuales melancólicos? ¿No? Abre cualquier periódico y lee la sección de opinión. Por lo demás, deja tu comentario, tus opiniones y tus consejos.

The Kryptonite Kid, de Joseph Torchia

La vida cuando tu único consuelo es creer que Superman existe de verdad. The Kryptonite Kid, de Joseph Torchia.

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Bienvenido al canal. Hoy te traigo, The Kryptonite Kid, de Joseph Torchia. ¿Cómo sería tu vida si Superman es tu único consuelo?

Te lo cuento.

Quería era hacer algo sobre Miracleman, un cómic que me fascina. Así que me puse a mirar y acabé dando con digamos, “precedentes”, obras que dan otra visión del superhéroe. Una de ellas es este The Kryptonite Kid.

Se trata de una novela juvenil sorprendentemente oscura. Es enormemente triste y la tristeza no hace sino crecer con cada página.

Jerry Chariot es un niño normal que le escribe cartas a Superman, con la cooperación de un amigo. De hecho, todo el libro es epistolar. En su mayoría, cartas a Superman, a veces a otros personajes como Lois Lane o Clark Kent (para disimular). Esos dos niños creen sinceramente que Superman existe. Le invitan a ir a su pueblo. Se ofrecen a buscar kriptonita para que no tenga problemas. Los capítulos van en orden de dimensiones: primera dimensión, segunda dimensión… reflejando que Jerry también siente fascinación por el archienemigo de Superman, Mister Mxyzptlk.

Para Jerry, Superman es un consuelo y un punto fijo de referencia.

Porque el resto de su mundo, vamos comprendiendo, es un absoluto desastre. Su padre le pega y se emborracha. Su hermano le insulta. ¿La vida en el colegio? Otro desastre.

Incluso la religión se vuelve contra él. Las monjas le dicen que irá al infierno por creer en Superman. No ayuda que para él Superman sea indistinguible de Dios. La situación llega hasta el punto de que al final le niegan la primera comunión para garantizar su destino.

La novela va descendiendo lentamente hacia la desesperación. Las cartas van ganando en ambigüedad. ¿Por qué Superman nunca responde? ¿Sería posible convertirse en Superman? Hay visiones del futuro Vietnam. Hay fantasías de muerte y suicidio. Jerry adopta el ambiguo nombre de The Kriptonite Kid, que es también el nombre de un enemigo de Superman.

Pero en el fondo, Jerry nunca deja de creer. Y al final decide que él también puede ser Superman. Lo que desencadena el devastador final de la novela.

Una novela sobre la fe y la esperanza. No tengo claro sobre si es porque son necesarias o el autor las considera una trampa. Referencias a la homosexualidad. Una crítica brutal a la religión organizada. Es evidente que el autor está resolviendo muchos traumas personales. De hecho, Chariot es un anagrama de Torchia.

Hay algo devastadoramente sincero en este libro. En ocasiones el dispositivo epistolar no acabar de funcionar o la prosa se vuelve un poco rígida, pero las emociones parecen tan absolutamente reales que soportan la trama sin problema.

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Pórtico, de Frederik Pohl

Una obra maestra de la ciencia ficción: Pórtico, de Frederik Pohl. Un viaje simultáneo al espacio interior y al espacio exterior.

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Pórtico, de Frederik Pohl y publicada por Ediciones B. Una de las grandes obras maestras de la ciencia ficción. Una historia de exploración que se mueve simultáneamente hacia lo interior y hacia lo exterior.

Te lo cuento.

Pórtico es un asteroide que hace medio millón de años fue ocupado por una civilización extraterrestre, bautizada como Heecheea, de la que nadie sabe nada. Excepto que en algún momento además de ocupar ese asteroide también se dedicaron a cavar largos túneles en Venus. Desaparecieron misteriosamente, no sin antes limpiar todo lo que pudieron. Aun así, dejaron muchos y misteriosos artefactos y en Pórtico, cientos de naves espaciales capaces de superar la velocidad de la luz.

Robinette Broadhead, el protagonista, es un multimillonario que fue en su momento prospector en Pórtico. Porque verán, esas naves de medio millón de años de antigüedad no se pueden dirigir. Por tanto, la Corporación Pórtico, que controla el asteroide en nombre de Venus y las naciones de la Tierra, tiene un sistema. Puedes arriesgarte a subir a una de esas naves, darle al botón y ver donde llegas. Si mueres o no encuentras nada, dos opciones bastante probables, mala suerte. Si das con algo de valor, puedes ganar una fortuna por los derechos presentes y futuros de la tecnología descubierta que llegue a usarse.

¿Quién aceptaría un trato así? ¿Quién arriesgaría la vida de tal forma?

Pues mucha gente. En la Tierra viven ahora decenas de miles de millones de personas en condiciones muy precarias. Los ultrarricos, como el propio Robinette, viven en condiciones estupendas, disfrutando de sus placeres bajo sus cúpulas que les protegen de los elementos. La mayoría de la humanidad vive como puede.

Ir a Pórtico y arriesgarse a perder la vida es casi una suerte.

Suerte que tiene el propio Robinette. Un día ganó la lotería y decidió irse a Pórtico a probar suerte. Una vez allí, el miedo le impidió subir a una de las naves. Cuando lo hace al final, no logra nada en el primer viaje. En el último, realiza su gran descubrimiento, el que le da la fortuna, pero también le crea un complejo de culpa de tal calibre que exacerba sus ya considerables problemas psicológicos y le lanza al diván de una inteligencia artificial a la que llama Sidfrig.

La estructura de la novela es sencilla. Capítulos alternos. En unos, Sidfrig intenta lograr que Robinette se enfrente a sus traumas, mientras Robinette hace todo lo posible por resistirse e incluso controlar a Sidfrig. Los otros capítulos van relatando la vida de Robinette desde casi su infancia hasta el momento de la fatídica misión, donde casi todo salió mal, él se hizo rico y hubo muertes.

Pórtico es a la vez un viaje interior y un viaje exterior. En una línea nos movemos hacia el centro de la psicología de Robinette, Rob, Bob o como sea que lo llamen en ese momento. Mientras que en la otra línea nos vamos acercando al espacio exterior y el momento de la fatídica misión. Que ambos puntos coincidan es una de las gracias de la novela.

Pero son muchos los elementos los que convierten a Pórtico en una obra maestra.

Hay una enorme carga de preocupación social. Los héroes de la novela, los que hacen funcionar Pórtico, son personas sin nada que han venido de todo el mundo. El viaje espacial pierde todo el glamour de la aventura y se convierte en una medida desesperada por mejorar tus condiciones vitales. En ese futuro, un mínimo acceso a la sanidad y unas condiciones vitales dignas exigen un enorme sacrificio.

El propio Robinette está lejos de ser un héroe espacial clásico. Es un hombre con enormes problemas incluso antes de llegar a Pórtico. Problemas que no hacen más que crecer al comprender en qué situación se encuentra, la enorme disyuntiva de arriesgar la vida o vivir para siempre trabajando en Pórtico para simplemente subsistir.

Y luego están los Heechees.

O mejor dicho, no están.

Está la ausencia de los Heechees.

Una civilización cósmica, que hace medio millón de años se pasó por la Tierra. Una civilización capaz de viajar entre las estrellas. Es una de las magias de la novela. El equilibrio maravilloso que mantiene entre la imagen de los Heechees, grandiosos seres casi divinos, y la realidad mundana y socialmente devastada de la Tierra. Los Heechees son a la vez aspiración, fuente de misterio y recordatorio de que la humanidad tiene todavía mucho camino por recorrer.

Por supuesto, hay elementos de la novela que hoy suenan raros. El tratamiento psicológico es muy diferente al que se daría hoy, aunque Sidfrig es uno de sus grandes personajes. Y aunque es meritorio que la novela explore otras sexualidades, hoy esos aspectos suenan innecesariamente limitados.

Pero sus muchos aciertos… Sus muchos aciertos hacen de Pórtico una de esas grandes novelas que demuestran el gran potencial de la ciencia ficción. Una historia de exploración espacial que pinta la imagen de un vasto universo, comentarios sobre el mundo social y adónde se dirige y la voluntad de aprovechar las lecciones de las nuevas corrientes del género que se daban en ese momento y explorar la psicología de sus personas.

¿Qué piensas de Pórtico? ¿Te sigue pareciendo tan magistral como en su momento? Deja tus opiniones, recomendaciones y consejos.

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Un libro sobre un torrente de obras que reflejan esa distinción: The Weird and the Eerie, de Mark Fisher.

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The Weird and the Eerie, de Mark Fisher. Un libro sobre… lo desconcertante y lo inquietante… venga, voy a traducirlo ahora así y nunca más. Un libro que trata de las obras que mejor ejemplifican esas dos características.

Te lo cuento.

Mark Fisher fue un interesantísimo escritor británico, lo que llaman un teórico de lo cultural, muy interesado en narrativa, política radical, música y cibercosas varias. Escribió un libro excelente y muy recomendable llamado Realismo capitalista. Creo que además es su único libro traducido.

Por desgracia, Mark Fisher murió muy joven, a principios de 2017, así que los pocos libros que escribió son los que quedan, aunque estaba claro que era un hombre al que le quedaba mucho por decir.

Como demuestra este libro, ya puestos. The Weird and the Eerie explora una distinción que transciende lo simplemente fantástico y examina su plasmación en obra tras obra. Un torrente de obras. Cine, televisión, literatura… incluso música. Asombra la cantidad de obras que se pueden tratar en un libro de 128 páginas. Además, no de cualquier forma. Cada capítulo está cargado de ideas y las ramificaciones de lo que expone daría para varios libros adicionales.

Al final viene una lista con todas las obras que comenta. Lo que es una suerte, porque el libro está tan bien que dan ganas de ir a disfrutar de todas.

¿Pero qué es eso de Weird y Eerie? Son dos versiones de lo raro, pero el autor las distingue por su presencia o ausencia. Es decir, resumiendo rápido y mal. Weird es una presencia extraña que no debería estar. Eerie sería una ausencia igualmente extraña, algo que debería estar pero no está.

En el primer caso, piensa en un viejo edificio lleno de seres tentaculares. En el segundo, el mismo edificio donde no hay nadie y está totalmente abandonado. Weird es lo que viene a por nosotros. Miedo y amenaza. Eerie es lo que se va. Pérdida y nostalgia.

Mi amigo Xavier, con el que charlé sobre el libro, me puso otro ejemplo. Pompeya, me dijo, es eerie, porque parece que debería haber alguien y la ausencia es extraña. Los visitantes, me dijo, son weird, porque son una intromisión ajena y extraña.

Tras una breve introducción donde explica, mucho mejor, esa distinción, el libro está dividido en dos parte: una dedicada a Weird, la otra a Eerie.

Ejemplos de weird: Lovecraft, Tim Powers, Philip K. Dick, David Lynch…

Ejemplos de eerie: Christopher Priest, Eno, Margaret Atwood, Tarkovsky…

The Weird and the Eerie es uno de esos libros fascinantes que va recorriendo obra tras obra y es siempre interesante, estimulante e inteligente. Es uno de esos libros en los que da un poco igual si la distinción que hace es real o no. El que sirva para producir estos impresionantes análisis es justificación más que suficiente. Es justo el tipo de libro que yo guardo para releerlo varias veces más.

Lo único negativo es que ya no habrá más libros de Mark Fisher. Me parece una lástima, porque lo considero un pensador entusiasta, lleno de curiosidad y muy inteligente.

Cuéntame, ¿te gustan este tipo de libros? ¿Algún otro que suene similar? Deja tus opiniones, recomendaciones y consejos.

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Una muy divertida novela sobre contenedores y nuestra forma de vivir en el mundo actual: Seis grados de libertad, de Nicolas Dickner.

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Seis grados de libertad, de Nicolas Dickner y publicada por Txalaparta. Una maravillosa y divertida novela sobre contenedores… de esos que van en barcos… llenos de mercancías… contenedores…

No, en serio. Contenedores. Una historia de contenedores contada con mucho sentido del humor y con enorme cariño.

Vale.

Una maravillosa y divertida novela sobre el mundo contemporáneo, la globalización y cómo todo funciona casi sin intervención humana.

¿Mejor así?

Te lo cuento.

Este es un caso curioso. Se trata de una novela que no hubiese leído si no fuese porque tengo un canal donde hago vídeos sobre libros. Me dijeron: “esto te va a interesar”.

Y cuánta razón tenían. Este es justo el tipo de novelas que me encanta.

En Seis grados de libertad hay tres personajes y un contenedor fantasma.

Los personajes son tres habitantes del mundo contemporáneo. Lisa, una joven que cuida de su padre enfermo. Éric, un experto en informática que prefiere no salir de casa. Y Jay, una delincuente obligada a convertirse en instrumento de la ley y ayudar a los que antes la perseguían.

Y el contenedor.

No puedo olvidarme del contenedor. El otro personaje, el contenedor.

Alguien se da cuenta de que hay un contenedor dando vueltas por el mundo. Pasa de puerto a puerto, burlando las medidas de seguridad, cambiando de identidad, yendo a un sitio diferente al de su supuesto destino. ¿Quién está detrás de ese contenedor? ¿Qué es tan importante como para moverlo de esa forma?

Preguntas que, por supuesto, provocan miedo, y el miedo lleva a investigar. Y así tenemos a Jay, nuestra criminal ahora detective, que se pone a ello. Al principio por el interés mismo del problema, al final porque en la distancia, sin saber nada de su origen, se siente cómplice de esa caja metálica y hueca.

¿Qué une a Lisa, Éric y Jay con ese contenedor? ¿Cuál es la historia que hay detrás?

Bien, estamos acostumbrados a pensar que nuestro mundo moderno es fundamentalmente digital, que movemos bits de un lado a otro del planeta. Por supuesto, eso es solo una parte. La otra parte es que fabricamos muchas cosas y esas cosas hay que moverla y esas cosas deben llegar a su destino y esas cosas hay que venderlas y alguien tiene que querer comprar esas cosas y la gente tiene que ganar dinero para poder seguir comprando esas cosas y esas cosas…

Ya me entiendes.

Esas interrelaciones crean un mundo paralelo de mercancías que se mueven casi autónomamente por todo el planeta, navegando de un lugar a otro contenidas en esos maravillosos… contenedores.

El contenedor es el «no lugar» definitivo y perfecto.

Un no lugar es uno de esos espacios de paso que tiene nuestro mundo moderno. Sitios a los que solo vamos a realizar una transacción y de los que se supone salimos lo más rápidamente posible. Los centros comerciales, los aeropuertos, las estaciones de tren, son ejemplo de no lugares. Son espacios sin pasado, sin historia, que no se habitan, sino que se usan.

Y el contenedor es el no lugar perfecto. El contenedor rompe el espacio y el tiempo. Está en un sitio como podría estar en otro. Ayer allá, hoy aquí, mañana allí. Un contenedor es perfectamente intercambiable por otro. Los contenedores derivan por el mundo con perfecta libertad, sin estar nunca atados a ningún lugar, con esos seis grados de libertad que les asigna el título.

Seis grados de libertad va de ese mundo contemporáneo. Está contada en presente para crear esa sensación de atemporalidad. Como nuestro mundo actual, que parece embarrancado en un presente continuo. De tal forma, acontecimientos separados por años parecen confluir en un mismo punto, todo parece ir más rápido de lo que debiera. De hecho, las líneas temporales de distintos personajes no encajan, aunque parecen ir simultáneas.

Es un libro sobre cómo vivimos ahora. Un libro sobre cómo el mundo actual parece convertirse progresivamente cada vez más en un no lugar, donde todos los espacios que antes eran humanos, fijos, históricos, se van tornando en lugares de paso, se van convirtiendo en lugares destinados a una transacción concreta y que debemos abandonar en cuanto podamos.

Pero…

El gran secreto de los no lugares es que no lo son. Se pueden ocupar. Y, de hecho, es lo que hacemos. Les damos usos diferentes a aquellos para los que fueron concebidos. Les damos historia. Los dotamos de humanidad. Los convertimos en lugares.

En su anterior novela, Nikolski, Nicolas Dickner trataba el tema de la errancia sin fin, de los restos de las poblaciones, de la opción de vivir en continuo movimiento. En Seis grados de libertad va a la inversa. Se pone en duda el vagar continuo impuesto por el mundo moderno. Cada personaje busca su lugar, cada uno quiere escapar a sus circunstancias.

Y si no es posible escapar…

Seis grados de libertad es extraordinaria en muchos aspectos. Está escrita por alguien que parece comprender nuestro mundo moderno. El autor se salta la preocupación por la simple tecnología para ir más allá, a los mismos sistemas que mantienen en funcionamiento nuestra sociedad. El tono es siempre amable, trata siempre a sus personajes con cariño, pero reflexiona sobre temas muy serios. Sobre la inmigración, sobre el consumismo, sobre la ausencia de raíces. Y también habla sobre la resistencia humana.

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Crecer amando la matemática. The Boy Who Loved Math, de Deborah Heiligman y LeUyen Pham.

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The Boy Who Loved Math, de Deborah Heiligman y LeUyen Pham. Un libro para niño sobre uno de los grandes matemáticos del siglo XX: Paul Erdős.

Te lo cuento.

El subtítulo es “La vida improbable de Paul Erdős”. Y por improbable que suene un libro ilustrado para niños dedicado a la figura de un matemático, aquí está y hay que alegrarse por ello.

Paul Erdős fue un matemático húngaro, que más bien era fuerza de la naturaleza. El objetivo de su vida era la investigación matemática, que aspiraba a realizar 19 horas al día ayudado por enormes cantidades de café.

Llevaba una vida nómada. Con sus posesiones en una pequeña maleta, vagaba por el mundo, llamaba a la puerta de un matemático y gritaba «Mi cerebro está abierto». Durante unos días anfitrión y huésped colaboraban en un par de artículos. Luego se iba a otro lugar.

Paul Erdős fue extremadamente prolífico. Más de 1500 artículos matemáticos con más de 500 colaboradores.

Siendo un libro para niños, buena parte está dedicado a su infancia. La relación muy estrecha con su madre, su hiperactividad, la niñez protegida y las primeras fascinaciones con la matemática: cálculos de días, los números negativos, el amor por los primos.

Por supuesto, omite detalles que podrían no ser adecuados. Pero destaca dos cosas muy importantes.

Que la matemática puede provocar pasión e incluso amor. No tiene nada de extraño adorar los números, las operaciones, el álgebra o el cálculo.

Que Paul Erdős vivía para colaborar. En su honor se creó el concepto de número de Erdős. Si colaboraste con él, tu número es 1. Si colaboraste con alguien que colaboró con él, tu número es 2. Y así sucesivamente. Vamos, Erdős es el Kevin Bacon de la matemática. Si quieres saber más, Derivando tiene un vídeo estupendo sobre el número de Erdős.

Las ilustraciones, alegres y coloristas, destacan que Erdős disfrutaba con sus ideas matemáticas. Están llenas de referencias a los números primos, a la geometría o a los grafos.

En suma, The Boy Who Loved Math celebra y promueve la matemática. Una disciplina tremendamente hermosa.

Dime, ¿qué personaje merecería un libro para niños? ¿Algún otro libro así sobre un personaje menos habitual? Deja tus comentarios, opiniones y consejos.

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Ciertos nuevos personajes televisivos poseen extrañas características. Por qué nos encantan los sociópatas, de Adam Kotsko, intenta explicar la razón.

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Por qué nos encantan los sociópatas, de Adam Kotsko y publicado por Melusina. Un ensayo sobre toda una nueva categoría de personajes televisivos. ¿Qué dice de nosotros y nuestro tiempo?

Te lo cuento.

Se trata de una peculiar forma de fantasía. Con sociópata se refiere a cierto tipo de personaje televisivo. El nombre puede variar. Se puede llamar Don Draper, Walter White, Seinfeld, Jack Bauer, Dexter, House, Cartman o Homer Simpson, pero le caracteriza un desprecio absoluto por las reglas sociales combinado con una capacidad total para manipular dichas reglas. Es una fantasía relativamente reciente que solo se puede dar en la ficción. La contradicción interna impide que se manifiesten en la realidad.

Piensa en Sherlock, mi ejemplo personal y que no viene en el libro. Basta comparar versiones anteriores del personaje con la más reciente y aclamada iteración. El personaje pasa a ser arbitrariamente abrasivo e insultante, dejando claro que su inteligencia es justificación más que suficiente para su comportamiento.

Por qué nos encantan los sociópatas va detallando ejemplos de ese tipo de personajes televisivos y los clasifica en tres grandes grupos.

Maquinadores, como Cartman, los protagonistas de Seinfeld, Peter Griffith o Homer Simpson. Les motiva cumplir algún deseo momentáneo y arbitrario. Motivación que se esfuma en cuanto pasa el deseo.

El arribista, como Don Draper o Stringer Bell, hace lo posible por ascender en la escala social, manipulándola. Lo llamativo, sin embargo, es que su desprecio hacia el sistema se manifiesta como un deseo de ser aceptado por ese mismo sistema.

El justiciero, como Jack Bauer, House o ya directamente Dexter, donde violar las reglas de la sociedad se considera el primer paso para preservar esa misma sociedad.

Como sociópata más perfecto de la televisión destaca a House, aunque señala que House no es todo lo sociopático que debería ser.

El libro tiene tres fines últimos.

En primer lugar, analizar esos personajes televisivos y comentar cómo funcionan dentro de sus series y en el contexto global de la televisión. Si te gustan las series, esa parte probablemente ya te compense leer el libro.

Segundo, identificar qué aspectos de la sociedad moderna hacen atractivos a ese tipo de personajes. Más allá de que el mal suele ser sinónimo de televisión de calidad, ¿qué problemas tenemos en nuestra sociedad que requiere la creación de héroes capaces de reconocer la artificialidad del sistema social y que no tienen ningún reparo en usarla a su favor?

Tercero, y final, preguntarse en qué medida nos deberíamos parecer más a esos personajes, qué lecciones podemos aprender de cada grupo (la alegría infantil de un maquinador, por ejemplo) para aplicarlas en nuestras vidas. Llegando al punto de plantearse si no podría haber un tipo superior a los tres descritos, un individuo que integre armoniosamente todos los aspectos positivos de los tipos anteriores. Señala, que curiosamente tal personaje no podría existir en la ficción, pero que bien puede ser lo valioso de ciertos personajes históricos.

Dime, ¿qué otro libro sobre televisión recomiendas? ¿Y sobre la forma actual de nuestro mundo? Deja tus comentarios, opiniones y consejos.

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Gracias y hasta la próxima.

Una divertidísimas combinación de novela negra y novela picaresca. En El misterio de la cripta embrujada, de Eduardo Mendoza, un loco sacado del manicomio recorre las calles de la Barcelona justo antes de la llegada de la democracia.

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TRANSCRIPCIÓN

El misterio de la cripta embrujada, novela de Eduardo Mendoza y publicada por Seix Barral. Una divertida historia de detectives ambientada en la Barcelona de finales de los setenta. Una mirada satírica y crítica a una España que estaba a punto de sufrir una muy importante transformación.

Te lo cuento.

La novela de detectives parece rígida: un crimen, un criminal, un detective. El criminal comete el crimen, el crimen altera el orden social, el detective resuelve el crimen y restaura el orden.

Pero modificando un poco cualquiera de esos elementos, transponiéndolos, invirtiéndolos o anulándolos, se logran infinitas variaciones. Y eso sin olvidar que todo crimen se produce en sociedad, por lo que toda novela policial es una mirada al orden social. Vamos, que es la sociedad la que quiere que se resuelva el crimen.

¿O no?…

En el caso de El misterio de la cripta embrujada, el detective es literalmente un loco al que sacan del manicomio, con la promesa de libertad si resuelve el caso. Debe investigar una misteriosa desaparición temporal en un colegio de monjas para jovencitas. Así nuestro interno acaba en la Barcelona del prepostfranquismo, la pospredemocracia o la pospretransición…

Sin prácticamente recursos, nuestro detective cae de inmediato en el mundo marginal, donde grandes millonarios se mezclan con delincuentes de poca monta, donde nadie es lo que finge o pretende ser. Vamos, igualito que la España de la época, que tan moderna se creía sin apenas haber movido algún mueble de sitio.

Por supuesto, se producen todo tipo de peripecias. Hay muertos, persecuciones, testigos cada cual más estrafalario que el anterior, confusiones absurdas y muchos comentarios sobre cada uno de los estamentos sociales que van apareciendo.

El narrador, el propio detective, carece de casi cualquier convicción. Es taimado y mentiroso, se muestra sumiso y respetuoso, y cada vez que habla de sí mismo ofrece una versión distinta de su pasado. Es el narrador menos de fiar que uno puede imaginar. Pero precisamente por eso, es el más objetivo de todos. Cuando habla de los demás, lo hace como si no estuviese haciendo ningún tipo de juicio sobre ellos, lo que deja en evidencia toda hipocresía y arribismo social.

Porque como ya habrás comprendido, el detective nunca abandona el manicomio. La sátira de la novela es tratar la España de la época como un manicomio mucho más grotesco y mucho más caótico que la institución real. Quien tiene las llaves de las habitaciones manda . Y aunque te hayan asignado una misión…

En ocasiones por mucho que te empeñes…

La fundamental de El misterio de la cripta embrujada es que se trata de una fusión feliz entre novela picaresca y novela policial. Eso es lo que permite al narrador moverse por entre clases sociales, revolverlo todo y descubrir cosas que nadie quiere que se sepan. También es lo que permite todo su desbordante humor, que deriva tanto de las situaciones exageradas, o no tanto, y de la incongruencia de lenguaje usado por el narrador, más de Quevedo que de la germanía.

El misterio de la cripta embrujada es divertida de principio a fin. Si entras en su juego, te ríes continuamente con su retrato deforme y demencial de toda una época de nuestro país, que preparado o no estaba a punto de cambiar… sin dejar de arrastrar su pasado.

¿Te gusta esta novela? ¿No? Deja tus comentarios. Y si te interesa ver más vídeos sobre mis lecturas, ya sabes: suscríbete.

Hasta la próxima.

Un pequeño cómic sobre un gran artista: En la piscina con David Hockney, de Will Blöß.

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En la piscina con David Hockney, de Will Blöß y publicado por SD Edicions. Un pequeño cómic sobre… bien, una gran figura del arte.

Te lo cuento.

Andaba yo por Málaga y, como no, me metí en una librería. Allí estaba, junto a la caja, este cómic con algunos hermanos de colección: Dalí, Kahlo, Hopper, Warhol… Eran baratísimos, así que compré el de David Hockney, porque es un artista que me gusta mucho.

Es pequeñísimo y son 24 páginas. Por lo visto, Will Bloß lleva ya varios años creando toda una serie de pequeño cómics biográficos sobre artistas.

En tan pocas páginas, es evidente que tampoco puede contarse mucho, pero la verdad es que al menos el de David Hockney es un excelente ejercicio de resumen y concisión. Los temas más escabrosos, como el trato a la homosexualidad en la Inglaterra de la época, se mencionan. También se dan muchas pinceladas sobre las intenciones artísticas de David Hockney. Su forma de tratar los encargos, o su aproximación a las nuevas tecnologías. Incluso en algún momento se ofrece alguna interpretación.

Conocí a David Hockney por su obra fotográfica, pero es especialmente famoso por su serie de cuadros sobre piscinas que hizo en California, de ahí el título. Es un tipo de pintura que se ajusta muy bien al cómic y el autor no vacila en reproducir algunos de sus cuadros más famosos en forma de viñetas.

David Hockney tiene ahora 80 años y ahí sigue trabajando. En la retrospectiva que le hizo la Tate hace unos meses, se podían ver algunas de las obras que ha creado con el iPad o una impresionante videoinstalación.

Por supuesto, En la piscina con David Hockney no sustituirá a una biografía completa, pero tampoco es su intención. La idea es realizar una aproximación rápida, sin esconder nada importante, que te permita tener una serie de claves. Puede ser divertido leerlo por sí mismo o como punto de partida.

Dime, ¿conocías estos cómics? ¿Hay algún otro cómic sobre arte? Deja tus comentarios, opiniones y consejos.

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Gracias y hasta la próxima.

La matemática como metáfora de la familia. La fórmula preferida del profesor, de Yoko Ogawa.

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La fórmula preferida del profesor, de Yoko Ogawa y publicado por Funambulista. Una novela sobre una muy peculiar familia y la fórmula que explica qué les une.

Te lo cuento.

Un profesor de matemática sufrió años atrás un accidente que le dejó con la memoria severamente limitada: todos los recuerdos nuevos los olvida tras 80 minutos. Para recordar lo importante, lleva notas fijadas a su chaqueta.

Alguien se tiene que encargar de él. Tras una larga serie de asistentas, que acaban dejando el trabajo en general por no soportar sus excentricidades matemáticas, su nueva cuidadora no puede evitar sentir admiración y respeto por el profesor. Es más, la enorme curiosidad de la mujer le lleva a interesarse por los comentarios matemáticas, fascinación que incluso comparte su hijo. Hijo al que el profesor llama Root porque su cabeza le recuerda a la raíz cuadrada.

El profesor no parece tener más familia que una cuñada distante. La asistenta es madre soltera, hija de madre soltera, por lo que tampoco tiene muchas relaciones familiares. Son por tanto un trío peculiar que conforma una nueva unidad familiar. El profesor transmite su pasión por la matemática -en concreto, la teoría de números, que efectivamente es la rama más hermosa de la disciplina- mientras que madre e hijo intentan ampliar sus horizontes. Como cuando le llevan a un partido de béisbol, deporte que apasiona al profesor, pero más bien como un problema estadístico.

La matemática usa mucho lenguaje metafórico. Las relaciones humanas, por ejemplo, en los primos gemelos o los números amigos. Pues esta novela lo hace al revés, usa la matemática como metáfora de las relaciones humanas. En algunos de los momentos más emocionantes del libro, esas emociones se expresan como sencillas explicaciones matemáticas.

¿Pero cuál es la fórmula preferida del profesor?

Pues se llama la identidad de Euler y es esta de aquí. e elevado a pi por i más 1 da cero. Es efectivamente una de los resultados matemáticos más hermosos. Si quieres saber más, Derivando tiene un estupendo vídeo sobre la identidad. Lo importante en nuestro caso es que e, i, pi, 1 y 0 no podrían ser números más diferentes entre sí. Irracionales, enteros, complejos… Pero ahí están, creando una belleza sublime y sorprendente, como si sus diferencias fuesen precisamente lo que les permite unirse en esa armonía total.

El profesor, la asistenta y Root no podrían ser personas más diferentes. Pero en esta novela delicada y sutil, su unión dispar es feliz.

Como muchos números.

¿Has leído la novela? ¿Qué te parece? ¿Hay más libros con la matemática de fondo? Deja tus comentarios, opiniones y consejos.

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El semiólogo francés Roland Barthes viajó a Japón y luego escribió El imperio de los signos.

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El imperio de los signos, de Roland Barthes y publicado por Seix Barral. ¿El relato de un peculiar viaje a Japón? ¿Un ensayo personal e intransferible? ¿Las aventuras de un hombre que lo leía todo?

Te lo cuento.

Roland Barthes fue un filósofo y semiólogo francés. Alguien que estudiaba los signos y leía el mundo. Un buen ejemplo es su libro Mitologías. Se trata de una serie de ensayos donde mira fenómenos de la sociedad —las revistas de cotilleos, la lucha libre, una comida— y luego “lee” lo que cada uno de esos fenómenos dice sobre nuestro mundo humano.

Pues un día, Roland Barthes fue a Japón.

Miró atentamente a ese país. A continuación, haciendo uso de todo lo que había visto, imagino otro país, muy similar pero imaginario. Lo llamó “El Japón” …para distinguirlo… Logró así un signo perfecto, puro, sin referente. Un signo que no se correspondía con nada real.

Y procedió a leerlo.

Porque eso es lo que él hacía.

Él leía.

Donde nosotros descodificamos palabras sobre el papel, él leía la realidad entera.

Barthes al final, tras irse bien lejos, más allá del horizonte de las convenciones occidentales con las que nació y vivió, logra construirse su texto ideal, el que puede analizar sin referentes… porque los desconoce. En Mitologías cuando habla, por ejemplo, de una portada de revista de cotilleos, es dolorosamente consciente de entender lo que hay detrás, lo que hay delante, lo que hay a derecha y a izquierda… de hecho sospechas que incluso entiende lo que hay en universos paralelas, pero eso es otra cuestión. Ese conocimiento le permite identificar el mito. Pero es un conocimiento que también le limita. Sin embargo…. en El imperio de los signos puede leer con libertad, porque no hay referente tras su país imaginario.

Llega a decir que él es lector, no visitante.

Así lee las máquinas Pachinko, la comida (cuya única envoltura es el tiempo), el centro vacío de Tokio (ocupado por el palacio). De la ausencia de direcciones nos dice que según Tokio «lo racional no es más que un sistema entre otros». Incluye seis páginas extraordinarias sobre los paquetes de El Japón. Reflexiona sobre el gesto en el teatro de muñecos. Todo lo que dice del haikú me parece interesantísimo («el haikú no sirve para ninguno de los usos (a su vez también gratuitos) concedidos a la literatura»). Incluso lee las caras y los cuerpos japoneses, relacionándolos con los signos de hombre y mujer.

Y así una y otra vez. Con los temas más variopintos, centrándose sobre todo en la cotidianidad de El Japón, pero intentando siempre mantenerse en la superficie lectora, en las letras. Para él … la línea recta es una línea recta en sí misma y no esconde nada más.

El imperio de los signos es ante todo un libro sobre la aplicación por parte de Barthes de método de Barthes, un texto que ante todo celebra su libertad personal como lector. Eso lo convierte en un libro extraordinario, arrebatador y accesible … porque descubres con él el país que está leyendo.

Yo lo considero una maravillosa escapada poética.

¿Tienes recomendaciones sobre Roland Barthes? ¿Sobre libros de viaje por Japón? Deja tus comentarios.

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Gracias y hasta la próxima.

Una maravillosa muestra del mejor humor de la literatura clásica. Relatos fantásticos, de Luciano de Samósata.

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Hoy te traigo Relatos fantásticos, de Luciano de Samósata y publicado por Alianza Editorial. Un clásico de la sátira y el humor más cortante de hace casi 2000 años.

Te lo cuento.

Luciano de Samósata fue un escritor sirio que escribía en griego. Vivió desde el año 125 al 181, a la sombra del Imperio Romano. Y es también uno de los grandes humoristas del mundo clásico. Quizá el más grande. Su sentido de la ironía era excepcional. Y su dominio de la sátira… su dominio de la sátira era magistral.

También es un escritor que hoy en día suena muy moderno. Es lo que tiene vivir a la sombra de un gran pasado y bien encajado en un imperio.

Y se ríe de todo. Sobre todo, de los charlatanes, de las creencias supersticiosas y de los que las difunden. Casi siempre todo combinado en la figura de lo que hoy llamaríamos un “intelectual”.

En “El gallo” nos encontramos a Pitágoras reencarnado en gallo. Su dueño le pregunta qué le movió a redactar una ley que prohibía comer carne y habas. Pitágoras, el gallo, confiesa que una pizca de arbitrariedad siempre desconcierta a las víctimas y te ayuda a ganar seguidores. La táctica de cualquier vendehumos.

Los textos de Luciano son así. Ya sean diálogos o narraciones, van ironizando sobre ciertos puntos de vista y ciertas filosofías. Van desgranando las miserias de los que se creen por encima de todo.

En “Cuentistas o el descreído” tenemos a un escéptico que se va a cenar con gente que creé a pies juntillas en los fantasmas y otras apariciones. Son personas cultas que creen en tonterías. Lo divertido es que los demás le recriminan su escepticismo y le responden con argumentos absurdos que ya debían ser viejos en su época. “Tengo un primo que tiene un amigo cuyo cuñado vio…”. “A mí me pasó esto que podría explicarse racionalmente pero que no…”.

No puede sonar más actual.

“Lucio o el asno” le sirve a Luciano de excusa para ir mostrando las variadas crueldades del mundo. Crueldades que distinguen poco o mal entre clases sociales. Incluso el que no tiene necesidad de ser cruel parece serlo para no quedar mal, no vaya a ser que de él murmuren “ese es buena persona”.

“Relatos verídicos” cuenta una historia que parodia los viajes maravillosos de la época que se presentaban como verdaderos. La única verdad que se dice en la obra viene justo al principio, cuando declara que se trata de embustes para entretener. “Relatos verídicos” es una sucesión de despropósitos a cada cual más gordo que el anterior. Se viaja a la luna y al sol, se visita el hades, se trata con filósofos, pensadores y héroes. Se ríe de casi todo -Homero sale bien parado- y pone a parir a Pitágoras y compañía.

“IcaromenIpo o Menipo en los cielos” es mi texto preferido. El tal Menipo, queriendo emular a Ícaro -evitando la parte de caerse y morir- se ata un ala de águila a un brazo y un ala de buitre al otro para subir a los cielos.

La justificación es bien simple: está claro que en la Tierra no va a conseguir ningún conocimiento cierto porque los que dicen poseer la verdad, filósofos y demás gentes de mal vivir, en realidad son unos embaucadores que creen los absurdos más grandes sin ofrecer la más mínima justificación.

Al final llega al Olimpo porque… La verdad es que puestos a saber, mejor preguntar a los dioses. Allí Zeus se despacha a gusto contra ese grupo de embaucadores. Es decir, todos los intelectuales de la época.

O ya puestos… de nuestra época.

Muy moderno Luciano de Samósata.

¿Algún otro libro de la antigüedad clásica? ¿Más muestras de humor antiguo? Deja tus comentarios, opiniones y consejos.

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Gracias y hasta la próxima.

Un estupendo repaso por una parte de la literatura y el pensamiento de occidente: All Thing Shining, de Hubert Dreyfus y Sean Dorrance Kelly.

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All Things Shining, de Hubert Dreyfus y Sean Dorrance Kelly. Un libro sobre el nihilismo contemporáneo, sobre cómo perdimos nuestra conexión con aquello que da sentido a nuestras vidas. Y también, un maravilloso recorrido por toda una línea de la literatura occidental.

Te lo cuento.

All Thing Shining está escrito por dos profesores de filosofía. Voy a simplificar enormemente su premisa: en algún momento perdimos la conexión con lo que da sentido a nuestras vidas. Es decir, antes el propósito de nuestra existencia se localizaba en algún poder superior. Un dios. O muchos, como dice la contraportada. Pero eso desapareció cuando nos convertimos en individuos, cada uno con control absoluto de su propia existencia.

Ese diagnóstico lo hacen en el primer capítulo, dedicado a nuestro nihilismo contemporáneo. Luego usan a David Foster Wallace como buen ejemplo de esa desconexión e indican sus enormes esfuerzos, fracasados, por recuperar el sentido de la existencia.

Entonces, sin un absoluto, ¿dónde está el sentido de las cosas? ¿Qué hacer? ¿Dónde encontrar aquello que da sentido a nuestras vidas? ¿Cómo recuperar cierta conexión con lo sagrado? Volver atrás es imposible, esas opciones desaparecieron completamente. Así que ofrecen su solución, que es la magia absoluta de este libro.

Recorren un segmento de la literatura universal. Desde Homero hasta Dante, desde Esquilo hasta San Agustín, para recalar en Kant. Ofrecen así su explicación de cómo hemos llegado a nuestra presente. Y luego, sorpresa entre las sorpresas, Moby Dick, obra en la que encuentran la solución.

Da igual si crees o no lo que este libro te está contando. Da igual si crees o no que sufrimos un grave caso de nihilismo. Da igual si cuando he dicho “recuperar cierta conexión con lo sagrado” has sentido como si te abofeteasen.

Aunque la tesis de este libro te parezca absurda. No importa.

Porque All Things Shining es ante todo una asombrosa y maravillosa relectura de muchas obras, culminando con el impresionante capítulo dedicado a Melville y su Moby Dick. La lectura que hacen de esa obra es asombrosa y justifica totalmente leer el libro. Es más, te deja unas ganas demenciales de leer Moby Dick.

Ofrezcan realmente una solución. Hayan analizado bien o mal la situación. Da igual. El paseo narrativo que se marcan lo justifica por completo.

Como siempre, si tienes ideas u opiniones, deja tus comentarios. Y si te interesa ver más vídeos sobre mis lecturas, ya sabes: suscríbete. Hay un botón por ahí debajo.

Gracias y hasta la próxima.

En Cómo visitar un museo de arte, Johan Idema ofrece distintas claves y consejos muy útiles para disfrutar mucho más de tu próxima visita al museo. No te dejes intimidar por lo que parece un mundo solo para iniciados.

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Cómo visitar un museo de arte, de Johan Idema y publicado por GGili. El subtítulo es claro: “Y convertir tu visita en una experiencia gratificante”. O como dice una estrella en la portada: “Deja de deambular y actúa”.

Te lo cuento.

El cubo blanco es uno de los inventos más odiosos de los museos. Como cuenta la introducción, la intención era “buena”. Crear un lugar puro, limpio, pulcro, un lugar sin contexto para que las obras de arte brillasen por sí solas. En silencio te enfrentas tú solo a la creación artística.

A la obra.

Pero los seres humanos precisamos contexto. Y si no lo tenemos, lo creamos. Así el cubo blanco adquiere sus connotaciones negativas: da miedo, resulta antiséptico, produce rechazo y frustración. Y las obras expuestas son las que acaban pagando. Y si no hay cubo blanco, tenemos el tono de templo, de lugar sagrado al que accedes vacilante —porque es evidente que no eres un iniciado.

Induce a la pasividad.

Pero con este libro, Johan Idema nos recuerda que visitar un museo de arte es un proceso, algo que hacemos, una interacción. El museo está para vivirlo.

El libro está escrito como una serie de consejos, directos y breves. Son ideas que quiere que pongas en práctica con la mayor facilidad posible. Son consejos que vienen de alguien que sabe de arte y de ir a museos.

Un ejemplo.

“El arte solo existe si se observa”. Podemos aprender mucho mirando cómo otros miran el arte. Podemos estudiar las reacciones de los demás.

Más propuestas.

Dejarnos escandalizar. Enfrentados a esa obra incomprensible, disfrutar de la conmoción momentánea, permitir que nos guíe.

Encontrar tu obra maestra. Podemos concentrarnos en unas pocas obras y dejar las demás de lado.

Si puedes, haz fotos. Es una forma de relacionarte con el arte. Puedes intentar fotografiar tu experiencia.

El restaurante y la tienda del museo son lugares muy importantes que hay que saber aprovechar. En la tienda, por ejemplo, suele haber análisis profundos.

Escucha música mientras haces la visita. Crea tu propia banda sonora para ese día en el museo.

Llevar a un niño o niña al museo. Aventajan con creces a los adultos. No vacilan en hacer preguntas, porque no sienten la necesidad de fingir que entienden. Si puedes, no pierdas la oportunidad de ver un museo a través de sus ojos.

Cómo visitar un museo de arte es un libro que está a favor del visitante. El tono es amable, los consejos claros y su intención última es darte herramientas para mejorar tu próxima visita. Es ideal para aquellos de nosotros que nos gusta visitar museos, sobre todo de arte contemporáneo, pero que no somos entendidos. Nos invita a dejar de lado nuestros recelos y disfrutar de todo lo que puede ofrecernos un museo. Y tal y como deja bien claro el libro, un museo nos ofrece mucho más que la posibilidad de mirar algunas obras.

Sobre eso de visitar museo, ¿tienes alguna recomendación? Deja tus comentarios. Y si te interesa ver más vídeos sobre mis lecturas, ya sabes: suscríbete.

Hasta la próxima.

Una historia que nos remite a la mitología de África. El bebedor de vino de palma, de Amos Tutuola.

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El bebedor de vino de palma, de Amos Tutuola, y publicado por Navona. Una impresionante novela que hunde sus raíces en la oralidad y la mitología de África.

Te lo cuento.

Hace años leí este libro en su edición de 1974 y quedé absolutamente fascinado. Es uno de esos maravillosos encuentros con otra forma de concebir lo literario y lo fantástico.

El bebedor protagonista.. que por cierto, se llama “Padre de los dioses que todo lo puede en este mundo”… ya puestos a ponerse un nombre…

Pero a lo que iba, el bebedor protagonista se bebe al día 150 pipotes de vino de palma. Como su padre sabía que el chico no valía para otra cosa, le regaló una finca con quinientas sesenta mil palmas y un sangrador capaz de extraer los 150 pipotes y producir el mejor vino.

Por desgracia, la vida regalada se termina un día, cuando el sangrador se cae de una palma y se mata. Desde ese momento, es imposible conseguir la cantidad necesaria cada día y menos la calidad acostumbrada.

Por tanto, el bebedor decide partir en busca de su sangrador, porque sabe que los muertos pasan un tiempo en algún pueblo lejano.

Así se inicia un viaje fantástico en busca del sangrador muerto. Por el camino, el bebedor encuentra todo tipo de seres fabulosos, se pelea con muchos, gana algunas batallas por puro ingenio, y otras por pura suerte. Incluso se casa, destruye todo un pueblo, huye de un ejército de bebés con muy malas pulgas y pasa largos periodos de tiempo en pueblos extraños.

En ocasiones parece que la narración se refiere a un tiempo anterior al mundo; en otras, parece que habla de ayer. No lo considero realismo mágico, porque no se trata de que lo fantástico irrumpa en lo cotidiano. Aquí el mundo completo del bebedor es fantástico. Él mismo es un gran hechicero con grandes poderes … si tiene la poción adecuada.

Amos Tutuola era de origen yoruba y aprovechó toda esa tradición mitológica. Hay un sentido del humor diferente, un gusto especial para lo fantástico y cada episodio manifiesta una crueldad asombrosa, que recuerda a los cuentos de hadas clásicos antes de que los domesticasen.

La muerte en omnipresente, como también la enfermedad y el hambre. La obsesión por la comida es continua. Al menos aparecen dos personajes fantásticos que no hacen otra cosa que comer. Y también tenemos el continuo deseo de venganza. Abundan los hechizos y los objetos con grandes poderes.

El ritmo es repetitivo reflejando oralidad, con una prosa fragmentada que en ocasiones es preciso releer para comprender del todo. La estructura narrativa también es diferente. Cumplida la misión, la historia no se detiene, sino que sigue avanzando por otros vericuetos. Cuando llega el final, no parece tanto que la narración haya terminado como que el narrador ha dejado de hablar.

El bebedor de vino de palma es una novela fantástica en todos los sentidos de la palabra. Nos lleva a un mundo diferente del que estamos acostumbrado y no deja caer sin piedad en las tradiciones de otra cultura.

Magistral.

¿Has leído el libro? ¿Tienes recomendaciones de otras literaturas? No olvides dejar tus comentarios y opiniones.

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Gracias y hasta la próxima.

Achille Campanile fue un maestro del humor. Vidas de hombres ilustres es un gran ejemplo de su enorme capacidad para la ironía y la ternura.

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Vidas de hombres ilustres, de Achille Campanile. Publicado en su día, 1981, por Plaza & Janés. Una serie de viñetas humorísticas cuando no totalmente surrealistas que satirizan a algunos famosos personajes del pasado.

Te lo cuento.

Achille Campanile fue un novelista, ensayista, dramaturgo italiano del siglo XX. Famoso, en su momento, por su sentido del humor tirando a lo surrealista y unos juegos de palabras que harían las delicias de cualquier padre de este mundo.

Debió tener bastante fama en su momento, pero hoy parece más bien olvidado. Excepto en Italia. Por ejemplo, no tiene entrada en la wikipedia en español. Lo cual me parece una verdadera pena. Creo que es un autor a reivindicar.

Achille Campanile es un maestro sobresaliente del humor. No sólo es surrealista y divertido, dado a los juegos de palabras y a los absurdos más delirante, sino que también posee un exquisito sentido de la ironía. Todo siempre acompañado de un poso melancólico resultado de conocer bien la naturaleza humana.

Vida de hombres ilustres se acerca a distintos personajes, vistos a través del prisma del sentido del humor de Campanile. Son divertidas elucubraciones que parten en ocasiones de alguna observación histórica, de una frase famosa o de alguna anécdota que se les atribuye.

En la mayoría de los casos son retratos teñidos de cariño, pero despiadadamente irónicos. Hacen uso libre de la incongruencia y rebosan una inteligencia desmesurada.

Unos pocos ejemplos.

Sócrates, un fracasado que se enorgullecía de saber solo que no sabía nada y que se atrevió a montar una academia. Un escuela de lo más fácil.

Las preocupaciones de Alejandro Magno por su papagayo, un pobre pájaro perdido en la logística de su ejército.

La intención original de Gutenberg era entrar en el teatro sin pagar, por lo que se le ocurrió la idea de decir “prensa”.

Casanova era realmente un empollón que se inventó sus memorias para que le dejasen en paz.

El verdadero drama de Beethoven no fue haber sido sordo, sino que el pobre hombre creía componer bailables licenciosos y no se explicaba por qué todo el mundo se lo tomaba con tanta seriedad.

Alfred de Musset intentando inventar el café con leche, deseoso de hacer algún gran descubrimiento que le hiciese pasar a la posteridad.

Y mis dos preferidas, las que me resultan más gustosamente extrañas, pero a la vez, más irónicas.

Un general romano. Da una mala orden. El soldado, su hijo, la desobedece, con lo que se gana la batalla. El general declara “Como padre, te abrazo; como jefe del ejército, te condeno a muerte…”.

El autor dice que el general quizá hubiese ofrecido mejor ejemplo de firmeza habiéndose condenado a sí mismo a muerte. Luego añade que el padre fue demasiado benévolo con una falta, desobedecer, y el general demasiado estricto para haber conseguido una victoria. Que lo lógico hubiese sido una zurra del padre, por desobedecer, y una medalla del general, por haber logrado ganar.

Pero ahí no acaba la cosa. Por diversas y alambicadas razones resulta que el general, y padre, es también otros miembros de su familia: cuñado, tío, primo, suegro… incluso jefe del estado. Así que los va consultando uno a uno, pero sin dar con nadie que interceda por el pobre chico.

En otro caso, Vittorio Alfieri solo discutía con personas con las que estuviese de acuerdo en líneas generales. Como tal fenómeno es difícil de explicar, nos propone un ejemplo, en el que un contradictor discute con Alfieri. El tema: ¿es conveniente hacer la guerra? Los dos deciden que no, con lo cual la discusión es absurda, porque ya están de acuerdo antes de empezar.

El problema, es por tanto, encontrar una forma de discutir mientras se está de acuerdo en líneas generales. ¿Solución? Que uno se oponga a la guerra mientras el otro defiende la paz.

Suena absurdo, pero yo tengo la firme convicción de que las discusiones solo son fructíferas si los participantes están fundamentalmente de acuerdo. Es imposible hablar si el desacuerdo es total.

Me parece un tipo de humor que merece la pena. Y Achille Campanile me parece un grande.

¿Has leído algún otro libro de Achille Campanile? ¿Te gustan los libros de humor? Deja tus comentarios y tus recomendaciones.

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Gracias y hasta la próxima.

¿Has pensado en cuántos libros puedes llegar a leer en un año? Seguro que son más de los que crees.

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Te has preguntado alguna vez cuántos libros puedes llegar a leer en un año. No cuántos lees, que seguro que son muchos, sino ¿cuántos podrías llegar a leer?

Se lo pregunté a mi hija. Con esa capacidad de los jóvenes para cortar directamente a la raíz del problema, me dijo: uno al día, 365 en un año, 366 si es bisiesto.

Mmmmm… vale… sí… si dedicas buena parte del día a leer, podría ser. Sobre todo, si tu profesión consiste en leer.

Pero digamos que queremos ser más “razonables”. Leer 200 libros en un año. ¿Cuánto tiempo hace falta?

Hace un tiempo leí un artículo que intentaba calcularlo. Vamos a probar a hacer nuestras cuentas. Digamos que un libro tiene unas 250 páginas. Los habrá más largos, pero también más cortos, así que 250 suena razonable. Supongamos además que podemos leer 50 páginas en una hora. Es una velocidad fácil de alcanzar con un poco de práctica. Y si planeas leer 200 libros al año, práctica no te va a faltar.

Pues bien, digamos, 200 libros por 250 páginas nos deja 50.000 páginas. Y 50.000 páginas entre 50 páginas por hora, indica que tendríamos que dedicar 1.000 horas cada año a la lectura.

1.000 horas parecen muchas horas. Eso hasta que compruebas que cada español consume de media unas 1.400 horas al año de televisión. Y si contamos el tiempo dedicado a internet, redes sociales y otras actividades digitales…

Las horas están ahí. Simplemente las empleamos en otras cosas.

Vale, vamos a pensar de otra forma. Nos comprometemos a leer 50 páginas cada día. Hasta compramos una libreta para apuntarlo y llevar un registro.

En ese caso, tendríamos 365 x 50, que nos dejaría con unas 18.250 páginas. Si recurrimos a nuestro hipotético libro de 250 páginas, nos salen 73 libros al año.

No está nada mal.

Esos cálculos, por supuesto, parten de la suposición de que prefieres leer a hacer otras cosas. Evidentemente, si la televisión te gusta mucho más que la lectura, tus horas estarán mejor invertidas delante de la tele. Y lo mismo vale para videojuegos, música o deporte.

No todos tenemos que hacer lo mismo. Ni todos tenemos que ser lectores.

¿Pero qué hay de la gente que quiere leer?

Pues tenemos casos como el de Alan Kay. Según un artículo (algo matizado luego por el interesado) lee entre 4 y 10 libros por semana. Según el mismo artículo, Warren Buffett dedica entre 5 a 6 horas al día a leer. Y cifras similares se dan en figuras como Bertrand Russell. Nassim Taleb o Susan Sontag.

Pero debemos tener en cuenta que por muchos libros que leas, la cifra final no será nada comparada con la cantidad total de libros que hay. Por tanto, quizá el número en sí no sea lo importante, sino que lo fundamental sea saber qué libros elegir para leer.

¿Qué opinas? ¿Es factible? ¿Es deseable? ¿Vale la pena? ¿Es mejor ver la tele? Deja tus opiniones, comentario y consejos.

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Gracias y hasta la próxima.

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