Mejores libros japoneses

Un vídeo sobre los mejores libros japoneses que leí en 2019.

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Leer o no leer

Leer o no lo leer. Es la eterna pregunta. Sobre todo si el autor no te cae muy bien…

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5 + 1 libros para releer, mayo 2020

Mi vídeo contando lo que planeo leer en mayo 2020. Aunque en este caso, es releer.

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Las puertas de Anubis, de Tim Powers

Reseña de «Las puertas de Anubis», de Tim Powers. Viajes en el tiempo. Antiguos dioses egipcios. Magia. Enigmas literarios. Esta novela lo tiene todo. Ciencia ficción y fantasía a raudales en un apasionante enfrentamiento entre magos en el Londres de 1810.

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Por qué leer los clásicos

“Por qué leer los clásicos” es un famoso libro de Italo Calvino donde habla de “sus” clásicos, los libros que a él le impactaron especialmente. “Por qué leer los clásicos” es también el título del primer y breve capítulo del libro, básicamente una introducción, donde Italo Calvino con paciencia va dando saltos por la idea de clásico, planteándose qué es y, por tanto, por qué leerlo.

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Cómo NO leer un libro

¿Sabes que no es obligatorio terminar de leer un libro simplemente por empezarlo? Puedes dejarlo en cualquier momento y por cualquier razón. Si te cuesta dejar de leer, aquí te dejo unos consejos para lograrlo.

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Una charla con Irene Vallejo

Definitivamente, «El infinito en un junco», de Irene Vallejo, es el ensayo del año. Un libro deliciosamente escrito, que se deja leer como una colección de cuentos y que rebosa erudición. Aquí tienes una apasionante entrevista con la autora.

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El cambio climático es la mayor crisis a la que se ha enfrentado la humanidad. «El planeta inhóspito», de David Wallace-Wells, cuanta nuestros posibles futuros de pesadilla y lo que podemos hacer para evitarlos.

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Confesiones de amor, de Chiyo Uno

Amores y desamores de un pintor en el Tokio de los años 20. Pero «Confesiones de amor», de de Chiyo Uno, tiene más pliegues de lo que parece.

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Pasé por Manga Barcelona, en su edición número 25, y volví con un montón de libros.

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5 libros para LEER — Octubre 2019

Mi vídeo mensual comentando mis lecturas previstas para octubre. En este caso, 5 títulos donde destaca la cuestión del calentamiento global.

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¿Internet es tóxico? Eso parece decir «The Private Eye», el cómic de Brian K. Vaughan, Marcos Martín y Muntsa Vicente, una mirada divertida y eléctrica a un mundo futuro muy diferente del nuestro.

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Los diálogos, de Clifford V. Johnson

Hay que hablar más de ciencia, dice Clifford V. Johnson en «Los diálogos», un cómic sobre ciencia y sobre cómo se hace la ciencia.

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Libros para leer en julio 2019

Mis libros para leer en julio de 2019.

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TRANSCRIPCIÓN

Hola. Al igual que el mes pasado, voy a plantearme 5 libros para leer durante el mes de julio. La idea es dar un poco de estructura a mis lecturas y a la vez hacerlo de forma que me deje un poco de margen para improvisar y leer otras cosas si surgen por el camino. En ese aspecto, 5 títulos es una cantidad “razonable” para cierto valores de “razonable”.

Empecemos.

Aquí y ahora, de Miguel Ángel Hernández. Lo publica Fórcola ediciones. Una de mis mejores lecturas de 2018 fue la novela «El dolor de los demás», de Miguel Ángel Hernández, una impresionante narración que no solo reconstruye el caso del que habla, sino también comenta su propia escritura. Pues como complemento, «Aquí y ahora» es el diario de escritura de esa novela.

¡Puro abracadabra!, de Martin Gardner. Lo publica Páginas Libros de Magia. Qué voy a decir, la autobiografía del gran divulgador matemático y mago Martin Gardner, toda una figura en el mundo de la divulgación y que tantas horas de deleite nos ha deparado a todos los que apreciamos la matemática.

Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez. Lo publica Anagrama. Fue una recomendación de mi librera de confianza que me dijo que es un libro espectacular. Es parte de una colección de la editorial celebrando sus 50 años. La anécdota curiosa es que fue el primer y único libro de su autor, publicado poco antes de su muerte.

Camino al Este, de Javier Sinay. Publicado por Tusquets. Fue un envío de la editorial. Una novela que va de Buenos Aires a Japón y que aparentemente traza “un camino de amor al Este”. Salen también una serie de personajes divertidos que parecen dar como resultado una novela bastante simpático. Seguro que es una lectura ideal para junto a la piscina.

Cómo leer el agua, de Tristan Gooley. Publicado por Ático de los libros. Este libro fue un regalo de alguien del que me fio mucho. Un libro que le encantó. Parece ser una curiosa, muy curiosa, combinación de ciencia, naturaleza y libro de viajes. En Amazon veo los comentarios muy divididos. Eso es siempre divertido.

Y esto son los 5 libros que planeo leer seguro en julio. Veremos si lo logro…

La autora Yukiko Motoya era desconocida para mí. Su recopilación «Mi marido es de otra especie» utiliza elementos fantásticos y surrealistas para hablar de las relaciones humanas

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TRANSCRIPCIÓN

Hola. Perros que aterrorizan a un poblado. Un marido singular. Una extraña invasión rutinaria. Un matrimonio donde marido y mujer se parecen cada vez más. Es la singular y surrealista visión, donde lo mágico se combina sin distinción con lo rutinario, de Yukiko Motoya en «Mi marido es de otra especie».

Lo publica Alianza Editorial con traducción de Keiko Takahashi y Jordi Fibla.

Estoy deseando que publiquen más cosas de esta mujer.

No sabía nada de este libro ni conocía a la autora, Yukiko Motoya, para nada. Fue mirando un día en Instagram, la cuenta de quintoparrafo (enlace en la descripción), cuando me topé con el libro. Leí un poco sobre él y decidí que podría gustarme. Lo compré, lo leí y…

Bueno, estoy haciendo un vídeo. Solo hago vídeos de libros que recomiendo. Digamos que no me equivoqué. Es justo el tipo de libro que me encanta y estoy deseando poder más libros de Yukiko Motoya.

Si yo me fiase de mí mismo, me bastaría con eso que acabo de decir. Por suerte, no me fio de mí mismo. Sigamos.

«Mi marido es de otra especie» está formado por cuatro cuentos. El primero, que da título al volumen, es muy largo, prácticamente una novela corta. Son cuentos contados con sencillez y tranquilidad, que tienen un centro emocional que va serpenteando por la historia articulándose a través de un elemento… Un elemento mágico.

Por ejemplo, la última de las historias, “Un marido de paja”. Una mujer está casada con un hombre de paja. La paja le sale por las mangas de la camisa y las perneras del pantalón. De hecho, ni siquiera tiene ojos y boca. El marido queda convencido de que la mujer no ha tenido el debido cuidado con el BMW que el marido se acaba de comprar. Así se inicia la discusión.

Las emociones van fluyendo. La protagonista va cambiando continuamente la impresión sobre su marido. Vamos, como sucedería en cualquier discusión. Hasta que su marido de paja empieza deshacerse en forma de pequeños instrumentos musicales que van cubriendo el suelo.

Es metafórico, alegórico, simbólico… lo que prefieras. Pero esa es la maravilla de esos cuentos. Un elemento extraño usado como si fuese lo más normal del mundo, empleado para iluminar las situaciones más comunes. Lo extraño tratado como mundano es un recurso que Yukiko Motoya maneja a la perfección.

“El baumkuchen de Tomoko” es una impresionante historia de terror, donde aparentemente no sucede nada realmente horrible o fuera de lugar. Simplemente, el abismo del sentido del mundo. Disponemos de un complejo sistema cognitivo que dota a la realidad de sentido para nosotros. ¿Qué sucede si eso falla y toda la realidad se presenta en su crudeza? ¿Qué pasa cuando el mundo pierde toda la capa de sentido que nuestro cerebro añade? ¿No es ese el verdadero horror?

“Los perros” es un caso curioso entre estas historias. Un tema omnipresente son los problemas de comunicación, el difícil abismo entre una persona y otra. En este cuento, sin embargo, queda claro que ese abismo se da entre seres humanos. La huraña e introvertida protagonista, que vive aislada en una casa de campo construyendo meticulosamente una obra de arte que es copia de otra obra, encuentra su comunidad entre un extraño grupo de perros.

Pero, por supuesto, la gran pieza de este libro es “Mi marido es de otra especie”, la primera historia. De nuevo, la protagonista es una mujer. En este caso, una mujer casada que un día se da cuenta de que su rostro se parece cada vez más al de su marido. Si uno recuerda esa historia de que los dueños de perros acaban pareciéndose a sus mascotas, la conexión animal es inmediat.

Pero eso no es más que el comienzo, porque la historia va tejiendo temas sobre temas, con una habilidad endiablada, para no destacarlos más de lo estrictamente necesario. Hay también un gato que orina por todas partes y al que es preciso abandonar en el bosque. Una extraña consulta odontológica. Un frigorífico para vender. Y el marido, cuya presencia ante su mujer es tremendamente inestable. La forma en que ella lo ve cambia continuamente y con ese cambio, también su percepción y valoración.

En ocasiones el marido es un ser cercano, fácil de entender, un hombre egoísta que procura hacer lo mínimo posible y que nada más casarse ya le dice “has de saber que quiero ver la tele tres horas al día como mínimo”. La protagonista, Sanchan, lo va viendo como una masa no del todo definida que va agitándose y adoptando formas diferentes, sutiles variaciones de un ser humano. Vamos, tal cual como si su marido quisiese ser otra cosa diferente a lo que es.

“Cada vez que lo veo despatarrado en el sofá, tengo la sensación de que estoy viviendo con una nueva especie de ser orgánico que permanece muy a gusto sin hacer nada hasta que muere”, dice en un momento dado.

Pero ella misma está atrapada en el torbellino de transformación e indefinición. Cuando el marido decide que lo que quiere es preparar frituras, la resistencia y la atracción juegan por igual. La necesidad de mantener tu individualidad, de no dejarte devorar por la personalidad del otro miembro de la pareja, se contrarresta con el impulso de dejarse llevar y acabar los dos fusionados en el mismo ser.

En un cuento de fantasía que usa su elemento mágico y las múltiples referencias a animales para hablar de la relación en pareja, revelando la interacción de un matrimonio a través de un sinnúmero de elementos dispares, en una confusión de emociones y sentimientos encontrados. Aunque yo, personalmente, al llegar al final, donde el tono surrealista tratado como rutinario llega a su máximo, no puedo evitar pensar que se trata también de una extraordinaria narración sobre la muerte y la pérdida, sobre el duelo en cierta forma.

Y para más literatura japonesa, te recomiendo «Senos y huevos», de Mieko Kawakami. Un libro sobre un trío de mujeres y cómo se relacionan con sus cuerpos. Aquí te dejo el enlace.

Rubem Fonseca presenta en «Vastas emociones y pensamientos imperfectos» una novela negra con muchos elementos sociales y políticos.

Rubem Fonseca presenta en «Vastas emociones y pensamientos imperfectos» una novela negra con muchos elementos sociales y políticos.

La publica Txalaparta.

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TRANSCRIPCIÓN

Hola. Una trepidante aventura. Desde el carnaval de Río hasta París, pasando por Berlín oriental. Joyas perdidas, un tesoro sin precio, un manuscrito extraviado. Peripecias cinematográficas y obsesiones mortales durante los años de la Perestroika. Es «Vastas emociones y pensamientos imperfectos» de Rubem Fonseca.

La publica Txalaparta con traducción de Mario Merlino.

Vamos, es el carnaval de Río.

«Vastas emociones y pensamientos imperfectos» es una de esas muestras de novela negra prácticamente perfecta. Q ue plantea su misterio en las primeras 50 páginas y lo resuelve magistralmente en las últimas. Pero como toda novela negra que se precie, viene acompañada de un complejo comentario social, un conjunto de personajes fascinantes y una interesante relación metafórica entre la trama y los temas de la novela.

No conocía de nada a Rubem Fonseca. La gran ventaja de un canal sobre libros es que te llegan este tipo de cosas que resultan ser agradables sorpresas. Por lo que se cuenta en la Wikipedia, Fonseca no solo es un autor brasileño más que reconocido por su calidad, sino que además estudió Derecho y fue policía, por lo que conoce la miseria humana muy de cerca.

Pero antes de seguir… gracias a Txalaparta por enviarme un ejemplar para reseñar. Eso sí, como digo siempre, el libro es de la editorial, pero las opiniones y comentarios son exclusivamente míos.

El protagonista de «Vastas emociones y pensamientos imperfectos» es un director de cine brasileño sin mucha suerte. Ahora mismo malvive produciendo películas publicitarias para la iglesia de su hermano, un predicador con muchos seguidores y que aspira al poder político. También padece un trastorno del equilibrio que él llama pseudosíndrome de Ménière. Huraño y mujeriego empedernido, prefiere el sexo a tener que hablar.

Cuando lo encontramos se está mudando, tras la muerte de su pareja, Ruth, en circunstancias inicialmente misteriosas para el lector. Y así mudándose, una bailarina de carnaval llama a su puerta. La persiguen y en el apartamento deja una caja con gemas. Poco después, es asesinada.

De pronto, el protagonista se encuentra perseguido por unos traficantes que quieren las piedras de vuelta. Simultáneamente, le ofrecen ir a Alemania para rodar una película basada en los cuentos de «Caballería roja», de Isaak Bábel.

¿Debería ir a Alemania y aprovechar para escapar? ¿Debería vender las gemas a ese amigo joyero y producir él mismo la película conservando todo el control? ¿Qué opina de eso su joven amante ocasional Liliana, que también era amiga de Ruth?

«Vastas emociones y pensamientos imperfectos» es una definición, bastante hermosa, de los sueños que da título a la novela y que el protagonista, que irónicamente no sueña en imágenes, comenta en un momento determinado. También es, por supuesto, una perfecta definición del cine y, por extensión de la vida, y sirve también como bastante buena guía de esta novela.

Porque verás, si hay un tema que esta novela examina obsesivamente… la obsesión… ¿obsesivamente la obsesión?… Los sueños persistentes y también con qué facilidad esos sueños se pueden convertir en pesadillas. Todos los hombres acaban sufriendo algún tipo de obsesión absorbente que les consume e incluso puede llegar a ser mortal. Las mujeres, con la maravillosamente fluida Liliana a la cabeza, parecen inmunes.

Nuestro director va obsesionándose poco a poco con Isaak Bábel, mientras escribe el guion de la película, con la ayuda de los eruditos comentarios de su amigo Boris Gurian, experto en Bábel. Y ya te imaginas cómo se ponen cuando cabe la posibilidad de que el manuscrito final de Bábel no se hubiese perdido…

Así es como nos encontramos visitando el mundo de los extravagantes disfraces de carnaval investigando la muerte de la bailarina, como nos informamos de la compleja relación de Bábel con la situación política de su país y como viajamos a la Alemania del este en los últimos días de la Perestroika. Rubem Fonseca no vacila en emplear cada elemento para comentar el otro, hablando del poder político en el contexto de una obsesión más.

Un aspecto que me encanta de esta novela es que está al mismo límite de volverse meta, lo de referirse a sí misma. Está claro en el análisis que Gurian y el director realizan de la obra de Bábel. Eso permite al autor hablar de la relación entre el arte y el poder, lo que se supone que debe hacer el artista enfrentado a situaciones que no son las mejores. ¿Debe el artista hacer películas promocionales para una iglesia evangélica en la que no cree? ¿Es legítimo vender gemas robadas y manchadas de sangre para hacer la película que tú quieres?

Pero el comentario es mucho más evidente en la profesión del protagonista. Director de cine que ha visto todas las películas, conoce perfectamente los mecanismos del género negro y sale de muchas situaciones porque… bien, en cierta forma porque ya “ha leído el guion”. Es francamente una forma muy ingeniosa de comentar los tópicos de la novela negra con una ligera capa de separación en medio.

La verdad es que Rubem Fonseca logra combinar toda una serie de elementos que parecen totalmente dispares y que sin embargo funcionan. Detalles casuales acaban teniendo una importancia temática enorme. Por ejemplo, se come mucho en esta novela. Los personajes continuamente paran en algún restaurante u otro, o directamente piensan en comer. El sustento es un elemento llamativo. Pues…

¿Sabes qué? Podría seguir. Podría seguir hablándote de las relaciones sexuales en «Vastas emociones y pensamientos imperfectos», o de la impresionante escena del paso casi fantasmagórico de una Alemania a la otra. Como las gemas que figuran en el centro de la trama, esta novela tiene muchas facetas que se podrían pulir y pulir. Pero en realidad no importa nada.

Una buena novela es algo más que la suma de sus partes. El todo tiene que sugerir más que cada uno de sus elementos. Y una gran novela se contradice un poco a sí misma. Por eso leemos literatura…

Y sin cambiar de editorial, te dejo aquí el vídeo que dediqué a «Seis grados de libertad», de Nicolas Dickner, otra extraordinaria novela que trata de la confusa multiplicidad del presente. Nos vemos allí.

La publica Txalaparta.

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Hola. Una trepidante aventura. Desde el carnaval de Río hasta París, pasando por Berlín oriental. Joyas perdidas, un tesoro sin precio, un manuscrito extraviado. Peripecias cinematográficas y obsesiones mortales durante los años de la Perestroika. Es «Vastas emociones y pensamientos imperfectos» de Rubem Fonseca.

La publica Txalaparta con traducción de Mario Merlino.

Vamos, es el carnaval de Río.

«Vastas emociones y pensamientos imperfectos» es una de esas muestras de novela negra prácticamente perfecta. Q ue plantea su misterio en las primeras 50 páginas y lo resuelve magistralmente en las últimas. Pero como toda novela negra que se precie, viene acompañada de un complejo comentario social, un conjunto de personajes fascinantes y una interesante relación metafórica entre la trama y los temas de la novela.

No conocía de nada a Rubem Fonseca. La gran ventaja de un canal sobre libros es que te llegan este tipo de cosas que resultan ser agradables sorpresas. Por lo que se cuenta en la Wikipedia, Fonseca no solo es un autor brasileño más que reconocido por su calidad, sino que además estudió Derecho y fue policía, por lo que conoce la miseria humana muy de cerca.

Pero antes de seguir… gracias a Txalaparta por enviarme un ejemplar para reseñar. Eso sí, como digo siempre, el libro es de la editorial, pero las opiniones y comentarios son exclusivamente míos.

El protagonista de «Vastas emociones y pensamientos imperfectos» es un director de cine brasileño sin mucha suerte. Ahora mismo malvive produciendo películas publicitarias para la iglesia de su hermano, un predicador con muchos seguidores y que aspira al poder político. También padece un trastorno del equilibrio que él llama pseudosíndrome de Ménière. Huraño y mujeriego empedernido, prefiere el sexo a tener que hablar.

Cuando lo encontramos se está mudando, tras la muerte de su pareja, Ruth, en circunstancias inicialmente misteriosas para el lector. Y así mudándose, una bailarina de carnaval llama a su puerta. La persiguen y en el apartamento deja una caja con gemas. Poco después, es asesinada.

De pronto, el protagonista se encuentra perseguido por unos traficantes que quieren las piedras de vuelta. Simultáneamente, le ofrecen ir a Alemania para rodar una película basada en los cuentos de «Caballería roja», de Isaak Bábel.

¿Debería ir a Alemania y aprovechar para escapar? ¿Debería vender las gemas a ese amigo joyero y producir él mismo la película conservando todo el control? ¿Qué opina de eso su joven amante ocasional Liliana, que también era amiga de Ruth?

«Vastas emociones y pensamientos imperfectos» es una definición, bastante hermosa, de los sueños que da título a la novela y que el protagonista, que irónicamente no sueña en imágenes, comenta en un momento determinado. También es, por supuesto, una perfecta definición del cine y, por extensión de la vida, y sirve también como bastante buena guía de esta novela.

Porque verás, si hay un tema que esta novela examina obsesivamente… la obsesión… ¿obsesivamente la obsesión?… Los sueños persistentes y también con qué facilidad esos sueños se pueden convertir en pesadillas. Todos los hombres acaban sufriendo algún tipo de obsesión absorbente que les consume e incluso puede llegar a ser mortal. Las mujeres, con la maravillosamente fluida Liliana a la cabeza, parecen inmunes.

Nuestro director va obsesionándose poco a poco con Isaak Bábel, mientras escribe el guion de la película, con la ayuda de los eruditos comentarios de su amigo Boris Gurian, experto en Bábel. Y ya te imaginas cómo se ponen cuando cabe la posibilidad de que el manuscrito final de Bábel no se hubiese perdido…

Así es como nos encontramos visitando el mundo de los extravagantes disfraces de carnaval investigando la muerte de la bailarina, como nos informamos de la compleja relación de Bábel con la situación política de su país y como viajamos a la Alemania del este en los últimos días de la Perestroika. Rubem Fonseca no vacila en emplear cada elemento para comentar el otro, hablando del poder político en el contexto de una obsesión más.

Un aspecto que me encanta de esta novela es que está al mismo límite de volverse meta, lo de referirse a sí misma. Está claro en el análisis que Gurian y el director realizan de la obra de Bábel. Eso permite al autor hablar de la relación entre el arte y el poder, lo que se supone que debe hacer el artista enfrentado a situaciones que no son las mejores. ¿Debe el artista hacer películas promocionales para una iglesia evangélica en la que no cree? ¿Es legítimo vender gemas robadas y manchadas de sangre para hacer la película que tú quieres?

Pero el comentario es mucho más evidente en la profesión del protagonista. Director de cine que ha visto todas las películas, conoce perfectamente los mecanismos del género negro y sale de muchas situaciones porque… bien, en cierta forma porque ya “ha leído el guion”. Es francamente una forma muy ingeniosa de comentar los tópicos de la novela negra con una ligera capa de separación en medio.

La verdad es que Rubem Fonseca logra combinar toda una serie de elementos que parecen totalmente dispares y que sin embargo funcionan. Detalles casuales acaban teniendo una importancia temática enorme. Por ejemplo, se come mucho en esta novela. Los personajes continuamente paran en algún restaurante u otro, o directamente piensan en comer. El sustento es un elemento llamativo. Pues…

¿Sabes qué? Podría seguir. Podría seguir hablándote de las relaciones sexuales en «Vastas emociones y pensamientos imperfectos», o de la impresionante escena del paso casi fantasmagórico de una Alemania a la otra. Como las gemas que figuran en el centro de la trama, esta novela tiene muchas facetas que se podrían pulir y pulir. Pero en realidad no importa nada.

Una buena novela es algo más que la suma de sus partes. El todo tiene que sugerir más que cada uno de sus elementos. Y una gran novela se contradice un poco a sí misma. Por eso leemos literatura…

Y sin cambiar de editorial, te dejo aquí el vídeo que dediqué a «Seis grados de libertad», de Nicolas Dickner, otra extraordinaria novela que trata de la confusa multiplicidad del presente. Nos vemos allí.

Con «Grecia para todos», el experto en el mundo antiguo y extraordinario divulgador Carlos García Gual no invita a acercarnos a la Grecia clásica.

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TRANSCRIPCIÓN

Hola. La antigüedad griega, tan en la base de nuestra cultura, tan elemento imprescindible de la mezcla que somos… Y a la vez… tan lejana. Incluso es posible que te dé un poco de miedo. Y es justo ese miedo lo que Carlos García Gual pretende disiparte con «Grecia para todos».

Lo publica la editorial Espasa.

Volvemos a viajar en el tiempo. Pero la verdad, siempre viajamos en el tiempo…

Me llama la atención que decir Grecia es hablar de la Grecia antigua. Da la impresión de que “Grecia” solo se refiere al país moderno en las noticias. Tal es el impacto que la civilización griega tiene sobre nuestra cultura europea moderna. Y que tras nuestras aventuras exteriores, también marca un poco al resto del mundo.

Es algo en lo que autor ya incide en la introducción, recordándonos que esa Grecia clásica es un país «un tanto al margen de los tiempos». El viaje que nos propone, «imaginario y sentimental», es imaginario y sentimental de más de una forma.

Esa propuesta es justo «Grecia para todos», un acercamiento como él mismo dice «a modo de ensayo didáctico de lectura fácil». Una introducción rápida a todas las distintas facetas de ese mundo griego, sobre todo en los aspectos que llegan hasta nosotros. Incluye, además, una bibliografía muy chula y útil.

Y no se me ocurre nadie mejor para ello que Carlos García Gual.

No solo es un reconocido experto en el mundo clásico y un reputado traductor de muchas obras de la antigüedad. Es también un ensayista excepcional, que sabe explicar con claridad y amenidad sin por ello sacrificar el rigor. Casi puedes escoger al azar cualquier libro firmado por él y disfrutar de un acercamiento muy entretenido y rebosante de saberes.

Y es realmente lo que me asombra de «Grecia para todos». Un libro de menos de 200 páginas que se lee de un tirón, que usa los nombres latinos cuando estos resultan más claros, y sin embargo da la impresión de contener una enorme riqueza. Terminas de leerlo y te da la impresión de haber aprendido un montón.

Habla de los símbolos de la antigüedad griega, como el olivo o el mar, de su lengua, su historia, sus mitos, su filosofía. Es un libro que parte de la idea de que sabes muy poco sobre ese mundo, pero incluso si sabes algo… te encuentras considerando este o aquel comentario sobre este o aquel detalle. Carlos García Gual te hace percibir ese elemento importante que parecía perdido en la globalidad.

Hay detalles que me encantan. Como cuando comenta que la expresión «libertad para los griegos» se usó sobre todo para justificar la agresión. Se ve que ese truco retórico viene de antiguo. O cuando insiste en avanzar un poco en el tiempo y contar las repercusiones inmediatas de la cultura griega.

También cuando destaca los cambios entre el pensamiento de filósofos como Platón o Aristóteles y el de los posteriores filósofos del helenismo. Y también con el helenismo, el cambio del orden cívico y un comentario sobre cómo los cambios sociales producen cambios en la filosofía.

No deja de destacar los orígenes indoeuropeos del politeísmo griego, y por tanto la conexión del mundo griego con el resto del mundo. Es más, dice que Grecia «pudo florecer aprovechando elementos de otras culturas anteriores».

Así mismo, insiste que la cultura griega no tenía ninguna posibilidad de haberse extendido fuera de sus fronteras, porque Grecia no llegó a conquistar nada. Fueron los romanos, al aceptarla como herencia, los que la llevaron por el mundo.

Al final, reitera la intención del libro. El destacar todo lo que nuestro mundo moderno deriva de los griegos y también lo fácil que resulta acercarse a ese mundo. Dos propósitos que el libro cumple excelentemente.

Y como estamos en la antigüedad, aquí te dejo mi vídeo sobre «Relatos fantásticos», de Luciano de Samósata. Un autor al que admiro y que no podría tener más influencias clásicas. Vamos.

Tokio blues, de Haruki Murakami

La novela «Tokio blues» fue la que creó a Haruki Murakami como autor capaz de vender millones de ejemplares. Su descripción de dos momentos vitales muy concretos resonó con un público enormemente amplio. Para muchos, la mejor novela de Murakami.

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TRANSCRIPCIÓN

Hola. Una novela cercana, nostálgica, inocente, sincera. Una novela contada desde la necesidad de ser contada. Una exploración de la extraña intersección de la vida y la muerte en una época donde todas las emociones están a flor de piel. Es «Tokio blues», de Haruki Murakami.

Lo publica la editorial Tusquets con traducción de Lourdes Porta Fuentes.

Bien, ya estamos en Tokio.

Mi nombre es Pedro Jorge Romero y en este canal te hablo de lecturas que valen la pena. Suscríbete para estar al día y no olvides darle a la campanita para no perderte ningún vídeo.

Decía Borges que cada escritor crea a sus precursores. Es decir, tras la aparición de una obra singular, uno puede volver atrás en el tiempo y dar con rastros de esa obra en otros múltiples momentos del pasado. Toda obra de arte añadida al mundo cambia el mundo y con él también el pasado.

Un caso singular es «Tokio blues», que se titula en japonés «Noruwei no mori», literalmente “Bosque de Noruega”, que por lo visto es como los japoneses traducen el título de la canción “Norwegian Wood” de los Beatles. Si has leído «Tokio blues», escucha la canción y dime si los Beatles no son ahora sus precursores. Es que suena tal cual como una historia de Haruki Murakami. Es increíble.

Es justo esa canción la que provoca un enorme impacto en el protagonista y narrador de «Tokio blues». Toru Watanabe, de 37 años, está aterrizando en Hamburgo cuando por los parlantes del avión suena una versión de esa canción. Oírla le retrotrae a sus años de universidad, a finales de los sesenta y principios de los setenta y a su relación con Naoko. Consciente de que empieza a olvidar, decide escribirla, sabiendo que algo de desmemoria, los bordes ligeramente difuminados, es lo ideal para escribir tus recuerdos.

Así es como volvemos al pasado, a Toru recién llegado de Kobe para asistir a la universidad en Tokio. Es una época compleja, de enorme agitación social, cuando parecía que el mundo iba a cambiar, pero no. Allí vuelve a encontrarse con Naoko, una amiga que era novia de su mejor amigo, Kizuki, quien se suicidó el día de su cumpleaños sin causa aparente. Un hecho que marcó a los dos y lanzó a Naoko a una vida de problema mentales, incluyendo una estancia en un sanatorio durante buena parte del libro.

También conoce a Midori, una joven que no podría ser más diferente a Naoko. Vital, allí donde Naoko es melancólica, pero también marcada por sus propios fantasmas. Toru se encuentra vacilante entre las dos, entre su sensación de responsabilidad para con Naoko y sus sentimientos por Midori. Es este triángulo, que en ocasiones se amplia, por ejemplo, con la aparición de Reiko, es la base de la novela. De ahí parte su reflexión sobre la muerte como parte de la vida y del amor como algo complicado que no siempre sale bien.

Esta novela, escrita entre Palermo y Roma, creó a Murakami el autor estrella, capaz de vender millones de ejemplares. No es de sorprender, porque «Tokio blues» captura magistralmente dos momentos vitales muy diferentes, manteniéndolos en equilibrio. Aunque uno es mucho más explícito que otro.

Está el momento vital concreto, alrededor de los 20 años, cuando todo es nuevo y las emociones son intensas. Es justo esa intensidad lo que la novela destaca una y otra vez. Los personajes sienten en lo más profundo, con total convicción, con una inocencia sincera. Todo lo hacen con una entrega absoluta. Refleja magistralmente esa intensidad juvenil que es casi insoportable y dolorosa para los que la sienten.

Y también el proceso de explorar los caminos que llevan a la vida adulta. Atrapado en cierto egotismo, mostrándose pasivo e indeciso, Toru Watanabe busca explícitamente alcanzar ese estado. Pero el proceso es complicado y caótico, cosa que la novela contrasta con la inmovilidad de la muerte. La muerte, siempre ominosamente presente sobre la vida de los protagonistas. La muerte que los ha marcado tan profundamente.

Muchos consideran que no es una novela de Murakami, porque se aleja bastante de sus claves habituales. Aunque es más directa de lo que es usual, el autor lo consideraba todo un desafío, lo de enfrentarse a una estructura así. Sin embargo, contiene mucho de sus elementos. Hay referencias a pozos, hay duplicaciones y paralelismos y personajes que están en lugar de otro. La propia Reiko directamente ocupa el lugar de Naoko en cierto momento.

Y sobre todo, en el Murakami de esa época, la melancolía y la sensación de estar totalmente perdido. Naoko, Toru, Midori y los otros son personajes que no acaban de encontrar su camino, que todavía están buscando su identidad y que hablan para expresarse procurando decir lo menos posible. Ese estar perdidos, sensación que llega hasta el mismo final, se contrasta con descripciones exactas y precisas, con una serie de lugares concretos de Tokio que un lector dispuesto podría ir a recorrer.

«Tokio Blues» está repleta de sexo y muerte. Son dos impulsos simultáneos, que se manifiestan una y otra vez con la misma intensidad. Son dos pulsiones que la novela une indisolublemente, como si estar vivo a cierta edad fuese también vivir hacia la muerte. Murakami nunca ha unido eros y tánatos de la misma forma.

Pero todo eso se cuenta mediado por el punto de vista de un hombre de mediana edad, cuya única manifestación en la historia es la propia Reiko, que cuida de Naoko en el sanatorio, que tiene su edad. La presencia de ese hombre en el avión es ineludible, está ahí de fondo y es lo que dota a la novela de su especial tono agridulce. Ya desde el principio sabemos exactamente cómo termina su historia, independientemente de cómo nos gustaría que terminase. En unas breves páginas nos queda claro que no es un hombre feliz. Toda la potencia literaria de «Tokio blues» deriva de que ofrece y entremezcla ambos puntos de vista.

Y si quieres seguir con Haruki Murakami, tengo un montón de vídeos hablando de sus libros. Aquí te dejo la lista.

Gracias y hasta la próxima.

Mejores libros de Haruki Murakami

Pues ha llegado el momento. Mi lista de los mejores cinco libros de Haruki Murakami. Si no sabes por dónde empezar a leer a Murakami, estas son mis recomendaciones.

En mi canal de YouTube recomiendo lecturas que me gustan y que creo que podrían interesar a otros. Si quieres saber cuáles son, suscríbete.

Después del vídeo tienes la transcripción del contenido.

TRANSCRIPCIÓN

Hola. ¿Te gustaría leer a Murakami y no sabes por dónde empezar? ¿Ya has leído alguno de sus libros, pero no sabes cuál debería ser el siguiente? Pues te voy a dar cinco recomendaciones. Los que yo considero los mejores libros de Haruki Murakami.

Eso sí, esta es una lista personal e intransferible. En varios casos, es el resultado de relecturas recientes. En otros, es el impacto del libro en sí lo que hace que aparezca en la lista. Si tienes otras propuestas o estás totalmente en desacuerdo, deja un comentario.

Venga, vamos a empezar. Entra montaje.

Largo viaje. Pero ya estamos en Japón. Ya puedo seguir con la lista…

Voy a dar los libros en orden inverso, hasta llegar al que considero la obra maestra de Murakami. Pero en esta lista hay una sombra flotante, un libro que sé que pertenece a ella, pero no tengo claro en qué lugar. Es su última novela, «La muerte del comendador». Me parece una de sus mejores novelas, pero es todavía demasiado reciente y no la he interiorizado del todo.

Y tras este preámbulo:


Baila, baila, baila

«Baila, baila, baila» es la continuación de «La caza del carnero salvaje». El protagonista, sumido en lo que parece una brutal depresión, comprende que ha cometido un error. La joven que le acompañaba en la anterior novela desapareció sin dejar rastro y él no hizo ni el más mínimo esfuerzo por encontrarla.

Pero es imposible volver. El Hotel Delfín ya no existe como antes, habiendo sido transformado en un moderno establecimiento hotelero.

De hecho, Japón es ya muy diferente, como si el protagonista se diese cuenta por primera vez que ahora vive en una sociedad hipercapitalista, donde el dinero es la única medida de valor. Los ideales del pasado que apuntaban a un mundo mejor han muerto, sustituidos por el eterno presente del capitalismo tardío.

La trama con la joven sigue, que resultó haber sido asesinada. Y por supuesto, reaparece el mundo mágico con el que el protagonista se topó en «La caza del carnero salvaje». Pero lo más interesante de la novela es que casi todos los personajes que aparecen son versiones del protagonista, como si este hubiese quedado atrapado en un laberinto de espejos que le devuelven posibles versiones de sí mismo, de cómo su vida podría haber sido distinta. Incluso el asesino y una joven adolescente son reflejos del protagonista.

El tedio, el aburrimiento y la depresión, la ataraxia, son los temas fundamentales de la novela. Hasta ahí, suena a Murakami normal, pero esta es la primera de sus novelas donde el sufrimiento contemporáneo se conecta explícitamente con el estado del mundo. Problemas que parecen puramente personales tienen en realidad una causa social, son el resultado de un mundo construido de una forma determinada.

Y es esa curiosa tensión, entre el mundo totalmente solipsista del protagonista y el mundo abierto y amplio que realmente le está influyendo, lo que mueve esta novela. En «Baila, baila, baila» esas dos líneas alcanzan su máximo, pero la tensión que no se llega a resolver. «Baila, baila, baila» acaba en tablas.

Son otras historias de Murakami las que vendrán a superar ese punto muerto. En ese aspecto, «Baila, baila, baila» representa un antes y un después.


Tokio blues

El éxito de esta novela creó a Murakami, el autor internacionalmente conocido. Vendió tanto ejemplares que convirtió a su autor en una celebridad y digamos, rapsoda de toda una generación y de todo un estado de ánimo.

La generación es la que vivió los conflictos sociales de los años 70, cuando el mundo parecía estar a punto de cambiar para mejor, antes de que llegase la vorágine monetaria de los 80, sepultando esos sueños. La generación que pensó que podría renovar el mundo y luego se vendió a él sin contemplaciones.

Y el estado de ánimo es un momento vital concreto, alrededor de los 20 años, cuando todo es nuevo y las emociones son intensas. Es justo esa intensidad lo que la novela destaca una y otra vez. Los personajes sienten en lo más profundo, con total convicción, con una inocencia sincera. Todo lo hacen con una entrega absoluta. Refleja magistralmente esa intensidad juvenil que es casi insoportable y dolorosa para los que la sienten.

La novela está contada por su protagonista, desde algún momento indeterminado del futuro, cuando en un avión, en Hamburgo, escucha una canción de los Beatles, “Norwegian Wood”. Eso le retrotrae a ese momento del tiempo, la época universitaria, y a dos amores muy diferentes.

Hay algo deliciosamente equilibrado en esa estructura. Es fácil olvidar que todo lo que se cuenta está mediado por las impresiones de un hombre de mediana edad. Sin embargo, la presencia de ese hombre en el avión es ineludible, está ahí de fondo y es lo que dota a la novela de su especial tono agridulce. Ya desde el principio sabemos exactamente cómo termina su historia, independientemente de cómo nos gustaría que terminase.

«Tokio blues» está repleta de sexo y muerte. Son dos impulsos simultáneos, que se manifiestan una y otra vez con la misma intensidad. Son dos pulsiones que la novela une indisolublemente, como si estar vivo a cierta edad fuese también vivir hacia la muerte. Murakami nunca ha unido eros y tánatos de la misma forma.

Como ya dije, es una novela que resonó. De hecho, casi puedes elegir con qué parte de la historia quedarte. Con el recuerdo intenso del mundo pasado de la juventud o con la sensación de fracaso vital. Pero toda su potencia literaria deriva de que ofrece y entremezcla ambos puntos de vista.


Sauce ciego, mujer dormida

«Sauce ciego, mujer dormida» es una recopilación de cuentos, que recorren una enorme variedad de temas, entornos y personajes, siempre dejando esa sensación de que si mirases ligeramente a la derecha podrías ver ese otro mundo que late bajo la superficie de nuestra realidad.

De hecho, creo que este es uno de sus mejores libros para empezar a leer a Murakami. Murakami es dosis pequeñas pero intensas es una muy buena aproximación. Además, si un cuento no te gusta, hay más.

Casi todos los cuentos de esta antología contienen un enigma central. Digamos que el enigma es el eje a partir del cual se va construyendo la narración, sin el cual no habría nada. Suele adoptar la forma de un encuentro súbito con lo extraño, un estallido de irrealidad, un desbaratamiento del orden de las cosas tal y como las conocemos.

Pero el enigma en sí no es lo importante de cada cuento; está claro que para Haruki Murakami explicar lo sucedido no tendría la más mínima gracia: lo extraño dejaría de ser extraño y se tornaría normal, y el pozo convenientemente explorado dejaría de ser una buena metáfora. Lo que le importa, en realidad, es la reacción de los personajes, el comentario individual y en ocasiones el comentario social.

Para Murakami el retrato de los seres que habita su mundo, y la evolución del mundo que lo ha dejado en ese estado, es mucho más importante que los avatares concretos de la narración. Si uno exige respuestas a todo, la lectura puede ser muy frustrante; si uno se deja llevar por la narración, es una delicia.

Pero uno de los aspectos más llamativos de estos cuentos es la casi omnipresencia de un tema adicional, que sirve de acompañamiento al principal.

No siempre está presente con la misma intensidad, pero anda por allí: la escritura, el paso de la imaginación al papel. Lo habitual es que el narrador sea un escritor que está luchando por contar la historia de la mejor forma: es decir, modificándola para que sea más verdadera, aunque no más real.


Al sur de la frontera, al oeste del sol

«Al sur de la frontera, al oeste del sol» es una breve novela que es un triunfo de maestría, donde forma y fondo van increíblemente bien unidos. Para empezar, está claramente dividida en dos partes. En la primera, se cuenta la vida del protagonista hasta que se inicia la acción. En la segunda, lo que viene siendo la novela en sí. Además, está escrita como si fuese una novela de fantasmas. Fantasmas del pasado, sobre todo, que vuelven al presente.

Hajime, de 37 años, es un hombre de éxito: propietario de dos bares de jazz, casado, con dos hijas. El éxito de su vida es un hecho objetivo que él mismo admite. Pero le falta algo, una chispa, un inefable. Ese algo es el recuerdo de una amiga de infancia que tuvo a los doce años, una chica -Shimamoto- retraída como él, con un defecto en una pierna que la aislaba aún más. Fue su verdadero amor. Un recuerdo matizado por otra relación posterior, que acabó tan mal que destrozó la vida de la otra muchacha.

Un día, la amiga de la infancia entra en su bar –de todos los bares posibles en todas las ciudades del mundo- y la relación se reinicia. Pero la sospecha insistente del lector es que esa mujer realmente no existe, que esa relación sólo transcurre en la mente del protagonista o que como mucho podría ser una forma retorcida de venganza. Después de todo, la acción se describe desde el punto de vista de Hajime y elementos que parecen sólidos podrían ser totalmente evanescentes.

Pero la magia de la novela se produce justo al final. Durante casi doscientas páginas, Hajime nos ha hecho creer en su compleja vida interior, en sus padecimientos algo patéticos por no tener lo que realmente quiere. Pero de pronto, la novela da un giro totalmente inesperado. Entra súbitamente un personaje que hasta ese punto había sido totalmente pasivo y su intervención obliga replantear la interpretación de lo sucedido. Inicialmente, «Al sur de la frontera, al oeste del sol» podría ser la típica historia de un héroe solipsista. Pero las últimas páginas de la novela revientan, con un eco de Tanizaki, el egotismo del protagonista.


El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas

«El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas» es la obra maestra de Haruki Murakami, el libro que yo destacaría una y otra vez, el que le permitió alcanzar la grandeza. Una obra asombrosamente ambiciosa tanto en construcción como en temática.

También es un punto y aparte. El elegante y grácil uso de la primera persona de Murakami alcanza su cima en esta obra, que aprovecha las opciones del japonés. Hay algo increíblemente mágico en usar una lengua que puede decir “yo” de varias formas diferentes para explorar la individualidad y la identidad personal.

Bajo un Tokio quizá futurista se extiende un laberíntico mundo subterráneo poblado por temibles criaturas de pesadilla, los tinieblos. En la superficie, dos grupos enfrentados, el Sistema y la Factoría, mueven a sus agentes, calculadores y semióticos, en un duelo mortal. Los calculadores cifran datos con sus cerebros modificados y los semióticos intentan robarlos, en ocasiones abriendo esos mismos cerebros. Eso es “el despiadado país de las maravillas”, donde un calculador es requerido para prestar sus servicios.

La otra línea narrativa de la novela es la de “el fin del mundo”, un lugar que parece existir en la eternidad (mientras que “el despiadado país de las maravillas” parece discurrir en tiempo real). Un hombre –que no recuerda nada de su vida anterior- llega a las puertas de una ciudad de altos muros. Para entrar debe renunciar a su sombra, que sólo podrá recuperar al abandonar la ciudad. Por desgracia, nadie puede salir de la ciudad. Los únicos capaces de irse son los pájaros, porque pueden volar sobre las murallas.

Esos dos mundos, relacionados sutilmente, se van construyendo narrativamente en capítulos alternos, y van confluyendo –aunque no como esperabas- a medida que avanza la novela. El realismo ciberpunk de “el despiadado país de las maravillas” se va tiñendo de elementos fantásticos, y la fantasía de “el fin del mundo” va adoptando tintes industriales.

La combinación de elementos de ciencia ficción y fantasía producen, curiosamente, una extraña forma de realismo temático. Es como si ciertas cosas sólo se pudiesen describir mejor desde mundos más o menos distorsionados.

Muchos de los temas tratados, una nube de ellos con un centro bien claro, aparecen en otras novelas de Murakami. También es habitual la mezcla de elementos realistas y momentos fantásticos. Pero nunca como en esta novela, con tanta contundencia y con unos resultados tan espectaculares.

Abundan las ironías y frases pronunciadas sin pensar que se revelan posteriormente cargadas de significado. El distanciamiento burlón del protagonista de “el despiadado país de las maravillas” contrasta perfectamente con la aproximación sensorial del héroe de “el fin del mundo”.

Leer «El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas» es entrar voluntariamente en un vertiginoso torbellino de imágenes que va revelando el corazón de la novela.

Gracias y hasta la próxima.

Contra la lectura, de Mikita Brottman

En, «Contra la lectura», Mikita Brottman, intenta despejar los mitos que rodean al libro.

En mi canal de YouTube recomiendo lecturas que me gustan y que creo que podrían interesar a otros. Si quieres saber cuáles son, suscríbete.

Después del vídeo tienes la transcripción del contenido.

TRANSCRIPCIÓN

Hola. Leer es lo mejor que hay, ¿no? Aumenta tu belleza física, incrementa tu altura, te eleva a otro estado superior del ser, te limpia la nevera, se ocupa del perro, te permite sentirte superior a los demás. Leer es lo mejor que hay, ¿no? Pues es posible que no, nos dice Mikita Brottman en «Contra la lectura».

Lo publica la editorial Blackie Books con traducción de Lucía Barahona.

Descubramos la verdad.

Mi nombre es Pedro Jorge Romero y en este canal te hablo de lecturas que valen la pena. Suscríbete para estar al día y no olvides darle a la campanita para no perderte ningún vídeo.

Pocas veces se reconoce que uno de los grandes éxitos del marketing de los últimos cinco siglos es haber logrado convertir un simple objeto, el libro, es una especie de bálsamo de Fierabrás, dotado de unas cualidades prácticamente sobrenaturales.

Un extraterrestre que no hubiese visto jamás un libro creería, al oír algunas de las cosas que se dicen sobre él, sobre la lectura e incluso sobre la industria editorial, que estamos ante una suerte de ente mágica y con seguridad dotado de los atributos de la divinidad. Intento imaginarme su decepción cuando le enseñasen un taco de hojas de papel (o un Kindle).

Yo lo llamo la bobería del libro.

Algo similar debe sentir Mikita Brottman, porque su «Contra la lectura» intenta desenmascarar muchos de los mitos sobre el libro procurando a la vez hacer la menor sangre posible. No intenta tanto hacer que los lectores se sientan mal, sino colocar en su justa medida esa actividad que a algunos nos gusta tanto.

Esa voluntad de no hacer sangre se evidencia en el subtítulo: “Un ensayo dedicado a los lectores que no creen que los libros sean intocables”. Seguimos hablando de lectores, pero de unos concretos. Más claro no puede estar.

El libro empieza muy bien, preguntándose qué significa “leer” para toda esa gente que se preocupa tanto del supuesto descenso de los índices de lectura. ¿Qué les preocupa de verdad? En mi experiencia personal, se trata sobre todo de algún tipo de ansiedad social, una vigilancia fronteriza para poder delimitar bien los grupos. Rara vez es una preocupación puramente cultural.

También nos recuerda que la sacralización de la lectura es un fenómeno relativamente reciente. De hecho, la valoración del acto de leer ha sufrido muchísimos altibajos. En su día, leer novelas se consideraba al nivel al que hoy estimamos, o no, a los realities.

Es más, el valor que le asignamos ahora está muy relacionado con el capitalismo en sí, que precisó en su momento de una fuerza laboral con cierto nivel de alfabetización. Ese importante factor, la lectura como necesaria para el crecimiento, más otros relativos sobre todo a las clases sociales, ha llevado al estado actual donde damos por supuesto que leer es siempre positivo.

Y no dudamos en insultar al que no lee. De hecho, bastaría con repasar los memes que los lectores han ido creando para hablar de los no lectores para confirmar que la lectura podrá ser muy beneficiosa, pero no te convierte necesariamente en mejor ser humano.

La autora resume muy bien su punto de vista cuando dice:

«Simplemente quiero sugerir que no hay nada digno o respetable de manera intrínseca en el acto de leer en sí».

Es una idea más que evidente. Toda actividad humana se puede pervertir, toda actividad se puede malograr, toda actividad puede convertirse en síntoma de un trastorno. Pero la realidad es que nuestra sociedad del libro ha sacralizado la lectura en sí, independientemente de lo que estés leyendo.

Es más, se considera que lo contrario de leer es algún tipo de atrofia intelectual. Que la lectura es la única forma de desarrollar una mente plenamente humana. Lo saben incluso los que no leen, de tantas veces que se ha repetido.

En contra, Mikita Brottman recuerda todo tipo de problemas. Que la lectura puede producir un aislamiento social considerable y limitar el desarrollo emocional, hasta el punto de tener gente que afirma que sus mejores amigos son personajes literarios. Eso sin contar con un progresivo alejamiento de la realidad.

Aunque no llega a afirmar que la bibliomanía, la tendencia a acumular libros porque sí, sea una enfermedad, se acerca bastante a hacerlo. En la mayoría de los casos llamamos bibliomanía a lo que no es más que una variante del síndrome de Diógenes. Yo lo sufro, pero hago lo posible por resistirme.

Eso sin hablar de la tendencia de los lectores a sentirse superiores a los demás, con toda una serie de creencias que normalmente no son más que formas de articular discriminaciones y jerarquías sociales ajenas a los libros en sí.

Nos recuerda que los clásicos se siguen publicando porque dan dinero. Que en muchas ocasiones, son libros aburridos sin el más mínimo interés excepto para especialistas y que te compensa más ver la película. «Solo deberíais leer libros con los que disfrutéis», sin convertir, añado yo, la lectura es un trabajo o un sacerdocio.

Y sobre todo, defiende a la gente que no lee, que el aspecto que más me gusta de este libro. Especialmente a los que no leen porque sus cerebros no funcionan así, porque piensan de una forma diferente a los lectores. Defiende, acertadamente, que otras formas artísticas, como la música o la pintura abstracta, pueden lograr efectos y presentar realidades que escapan a cualquier ficción literaria. Por desgracia, nuestro sistema tiende a dejar de lado a esas personas, sobre todo en el ámbito académico, donde reina la palabra.

Pero no se trata de afirmar que la lectura, y en este caso lectura es leer literatura, no sirva para nada. Por supuesto, tiene sus efectos positivos. Tomado en su justa medida, leer es muy importante. Como también lo es saber cuándo dejar de leer.

Y otro libro contra la idea de lecturas, que va todavía más lejos en sus críticas (por si eso te parecía imposible), es «Metáforas de la lectura», de Víctor Moreno. Aquí te dejo el vídeo.

Gracias y hasta la próxima.

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