A veces vemos relojes

by Pedro Jorge Romero on 07/03/2015

En el episodio cuatro de Guion Ausente, hablamos del Apple Watch que, previsiblemente, tendrá su presentación definitiva este próximo lunes.

El episodio:

004: Es posible que sea invierno ahí fuera, pero en mi corazón es primavera

No nos pudimos resistir a hacer un chiste con la primavera.

Y hablando del reloj. Es interesante The Apple Watch Is Time, Saved porque se dice que la gente que lo está usando habitualmente (se entiende que dentro de Apple) ahora recurre menos su iPhone:

People that have worn the Watch say that they take their phones out of their pockets far, far less than they used to. A simple tap to reply or glance on the wrist or dictation is a massively different interaction model than pulling out an iPhone, unlocking it and being pulled into its merciless vortex of attention suck.

One user told me that they nearly “stopped” using their phone during the day; they used to have it out and now they don’t, period. That’s insane when you think about how much the blue glow of smartphone screens has dominated our social interactions over the past decade.

Origami bailarín

by Pedro Jorge Romero on 04/03/2015

Tengo candidato a la categoría de “lo más chulo que vas a ver hoy”. Grullas de papel bailando:

Que he visto en A Flock of Synchronized Dancing Origami Cranes on an Electromagnetic Stage. Pero por Dancing Paper, 8bit Harmonica, and Musical Umbrella by Ugoita descubro que este hombre tiene más cosas chulas.

Por ejemplo, el paraguas musical, que convierte las gotas de lluvia en tonos musicales. Si la tuviese, aquí donde vivo podría estar escuchando una sinfonía 24 horas al día, 365 días al año…

Marilyn vos Savant o tener razón siendo mujer

by Pedro Jorge Romero on 03/03/2015

El problema de Monty Hall es tremendamente fácil de explicar, pero terriblemente difícil de comprender:

Estamos en un concurso con tres puertas cerradas. Tras una de esas puertas hay un gran premio. Tras las otras dos puertas no hay nada o quizá algún objeto sin valor. El presentador del concurso nos deja escoger una puerta. A continuación, de las dos puertas que quedan, el presentador abre una y muestra que no hay nada (o un objeto sin valor). El presentador siempre abre una de las dos puertas restante y siempre abre una puerta sin valor (porque sabe dónde está el gran premio).

Ahora, lo importante.

El presentador nos pregunta si queremos cambiar nuestra elección inicial, renunciar a la puerta que escogimos, y quedarnos con la puerta que queda por abrir.

¿Qué debemos hacer? ¿Quedarnos con la puerta original o cambiar a la que queda por abrir? ¿Qué decisión incrementa nuestras posibilidades de ganar el gran premio?

Hay varias razones por la que este problema resulta tan complicado. La primera, y la más evidente, es que se nos da muy mal razonar con probabilidades. La segunda, el hecho de que el presentador abra una puerta crear una enorme confusión, generando lo que me parece el problema real. Si razonásemos con las puertas cerradas y nos ofreciesen cambiar nuestra puerta por las otras dos (es decir, cambiar grupos de puertas, no puertas individuales), la solución sería evidente: cambiar incrementa siempre tus posibilidades de ganar.

(Otra forma de verlo es pensar que hay un millón de puertas. Nos permiten escoger una y a continuación el presentador abre 999.998 puertas, mostrando que tras ellas no hay nada. ¿Debemos cambiar nuestra puerta inicial por la que queda sin abrir?)

Pero lo realmente interesante de este problema es lo que sucedió cuando a Marilyn vos Savant se le ocurrió dar la respuesta correcta, como cuentan en The Time Everyone “Corrected” the World’s Smartest Woman:

When vos Savant politely responded to a reader’s inquiry on the Monty Hall Problem, a then-relatively-unknown probability puzzle, she never could’ve imagined what would unfold: though her answer was correct, she received over 10,000 letters, many from noted scholars and Ph.Ds, informing her that she was a hare-brained idiot.

What ensued for vos Savant was a nightmarish journey, rife with name-calling, gender-based assumptions, and academic persecution.

En el artículo se muestran algunos de los mensajes enviados por expertos. Exudan en su mayoría un paternalismo increíblemente desagradable, dando por supuesto que ellos como expertos no pueden estar equivocados. Alguno le sugiere mirar un texto básico sobre probabilidades. Otro dice que el lado positivo es que si todos esos doctores estuviesen equivocados el país estaría en muy mala situación. E incluso uno se plantea que quizá las mujeres ven la matemática de otra forma.

The outcry was so tremendous that vos Savant was forced to devote three subsequent columns to explaining why her logic was correct. Even in the wake of her well-stated, clear responses, she continued to be berated. “I still think you’re wrong,” wrote one man, nearly a year later. “There is such a thing as female logic.”

Pero ya digo, no es un problema realmente complicado. Basta con tener claro lo que está pasando (y, por supuesto, aceptar que es totalmente artificial. Nadie haría un concurso en el que el presentador siempre hiciese lo mismo) y no dejarse llevar por nuestra impresión inicial. Con el tiempo, el problema ha pasado a ser uno más de los que salen en los libros de puzzles y que sirve para confundir durante un rato. Y ha habido cambios de parecer:

Among the new believers was Robert Sachs, a math professor at George Mason University, who’d originally written a nasty letter to vos Savant, telling her that she “blew it,” and offering to help "explain.” After realizing that he was, in fact, incorrect, he felt compelled to send her another letter – this time, repenting his self-righteousness.

“After removing my foot from my mouth I’m now eating humble pie,” he wrote. “I vowed as penance to answer all the people who wrote to castigate me. It’s been an intense professional embarrassment.”

El bucle eterno

by Pedro Jorge Romero on 03/03/2015

El bucle eterno

Hay películas que me gustan y películas que me disgustan; películas que adoro y películas que aborrezco; películas que me parecen buenas y películas que me parecen malas; películas bien hechas que no me interesan en absoluto y películas simplemente pasables que me interesan mucho… Y más allá de todas estas categorías, y de otras muchas que supongo que todos tenemos montadas en nuestra cabeza, hay una categoría muy extraña que no sé muy bien cómo definir: El bucle eterno.

¿Qué quiero decir con eso de «el bucle eterno»? La explicación breve sería películas que vería en bucle una vez tras otra, pero el asunto es un poco más complicado que eso…

Veamos… Por mucho que me fascine una película, no soy capaz de terminar de verla y volver a verla, o verla tres veces en un día, o en una semana, o en un mes, ni siquiera en un año. Obviamente, hay películas que he visto docenas de veces, pero en diferentes momentos de mi vida, en diferentes circunstancias, con diferentes personas, no una vez detrás de otra de manera compulsiva. Incluso cuando escribo algo sobre alguna película o trabajo con ella para un remix o cualquier otro tipo de pieza, es muy, muy raro que la vea dos veces seguidas entera, porque me aburro enseguida de todo, incluso de lo que me gusta. Para mí esto es una verdad universal, salvo por dos excepciones, y lo más curioso de todo es que se trata de dos películas que considero muy irregulares.

A mí sólo me ha sucedido con una película: Primer, de Shane Carruth. La terminé de ver e inmediatamente la volví a empezar.

Por lo demás, tengo con las películas la misma relación que ella explica: me cuesta volver a verlas. No es que no vea dos veces la misma película, o más, pero no es algo que me salga naturalmente y habitualmente viene dictado por las circunstancias (que otra persona quiera verla y me apetezca hacerle compañía, por ejemplo). Tiene que pasar mucho tiempo, años incluso, para que me entren ganas de repetir una película.

Pero relacionándolo todo con lo sublime, una idea más que apropiada para lo que discute, yo sí que mantengo mi propia relación (y aquí me voy desviando): la del universo cerrado. Es decir, aquella película que me da la sensación de haber viajado a otro universo, realmente a otro lugar completamente ajeno a mi mundo habitual.

De hecho, sólo hay una película que me haya producido ese efecto. No me lo causan las películas de ciencia ficción o fantasía –que habitualmente me parecen demasiado “realistas” (negándose, habitualmente, a aceptar su propia alteridad e insistiendo continuamente en anclarse en nuestro mundo en un proceso llamativo de autonegación)–, que parecerían las candidatas ideales para ese fenómeno.

No, la película que me provocó ese efecto de mundo autocontenido, de enfrentarse realmente a lo sublime (que para mí tiene más connotaciones de Burke, y por tanto está más cercano al hecho de mirar al infinito) fue El año pasado en Marienbad de Alain Resnais. Verla fue sentirse lo que indiqué antes, una traslación inmediata y sin concesiones a otro universo, a un mundo tan cerrado en ese jardín, en ese edificio desmesurado, entre esas personas que parecen robots, que cualquier huida es totalmente imposible. Estoy convencido de que intentar salir por la izquierda de Marienbad implica volver a entrar por la derecha.

Lo que voy a conectar de inmediato con otra reflexión que hace: la estética noise. Yo también cuando escucho a Merzbow tengo justo esa sensación de algo que está anegando completamente mi cerebro, algo que encaja a la perfección y lo fija totalmente:

Menciono el noise porque creo que hay en él (o al menos en una parte de él que a mí me interesa particularmente) una especie de atropello mental y emocional que no te permite ningún tipo de huída, al contrario que la mayoría de la música o cualquier otra forma de arte, de las que habitualmente te puedes abstraer fácilmente. Con música noise tipo Merzbow o Haswell & Hecker no puedes elegir entre estar o no estar, porque su intensidad es tal que está por encima de lo orgánico.

Para mí, mucha de la música convencional bien podría ser la banda sonora de los Teletubbies: algo que puedes escuchar pero que en última instancia es irrelevante. Y de hecho, la música clásica que más me gusta –las suites de Bach, por ejemplo– comparte con el noise justo esa característica personal: impedir que mi cerebro escape.

Es posible vivir con medio cerebro

by Pedro Jorge Romero on 03/03/2015

Vamos a evitar hacer chistes sobre redes sociales y centrarnos en lo importante. Lo que viene a decir el artículo, Why you can live a normal life with half a brain, es que es posible vivir con cierta normalidad a pesar de haber sufrido daños en el cerebro.

La respuesta está en que el cerebro, a pesar de todas las metáforas tecnológicas que empleamos para hablar de él, es un mecanismo pero no una máquina como la hubiésemos diseñado nosotros:

Part of the problem may be our way of thinking. It is natural to see the brain as a piece of naturally selected technology, and in human technology there is often a one-to-one mapping between structure and function. If I have a toaster, the heat is provided by the heating element, the time is controlled by the timer and the popping up is driven by a spring. The case of the missing cerebellum reveals there is no such simple scheme for the brain. Although we love to talk about the brain region for vision, for hunger or for love, there are no such brain regions, because the brain isn’t technology where any function is governed by just one part.

Es también, como apunta, un problema de ignorancia: sabemos mucho menos del cerebro de lo que nos gustaría.

Uno de los casos que cuenta es el de una persona con una tenia que fue atravesándole el cerebro de un lado a otro.

La película de Hora de Aventuras

by Pedro Jorge Romero on 03/03/2015

Da un poco de miedo. Pero por otra parte, La LEGO película salió muy bien:

‘Adventure Time’ Cartoon Network Series Becoming Feature Film | Deadline

Quantum Mechanics

by Pedro Jorge Romero on 27/02/2015

Ayer, tras decidir que no, que después de más de 25 años ya no iba nunca más a leer los libros de mecánica cuántica de la carrera, decidí deshacerme de ellos:

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Luego vi estas maravillosas esculturas que transforman esos ladrillos de papel en esculturas cristalinas. Ahora que su utilidad como vehículos transmisores de… bueno, de algo… va reduciéndose, pueden ganar un momentito de efímera eternidad:

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Books, Magazines and Computer Manuals Turned Into Crystallized Sculptures by Alexis Arnold | Colossal

By combining borax crystals with weathered books, magazines and computer manuals Arnold grows them into wonderfully organic forms that become artifacts or geological specimens. “The books, frozen with crystal growth, have become… imbued with the history of time, use, and nostalgia,” says Arnold. In selecting books to turn into aesthetic, non-functional objects Arnold revealed that she tries to use found books. But she will sometimes purchase titles, or use books from her own library if she finds them conceptually appropriate. (via The Creators Project)

(Por cierto, los colores que ves en la foto de mis libros de cuántica están mal. Lo que ves rojo es realmente azul. Lo que ves azul es un violeta tirando a amarillo. La portada es realmente verde, no blanca).

Sobre la no superficialidad del maquillaje

by Pedro Jorge Romero on 27/02/2015

Recuerdo un momento de La era del diamante (quizá me confunda con los detalles exactos, porque si bien en su día, por razones obvias, leí el libro como 6 veces en un periodo de pocos meses, hace bastante que no lo releo) cuando los ingenieros de nanotecnología diseñan un nuevo tipo de maquillaje. Pero al final, deciden no sacar al mercado esa nueva forma de maquillaje, porque no logran ponerse de acuerdo sobre el estatus filosófico del maquillaje.

Lo he recordado al ver este vídeo, que va de que algo aparentemente tan superficial como el maquillaje (y en este caso los tutoriales sobre maquillaje) revela, a poco que uno lo piense, una relación variada y compleja con el mundo.

Yo añadiría que esa sensación de superficialidad se debe, ante todo, a que nuestra sociedad, en su sexismo fundamental, tiende a tratar todo lo “femenino” como menos interesante. Es lamentable ser consciente de que si los hombres usásemos habitualmente maquillaje, el maquillaje sería considerado una cuestión importante que merecería enormes reflexiones por parte de señores muy serios.

Breve historia de la animación china

by Pedro Jorge Romero on 27/02/2015

Más que interesante. Muestra obras que parecen llenas de creatividad y una estética propia. Hay que verlas.

Buscando, varias aparecen en ObscureAnimation’s channel.

(vía faraox)

Borrar tuis

by Pedro Jorge Romero on 23/02/2015

Meet the tweet-deleters: people who are making their Twitter histories self-destruct – Fusion

Sobre gente que borra sus tuis pasado cierto tiempo (una semana o diez días). Es más, parece que hay todo tipo de mecanismos para lograrlo, aunque Twitter no lo soporte.

Hay muchas razones para hacerlo, pero me ha gustado este párrafo:

Most tweet-deleters, though, are not trying to protect themselves from a dark past. (After all, the worst gaffes often stand in the public record, no matter whether the original offending tweet got deleted.) Instead, they want their Twitter accounts to reflect their present states of mind and interests.

Cierto, si pones una estupidez realmente gorda, el mundo se enterará igual y te lo recordará durante mucho tiempo. Pero es interesante la estrategia de que tu cuenta de Twitter refleje quién eres ahora y no tener que cargar con una enorme masa de pasado.

Lo que entronca con la relación que el mundo moderno guarda con la memoria. Vivimos en una época empeñada en conservar y preservar, sin pensar primero si realmente vale la pena guardar tantas cosas. Es como si nuestra civilización viviese poseía de un síndrome de Diógenes que nos obligase a acumular edificios, cuadros, libros, papeles, estatuas… a acumular detritos del pasado.

Quizá de vez en cuando podríamos plantearnos las virtudes del olvido.

Constantinopla 1453, de Roger Crowley

by Pedro Jorge Romero on 21/02/2015

constantinopla_1453Compruebo que leí Constantinople de Roger Crowley hace ya casi seis años. Me gustó muchísimo, pero soy tan vago y en su día no lo comenté.

Ahora me alegra saber que la editorial Ático de los Libros va a publicarlo en español: Constantinopla 1453: El último gran asedio. Y aprovecho también la oportunidad para recomendarlo. La historia es fantástica, sobre todo al tratar la complejidad de un asedio como ése, y también porque toca temas tecnológicos (como la artillería otomana o las defensas de la ciudad) que son fascinantes en sí mismos.

Durante mil años, Constantinopla fue la ciudad por excelencia: fabulosamente rica, imperial, impresionante y cristiana. Era el tesoro más codiciado: la «Manzana Roja», que había sobrevivido a un asedio cada cuarenta años durante un milenio, hasta que el sultán otomano Mehmet II, un joven de veintiún años hambriento de gloria, se dirigió hacia allí en abril de 1453, con un enorme ejército, «más numeroso que las estrellas». Durante cincuenta y cinco heroicos días, los defensores de la ciudad lucharon por tierra y mar contra los invasores, en una batalla por fe, imperio y gloria, hasta el trascendental 29 de mayo de 1453, un día marcado a fuego en la Historia.

Viravi

by Pedro Jorge Romero on 20/02/2015

Entrevista a Viravi | 1DD4

Viravi es una nueva editorial de juego de mesa a la que los 4 personajes de 1DD4 entrevistan con alegría. Parece que se especializarán en juegos para público infantil y familiar. De las tres novedades que anuncian, me llama mucho la atención Cargolino Valentino (un juego de carrera de caracoles) y Capitán Flint, un juego de piratas del gran Josep Mª Allué.

Siete pronósticos de lluvia

by Pedro Jorge Romero on 20/02/2015

Me encanta:

Siete pronósticos de lluvia

Todo lo que se escucha son fragmentos de películas (la mayoría más o menos comerciales, pero incluye un par de piezas experimentales y una serie de televisión), a excepción del final, que es el sonido de la lluvia grabado desde la ventana de mi casa mientras editaba la pieza.

Muñecas sin maquillaje

by Pedro Jorge Romero on 20/02/2015

Retirar el maquillaje exagerado de muchas muñecas y sustituirlo por rostros y ropas que se acerquen más a la realidad.

En un momento del vídeo se hace de pasada un comentario muy cierto: pintar de forma exagerada e hipersexualizada a las muñecas es una decisión de los fabricantes; podría hacerse de otra forma.

Oliver Sacks y la mortalidad

by Pedro Jorge Romero on 19/02/2015

Oliver Sacks en The New York Times hablando sobre su cáncer terminal: Oliver Sacks on Learning He Has Terminal Cancer. En muy poco texto se las arregla para tocar varios temas, pero voy a destacar este párrafo:

I feel a sudden clear focus and perspective. There is no time for anything inessential. I must focus on myself, my work and my friends. I shall no longer look at “NewsHour” every night. I shall no longer pay any attention to politics or arguments about global warming.

This is not indifference but detachment — I still care deeply about the Middle East, about global warming, about growing inequality, but these are no longer my business; they belong to the future. I rejoice when I meet gifted young people — even the one who biopsied and diagnosed my metastases. I feel the future is in good hands.

Me gusta el comentario al final respecto a que el mundo queda en buenas manos. Esa sensación sobre el futuro también la tengo. Es una pena que en nuestra cultura moderna se tienda a despreciar la juventud, porque personas mucho más jóvenes que yo están haciendo cosas muy interesantes.

En cuanto a la claridad mental y la concentración en lo importante, me parece una lección que vale la pena aprender.

(vía Oliver Sacks: “now I am face to face with dying” « Mind Hacks)

Sobre la repetición en la música

by Pedro Jorge Romero on 19/02/2015

Why we love repetition in music

Un artículo sobre la gran importancia de la repetición en la música y que gran parte de nuestro sentido de la música (que no todo) se debe a ese fenómeno. También comenta la más que interesante relación entre música y voz, que estamos acostumbrados a tratar como fenómenos diferentes. Después de todo, una cosa es habla normalmente y otra es cantar.

Pero luego tenemos la posibilidad de transformar la voz en música simplemente repitiendo una parte. Lo llaman la Speech to Song Illusion, descubierta por Diana Deutsch.

Es muy sencillo. Primero escuchas este fragmento, donde una parte se repite varias veces:

Luego este otro:

En el segundo no hay repetición, pero al llegar a la parte que se repetía en la primera grabación (“sometimes behave so strangely”), lo habitual es oírla como si estuviese cantando.

(En mi caso, el fenómeno es tan persistente que ya no puedo oír la segunda grabación sin oírla cantada.)

Dos detalles adicionales. En primer lugar, que aparentemente hay una serie de mecanismos neurológicos que se comparten en el procesamiento de la voz y la música. En segundo lugar, que esos trucos de repetición parecen funcionar sólo con el sonido. Que el sonido, para nosotros, es ciertamente especial.

La autora del artículo, Elizabeth Hellmuth Margulis, parece tener todo un libro sobre este tema: On Repeat: How Music Plays the Mind, aunque no sé nada de él.

Anuncio tecnológico

by Pedro Jorge Romero on 19/02/2015

Son todos iguales. Y más o menos así:

Éste es el anuncio que habita en el mundo de las ideas y del cual todos los demás no son más que meras sombras.

(vía faraox)

Atonement

by Pedro Jorge Romero on 18/02/2015

Atonement (2007)

Empieza con:

Hay películas de las que no esperas nada y te lo dan todo, para luego quitártelo… Ese es precisamente el caso de Atonement (Expiación. Más allá de la pasión, 2007), cuyos primeros cincuenta minutos son toda una lección de cómo elevar a lo sublime, a nivel Joseph Losey, algunos de los memes románticos más trillados del mundo. Si cito precisamente a Losey no es por casualidad, pero ya volveré a ello un poco más tarde.

Y le sigue un análisis excelente.

Feliz día de san Valentín, te odio

by Pedro Jorge Romero on 18/02/2015

Una idea curiosa, y habitual, es creer que el pasado fue más ingenuo. No se nos ocurre pensar que en realidad, el mundo pasado fue igual de malo que nuestro presente e incluso, en muchos aspectos, peor. No me refiero en lo material, donde habitualmente somos conscientes de que las cosas han mejorado. Hablo del trato mutuo, con una llamativa tendencia a considerar que en el pasado todos se comportaban como caballeros victorianos, exhibiendo una educación y un gusto exquisitos.

Evidentemente, no fue así. De hecho, muchas de las aflicciones modernas hunden sus raíces en el pasado. Y no hay mejor ejemplo que la idea de “vinegar Valentine”, tarjetas enviadas por san Valentín expresamente para insultar a alguien:

Happy Valentine’s Day, I Hate You

Collectors Weekly: And they were intended to reject romantic overtures?
Pollen: Yeah, but not only that. There were so many different kinds. You could send them to your neighbors, friends, or enemies. You could send them to your schoolteacher, your boss, or people whose advances you wanted to dismiss. You could send them to people you thought were too ugly or fat, who drank too much, or people acting above their station. There was a card for pretty much every social ailment.

Lo que recuerda mucho a uno de nuestros modernos trolls de internet. Uno se imagina con facilidad cómo el deseo de justicia acaba convirtiéndose en un ataque indiscriminado a todo lo que se mueve y te “molesta”.

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Y lo que decía antes del pasado:

Collectors Weekly: Do you think contemporary recipients would be surprised at their tone?

Pollen: Yes, some are quite shocking. The cards are quite a surprise to those who think the past was always so safe and the present is so very daring, and that we’re much more libertarian now than we have ever been in any other period in time. I think we only have to look back at this sort of stuff to see that that’s not the case.

Nobody was safe, really, from Vinegar Valentines. There are some that insult alcoholics in a way that we would find completely unacceptable. Today, few would send a mass-produced card to someone they know is an alcoholic. We are fine with irony, but insulting someone for their drinking habit and actually meaning it? That’s the difference.

There are a lot of the comic cards produced now, but they are not meant to be taken seriously. That’s why you can call somebody a bitch in a card, because you don’t actually think they’re a bitch. But in the Victorian valentines cards, it seems that you would send it to somebody who you’d actually have a serious problem with. That’s how I read them, anyway.

Incluso destaca en la entrevista el poder, en este caso, del anonimato. Da la impresión de que en el presente la tecnología se limita a amplificar lo que siempre ha sido una constante humana.

Eran tarjetas que se producían en masa a partir de 1840 (con altos y bajos hasta los años 40 del siglo XX) y, en las primeras épocas del correo, era el receptor el que pagaba por recibirlas. Se pueden imaginar la cara que se les quedaba.

Al final del artículo hay una buena colección de tarjetas, para su deleite.

Satin Island

by Pedro Jorge Romero on 14/02/2015

Me empieza a caer bien Tom McCarthy. Creo que voy a leer su Satin Island.

Tom McCarthy Goes to TED

Yes, then it does veer into satire. TED talks for me are the kind of perfect example of, like, smart stupidity — and basically Christian conservatism in disguise. The televangelist saying I’ve got the solution to everything in 15 minutes and it all comes down to neuroscience or some graphic user interface. And so my guy goes to Frankfurt and tries to give this talk that problematizes it and of course he’s got no purchase at all from the audience, who wants some quick meaning-biscuits.

Y también:

All the art projects I do are literary projects; the art world is just the place where they can be realized. Art is the only place where you can say, “I need a radio station, and all this other stuff, and it’s gonna cost quite a lot of money and it has no value and you can’t sell it,” and a curator can say, “Yeah, you’re right, let’s do it.” But I don’t really see a categorical difference. London had this explosion in the ’90s of an art scene and suddenly that was where all the action was. In the same way that in France in the ’50s and ’60s all the characters like Lévi-Strauss and Derrida and Deleuze, they all became philosophers. A century earlier they would have been novelists.