Mi marido es de otra especie, de Yukiko Motoya

La autora Yukiko Motoya era desconocida para mí. Su recopilación «Mi marido es de otra especie» utiliza elementos fantásticos y surrealistas para hablar de las relaciones humanas

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TRANSCRIPCIÓN

Hola. Perros que aterrorizan a un poblado. Un marido singular. Una extraña invasión rutinaria. Un matrimonio donde marido y mujer se parecen cada vez más. Es la singular y surrealista visión, donde lo mágico se combina sin distinción con lo rutinario, de Yukiko Motoya en «Mi marido es de otra especie».

Lo publica Alianza Editorial con traducción de Keiko Takahashi y Jordi Fibla.

Estoy deseando que publiquen más cosas de esta mujer.

No sabía nada de este libro ni conocía a la autora, Yukiko Motoya, para nada. Fue mirando un día en Instagram, la cuenta de quintoparrafo (enlace en la descripción), cuando me topé con el libro. Leí un poco sobre él y decidí que podría gustarme. Lo compré, lo leí y…

Bueno, estoy haciendo un vídeo. Solo hago vídeos de libros que recomiendo. Digamos que no me equivoqué. Es justo el tipo de libro que me encanta y estoy deseando poder más libros de Yukiko Motoya.

Si yo me fiase de mí mismo, me bastaría con eso que acabo de decir. Por suerte, no me fio de mí mismo. Sigamos.

«Mi marido es de otra especie» está formado por cuatro cuentos. El primero, que da título al volumen, es muy largo, prácticamente una novela corta. Son cuentos contados con sencillez y tranquilidad, que tienen un centro emocional que va serpenteando por la historia articulándose a través de un elemento… Un elemento mágico.

Por ejemplo, la última de las historias, “Un marido de paja”. Una mujer está casada con un hombre de paja. La paja le sale por las mangas de la camisa y las perneras del pantalón. De hecho, ni siquiera tiene ojos y boca. El marido queda convencido de que la mujer no ha tenido el debido cuidado con el BMW que el marido se acaba de comprar. Así se inicia la discusión.

Las emociones van fluyendo. La protagonista va cambiando continuamente la impresión sobre su marido. Vamos, como sucedería en cualquier discusión. Hasta que su marido de paja empieza deshacerse en forma de pequeños instrumentos musicales que van cubriendo el suelo.

Es metafórico, alegórico, simbólico… lo que prefieras. Pero esa es la maravilla de esos cuentos. Un elemento extraño usado como si fuese lo más normal del mundo, empleado para iluminar las situaciones más comunes. Lo extraño tratado como mundano es un recurso que Yukiko Motoya maneja a la perfección.

“El baumkuchen de Tomoko” es una impresionante historia de terror, donde aparentemente no sucede nada realmente horrible o fuera de lugar. Simplemente, el abismo del sentido del mundo. Disponemos de un complejo sistema cognitivo que dota a la realidad de sentido para nosotros. ¿Qué sucede si eso falla y toda la realidad se presenta en su crudeza? ¿Qué pasa cuando el mundo pierde toda la capa de sentido que nuestro cerebro añade? ¿No es ese el verdadero horror?

“Los perros” es un caso curioso entre estas historias. Un tema omnipresente son los problemas de comunicación, el difícil abismo entre una persona y otra. En este cuento, sin embargo, queda claro que ese abismo se da entre seres humanos. La huraña e introvertida protagonista, que vive aislada en una casa de campo construyendo meticulosamente una obra de arte que es copia de otra obra, encuentra su comunidad entre un extraño grupo de perros.

Pero, por supuesto, la gran pieza de este libro es “Mi marido es de otra especie”, la primera historia. De nuevo, la protagonista es una mujer. En este caso, una mujer casada que un día se da cuenta de que su rostro se parece cada vez más al de su marido. Si uno recuerda esa historia de que los dueños de perros acaban pareciéndose a sus mascotas, la conexión animal es inmediat.

Pero eso no es más que el comienzo, porque la historia va tejiendo temas sobre temas, con una habilidad endiablada, para no destacarlos más de lo estrictamente necesario. Hay también un gato que orina por todas partes y al que es preciso abandonar en el bosque. Una extraña consulta odontológica. Un frigorífico para vender. Y el marido, cuya presencia ante su mujer es tremendamente inestable. La forma en que ella lo ve cambia continuamente y con ese cambio, también su percepción y valoración.

En ocasiones el marido es un ser cercano, fácil de entender, un hombre egoísta que procura hacer lo mínimo posible y que nada más casarse ya le dice “has de saber que quiero ver la tele tres horas al día como mínimo”. La protagonista, Sanchan, lo va viendo como una masa no del todo definida que va agitándose y adoptando formas diferentes, sutiles variaciones de un ser humano. Vamos, tal cual como si su marido quisiese ser otra cosa diferente a lo que es.

“Cada vez que lo veo despatarrado en el sofá, tengo la sensación de que estoy viviendo con una nueva especie de ser orgánico que permanece muy a gusto sin hacer nada hasta que muere”, dice en un momento dado.

Pero ella misma está atrapada en el torbellino de transformación e indefinición. Cuando el marido decide que lo que quiere es preparar frituras, la resistencia y la atracción juegan por igual. La necesidad de mantener tu individualidad, de no dejarte devorar por la personalidad del otro miembro de la pareja, se contrarresta con el impulso de dejarse llevar y acabar los dos fusionados en el mismo ser.

En un cuento de fantasía que usa su elemento mágico y las múltiples referencias a animales para hablar de la relación en pareja, revelando la interacción de un matrimonio a través de un sinnúmero de elementos dispares, en una confusión de emociones y sentimientos encontrados. Aunque yo, personalmente, al llegar al final, donde el tono surrealista tratado como rutinario llega a su máximo, no puedo evitar pensar que se trata también de una extraordinaria narración sobre la muerte y la pérdida, sobre el duelo en cierta forma.

Y para más literatura japonesa, te recomiendo «Senos y huevos», de Mieko Kawakami. Un libro sobre un trío de mujeres y cómo se relacionan con sus cuerpos. Aquí te dejo el enlace.

Categoría: Ficción, Libros

Pedro Jorge Romero