Curiosamente, nunca he leÃdo una novela de Javier MarÃas. Una vez lo intenté y la dejé a las pocas páginas. No es el libro me pareciese malo, no lo leà lo suficiente para formarme esa opinión, sino más bien me resultó indiferente. Es decir, el libro no me estaba contando nada que a mà me resultase interesante leer. Ya decÃa Borges que hay libros que no están hechos para ti, y si el maestro lo decÃa… En esas condiciones, lo mejor es dejarlo y seguir con otro. Será por falta de libros para leer.
Pero lo divertido es que me encantan las columnas de Javier MarÃas. De hecho, me parece lo único potable e interesante de El PaÃs Semanal, o como se llame ahora (sÃ, compro el periódico los domingos básicamente para leer su columna; un poco caro por página sà que sale). Y no porque esté de acuerdo con él, que no me sucede siempre (incluso en alguna ocasión me ha puesto de mal humor). No sé, me entretiene y me divierte su forma de escribir las columnas. Incluso cuando se equivoca, hay siempre un cierto rigor subterráneo, una forma hilvanada de pensar. La mayorÃa de los intelectuales de prensa española razonan por analogÃa: encuentran varios fenómenos que externamente son similares, y los van encadenando como si las similitudes superficiales indicasen una unidad fundamental (véase cualquier columna de Vicente Verdú). Supongo que en el caso de Javier MarÃas le beneficia mucho el haber tenido un padre filósofo.
El oficio de oÃr llover recopila la primera tanda de columnas para EPS, las primeras que escribió allà después de su precipitada salida de aquel otro sitio. Son, como ya he dicho, textos divertidos, agradables, fáciles de leer y, lo más importantes, de releer; las ideas siguen estando ahà y la primera lectura no las ha agotado todas. Se agradece en una columna. Si tienen un defecto, es uno comprensible: Javier MarÃas cree que tener una columna periodÃstica es un servicio público; una opinión que posiblemente fuese razonable cuando habÃa muy pocas, pero más difÃcil de defender cuando ahora el arte de generar opinión está más diseminado. Eso le lleva a hablar mucho del gobierno de José MarÃa Aznar, detallando sus torpezas y falsos razonamientos. Está bien, supongo, tener un registro de lo que se dijo en esa época, y son ciertamente muy divertidas leÃdas años después. Pero columna tras columna es la parte que más cansa de libro.
Es mucho mejor cuando habla de nuestros vicios públicos y privados, cuando comenta nuestras pequeñas bajezas. Es ahà donde el rigor se le nota más y donde defiende una sociedad más tolerante y más justa. Mi ejemplo serÃa, “Incendiarios” (p. 146).
Pero confieso que soy un malvado: las columnas que me resultan más graciosas son las referidas a las leyes para limitar el consumo de tabaco. Ahà el hombre pierde totalmente los papeles y se lanza a hablar de esas prohibiciones casi como si estuviesen metiendo a los fumadores en campos de concentración para su posterior ejecución (cuando en realidad es difÃcil encontrar un bar donde no se fume). El derecho a fumar le parece un ejercicio de libertad y asà lo repite en varias ocasiones (por ejemplo, en “Roben pero no fumen”, página 227). Curiosamente, los deseos de libertad se le olvidan en “Como un mafioso” (p. 167), donde confiesa su admiración por Tony Soprano, que en un restaurante obliga a un tipo a quitarse la gorra de béisbol que lleva puesta; porque no hay mayor crimen -que merece incluso la intervención de un gangster- que comer con la cabeza cubierta. Pues eso, fumar delante de un bebé es un sano ejercicio de libertad, pero comer con la cabeza cubierta no (sÃ, ya sé que no defiende fumar delante de los bebés; es pura retórica por mi parte).
(En realidad, el texto es más irónico de lo he dado a entender. Al final, se pregunta si eso de identificarse con mafiosos no será peor que tenerle aversión a las gorras.)
Pero de contradicciones como ésas estamos hechos todos. Es lo que humaniza a los autores y a los lectores. En este caso, humaniza a Javier MarÃas y me humaniza a mà al preguntarme si no tendrá razón. Creo que seguiré sin leer sus novelas, pero aguardo pacientemente el siguiente libro recopilatorio para volver a leer sus columnas.


{ 8 comentarios }
Pues es una pena, te pierdes a un buen autor.
Hay tantos…
Estoy de acuerdo contigo, Pedro, la columna de MarÃas es lo único de EPS que leo con interés.
Un saludete.
Pues si no os queréis gastar los dos pavos del domingo, mirad en su blog http://www.javiermarias.es/blog.html y allà encontraréis la columna. Tanto que os gustan los blogs…
Jo, pudiendo lee en papel, voy a leer un blog…
Estoy de acuerdo con todo lo que dices. El libro anterior se titula “Harán de mà un criminal” y también vale la pena.
Una saludo.
A mà me pasa al revés. Sus columnas casi no me interesan. Pero algunas de sus novelas son de mis favoritas, en especial las tres en las que el protagonista es Jacobo Deza.
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