Es curioso como mucha gente cree que un diccionario es como una piedra o un árbol, algo con lo que te encuentras por ahí, un elemento más del mundo que se ha desarrollado sin intervención humana. No nos paramos a pensar que un diccionario es un objeto de creación humana que sigue unos criterios determinados y ha sido creado desde una perspectiva concreta, es decir, que en sí mismo representa una forma determinada de pensar.
El diccionario está lejos de ser un paquete que contiene la lengua. Es más bien, un intento de intentar encajar algo vasto y múltiple es un contenedor limitado y que posiblemente no sea el más adecuado. Después de todo, el papel se acaba terminando y la lengua sigue y sigue. Eso lo cuenta Erin McKean en esta interesante conferencia:
El diccionario es una de esas cosas que hacíamos en papel pero que se puede hacer mucho mejor online. Y ella misma lo demuestra con Wordnik, un intento de hacer otro tipo de diccionario, que ofrezca más información de forma muy cómoda. Parece muy buen intento y ya lo he añadido a mi arsenal.
El libro se llama en realidad Fans, Friends And Followers: Building An Audience And A Creative Career In The Digital Age y es obra de Scott Kirsner. Trata de una serie de entrevistas a personas que han sabido aprovechar las posibilidades sociales de internet para promocionar su obra creativa y en algunos casos vivir de ellos. Es un regalo de JJ.
We must get used to the idea that art history is unstable. It is a process, not an idea. It is constantly being over-written, unwritten, rewritten. Artists are buried Francis Bacon; but artists are also reborn Kusama. In the latter case, it is particularly poignant that an artist can be reborn while still among the living.
De Carlos Salem leí anteriormente Matar y guardar la ropa, una novela divertida e irónica que debería reseñar ampliamente un día de estos. Disfruté tanto de esa novela anterior que me apetece este Pero sigo siendo el rey (Salto de Página. ISBN: 978-84-93-6354-7-3. 348 pp. PVP: 21,95€), sobre todo tras leer el resumen de contraportada:
Juan Carlos I de Borbón ha desaparecido dejando sólo una nota tras de sí: “Me voy a buscar al niño. Volveré cuando lo encuentre. O no. Feliz Navidad”. Para encontrarlo el ministro de Interior juega su última carta: José María Arregui, detective melancólico y visceral, de rápido disfraz y puño fácil, deberá protegerlo de una poderosa intriga.
La extravagante pareja de detective gruñón y monarca en recreo, confundidos entre hippies, mariachis o pastores, huirá por una España alucinada e intemporal, poblada de personajes delirantes: un músico enamorado que persigue una melodía escurridiza; una familia atrapada en una guerra interminable; un adivino retrovisor que sólo ve el pasado y Rosita, una compañera inseparable.
Con Pero sigo siendo el rey, una novela hilarante y enternecedora, Carlos Salem nos presenta su mejor y más original aventura policíaca.
Es lo más en ignorancia. Vas a una tienda a pedir ignorancia y no te pueden dar nada mejor que cuarto y mitad de no conocer las preguntas. Lo anterior, tener las preguntas y no conocer las respuestas, es algo que hace cualquiera, basta con estar atento al mundo. Me refiero a interrogantes del estilo: ¿Por qué el cielo es azul?, ¿por qué Megan Fox es famosa?, ¿por qué se extinguieron los dinosaurios?, ¿por qué no me emociona haber visto jugar a Maradona? (esta última en mi caso una pregunta totalmente absurda). Es decir, las perplejidades habituales, el primer paso de todo conocimiento. Todos los sabios pasaron por ahí.
Pero no conocer las preguntas es una forma más insidiosa de ignorancia. Cuando ignoras respuestas, sabes perfectamente lo que te falta, y a poco que tengas ciertas habilidades, es muy fácil solucionar la papeleta. Después de todo, para eso están Google y la Wikipedia, esas dos cumbres de principios del siglo XX (por ejemplo, ¿quieres saber qué pasó un 23 de junio?). Pero no saber que no sabes te produce paradójicamente la sensación de saber, el convencimiento totalmente irracional de que el mundo está perfectamente ordenado y lo comprendes en su totalidad. Es como si el cerebro, al no toparse de frente con su desconocimiento decidiese por tanto que su conocimiento es absoluto. Debe ser un poco como no saber que existen los coches y simultáneamente estar convencido de poseer un Mercedes-Benz CLK 63 AMG.
Curiosamente, la edad me ayuda, pero no porque me dé más conocimientos. No, simplemente con el paso del tiempo, me voy volviendo cada vez más escéptico y ya ni siquiera estoy seguro de saber lo que sé. Cuando afirmo algo, estoy convencido de que cinco minutos después alguien me demostrará mi error (y lo hará en Twitter). Las certidumbres se funden para dejar sólo preguntas.
¿Y qué pasa con lo que no sabes que no sabes? Pues eso me produce cierta alegría. Independientemente de lo mucho que llegue a descubrir sobre este mundo, siempre quedarán infinitas cosas que no sé, aunque ni siquiera sepa que no las sé. Como mi razón para aprender es básicamente pasarlo bien y rara vez tiene un fin específico, o el fin es simplemente una excusa para justificar el esfuerzo, saber que las novedades (aunque no sepa cuáles son, para eso son novedades) no se agotarán me hace sentirme optimista en ese aspecto (soy pesimista en otros, pero confío en equivocarme).
Y hablando de novedades. La verdad es que el mundo ha cambiado mucho. Hace veinte años, creo que me habría resultado muy difícil obtener mucha de la información que hoy está disponible con tanta facilidad. Por ejemplo, me resulta muy gracioso poder ir a Wolfram Alpha (un juguete como otro cualquiera), escribir “june 23 1967 arrecife” y descubrir sin problema que aquel día fue viernes, que desde entonces han pasado 15.341 días. La temperatura mínima en Arrecife fue de 18 ºC y la máxima de 22 ºC (despejado al 69%). Aparentemente, la luz solar duró 14 horas (demasiado preciso me parece). Que Arrecife se eleva 11 metros sobre el nivel del mar y que al llegar el 23 de junio, ya ha pasado un 47,40% del año y queda todavía un 52,60%.
Un 23 de junio nació Alan Turing y murió Boris Vian. Pero eso lo vi en la Wikipedia. Lo más llamativo, sin embargo, es que todavía no me ha venido a la cabeza ninguna frase del estilo “For the Snark was a Boojum, you see”. Quizá me pase antes del próximo 23 de junio.
Les hablé hace poco de un concurso de relatos absurdos que tenía como premio un Doraemon de gofio. Había que emplear obligatoriamente diez palabras típicamente canarias (por ejemplo: ADN y caboverdiano). Me presenté, por supuesto, aunque debo decir que sufrí una vil discriminación por ser canario y no gané; es la carga que debemos sufrir los de mi tierra. Aún así, no han podido evitar incluirme en el libro recopilatorio donde aparecen todos los cuentos presentados al concurso (que he recibido por intermedio de alguien cuyo nombre no debe ser pronunciado. Tú sabes quién eres, extremo riesgo).
Me alegra verme al fin autor publicado y mi entusiasmo ha sido tan grande, que el libro ocupa ya un lugar de honor en mi biblioteca.
Un abrazo, chicos. A ver si un día me vuelvo a pasar por Tenerife y comemos en ese húngaro.
Un intervalómetro te permite disparar tu cámara de fotos cada poco tiempo, de forma que puedes crear esas secuencias de imágenes tan chulas que llaman timelapses. He visto intervalómetros fabricados de las formas más curiosas. Pero creo que jamás había algo así: un intervalómetro montado con un RCX 1.0 de Lego.
The Turing Test es una recopilación de cuentos de un autor que no conocía. Bastante satisfactoria.
El globo rojo es una película que quería ver desde hace un tiempo.
Y por último, la sorpresa del paquete (no estaba en mi lista de los deseos): The Mammoth Book of the Best of Best New SF, una potente antología (casi 800 páginas) con algunos cuentos muy buenos. En conjunto tiene muy buena pinta.
La realidad tiene la manía de no ofrecerte todo lo que quieres. No te indica qué hay detrás de los edificios, dónde están las estaciones de metro o las tiendas más cercanas. Por esa razón, en lugar de realidad artificial, alguien inventó el concepto de realidad aumentada donde el sistema superpone información adicional sobre lo que estás viendo. Y aquí tenemos dos ejemplos para teléfonos Android.
El primero es Layar, que permite localizar lugares de interés, como casas que se alquilan, bares, tiendas, ofertas de empleo, asistencia sanitaria y demás. Gracias al GPS y a la brújula del teléfono, el sistema sabe dónde estás y a qué miras. Inicialmente es para Holanda, aunque aparentemente tienen planes para otros países.
El problema principal, por supuesto, que esas dos opciones requieren una aplicación concreta y tampoco funcionan en cualquier lugar, que sería lo ideal. Por otra parte, también tenemos el uso de GPS y demás elementos del teléfono, lo que te hace pensar en la velocidad a la que se consumirá la batería. Pero es un comienzo.
Se acerca mi cumpleaños. Cuando digo se acerca, digo que falta todavía un poco, pero no tanto como para que no haya recibido ya un par de regalos. El adelantado ha sido Davidgp que me ha mandado No Fear: Growing Up in a Risk Averse Society de Tim Gill (en realidad, tengo un regalo desde abril, pero ésa es otra historia).
Por lo que sé de él, parece un libro sobre como criar niños como si fuesen pollos, pero pollos de esos de los buenos, de los que corren por ahí en libertad, juegan a las cartas, van en coche y sueñan con acabar viviendo rodeados de plumas. Ni que decir tiene que la idea choca contra todos mis instintos.
El segundo es Paprika de Yasutaka Tsutsui:
De Tsutsui he leído tres libros, que no me han gustado todos por igual. En el caso de Paprika, vi la película, que no me gustó demasiado. Asumo que el libro será mejor.