El antídoto, de Oliver Burkeman

La felicidad. Todos la queremos, pero casi nadie parece capaz de lograrlo. En El antídoto, Oliver Burkeman plantea que nuestro problema es desear demasiado la felicidad.

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TRANSCRIPCIÓN

El antídoto, de Oliver Burkeman. Un libro de autoayuda para los que odian los libros de autoayuda. El subtítulo ya lo deja claro: Felicidad para gente que no soporta el pensamiento positivo. Y está lleno de consejos sobre los que vale la pena reflexionar.

Vamos allá.

Aaaah, la felicidad. Ese objeto de deseo. Todos la queremos, pero pocos parecen capaces de conseguirla y, lo que es más importante, conservarla.

¿Por qué es así?

Después de todo, muchos de nosotros vivimos en condiciones sociales y económicas que serían la envidia de nuestros antepasados. Sin embargo, ese elusivo fin, la felicidad, no parece estar más cerca. De hecho, da la impresión de alejarse cada vez más.

El problema, plantea Oliver Burkeman en este libro, es que queremos demasiado ser felices. Aspiramos tanto a la felicidad, la deseamos tanto, sacrificamos tanto en su nombre que paradójicamente reducimos las oportunidades de lograrla.

Oliver Burkeman es un periodista de The Guardian, donde publica una columna muy irónicamente llamada This column will change your life. Esta columna te cambiará la vida. Hay un enlace en la descripción del vídeo.

La columna está dedicada a distintos temas psicológicos. En esos textos breves va apuntando la raíz última de aquello que nos aflige, nos inquieta o nos intimida. La escribe con sentido del humor y con tono escéptico. No es de extrañar, porque las soluciones suelen ser muy simples, pero muy difíciles de llevar a la práctica.

El antídoto es como una versión larga de una de esas columnas. El punto de partida es la decepción ante los malos resultados que da el pensamiento positivo. ¿Ayuda en algo intentar desterrar los pensamientos negativos? Cuando nos sentimos como fracasados e inútiles, ¿sirve de algo intentar repetirse que no somos ninguna de esas cosas? ¿Sirve de algo esforzarse por mantener continuamente una actitud optimista incluso cuando lo que sentimos es el más absoluto pesimismo?

No, dice Burkeman, no sirve de nada. Por eso el libro trata de otra opción: la vía negativa a la felicidad. En lugar de intentar apartar lo negativo, es mucho mejor mirarlo directamente a los ojos, recibirlo con brazos abiertos, invitarlo a una taza de té y mantener una buena charla. Es más, para muchos, ese proceso es justo la condición necesaria para ser feliz.

Casi todos los capítulos analizan algo que hacemos habitualmente mal y lo que podríamos hacer mejor. Pero los dos primeros son especialmente destacables porque hablan de filosofías que podría ser de gran ayuda: el estoicismo y el budismo. Son dos idearios prácticos traídos de la antigüedad que defienden ideas muy similares. Los dos invitan a liberarnos de nuestro deseo de controlarlo todo y a admitir que buena parte de nuestro dolor deriva de que deseamos que las cosas no sean como son.

Por ejemplo, del estoicismo extrae la idea de imaginar deliberadamente lo peor que nos pueda pasar, e incluso enfrentarse deliberadamente a lo que nos da miedo. Rara vez, dice, lo malo es tan terrible como creemos.

Del budismo destaca el desapego a nuestras ideas sobre cómo deben ser las cosas. También invita a aceptar la idea de que nuestros pensamientos son como nubes que pasan por el cielo, que podemos contemplar con ecuanimidad sin darles mayor importancia.

En ambos casos, la necesidad de no dejarse llevar por las emociones. O mejor dicho, entrenarse para que nuestras emociones no sustituyan a nuestro intelecto, para establecer el necesario equilibrio entre “sentir” y “actuar”.

El libro es como una especie de diario de viaje, donde el autor va recorriendo el mundo charlando con gente que aparentemente sabe hacerlo mejor. Así va reuniendo ideas, opciones y estrategias.

Un ejemplo, ¿es bueno fijarse objetivos? El problema, dice, es que a menudo los objetivos acaban convirtiéndose en propiedad personal, y por tanto percibimos cualquier incertidumbre como un ataque personal. En lugar de cambiar cuando las cosas van mal, esa identificación personal nos puede llevar a persistir en una camino errado que lleve a un fracaso todavía mayor.

Lo mismo sucede con asumir los errores. Sí, la versión oficial es que errar está muy bien y es el camino al éxito. Pero es evidente en nuestro comportamiento diario que pocas personas creen tal cosa de verdad. Sin embargo, el fracaso es lo más habitual en cuanto intentas hacer algo. Cuando hablamos de historias de éxito nos estamos limitando a observar los pocos casos que lo lograron. Rara vez nos molestamos en estudiar a la gente que lo hizo todo bien y fracasó de todas formas. Nos paraliza el miedo al fracaso. Nos gustaría que el resultado fuese seguro, pero hay que admitir que muy rara vez lo es.

Como destaca en el capítulo dedicado al yo, la cuestión es que rara vez tratamos la mente como una herramienta. Asumimos que si lo hemos pensado es que es importante. En realidad, casi todo lo que pensamos es inútil. Hay que saber extraer las pepitas valiosas de nuestro pensamiento y dejar de identificarnos tanto con nuestra mente.

Por desgracia, hay un miedo final mucho más potente y que resulta mucho más difícil de manejar. El miedo a la muerte y el cese definitivo de todo lo que somos. Pero incluso en ese caso Oliver Burkeman, y las personas con las que habla, defiende que la contemplación de la muerte, volviendo a los estoicos, es el camino para lograr una vida más significativa.

Es inevitable, como ya sabían Bill y Ted. “Seas príncipe o seas un mendigo, tarde o temprano bailarás conmigo”.

Pero en última instancia, El antídoto no es un libro de reglas a seguir a rajatabla. El libro es una serie de reflexiones, sin dogmas, un conjunto de consejos que se deben aplicar únicamente cuando son útiles. De hecho admite, que incluso en ocasiones el pensamiento positivo puede ser útil. El problema es que habitualmente sobrevaloramos los beneficios de la positividad, cuando en muchas ocasiones la negatividad nos sería mucho más útil.

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Categoría: Silva

Pedro Jorge Romero

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