La tecnofilia no es un argumento contra la tecnofobia

Es cierto que dado un cambio tecnológico siempre hay alguien que protesta porque ese cambio destruye algo valioso o puede ser dañino. Pero no es menos cierto que a pesar de que esos temores pueden estar equivocados, también pueden ser perfectamente válidos y exigir actuar.

Por esa razón no me convence del todo el enfoque de Pokémon Go y el fin de la civilización occidental: incompresión, tecnofobia y cambio social, aunque valoro su fondo. Efectivamente, el juego Pokémon Go no parece plantear serios problemas. Es divertido, te hace salir a la calle y sigue básicamente la misma lógica que casi cualquier otro juego de Pokémon (con lo que la crítica social, ideológica, cultural o psicológica se puede hacer desde hace décadas).

Sin embargo, eso no quita que un juego de este tipo (que usa el GPS y te obliga a moverte por el mundo) pueda tener sus problemas. El peligro de que te atropelle un coche. El meterte donde no debes en tus deseos de encontrar ese Pokémon que quieres. O cuestiones de privacidad. Temores a los que simplemente podría objetarse que muchas otras tecnologías ya tienen esos mismos problemas y que se resuelven con facilidad con un mínimo de precaución. O incluso quizá dentro de la misma app, por ejemplo, no mostrándote un Pokémon cuando llegar hasta él pueda ser un problema.

No sé, hay muchas formas de responder.

Pero no tiene mucho sentido catalogar todo posible objeción a una tecnología como “tecnofobia” (aunque es muy cierto lo de que “para muchos, el hecho de que miles de personas hagan cosas que ellos consideran raro es una causa de estrés y ansiedad”). Puede ser simple tecnofobia, efectivamente, o tener raíces de incomprensión generacional, pero en ese caso la cuestión se dirime analizando la tecnología en disputa en este momento, y decidiendo qué criticas son válidas y cuáles no, e intentando resolver las que parezcan más urgentes si efectivamente encontramos un problema.

Por esa razón, aunque puede estar bien recordar que otras (incluso muchas) objeciones a ciertas tecnologías fueron erróneas, no se trata de una respuesta demasiado sólida. Después de todo, es bien posible que en este caso concreto, el que sea que estemos evaluando ahora, los críticos tengan razón.

Estoy muy de acuerdo con la conclusión de que es necesario desarrollar, y recordar emplear, herramientas que nos permitan evitar cierto “determinismo tecnológico”, la tendencia a rendirnos como si la tecnología fuese algo autónomo que no está sujeto a voluntades o deseos humanos. El análisis nos exige lo contrario, aceptar nuestro papel como agentes del cambio tecnológico. Habitualmente el aparente “determinismo tecnológico” sigue los dictados de ciertos intereses económico y sociales que hacen más factibles ciertos caminos frente a otros. Y eso también es algo en lo que uno puede estar en desacuerdo a pesar de que la tecnología en sí no tenga ningún problema. Es decir, puedes pensar fácilmente que a pesar de que cierta tecnología sea factible, otra bien diferente cumple mejor con los fines sociales que buscamos.

Lo que pretendo decir: aceptar toda nueva tecnología no es el argumento contrario a rechazar toda nueva tecnología. Ni siquiera son realmente posturas opuestas. Se puede ser tecnófilo para unas cosas y tecnófobo (o ludita) para otras. Hay tecnologías que nos beneficias y tecnologías que no nos benefician. Lo importante, en un punto en el que estoy totalmente de acuerdo con el artículo, es saber decidir qué es lo importante en cada caso.

Categoría: Tecnología

Pedro Jorge Romero

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