El arte de tirar libros

En una ocasión tiré un libro a la basura. Al comentárselo a mis amigos, se extrañaron de tal decisión. ¿Por qué no se lo había regalado a alguien?, me dijeron. A lo que yo respondí preguntándoles a su vez por el sentido de regalar un libro que te parece muy malo. ¿Le darías comida pasado a un amigo? No, claro, porque eres buena persona y quieres lo mejor para los demás. En ese caso, puestos a regalar libros, regalar libros buenos.

Además, tirar los libros es, como nos recuerda Los libros arden mal, mejor que quemarlos. Así se reciclan y pueden ser productivos en otra función. Y el texto también nos invita, brevemente, a dejar de considerar el libro como un objeto valioso digno de veneración por el simple hecho de ser un libro.

Enterremos esa fé seudocristiana, esa mitología añeja y conservadora según la cuál todo libro (editado y publicado en papel, claro) merece loa y salvaguarda por el simple hecho de existir: no es así, y no desde un imposible punto de vista canónico que escoja qué libros valen y cuáles no, sino desde la más absoluta subjetividad individual o de grupo.

Es curioso, y es un tema que también salía en The Late Age of Print, que tras tantos años de producción industrial y en masa de libros, sigamos pensando que el producto de un proceso que ha creado miles, cientos de miles e incluso millones de objetos iguales es único a irremplazable.

Categoría: Silva

Pedro Jorge Romero

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