Robot & Frank

Esta película tiene un detalle muy bueno: el robot es siempre una máquina. Es el propio robot el que insiste continuamente en su artificialidad, como si supiese de nuestra tendencia a dotar a los objetos de sentimientos e intenciones humanas y estuviese enmendándola por adelantado. Desde ese punto de vista, el robot en todo momento se limita a cumplir con su programación y las emociones presentes son siempre del humano. El mismo título lo refleja.

Siendo el humano, Frank (que Frank Langella dota de todo tipo de matices), un señor ya muy mayor que vive en una comunidad remota y no recibe más que esporádicas visitas de su hijo (mientras la “amantísima” hija parece contentarse con preocuparse en la distancia, que es una forma siempre muy cómoda de preocuparse). Como el hijo es consciente de los problemas de memoria de su padre, que la demencia está destrozando, y del lamentable estado en el que vive, le regala un robot para que le ayude a cuidarse.

Y eso hace el robot, cuidar de Frank. Cuidarle y mantenerle activo. Pero resulta que Frank era un ladrón y comprende de inmediato que el robot puede ser una gran ayuda para retomar esa actividad. Idea con la que el robot está de acuerdo.

De tal forma este peculiar dúo dinámico se enfrenta a un mundo que va desapareciendo y está siendo sustituido por otro diferente. Aunque la situación, saben todos, no es sostenible. Frank proyecta su visión de las cosas sobre el robot, el cual, siguiendo fielmente su programación, la devuelve como si fuese un espejo, pero la aventura tiene que acabar en algún momento.

Y ya está. Con eso se contenta la película, con establecer esa situación inicial. En ese aspecto la encontré extrañamente poco dedicada a su idea inicial, como si al haberla establecido ya hubiese perdido todo el interés. Hay algunas comparaciones entre el deterioro de la memoria de Frank y la propia memoria electrónica del robot, pero no van muy lejos. Se nos plantea algún giro argumental que supuestamente es sorprendente, pero que tampoco añade demasiado. Y los hijos de Frank son pocos más que objetos que sirven para destacar éste o aquel elemento de la trama.

Pero tampoco hay mucho más. Parece estar intentando hacer un comentario sobre nuestra relación con la tecnología y también sobre la memoria como nuestro ancla en el mundo. Pero en ambos casos el tratamiento es muy apagado, como si la película tampoco tuviese ganas. Al final, el truco de introducir el robot se convierte sobre todo en eso, en un truco.

Eso sí, admito que eso de dejar claro que el robot es una máquina es algo que muy pocas películas se atreven a hacer (casi todas convierten a los robots en seres humanos un poco raros). Con eso ya se sitúa en el terreno de lo interesante.

Categoría: Silva

Pedro Jorge Romero

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