Sin Chris Marker

por Pedro Jorge Romero el 31/07/2012

El año pasado, comentando un libro sobre su figura, dije de Chris Marker (el gran artista que falleció ayer tras cumplir los 91 años y que jamás hizo nada por desmentir el mito de que había nacido en Ulán Bator. Porque, francamente, si alguien dijese de ti que habías nacido en Ulán Bator, ¿querrías corregirle?) “Si admiro a alguien, admiro a Chris Marker”. Declaración que hizo que algunos amigos se mostrasen confundidos, porque resultó ser menos clara de lo que yo pretendía. Pero su sentido, al menos para mí, es harto simple: tiendo a no admirar a la gente que no conozco —entre otras cosas, porque somos todos humanos y por tanto falibles, aunque la distancia difumine las imágenes—, pero si admirase a alguien desde la distancia y sin posibilidad de conocerle, ese alguien sería Chris Marker. No tanto por las cosas que hizo —por ejemplo, algunas de sus posiciones políticas, desde la perspectiva del presente, me resulta terriblemente ingenuas— sino más bien por cómo las hizo. Incluso dentro de sus ensayos filmados más de propaganda, como es el caso de La sixième face du pentagone, hay imágenes que matizan, aclaran, subvierten o ejemplifican las ideas que defendía. En cierta forma, la obra de Chris Marker descree de sí misma.

Pero admiro, sobre todo, su capacidad para interesarse por lo nuevo, para enfrentarse a retos a una edad a la que otras personas están llorando los tiempos pasados. No sólo conservó la capacidad para el incisivo e irónico comentario político, Chats perchés, sino que se atrevió con nuevas tecnologías, como cuando se puso a hacer un CD-ROM o aprovechó las nuevas cámaras para lanzarse a las calles de París o para componer ese ensayo sobre la memoria que es Sin sol. Y por lo que sé de él, habiéndole seguido en la distancia, fue así hasta el final.

Y también, por cierto, creo una de las grandes películas de ciencia ficción. Con un presupuesto inexistente, en blanco y negro, de menos de media hora de duración, compuesta exclusivamente por imágenes fijas excepto un sorprendente y momentáneo uso del movimiento, es un análisis del lugar del individuo dentro del flujo inexorable del tiempo, agitándose sobre las aguas del devenir entre el más absoluto determinismo y la capacidad fundamental de elegir:

La Jetée

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