The Myth of Lost, de Marc Oromaner

El domingo 21, a las 11, doy en el EBE 10 una charla titulada «¿Hay vida después de LOST?”. Preparándola, he decidido que la charla debía tener extras. Y este es el segundo. También estuve considerando la posibilidad de dar la charla tocando el violín, aunque en ese caso me enfrentaría al problema de que no sé tocar el violín. Quizá el malabarismo con tres bolas sea mejor opción.

Es llamativo que un libro tan absolutamente equivocado como este puede resulta tan interesante y contener tantas buenas ideas. Está equivocado, simplemente, porque a pesar de su título, no habla principalmente del mito de Lost sino de la solución que el autor propuso para la serie basada en ese mito (lo que queda más claro en el subtítulo: “Solving the Mysteries and Understanding th Wisdom”). Por desgracia, la solución es totalmente errónea, pero el mito es importante. Y aunque el autor ha dicho posteriormente que la serie al final no se ajusta a ese mito, yo diría que en ese punto también se equivoca, porque más bien lo que sucede es que Lost resultó ser más sutil en su fidelidad a la mitología subyacente.

Pues eso: doblemente equivocado, porque la solución que propone no sólo no fue (por suerte) y porque tampoco parece reconocer todo lo bueno que él mismo tiene que decir.

Más tarde volveré sobre el mito y su relación con la serie. Por ahora, vamos a discutir la solución.

Básicamente el autor propone como naturaleza fundamental de la serie, y por tanto, lo que descubriríamos al final, que todo lo que la sucede en la isla es el resultado de un programa de realidad simulada. Es decir, los personajes están realmente encajados en una compleja maquinaria que les hace creer que han sobrevivido a un accidente de avión, que están atrapados en una isla desierta, que en esa isla hay gente que tiene una sociedad extraña, que hay un monstruo de humo y demás. La idea es que la isla virtual es una especie de terapia, que permite a los personajes superar sus problemas personales y luego abandonar la simulación. Lo cual sucede muriendo. Es decir, cuando un personaje está curado pues “muere” en la simulación y regresa al mundo real.

La solución es totalmente de ciencia ficción y además resuelve cualquier problema que uno pueda tener con la serie. Lo hace, por supuesto, negando que la “realidad” de la serie se refiera a algo que está sucediendo realmente. Es todo falso. Por desgracia, si lo que vemos es falso —excepto, en general, los flashbacks; aunque podrían no ser de todo precisos y algunos concretos podrían ser recuerdos implantados— ¿qué es real? Y, evidentemente, no sabiendo qué es real, tenemos libertad, dentro de esa solución, para inventar todo lo que nos apetezca. Pero, si podemos inventar todo lo que queramos para poder justificar la solución o dar por supuesto cualquier elemento que nos sea necesario, ¿qué distingue a esa solución de una puramente mágica con el problema añadido de negar la experiencia real de lo que sucede en la isla? Es decir, si en el mundo de la simulación lo que sucede en la isla es posible —porque en una simulación todo es posible— ¿qué nos impide afirmar que lo que sucede en la serie es real y simplemente se desarrolla en un mundo con magia y obtener así una solución que además sucede en la realidad? Vamos, ¿ganaría algo El señor de los anillos si afirmamos que realmente es una partida de un videojuego de realidad virtual? Supongo que mucha gente diría que no.

Y el problema fundamental es que una solución de realidad virtual es prima hermana de “todo fue un sueño” (curiosamente, el propio autor dice, en la página 67, que las soluciones “todo fue un sueño” son malas formas de resolver las historias). Y en última instancia, las soluciones de ese tipo son fundamentalmente insatisfactorias precisamente porque nos quitan lo que más deseamos en cualquier narración: la sensación de que las peripecias de los personajes han sido reales, que todo lo sucedido ha sucedido “de verdad”. Si al final te despiertas y nada fue, ¿qué has ganado? Creemos que la letra con sangre entra y si los personajes no han sufrido “realmente”, entonces lo que han aprendido no vale nada.

Hay ocasiones, sin embargo, es que esa solución funciona. O mejor dicho, hay formas de dar la vuelta a la realidad virtual y convertirla en un elemento interesante. Sin ir más lejos, Matrix es el ejemplo perfecto. ¿Cuál es la gracia de la película? Pues la gracia de la película radica en que la solución no es que viven en una realidad virtual, sino que la acción de la película empieza realmente cuando descubrimos que los personajes viven en una realidad virtual y salen de ella. La realidad virtual no es la solución, sino el punto de partida. También puede funcionar en mundos de ficción donde la continuidad es limitada o incluso nula, como en Los Simpson. Como sabemos que la serie se “reseteará” al final del episodio, el “todo fue un sueño” es fácil de aceptar porque en realidad ese es siempre el mecanismo de los episodios.

El autor, hay que reconocerlo, es muy valiente, porque escribió este libro cuando la serie había concluido su tercera temporada. Como bien dijeron los responsables, era imposible predecir el final de la serie en ese punto. Cualquier predicción con éxito debía esperar al final de la quinta temporada y el principio de la sexta (es decir, cuando nos encontramos con Jacob y el hombre vestido de negro y presenciamos el regreso de los perdidos a su momento temporal). Pero él ofrece su solución como posible alternativa, por si los guionistas se “desviaban” del mito y ofrecían otra. Si no te gustaba la solución final, siempre te quedaría la suya.

Pero por mucho que critique su solución —que me parece profundamente insatisfactoria y, lo peor, nada sorprendente— debo decir que este libro es extraordinario y debería ser de imprescindible lectura para cualquier seguidor fanático de la serie. La razón radica simplemente en que el autor comprende asombrosamente bien el corazón de la serie y entiende a sus protagonistas. Sus apreciaciones son certeras y es una lástima que no les dedicase más tiempo, prefiriendo concentrarse en su solución.

Básicamente, para el autor, la isla es un microcosmos del mundo —lo que está claro— que lo que sucede en la isla es básicamente lo que nos sucede a todos —claro también– y que en última instancia la serie va de que el mundo en el que vivimos es una ilusión, posición con la que puedo estar bastante de acuerdo. La vida es una ilusión, y para superarla debemos superar nuestros miedos y malos comportamientos para crecer como seres humanos. El mensaje último es, nos dice, “find yourself, and you will be free”. Que es justo lo que sucede al final.

También tiene mucho que decir sobre los personajes y de cómo encajan en un relato mitológico. Y los comprende tan bien que es capaz de hacer predicciones que quizá fuesen casuales pero que hoy en día suenan más que prescientes. Como por ejemplo, cuando dice que a Kate le sentaría genial tener un bebé. O que Sawyer se sacrificaría —aunque en la serie no muere— para salvar a Kate. O que Hurley sería clave para resolver los misterios.

También comenta que los verdaderos villanos de la serie no son los Otros (o el hombre vestido de negro, para los que vimos el resto) sino las versiones antiguas de los personajes, las personas que eran antes de llegar a la isla. Son a esas versiones de sí mismos a las que en última instancia deben enfrentarse. Son esas las personas a las que deben derrotar para crecer como seres humanos.

¿Qué salió mal?

Bien, creo que fue excesivamente literal en su interpretación del mundo como ilusión. Es decir, el mundo puede ser real, la isla puede existir, el monstruo de humo puede moverse por ahí tomando el té o lo que sea que hace cuando no mata gente, los Otros ser una panda de impresentables y aún así aceptar que hay un aspecto irreal. ¿Qué es ilusorio en este caso? Nuestra reacción ante el mundo. Tendemos a pensar que nuestros estados mentales se corresponde con la realidad, que nuestra interpretación de los hechos del mundo son el mundo. Los personajes de Lost viven presa de hechos del pasado —que los han convertido en seres fundamentalmente paranoicos— y de aspectos de su personalidad —reflejos infinitamente repetidos— que los controlan. Pero eso es todo ilusión, algo artificial construido por ellos mismos como reacción a ciertos hechos. Y precisamente su viaje por la serie consiste en destruir en esa imagen que tienen de sí mismos, en descubrirse como otros seres muy diferentes a los que creían ser. Digamos que el mito de Lost se parece mucho más a la interconexión fundamental de todas cosas expresada por Alan Watts en su The Book, que admite sin problemas un sustrato material, que a una realidad totalmente sintética.

No se trata de olvidar lo que uno fue, lo que sucedió. Se trata simplemente de recordarlo, pero sin que te condicione para actuar. Y visto así, la línea X en la sexta temporada sirve como recapitulación de toda la serie (de la misma forma que los dos últimos episodios la vuelven a recapitular). En la línea X los personajes viven una vida totalmente ilusoria (o al menos, no en el nivel nivel de realidad que la realidad de la serie; digamos que es ortogonal a la realidad que conocemos). Una vida ilusoria en la que deben recordar lo que vivieron para poder seguir adelante. Debe recordar y aceptar, no dejarse atar por lo que les sucedió. La línea X es metáfora del proceso de autodescubrimiento al que deben someterse todos los personajes para descubrir que la visión que tienen de las cosas y sus compulsiones más personales son los aspectos más radicalmente ilusorios del mundo.

Además, el autor no comprendió que a los responsables de Lost no les interesaba ofrecer una solución de ciencia ficción. De hecho, siempre que tuvieron la oportunidad obviaron cualquier explicación científica, hasta el punto de incluso rechazarlas fundamentalmente. Cuando Ben le pone a Locke el vídeo de los conejitos que viajan en el tiempo, lo hace como quien le pone dibujos animados a un niño, como un entretenimiento que en el esquema general de las cosas no tiene mayor importancia. Lo único que importa es que hay viaje en el tiempo; los detalles son prescindibles. Cualquier explicación, o la ausencia de la misma, vale igual.

Creo, por tanto, que simultáneamente no comprendió lo comprometidos que estaban los guionistas con una mitología (cuyo origen, por cierto, valdría la pena explorar), ni que tampoco era necesario tomársela literalmente (lo que, además, lleva a muchos problemas, obligándote a aceptar algunos detalles como verdaderos y falsos a la vez). Y sin embargo, equivocándose, acertó, porque fue capaz de reflexionar profundamente sobre la serie.

Por eso lo considero uno de los mejores libros sobre Lost que he leído. Al final, te fuerza a ver la serie con mayor claridad.

[50 libros] 2010

Categoría: Libros, Silva

Pedro Jorge Romero

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  • Diego 16 noviembre, 2010, 5:38 pm

    Hola, Jorge. Tenés idea si ese libro tiene edición en español? Porque a pesar de todo parece interesante. Igualmente creo que lo más interesante sobre Lost está por venir.
    Saludos.

  • Pedro Jorge Romero 16 noviembre, 2010, 5:45 pm

    Pues la verdad es que no lo sé. No creo, francamente, que lo hayan publicado.

  • Marc Oromaner 17 noviembre, 2010, 5:04 pm

    Hey Pedro–thanks for the review! Glad you liked the book overall and appreciate you sharing how you think it could’ve been even better. Unfortunately, I had to rely on a crude translation to understand your post, but would like to clarify a couple things that I hope were translated properly.

    Dream vs Simulation: Yes, they both fit the «life as illusion» myth but the difference is that in a dream, stuff just happens to you and you cannot consciously control your actions. For that reason, there is no learning, no way to make yourself better. In a simulated type world the growth you achieve stays with you in your outside reality. That is the big difference for me and why I compare it to the illusionary world I feel we all live in.

    Did LOST end up as a life as illusion myth? I’d say yes. I’m not sure what you were referring to when you said (unless it was a mistranslation) that the end of the series did not adjust to the myth, but I believe it did. As you mentioned, the sideways world turned out to be an illusion, and what mattered on the island was the experiences that the characters had. (Christian says that he was real and Jack was real at a time that they were both dead, so the implication is that alive or dead doesn’t matter, it’s your experience that is important and real).

    Anyway, thanks again for the post and if you’d like to share more about this, please do so on The Myth of Lost Facebook page! Thanks

    The Myth of Lost: http://www.facebook.com/TheMythofLOST