Hubo un tiempo en el que la web era libre. No en el sentido de que se podÃa hacer cualquier cosa -porque eso no fue y será todavÃa menos en el futuro- sino en el sentido de que era un terreno nuevo, abierto a la experimentación, donde todo surgÃa de la nada, sin que nadie supiese usarla de verdad. Fue una época en la que cada uno se construÃa el sitio web como podÃa, la época de los fondos, los gifs animados por todas partes, los cambios continuos de tipografÃa, el texto centrado, etc.
Pero esa época pasó. Pronto llegaron los diseñadores y las empresas (aliados en el dinero) e impusieron su uniformidad, su ordenación, su gusto (que al tratarse de gente con dinero es automáticamente “buen gusto”). Al no tener experiencia en la web, impusieron el papel como referencia y lanzaron jeremiadas contra las posibilidades que tenÃan los usuarios de elegir. Ahora todo es más o menos igual, todos los sitios se parecen, todo tiene un mismo estilo, los blogs –especialmente los comerciales- son casi indistinguibles. Peor aún, ahora hay un sitio para cada cosa, todo está ordenado, cómodamente limitado, controlado por las condiciones de uso. Hay un sitio para poner tus fotos, un sitio para tus vÃdeos… e incluso hay un sitio para ir a hablar con otras personas.
Digital Folklore celebra esa época de libertad y experimentación, cuando la web era realmente de los usuarios porque no interesaba a nadie más. Fue una época en la que los usuarios realmente usaban el medio para expresarse, sin tener que recurrir a que sus acciones fuesen debidamente sancionadas por un sitio en concreto. Y fue una época que dio una ingente cantidad de material, habitualmente despreciado, que sin embargo es importante y forma parte del uso popular de una tecnologÃa, y por tanto merece atención y reconocimiento. Es, precisamente, el folklore digital al que hace referencia el tÃtulo. Una época:
To be blunt it was bright, rich, personal, slow and under construction. It was a web o sudden connections and personal links. Pages were built on the edge of tomorrow, full of hope for a faster connection and a more powerful computer. One could say it was the web of amateurs soon to be washed away by dot.com ambitions, professional authoring tools and guidelines designed by usability experts.
En la páginas del libro hay ensayos sobre gifs animados, gráficos de en construcción, frames, midi, los peligros de la nube, wrml, un ataque contra la obsesión de los diseñadores por las fuentes instalables, lolcats, el peligro para la individualidad de las redes sociales, la cultura viral, una apasionada defensa de Comic Sans (como una fuente revolucionaria que enfrenta a la persona normal contra el diseñador), un repaso al arte con el medio digital y finalmente una divertida exploración de un naufragio en la isla escritorio. Todo tremendamente divertido y apasionado. Una lectura fascinante, necesaria y arrebatadora, que te hace pensar si con tantas mejoras no habremos perdido algo importante. De ahà el subtÃtulo: “To computer users, with love and respect”.
Queda todavÃa un detalle adicional del libro. Está maquetado siguiendo el mismo espÃritu amateur del que habla. Hay páginas de color amarillo y azul. Hay páginas horizontales. Hay párrafos que cambian de tipo de letra, que se mueven por la página. Hay flechas que te redireccionan de un lado a otro. Hay ilustraciones horrorosas por todas partes y algunas que lo son tantos que resultan atractivas. ¿Qué mejor forma de defender algo que aceptarlo?
Aunque la verdad, el libro es menos pesimista de lo que he dado a entender. Después de todo, algunas de las actividades que describe son recientes y dan pie a la esperanza. La facilidad con la que algunos elementos icónicos se convierten en meme o el retorno de los gifs animados demuestran que el ingenio popular sigue bien vivo. Debemos recordar que, cuando puede, el pueblo tiene la manÃa de seguir su propio camino.


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