Los Libros de Cristal de los Devoradores de Sueños de Gordon Dahlquist

En una ciudad innominada, pero fácilmente asimilable a una determinada gran urbe del SXIX, la señorita Temple (Celeste para sus amigos y unos cuantos enelibrosdecristalmigos íntimos) es una joven y rica heredera con propiedades en las Antillas a la que su prometido, un prometedor joven burócrata del Ministerio, acaba de dejar plantada. La señorita Temple, siendo de naturaleza más bien díscola, en vez de consolarse en tomar el té en buena compañía como hacen las damitas de alcurnia en las novelas de Jane Austen, decide investigar las actividades de su antiguo prometido para averiguar qué ha motivado tal cambio de parecer. Empecinada en llegar hasta al fondo del asunto, acudirá a una memorable velada de la alta sociedad en la que la disipación moral y sexual es sólo una tapadera de algo mucho más siniestro.
Por otro lado, el Cardenal Chang; que ni es clérigo ni chino, pero sí un asesino dotado de una cierta ética y sentido de la estética; acaba de sufrir un curioso revés en su último encargo: su víctima se ha muerto por su cuenta. Espoleado por la curiosidad, por las implicaciones amenazadoras de las palabras de sus empleadores y por un encuentro fortuito a altas horas de la noche con una jovencita ensangrentada, intentará dilucidar una misteriosa trama de alta sociedad (territorio vedado a alguien de clase tan baja como él), conspiraciones, conjuras y luchas por el poder.
Y por otro lado más, el honorable doctor Svenson, medico de la casa real de un ducado alemán, intentará defender a su paciente (Su Excelencia el muy tarambana y calavera Príncipe de Macklenburg) de sus propios vicios y de las nefandas actividades de un grupo de personas para las que el susodicho príncipe es un peón en un juego siniestro de poder, política y control de masas. Y si para ello el viejo oficial de la marina tiene que empuñar las armas, pues que así sea. Eso, sí, siempre que no haya que subir muy alto para hacerlo.
Y en la oposición, otra serie de personajes igualmente memorables, como la sensual y mortífera condesa Rosamonde, como esa impagable combinación de Gustav Klimt y conde Fosco que es el conde D’Orkancz (alquimista, artista, sensualista y pervertido de tomo y lomo) o como el brutal Xonck, aparte de una galería de villanos secundarios capaces de nutrir varias decenas de novelas menos ambiciosas que esta.
La manera más peregrina que se me ocurre de definir este libro es que sería algo así como Los Tres Impostores de Arthur Machen contra la Iglesia de la Cienciología. Los Libros de Cristal de los Devoradores de Sueños es simplemente una delicia de lectura, uno de esos libros que nos recuerdan en qué consiste el placer de leer por leer. Es un folletín rocambolesco de aventuras que usa con astucia y genialidad todos los trucos del género: la agnición y la ausencia de agnición, las tramas separadas que se cruzan y separan, la vuelta de tuerca, las revelaciones de último momento, las alianzas momentáneas entre enemigos jurados y los duelos de ingenio desesperados. Aparte de eso, Los Libros de Cristal de los Devoradores de Sueños es también es una novela steampunk con todas las de la ley, una fantasía racionalista oscura, un culebrón gótico y un experimento decadentista que aturde, atrapa y emociona.
Vamos, una lectura absorbente y más que satisfactoria.

Publicado originalmente en Bem On Line

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Categoría: Reseñas

Xavier Riesco Riquelme

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