Hace poco, charlando con eduo, recordé este texto, que escribà hace unos ocho años, a principios del 2000 y lo publiqué en El archivo de Nessus. Va sobre cómo percibimos el futuro y el presente. Es un tendencia humana pensar que el mundo era perfecto cuando tenÃamos quince años y que no ha hecho más que empeorar desde entonces. Por otra parte, la ciencia ficción nos ha hecho un daño enorme haciéndonos creer que sus fantasÃas –viajar a las estrellas y colonizar la galaxia- iban a convertirse en realidad. No es asÃ, y me alegro, la verdad. La ciencia ficción es pura ficción y asà debe ser.
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El futuro ya no es lo que era
Llevo más de un mes del nuevo año, y todavÃa no me he acostumbrado del todo a vivir en el año 2000. En parte, es un efecto de las expectativas creadas sobre ese año. Durante mucho tiempo, el año 2000 fue el futuro, incluso cuando se acercaba inexorablemente. Hace treinta años, hablar del 2000 era casi hablar de un remoto tiempo tan lejano e irreal como el paÃs de Oz. En el año 2000 todo iba a ser diferente: habrÃa coches voladores, la gente no trabajarÃa, todos serÃamos más felices y más guapos, harÃamos vacaciones en la Luna y quizá nos plantearÃamos ir a Marte. O peor, en el año 2000 la civilización humana habrÃa quedado destruida en un desastre nuclear, con el mundo futuro recorrido por mutantes y nuevas y alucinatorias especies.
¿Qué pasó con el futuro?
Pues es muy sencillo: al igual que el sueño americano, se hizo realidad.
Y resultó, como era previsible, ser completamente diferente.
Pues, evidentemente, no es el futuro predicho por incontables relatos de ciencia ficción, sino el futuro real, el múltiple, inconexo, variado y extraordinario mundo producto de incontables influencias. Un futuro que no tiene nada que envidiar a cualquier futuro de ciencia ficción, y que en muchos aspectos es claramente superior, especialmente, por toda su riqueza de detalles y matices.
Si no me creen, miren a su alrededor. O, mejor, revisen su propia experiencia personal. Hace unos años, en el lejano 1992, hablaba con un amigo sobre el modelo ideal para una revista electrónica. En aquel tiempo remoto, una revista asà era un programa especial que se distribuÃa a aquellas personas que quisiesen leerlo. TenÃa muchas de las mismas limitaciones de una revista en papel. Una vez editada, no podÃa cambiarse, era necesario distribuirla, y por supuesto, no era posible leerla en cualquier ordenador, sino en una máquina concreta que cumpliese los requisitos concretos del programa. Concluimos, con ojos soñadores, que lo ideal serÃa tener un servidor remoto, al que la gente pudiese conectarse cuando quisiese y disponer asà de una revista continuamente actualizada, con todos los números anteriores disponibles y de forma gratuita. El mayor obstáculo que veÃamos, era que la gente siempre ha sido reacia a conectarse por teléfono.
Qué ingenuos, ¿verdad?

photo credit: Karl Palutke
Hoy, por supuesto, usted está leyendo esto en la red. Este texto no tiene, y previsiblemente no tendrá nunca, versión en papel. Todo El archivo de Nessus no es más que una revista electrónica que se actualiza periódicamente (y si no lo hace diariamente es porque su administrador, yo, tiene demasiado trabajo en la realidad real) y si mañana decido alterar este texto, esa versión estará inmediatamente disponible y será la “oficial”. Sigue teniéndose la limitación de un ordenador, pero pronto se podrá acceder a Internet con gran número de dispositivos y en cualquier lugar. Y quizá en un futuro no tan lejano, el papel electrónico permite cumplir el sueño de tener una revista continuamente actualizada, con gran resolución y que uno pueda llevarse al baño. Y cuando hablo de revista incluyo, evidentemente, cualquier otro tipo de texto o información.
Otros ejemplos abundan. El teléfono móvil, la televisión por satélite, coches en Marte, viajes de exploración a los cometas…
Y este mundo puede sorprender incluso a los más sabidos. El biólogo Lee M. Silver, experto en genética y evolución, comenta en su libro Remaking Eden que casi con toda unanimidad el 22 de febrero de 1997 él y sus colegas hubiesen afirmado que clonar un mamÃfero a partir de la célula de un ejemplar adulto era algo imposible. El 23 de febrero, en una fecha que vivirá para la historia, se anunció la existencia de la oveja Dolly.
Entonces, ¿por qué no hay sensación de vivir en el futuro?
Creo, que simplemente lo que nos pasa es que somos las personas que leemos el periódico. Imagine cualquier novela de ciencia ficción con una extraordinaria descripción del mundo futuro. Pero no piense en el héroe o la heroÃna, en la persona que va a vivir las aventuras. Piense en las personas normales de 2001, una odisea del espacio. Póngase en el lugar de una de ellas: abre el periódico una mañana y lee, “Descubierta anomalÃa magnética en la Luna. Posible artefacto extraterrestre”. Gran noticia, cierto, pero, ¿a cuánto está hoy la gasolina? ¿Cómo afectará al tipo de interés de la hipoteca? ¿Qué trastada habrá hecho hoy el crÃo en el colegio?
Pues eso, nosotros somos esas personas. Como la vida no es una novela, somos un conjunto de personas que leen el periódico. SÃ, cada dÃa nos asaltan noticias importantes de grandes avances y descubrimiento asombros que deberÃan obligarnos a replantearnos nuestro lugar en el universo, pero se pierden en el mar de noticias y problemas más mundanos.
Es eso, y nada más, lo que nos impide apreciar nuestro mundo. Ni maravilloso ni terrible, ni utopÃa ni antiutopÃa, simplemente humano, extraño, complejo y sorprendente. Lleno de miserias y alegrÃas. Repleto de grandes descubrimientos y también acosado por futuro desastres. Un futuro que estaba más allá de la imaginación de cualquier escritor de ciencia ficción. Y quizá únicamente deberÃamos aprender la lección del género y mirar a nuestro mundo como lo que es: el extraordinario mundo del futuro del año 2000.
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Una nota final. No sólo creo que vivimos en el futuro, también creo que vivimos en el Renacimiento. Pero eso queda para otro momento.


{ 5 comentarios }
La visión que tenÃan los escritores de ciencia ficción de hace unos años era como el steampunk, una proyección de la tecnologÃa de la época, que no tenÃa más posibilidad de hacerse realidad que el Columbia de Julio Verne y menos en los plazos optimistas sugeridos por la carrera espacial, que en un cuarto de siglo llevó de la V2 al Saturno V, por cierto bajo la dirección del mismo tipo. Eso no significa que no vaya a haber más carreras espaciales cuando haya alicientes y tecnologÃa.
Me gustó y me pareció acertadÃsimo ese texto cuando lo leà en BEM por primera vez, y me lo sigue pareciendo y me sigue gustando ahora.
Gracias
Si ya lo decÃan los de Muchachada Nui
Hola. Por alguna razón que no recuerdo hace algunos dÃas llegué a tu blog, y este texto me ha llamado mucho la atención. Voy a ponerlo en mi blog, gracias por darlo a conocer a aquellos que, como yo, nunca lo habÃamos leÃdo.
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