Territorios inexplorados: una entrevista con Connie Willis (V)

Entrevista con Connie Willis realizada en Glasgow (1995). Publicada originalmente en BEM 49. La recupero aquí dividida en siete partes.

PJR: En ocasiones haces uso de la comedia alocada al estilo de La fiera de mi niña.

CW: Las comedias alocadas son mis preferidas porque son sofisticadas e ingeniosas, pero también porque hay mucho afecto y la gente que sale en ella es muy inteligente. En la mayoría de las comedias románticas tienes a una persona que representa la cordura y a su alrededor un montón de gente loca. En la continuación de El libro del día del juicio final, mi héroe, Ned, será la persona cuerda que tendrá que lidiar con la vieja loca que quiere reconstruir la catedral, una familia entera de victorianos locos y mi heroína que está decidida a hacer un montón de cosas que mi héroe no quiere hacer.

PJR: Hay algo interesante en lo que acabas de decir: muchas comedias, sobre todo en el cine, sólo funcionan porque los personajes son estúpidos. Pero tus relatos de humor funcionan porque los personajes son inteligentes pero hay algo que les controlan y de lo que no pueden librarse.

CW: Exactamente. No son libres, están en circunstancias más allá de su control. En El libro del día del juicio final, la parte de Dunworthy es una comedia porque básicamente se enfrenta a obstáculos: sabe exactamente lo que quiere hacer, rescatar a Kivrin, y si pudiese hacerlo se portaría como un héroe, pero se encuentra en una situación en la que le bloquean continuamente.

PJR: Se tiene que preocupar del papel higiénico.

CW: Del papel higiénico, de la señora Gaddson, de toda la gente del colegio, de los campaneros, etc. Y creo que más o menos así es nuestra vida ordinaria: todo un conjunto de frustraciones que no nos dejan hacer aquello que queremos realmente.

PJR: Me gusta tu visión del fin del mundo en «The Last of the Winnebagos». El fin del mundo llega poco a poco, y sucede un poco cada día, como si fuese una larga puesta de sol.

CW: Crecí con mi abuela y murió hace tres años a los 90. Y supe con ella lo que era morirse por centímetros: primero pierdes a una persona, luego a esta otra, luego tu gato favorito. Y de pronto ya no hay autocines, que te encantaban. Y de pronto la política ha cambiado, el lenguaje ha cambiado, la moda ha cambiado. Todo lo maravilloso de tu vida lo vas perdiendo poco a poco.

Nunca escribo historias sobre la inmortalidad. Es un tema importante en la ciencia ficción, mucha gente escribe sobre la posibilidad de vivir para siempre. Yo no quiero hacerlo, porque creo que poco a poco te conviertes en un extranjero en tu mundo, porque cambia a tu alrededor y pierdes todo lo que te importaba.

Lo peor es la pérdida de esos elementos que hacen tu vida especial. Me encantan los perros; tengo un buldog. Son lo mejores perros del mundo. También tengo un gato, pero los gatos son malévolos y ruines. Los gatos saben cuidarse solos, mientras que los perros están más indefensos y son más dependientes. En mi nuevo libro aparece un buldog y un gato malvado, y el gato es el responsable de mucho de lo que sucede en el libro: intenta destruir el continuo espaciotemporal, algo que un gato haría. Pero adoro a mis animales, y creo que sería terrible perderlos.

El perro de «The Last of the Winnebagos» se llama Aberfan, un nombre que no creía que la gente reconociese. Aberfan es un pueblo minero. A mediados de este siglo un desprendimiento de carbón arrasó la escuela. No murió nadie del pueblo excepto todos los escolares. Pensé que ese era un fin del mundo particularmente terrible. Los negocios no se pararon, no hubo problemas con las casas y en cierta forma podías seguir con tu vida normal, pero todo lo que amabas había muerto.

PJR: De pronto ya no había futuro.

CW: Eso, de pronto ya no había futuro. Creo que cuando perdemos aquello que queremos perdemos el futuro.

Muchas historias sobre el fin del mundo son historias de supervivencia, historias de Robinson Crusoe: cómo se busca comida, cómo se busca agua, cómo evitas que te maten. Pero para mí, una historia sobre el fin del mundo no debería ser sobre la supervivencia, debería trata sobre la tristeza y sobre como aceptas que todas esas cosas han desaparecido.

Categoría: Silva

Pedro Jorge Romero

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