#8 Poetas chinos de la dinastía Tang (618-907)

La civilización china es una de las más fascinantes creaciones del espíritu humano. Todo en ella es descomunal y da la impresión de que a largo de su historia los chinos han sido incapaces de hacer nada a pequeña escala. En China, todo es vasto, toda cifra tiende al infinito, todas las extensiones son enormes, ya sea en el espacio o en el tiempo.

Por ejemplo, en la introducción de este libro se habla de la capital del imperio durante la dinastía Tang:

La capital del Imperio, Chang’an, albergaba a más de un millón de habitantes y fue, sin duda, la ciudad mayor de la época. Las oficinas de la Administración Central ocupaban un espacio amurallado de 4,5 Km., y albergaba cuatro organismos principales, (Asuntos de estado, Cancillería Imperial, Secretariado Imperial y Consejo de Estado) de los que dependían absolutamente todas las decisiones y reglamentaciones.

A continuación se comenta que cuando les dio por cargarse templo budistas, destruyeron 44.600 de ellos sólo en la ciudad. Y cuando en el siglo XVIII les dio por recopilar la poesía Tang, reunieron 48.900 poemas de 2.200 autores. Aún así, se calcula que no es más que un diez por ciento de todo lo escrito en la época.

En semejante mundo, de vastas distancias y medios de transporte lentos cuando existían, separase de un amigo era casi admitir que no se le volvería a ver. De eso van muchos de los poemas. Y también de la alegría del reencuentro, cuando se produce, y del disfrute del vino. Como en los autores confluyen tres tradiciones filosóficas diferentes -Taoísmo, Budismo y Confucionismo- las aproximaciones son diferentes pero también muy cercanas. El deleite de la naturaleza, la fascinación por el crepúsculo y la vida que se acaba, los deseos de convertirse en ermitaño y pasar los últimos años alejados del mundo. También mucha denuncia social, cosa que me sorprendió, y también algunos alegatos en contra de la guerra.

Dejan una sensación de agradable ligereza, de haber sido escritos con toda tranquilidad. Muy probablemente, teniendo en cuenta las vidas que llevaron algunos de esos poetas, no fuese así. Pero dejan esa impresión, que quizá fuese lo que querían transmitir. Es imposible hacer una idea de cómo sonarían en chino, dada las grandes diferencias fonéticas de esa lengua con el español, y las batallas que los autores entablaron con su lengua, pero se aprecia esa visión filosófica, esa capacidad para la pompa imperial y simultáneamente para lo más fundamental de la existencia.

De la contraportada:

Los años que la Dinastía Tang (618-906) estuvo en el poder están considerados como la Edad de Oro de la poesía china, tanto por el extraordinario número de excelentes poetas, como por la increíble cantidad de poemas que en aquellos años se llegaron a publicar.

Los nombres de Li Po, Wang Wei, Tu Fu o Bai Chüyi son suficientes como para considerar estos años como poéticamente inigualables.

Categoría: Silva

Pedro Jorge Romero

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  • Ricard 30 enero, 2005, 4:19 pm

    Uhmmm…. También fueron los creadores de los Bonsais (eso si, les gustaban más grandes).

  • guisante 1 febrero, 2005, 1:20 am

    Recomiendo vivamente «Un viaje al oeste» (las aventuras del rey mono).

    Un potaje alucinante en que se mezclan budismo, confucianismo y taoísmo a partes iguales junto con el folklore chino tradicional.

    A parte de entender mucho mejor los entresijos filosóficos de Son Goku, seguramente disfrutarás con los panteones de espíritus-burócratas que plagan todo el libro.

    Eso sí, va a hacer polvo tus estadísticas de lecturas anuales (true mamotreto)

  • Pedro 1 febrero, 2005, 1:53 am

    Sí, es un libro interesante. Había leído una parte en inglés hace unos años y ahora tengo la edición española. Lo voy leyendo muy despacio alternándolo con otras cosas 🙂

  • guisante 1 febrero, 2005, 2:22 am

    yo igual (cualquiera se lo acaba del tirón) Va muy bien para ‘desintoxicar’ de otro tipo de lecturas.

    En mi opinión (de diletante total) lo más refrescante es la diferencia radical entre sus planteamientos religiosos y los «nuestros»; La falta de una salvación post-mortem, el caracter eminentemente práctico de las doctrinas… cualquier religión monoteista resulta simplista e infantil en comparación.

  • Pedro 1 febrero, 2005, 4:24 am

    Sí, exactamente esas son las cosas que me gustan de esas literatura (más aún en un clásico como este): las diferencias culturales en muchos órdenes de la existencia. Para desintoxicar, como dices bien.

  • Laura 5 junio, 2005, 7:25 pm

    no tiene sentido