Domingo en Madrid

Vaya por delante: mi concepto de Madrid ha cambiado totalmente. Aparentemente, en mis viajes anteriores me había visto confinado a la Gran Vía y aledaños, con lo que me imagen de la ciudad había quedado dramáticamente distorsionada. Por suerte, en esta ocasión he tenido mejor guía y me han mostrado sitios que te dan ganas de vivir en Madrid… si pudiese permitírmelo, claro. Ahora, mi opinión de Madrid es la de una ciudad razonablemente grande y cosmopolita, llena de museos y pequeñas sorpresas interesantes. Y encima, tienen un tiempo que sabe decidirse: cuando hace calor, hace calor, como debe ser.

El domingo empezó en un Crisol, mirando libros. Dos observaciones. Tienen una amplia sección de filosofía lo que permitió que cayese el libro La habilidad ética de Francisco Varela, un intento de elaborar una «ética adecuada -laica y no normativa- basada en la actual percepción de que no existe un yo estable o transcendental». Segundo, tienen una sección de ciencias ridículamente pequeña en la que además te encuentras varios libros de ocultismo y demás: tendría más sentido encontrarse con un libro de mecánica en la sección de informática. Por suerte tienen novelas en inglés, así que también pillamos The years of rice and salt de Kim Stanley Robinson. Lo han sacado hace poco en español, pero si te lo compras en vo te ahorras además 10 euros (la otra ventaja es obvia).

La siguiente parada fue la Fundación Juan March que tenía una exposición intitulada: «Espíritu de modernidad: de Goya a Giacometti». La exposición muy interesante. En particular me gustó mucho algunas cosas de Klee, Degas, Klimt y Grosz. De este último me enamoré de una llamada «Canción alemana y vino alemán». Vendían lámina que reproducían algunas obras, pero precisamente la que me gustaba no la tenían. Me «conformé» con una lámina de un volcán de Degas, que resulta ser el Vesubio (¿por qué me gustan los volcanes?).

A las tres fuimos a comer al restaurante Robata (C/ de la Reina, 31). Tomamos, por supuesto, sushi:

Tempura:

Y un par de deliciosas exquisiteces. Tartar de atún:

Y tallarines fríos sobre hielo. Sé que suena raro, pero estaban muy ricos:

Creo que la cerveza Asahi no la había probado nunca:

Por cierto, el restaurante tenía una fuente muy bonito en la entrada:

Y como el resto de la tarde lo invertimos en pasear, nos quedó incluso tiempo de ver otra exposición más: «Analogías musicales. Kandinsky y sus contemporáneos«. El asunto es que pasábamos por delante del Thyssen-Bornemisza (que manía les ha dado a las páginas de los museos con el flash) y no había cola (luego descubrimos que toda la cola estaba en el Prado para ver a Vermeer). Una exposición con cosas muy interesantes y una serie de temas -polifonía pictórica, variaciones, modulación…- que exploraban la relación entre música y pintura. Me impresionaron especialmente Kupka (que no conocía), Jawlensky (ditto) y la representación de futuristas y dadaístas. Por dos euros te daban una especie de móvil muy grande. Junto a algunos cuadros había un número que tecleabas en el móvil y podía escuchar la música supuestamente relacionada con el cuadro y una explicación: muy bien para gente como yo sorda a la música y ciega a la pintura.

El resto del tiempo, antes de ir al aeropuerto, lo invertimos en ir al Jardín Botánico y al Retiro. Supongo que si uno quiere visitar otros jardines botánicos debería en primer lugar abstenerse de visitar Kew Gardens. Al llegar a, digamos, los 92 años, podría uno plantearse: «Ya no debe quedarme mucho por vivir y he visto tantos jardines que creo estar listo para visitar Kew», luego a morir tranquilo. En cuanto al Retiro, pues estaba tomado por futboleros sin camisa a los que sólo les importaba darle bien a la pelota sin que importase la gente que intentaba pasar por allí. En cuanto al estanque… mejor no lo comento.

Por cierto, en las grandes ciudades del mundo te indican dónde están las cosas. Madrid es diferente. Madrid es una gran ciudad en la que te indican dónde estuvieron las cosas:

En el aeropuerto nos encontramos con varias personas que viven en nuestra misma urbanización, aquí en Santiago. Parece que Barajas es una especie de enorme punto de encuentro. Todo el mundo pasa por ese aeropuerto. De hecho, podrías quedarte allí esperando y ver como pasa el cadáver de tu enemigo en avión.

A nuestra llegada descubrimos que Santiago llovía. Qué raro. Probablemente fuese por que estábamos en un día de la semana.

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p class=»media»>[Estoy escuchando: Blue Train de John Coltrane en el disco Blue Train (10:43)]

Categoría: Silva

Pedro Jorge Romero

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