El programa

Como ya sabrán los que me siguen habitualmente, el viernes estuve en Barcelona para grabar el programa Redes, al que me habían invitado. En realidad, llegué a Barcelona el día anterior, jueves. Al día siguiente, a las nueve en punto, tenía un coche en la puerta del hotel esperándome para llevarme al estudio.

Según me contaron, normalmente graban dos programas de Redes uno tras otro. Pero esa mañana sólo iban a hacer uno, por tanto, todo iba un poco más relajado. Te reciben en la puerta y te llevan a maquillaje, donde alguien con mucho talento -se necesita- va recorriendo tu cara intentando corregir y eliminar los defectos. Yo, la verdad, es que me encontré muy guapo y a punto estuve de irme del estudio con el maquillaje puesto. Pero claro, ya llevaba un traje puesto -para una vez que salgo en la tele quería quedar guapo- y hubiese dado el cante un poco corriendo por la playa de Cubelles con maquillaje y todo. Por cierto, aquí estoy:

Si no les parezco demasiado guapo, deberían verme sin maquillaje y recién levantado.

A continuación me llevaron a la sala de invitados, donde progresivamente fueron apareciendo Pere Estupinyà, encargado de la coordinación de los invitados:

luego Susana Pinar, la editoria científica (quien, por cierto, entró leyendo The Seven Daughters of Eve):

y por fin las estrellas: Eduardo Punset y Miquel Barceló, el otro invitado.

El punto de partida del programa, voy a explicarlo, era el libro The Science of Harry Potter, de Roger Highfield, un libro de divulgación, al estilo de The Science of Discworld, que partiendo del mundo mágico de Harry Potter se adentra por los caminos de la ciencia y del punto en que la ciencia empieza a parecer mágica. En particular, el libro está dividido en dos partes: en la primera trata de temas más bien científicos, y en la segunda -muy buena- habla ya del origen de la superstición y del pensamiento mágico, poniendo especial énfasis en el papel del cerebro en la generación de esas ideas. Digo que era el punto de partida del programa porque en realidad, durante unos minutos de charla preparando el programa, empezaron a salir tantos temas que al final se habló de otras cosas, todavía relacionadas con la magia y la superstición, pero también del cerebro y de la realidad objetiva de las leyes físicas.

De hecho, yo iba en mi papel de físico -no ejerciente- pero acabé hablando precisamente del cerebro y de evolución. De hecho, creo que en un momento dado negué la existencia de la realidad objetiva. O quizá fuese al revés. Ya no me acuerdo.

En cualquier caso, luego bajamos al plató:

Obsérvese la cantidad de focos que cuelgan del techo. Están sostenidos por larguísimos brazos telescópicos que permiten manipularlos. Una de las cosas que más me impactó fue comprobar la cantidad de gente que hace falta para realizar un programa de televisión. Uno siempre asume que las demás actividades son más simples de lo que son en realidad, hasta que te topas de bruces con ellas y comprendes, una vez más, que el mundo es un lugar muy complejo.

Sentados en la mesa del estudio tuvimos más tiempos para hablar, mientras los técnicos reparaban el cañón de luz que proyecta un círculo azul en el centro de la mesa. Nos ajustaron los micrófonos, nos retocaron el maquillaje y aprovechamos la oportunidad para hablar de lo humano y lo divino. Punset, a quien no conocía, me dejó la impresión de ser un hombre muy al día con gran interés por los avances de la biología, el conocimiento del cerebro y la naturaleza del conocimiento científico. Me impresionó cuando improvisó la introducción del programa allí mismo, orientándose por la charla que habíamos tenido. En otro momento, le cité a Dennett y él me lo contracitó. Genial.

Una vez todo estuvo listo, comenzamos el programa viendo un vídeo de la entrevista con Highfield con la que dará comienzo el programa. Básicamente resumió los puntos más importantes del libro, de la segunda parte, y fue muy divertida. Es de esas entrevistas que te hacen ir corriendo a Amazon.co.uk a comprarte el libro (que fue, por cierto, lo que yo hice cuando me invitaron al programa).

Después empezó nuestra charla y en eso estábamos cuando se oyó un petardazo. Levanté la vista y vi como el cañón del punto azul echaba humo. Decidieron interrumpir la grabación mientras lo arreglaban, momento que yo aproveché para ir al baño. Me acompañaron, porque los espacios que rodean a los estudios son verdaderos laberintos y me hubiese sido imposible encontrar el camino de vuelta. Eso contando con que me hubiese sido posible encontrar el baño.

Cuando regresé al plató me llevé un susto. Estaban repasando la grabación y me oí hablar. Por poco me da un ataque en el quicio de la puerta. Odio mi voz cuando está grabada. La verdad es que no sé qué hubiesen hecho los pobres en ese caso: primero les falla un cañón y luego se les muere un invitado.

Pero no morí. Seguimos grabando, recorriendo los temas de la superstición, dónde empieza la ciencia y comienza la magia, por qué persiste el pensamiento mágico, el origen de las supersticiones, la naturaleza de la realidad, el mayor avance del siglo, etc., etc. Suena a mucho, pero en realidad da apenas tiempo de tocar los puntos y hacer algún comentario. Luego, cuando sales, se te ocurren otras muchas cosas que podrías haber dicho.

Pues en eso estaba, cuando el mismo cañón volvió a fallar. ¡Por tercera vez! Se puso a echar humo como un condenado. Llegamos a la conclusión de que había alguna influencia mágica, y ya no se molestaron en repararlo. Seguimos el programa sin punto azul sobre la mesa.

Después del programa, nada, a desmaquillarse -¡qué pena!- y regresar a Barcelona. Yo pedí que me dejasen en el Fnac de l’Lilla. Antes, sin embargo, tuve tiempo de proponer un programa alrededor del libro Smart Mobs y las bitácoras. También aproveché para mostrar mi bitácora usando el Nokia 3650 y por supuesto Pere comprobó de inmediato si enlazaba o no la página del programa.

En general, debo decir que la experiencia fue extremadamente agradable. Todos fueron muy amables y el trato muy relajante. En particular, encontré especialmente placentero hablar de temas científicos y filosóficos con dos personas tan valiosas. Me encantó. Sólo lamento que la charla fuese tan breve, apenas 30 minutos con un vídeo de 5 minutos en medio. Horas me hubiese quedado allí. Agradezco la oportunidad a todos los implicados y también a Gemma Ruíz y Magda Carrera que fueron las que gestionaron el viaje y el hotel.

Aparentemente, lo emitirán dentro de un mes o así. Quedaron que me avisarían. Mis fans pueden descansar tranquilos.

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p class=»media»>[Estoy escuchando: Satan is my Motor de Cake en el disco Prolonging the Magic (03:12)]

Categoría: Silva

Pedro Jorge Romero

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