Cryptonomicon de Neal Stephenson

Completamente en serio,pero también delirante. Así es la última novela de Stephenson, aparentemente la primera de una futura trilogía (eso sí, el primer libro tiene casi 1000 páginas). Pero lo curioso está en el enfoque elegido por Stephenson para esta novela: en vez de presentarnos uno de sus mundos ciberpunks –Snow Crash, La era del diamante– a los que nos tiene acostumbrados, lo que tenemos aquí es una narración extraordinaria acerca de… Y aquí llega el problema ¿Qué es Cryptonomicon?. ¿Una descripción de la historia de la criptografía? ¿Una historia secreta del mundo? ¿Un thriller sobre hombres de negocios de finales del siglo XX? ¿Una novela sobre héroes anónimos de la segunda guerra mundial? ¿Un ensayo sobre la importancia de la eyaculación en el desarrollo científico? ¿Sobre la influencia erótica del mobiliario antiguo? ¿Una teoría de conspiración? ¿Un expediente X?. Supongo que todo eso y más.

En principio la acción se sitúa simultáneamente en el pasado de la segunda guerra mundial, en la que un soldado, Bobby Shaftoe, y un experto en criptografía, Lawrence Waterhouse, que forman parte de una unidad de contrainteligencia. En el presente, el descendiente de Lawrence se ve implicado en una conspiración… para mejorar el mundo por medio de la criptografía.

La habitual ironía de Stephenson está presente en este libro en todo su esplendor, pero esta vez los fantasmas que acompañan a la escritura no se reducen a los presentes en la narración ciberpunk – cuyo uso en Stephenson es bastante sarcástico -, sino que también está presente en el Joseph Heller de Trampa 22, el Pynchon de La subasta del lote 49 y algunos otros más. Quizas la obra que más se le parezca en los últimos tiempos sea Sewer, gas & electrict de Matt Ruff -y como en esa novela, algunas de las escenas más memorables transcurren en un submarino, cosa curiosa. Aparte de un sentido del humor magnífico, Stephenson nos presenta también, de forma amena: apuntes sobre criptografía, historia de la segunda guerra mundial (alguna parte de ella completamente verídica) y un pequeño repaso a figuras históricas como Turing o McArthur. Aparte del humor, la narrativa de Stephenson lleva también consigo una enorme carga de tensión y drama: se puede bromear con los temas de la novela, pero en el fondo, pese a lo desquiciado de los personajes, el trasfondo es completamente serio.

De hecho, la intención de Stephenson parece la de unir pasado y presente mediante una narrativa que es tanto un ejercicio de novela sobre historia secreta del mundo como un universo alternativo -unos cuantos detalles difieren de nuestra pobre realidad, como esa especie de islas Orcadas alternativas en las que pasa un tiempo el Waterhouse de la Segunda Guerra o el Sultanato del Pacífico en el que el Waterhouse presente pretende hacer negocio creando un refugio de datos. Para hacer esto, Stephenson recurre a una narrativa múltiple tanto en el pasado como el presente, desde la tercera persona omnisciente para construir un extraño híbrido entre novela posmoderna y saga familiar -los Shaftoes (soldados y hombres de acción), los Waterhouses (matemáticos y analistas)- en la que el pasado es un mensaje más en código a descifrar por el presente (en una alguna ocasión literalmente) para entender el actual estado de las cosas: ¿Qué hizo el abuelo durante la guerra, mamá?

Como primer libro que es, no posee una conclusión en si, pero si una sutil manera de atar cabos para que el lector se pregunte ¿Qué vendrá después?. Y, además, uno de los mejores chistes de la novela está en su conclusión: este tomo de mil páginas es en realidad, por lo que parece, una reescritura de El señor de los anillos. Traten de imaginarse a Gollum como abogado comprometido con la causa survivencialista, si pueden.

Categoría: Reseñas

Xavier Riesco Riquelme

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