Vidas de hombres ilustres, de Achille Campanile

Achille Campanile fue un maestro del humor. Vidas de hombres ilustres es un gran ejemplo de su enorme capacidad para la ironía y la ternura.

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TRANSCRIPCIÓN

Vidas de hombres ilustres, de Achille Campanile. Publicado en su día, 1981, por Plaza & Janés. Una serie de viñetas humorísticas cuando no totalmente surrealistas que satirizan a algunos famosos personajes del pasado.

Te lo cuento.

Achille Campanile fue un novelista, ensayista, dramaturgo italiano del siglo XX. Famoso, en su momento, por su sentido del humor tirando a lo surrealista y unos juegos de palabras que harían las delicias de cualquier padre de este mundo.

Debió tener bastante fama en su momento, pero hoy parece más bien olvidado. Excepto en Italia. Por ejemplo, no tiene entrada en la wikipedia en español. Lo cual me parece una verdadera pena. Creo que es un autor a reivindicar.

Achille Campanile es un maestro sobresaliente del humor. No sólo es surrealista y divertido, dado a los juegos de palabras y a los absurdos más delirante, sino que también posee un exquisito sentido de la ironía. Todo siempre acompañado de un poso melancólico resultado de conocer bien la naturaleza humana.

Vida de hombres ilustres se acerca a distintos personajes, vistos a través del prisma del sentido del humor de Campanile. Son divertidas elucubraciones que parten en ocasiones de alguna observación histórica, de una frase famosa o de alguna anécdota que se les atribuye.

En la mayoría de los casos son retratos teñidos de cariño, pero despiadadamente irónicos. Hacen uso libre de la incongruencia y rebosan una inteligencia desmesurada.

Unos pocos ejemplos.

Sócrates, un fracasado que se enorgullecía de saber solo que no sabía nada y que se atrevió a montar una academia. Un escuela de lo más fácil.

Las preocupaciones de Alejandro Magno por su papagayo, un pobre pájaro perdido en la logística de su ejército.

La intención original de Gutenberg era entrar en el teatro sin pagar, por lo que se le ocurrió la idea de decir “prensa”.

Casanova era realmente un empollón que se inventó sus memorias para que le dejasen en paz.

El verdadero drama de Beethoven no fue haber sido sordo, sino que el pobre hombre creía componer bailables licenciosos y no se explicaba por qué todo el mundo se lo tomaba con tanta seriedad.

Alfred de Musset intentando inventar el café con leche, deseoso de hacer algún gran descubrimiento que le hiciese pasar a la posteridad.

Y mis dos preferidas, las que me resultan más gustosamente extrañas, pero a la vez, más irónicas.

Un general romano. Da una mala orden. El soldado, su hijo, la desobedece, con lo que se gana la batalla. El general declara “Como padre, te abrazo; como jefe del ejército, te condeno a muerte…”.

El autor dice que el general quizá hubiese ofrecido mejor ejemplo de firmeza habiéndose condenado a sí mismo a muerte. Luego añade que el padre fue demasiado benévolo con una falta, desobedecer, y el general demasiado estricto para haber conseguido una victoria. Que lo lógico hubiese sido una zurra del padre, por desobedecer, y una medalla del general, por haber logrado ganar.

Pero ahí no acaba la cosa. Por diversas y alambicadas razones resulta que el general, y padre, es también otros miembros de su familia: cuñado, tío, primo, suegro… incluso jefe del estado. Así que los va consultando uno a uno, pero sin dar con nadie que interceda por el pobre chico.

En otro caso, Vittorio Alfieri solo discutía con personas con las que estuviese de acuerdo en líneas generales. Como tal fenómeno es difícil de explicar, nos propone un ejemplo, en el que un contradictor discute con Alfieri. El tema: ¿es conveniente hacer la guerra? Los dos deciden que no, con lo cual la discusión es absurda, porque ya están de acuerdo antes de empezar.

El problema, es por tanto, encontrar una forma de discutir mientras se está de acuerdo en líneas generales. ¿Solución? Que uno se oponga a la guerra mientras el otro defiende la paz.

Suena absurdo, pero yo tengo la firme convicción de que las discusiones solo son fructíferas si los participantes están fundamentalmente de acuerdo. Es imposible hablar si el desacuerdo es total.

Me parece un tipo de humor que merece la pena. Y Achille Campanile me parece un grande.

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Gracias y hasta la próxima.

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Categoría: Ficción, Libros

Pedro Jorge Romero