Cuando leí After Dark (Tusquets Editores. ISBN: 978-84-8383-101-4. 17,00 €. 256 páginas) por primera vez, hará un año, me quedé con la impresión como si alguien hubiese escrito una novela de Haruki Murakami y luego hubiese retirado cuidadosamente la parte de novela. Y no es una crítica, es un elogio. El resultado se me antojó impresionante y mágico, una especie de obra poética, donde personajes entraban y salían del escenario, se encontraban, hablaban –diciendo más de lo que pretendían- y se separaban. Todo limitado por la noche, desde poco antes de las 12 hasta poco antes de las 7 de la mañana. No importaba tanto lo que pasase después con esos personajes, sino simplemente lo que les había sucedido en su periplo nocturno, que es –estamos hablando de Murakami- un viaje al otro lado.
Releyéndola ahora en español, parte de esa percepción persiste, pero algo más matizada. Muchas de las cuestiones planteadas en la novela no tienen final dentro de la obra, pero alguno detalles muy importantes, relativos a los sentimientos de los personajes, sí que se aclaran. Pero me resultó especialmente llamativo que muchos personajes los recordaba con papeles mucho más importantes y ocupando más espacio en la narración. Sin embargo, no es así. Algunos de los más llamativos aparecen sólo durante unas pocas páginas, pero están tan bien definidos que reclaman más páginas en el recuerdo.
La novela arranca con un narrador –que finge no ser omnisciente y lanza conjeturas continuamente- que nos guía desde las alturas hasta el mundo de la ciudad nocturna. Es la primera de las transiciones al otro lado, habituales en las novelas de Murakami, pero con algunas variaciones. En primer lugar, porque vamos acompañados. En segundo lugar, porque quizá no haya otro lado.
Descendiendo, nos fijamos en una persona como podría haberse escogido a cualquier otra. Se trata de Mari, una joven estudiante que muy tarde ocupa la mesa de un café, leyendo. De pronto, frente a ella se le sienta Takahashi, músico que va a ensayar con su banda. Resulta que Takahashi la ha reconocido: se encontraron unos años antes, en una cita doble con la hermana de Mari, Eri, una joven de espectacular belleza que tiene su propia peculiaridad: lleva dos meses durmiendo continuamente sin querer despertar. En cualquier caso, ellos dos, y casi todas las personas que les rodean, están bloqueados en ese barrio –los trenes han dejado de salir-, barrio que tiene reglas distintas durante la noche.
Y así arranca todo. Los personajes hablan, a medida que ganan confianza examinan sus situaciones vitales y se revelan secretos, se levantan, van a otros sitios, alimentan gatos o se cruzan con otras personas. Como Kaoru, la encargada de un “love hotel” por horas llamado “Alphaville”, que pide ayuda para atender a una prostituta china –de la misma edad que Mari- agredida brutalmente por un cliente. Un cliente que también trabaja en ese mismo barrio y que se afana con sus propias rutinas nocturnas. Y mientras tanto, Eri duerme en su habitación, hasta que ella también pasa al otro lado sin darse cuenta.
La novela está construida con un juego virtuoso de paralelismos y encuentros. Hay personajes que repiten sentimientos expresados por otros, hay encuentros fortuitos y cruces que nadie percibe. Hay marcas de leche que se llaman casi como un personaje. Hay mensajes que no alcanzan a su destinatario pero que valen casi igual para la persona que los recibe. Y se entrevé en varios ocasiones el otro lado, un lugar que percibiríamos si atendiésemos unos segundos al espejo o si nos paseásemos unas horas por un barrio nocturno, donde las reglas son diferentes y el tiempo fluye de otra forma. Es más, incluso es posible que la barrera entre mundos –por ejemplo, las barreras que separan los mundos personales de los protagonistas- no sean tan infranqueables como parecen, que sean tenues hasta rozar la inexistencia, que algo de empatía nos permita comunicarnos. Y una vez pasado al otro mundo, ¿es posible volver siendo la misma persona? ¿Es posible comunicarse y no cambiar tu propio mundo?
After Dark es como un sueño y transcurre en las horas que deberíamos estar soñando. Es una especie de viaje de Alicia, que llega a un lugar distinto que sin embargo refleja su realidad (por salir, incluso sale una peculiar reina de corazones). No sucede nada realmente fantástico, excepto lo que la pasa a Eri, que bien podría ser un sueño propio, pero dentro de una novela de Murakami, los normal es de por sí suficientemente fantástico.
En realidad, After Dark va de algo, pero eso es lo de menos. Es ante todo una experiencia, una novela escrita para disfrutar del hecho de leerla y pasar un tiempo con los seres que la pueblan. La segunda vez tanto como la primera.
Libros de Haruki Murakami
[50 libros] 2008
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After Dark (Tusquets Editores. ISBN: 978-84-8383-101-4. 17,00 €. 256 páginas) de Haruki Murakami ya me pareció muy buena novela, con un ambiente francamente singular, cuando le leí el año pasado en inglés. Ahora toca disfrutar de la versión española.
Cerca ya de medianoche, en esas horas en que todo se vuelve dolorosamente nítido y angustiosamente desdibujado, Mari, sentada sola en la mesa de un bar-restaurante, se toma un café mientras lee. La interrumpe un joven músico, Takahashi, al que Mari ha visto una única vez, en una cita de su hermana Eri, modelo profesional. Ésta, mientras tanto, duerme en su habitación, sumida en un sueño “demasiado perfecto, demasiado puro”. Mari ha perdido el último tren de vuelta a casa y piensa pasarse la noche leyendo en el restaurante; Takahashi se va a ensayar con su grupo, pero promete regresar antes del alba. Mari sufre una segunda interrupción: Kaoru, la encargada de un “hotel por horas”, pide que le ayude con una prostituta china agredida por un cliente. Dan las doce. En la habitación donde Eri sigue sumida en una dulce inconsciencia, el televisor cobra vida y poco a poco empieza a distinguirse en la pantalla una imagen turbadora… pese que el televisor no está enchufado.
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Este libro nace de un simposio llamado “A Wild Haruki Chase: How the World Is Reading and Translating Murakami”, organizado por la Japan Foundation y celebrado en distintos puntos de Japón del 25 al 29 de marzo de 2006. La idea era reunir a traductores y novelistas con la misión de explorar ese tema central: cómo se lee a Murakami en el mundo. En particular, como es que un autor japonés se ha convertido en un fenómeno internacional.
El libro es muy breve –apenas 150 páginas- y contiene varios textos casi todos relativos a la recepción de Murakami en un país concreto. En todo momento se asume que ese proceso es extraño –un autor japonés que lectores del todo el mundo adoptan como propio- porque se dice que lo habitual es lo contrario, que los autores japoneses se consideren más bien como entes muy arraigados a su cultura y cuyas preocupaciones superan difícilmente las fronteras. Por ejemplo, tenemos “A Sense of Loss in Murakami’s Works and Korea’s 386 Generation” o “What Russians See in Murakami”.
No es un problema que a mí me parezca excesivamente interesante. Como lector, me gusta Murakami y por tanto leo sus libros. No me planteo excesivamente por qué sus libros son compatibles con mis gustos literarios, porque tampoco me lo planteo con ningún otro autor de otra nacionalidad. No quiero decir que esos textos no tengan interés, pero si es un problema, es un problema diferente, de un segundo nivel más elevado que no tiene demasiado que ver con el disfrute de su obra.
Un texto explora a Murakami desde un punto de vista ciertamente original. “The Global Distributed Self-Mirroring Subterranean Neurological Soul-Sharing Picture Show” de Richard Powers usa los últimos descubrimientos sobre el cerebro para iluminar la obra de Murakami, trazando interesantes paralelismos. No estoy muy seguro de que tenga la razón en todo y en algún momento definitivamente creo que mata moscas a cañonazos, pero el ejercicio me pareció tremendamente interesante.
Ahora los dos textos que más me han gustado.
En “The Other Side of Happiness: Acting in Tony Takitani” el actor Issey Ogata describe el proceso para preparar un personaje que, si has leído el cuento, siente el mundo, y se relaciona con él, de una forma muy peculiar, como una especie de autismo. Lo que cuenta es tan interesante que me dejaron muchas ganas de ver la película. Además, al destacar la extrañeza del personaje destaca muchos aspectos interesantes de la obra de Murakami.
Y en “Lu Xun and Murakami: A Genealogy of the Ah Q Image in East Asian Literatura” Shozo Fujii destaca las similitudes entre Murakami y el escrito chino Lu Xun (desconocido para mí). Al principio me dio la impresión de ser un ejercicio más bien huero, pero la discusión me acabó convenciendo. No sólo eso, creo que me ha descubierto un autor interesante del que no sabía nada. Por si fuese poco, el texto termina con una declaración intrigante:
The East Asian legacy of the Ah Q image invented by Lu Xun has been passed on via Haruki Murakami to the Hong Kong film director Wong Kar-wai –a topic that I hope to explore in a future writing.
A Wild Haruki Chase es un libro bastante accesible sobre la obra de Murakami y, sobre todo, cómo se entiende esa obra alrededor del mundo. Hay varias perspectivas –Estados Unidos, Corea, China, Rusia- pero da la impresión de faltar otras muchas y haberse quedado cojo. No hay nada de Latinoamérica o de la Europa que no sea en inglés. Con sus 150 páginas es demasiado poco para ofrecer más que algunas pinceladas relacionadas con el autor; es un libro que fácilmente podría ocupar el doble o el triple. Aún así, contiene los suficientes elementos interesantes como para justificar su lectura aunque sin esperar más de lo que puede dar.
El libro está ilustrado con portadas de distintas ediciones internacionales de la obra de Murakami. Me he hecho mucha gracia comprobar que en Brasil La caza del carnero salvaje se llama algo así como Cazando carneros. No sé, por alguna razón me resulta un título muy simpático, muy ajustado a la novela.
[50 libros] 2008
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After Dark será la próxima novela de Murakami en publicarse en España (en octubre). La leí el año pasado en inglés y me encantó (aparece en mi top del año). Ésta es la portada:

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Para la promoción de Sauce ciego, mujer dormida, Tusquets ha montado una web sobre Haruki Murakami, conteniendo interesante información sobre ese autor. En especial, podemos leer uno de los cuentos del libros, “El séptimo hombre”, y disfrutar de una entrevista.
Y también está el concurso llamado “El mundo de Haruki Murakami”:

La idea es enviar una fotografía relacionada con “el mundo literario de Haruki Murakami o con las sensaciones que transmiten sus obras”. Los premios son 10 iPod nanos y 25 ejemplares del libro.
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Se publica en España la primera recopilación de cuentos de Haruki Murakami. Son 24 relatos que cubren todo un abanico que va desde primeros esfuerzos, cuando sus temas no estaban del todo perfilados, hasta brillantes obras recientes donde el autor se muestra en control absoluto de su talento. Son cuentos ante todo enigmáticos, que se centran en la personalidad de las personas que los pueblan, que se niegan a dar explicaciones y cuyo regusto permanece mucho después de haber terminado su lectura. De vez en cuando todavía me asalta la imagen de una madre solitaria en la playa o la de un mono que roba nombres.
En muchos aspectos, Sauce ciego, mujer dormida (Tusquets. ISBN: 978-84-8383-047-5. Andanzas 649. 392 pp. PVP: 20€) es el mejor libro para empezar a leer a Murakami. Ante todo, porque el conjunto es excelente y es uno de los mejores libros de su autor. Pero además, ofrece la ventaja de que un cuento es más corto que una novela y tiene una estructura interna más compacta. El lector puede aprehenderlo en poco tiempo, y si un cuento no le gusta, pues bien, hay más.
Casi todos los cuentos de esta antología contienen un enigma central. Digamos que el enigma es el eje a partir del cual se va construyendo la narración, sin el cual no habría nada. Pero el enigma -que suele adoptar la forma de un encuentro súbito con lo extraño, un estallido de irrealidad, un desbaratamiento del orden de las cosas tal y como lo conocemos- no es lo importante del cuento; está claro que para Haruki Murakami explicar lo sucedido no tendría la más mínima gracia: lo extraño dejaría de ser extraño y se tornaría normal, y el pozo convenientemente explorado dejaría de ser una buena metáfora. Lo que le importa, en realidad, es la reacción de los personajes, el comentario individual y en ocasiones el comentario social. Para Murakami el retrato de los seres que habita su mundo, y la evolución del mundo que lo ha dejado en ese estado, es mucho más importante que los avatares concretos de la narración. Si uno exige respuestas a todo, la lectura puede ser muy frustrante; si uno se deja llevar por la narración, es una delicia.
Queda perfectamente claro en el cuento “La chica del cumpleaños”. Se nos cuenta el antes y el después de que una chica pida un deseo el día de su cumpleaños. Las circunstancias son extrañas, aunque no claramente sobrenaturales, pero el deseo no se revela. Posteriormente se discute si se ha cumplido o no, y las respuestas son más bien ambiguas. Uno puede estimar cuál podría ser el deseo, pero queda claro que el propósito del cuento es bien diferente. La habilidad del escritor radica precisamente en haber escrito el cuento usando como materia prima lo que no ha expresado en la página.
En ocasiones, lo extraño es realmente lo cotidiano que se sale de los habitual. En “El folclore de nuestra generación: prehistoria del estadio avanzado del capitalismo” se cuenta una historia de amor. Los detalles de la relación y las circunstancias de la narración -un japonés le cuenta la historia a otro mientras comen en un restaurante en Lucca, Italia- repasa la historia reciente de Japón bajo la pretensión de contar una relación de pareja adolescente. Y algo similar sucede con “Tony Takitani”, donde Murakami teje detalles adicionales alrededor de la figura y peripecias vitales del protagonista -la historia de su padre, músico de jazz, o la historia final de la ayudante-, narrando no sólo su conmovedora historia sino también la historia del desarrollo de su país.
En otros casos, lo extraño es claramente lo extraño y los cuentos entran directamente en terrenos casi de ciencia ficción. “El hombre de hielo” es la historia del amor de una mujer para con un hombre de hielo. Tan de hielo que acaban todos viviendo en el polo. Y “Conito” es una sorprendente estallido de humor evidente -siempre lo hay subyacente, y leída de cierta forma, las novelas de Murakami pueden ser muy graciosas- parodiando el mundo literario japonés. Después de leerlo, a uno le queda claro que el mundo literario japonés es muy similar el español; prima sobre todo la crítica del molde de galletas (a veces Murakami incluso parece parodiarse a sí mismo. En el caso de “Náusea, 1979″, lo extraño es un ataque de vómito que duró 40 días y que coincidió con enigmáticas llamadas de teléfono).
A pesar de todo lo dicho, uno de los aspectos más llamativos de estos cuentos es la casi omnipresencia de un tema adicional, que sirve de acompañamiento al principal. No siempre está presente con la misma intensidad, pero anda por allí: la escritura, el paso de la imaginación al papel. Lo habitual es que el narrador sea un escritor que está luchando por contar la historia de la mejor forma: es decir, modificándola para que sea más verdadera, aunque no más real. Pero en otras ocasiones, adopta una forma mucho más compleja. En “La piedra con forma de riñón que se desplaza día tras día” (por cierto, la página del índice al completo es casi como el cuento 25 de la antología) lo extraño habita en un cuento escrito dentro del cuento, un cuento que simbólicamente reproduce la historia principal. Y en “La tía pobre”, el autor se ve obligado, literalmente, a cargar sobre sus hombros con el resultado de su creación: una tía pobre. Los demás la ven interpretándola a su modo. Incluso lo llevan a la tele para que explique cómo es eso de llevar una tía pobre cargada a los hombros.
Dejo para el final mis dos cuentos preferidos: “Hanalei Bay” y “El mono de Shinagawa”. Los dos demuestran una gran habilidad para narrar complejas y profundas emociones bajo una superficie de tranquilidad a pesar de lo terrible de las circunstancias. El segundo ofrece además una trama surrealista que, a pesar de lo que se podría pensar, no reduce la tragedia de lo sucedido sino que la hace más evidente. Un triunfo.
[50 libros] 2008
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Sauce ciego, mujer dormida (Tusquets. ISBN: 978-84-8383-047-5. Andanzas 649. 392 pp. PVP: 20€) de Haruki Murakami es una recopilación de 25 cuentos. Como no se pone a la venta hasta el 6 de febrero, me enviaron unas pruebas del libro. Me produjo una sensación bien curiosa, cercana a la nostalgia, porque hacía mucho años que no veía ese tipo de pruebas y siempre había sido con libros en inglés.
Como se ve, en la portada aparecen todos los datos importantes (lo que resulta muy cómodo si quieres escribir lo que yo estoy escribiendo ahora mismo):

En el interior aparece una impresión de la portada final.

Como es un libro de Murakami, lo he leído de un tirón. Puedo decir que es excelente y que me parece un buen libro para empezar a leer a Murakami.
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De esta novela ya hablé en El periplo de Haruki Murakami. Permítanme citarme a mí mismo:
El efecto que produce el autor queda más claro en el caso de Al sur de la frontera, al oeste del sol, que he releído recientemente y que es una de mis novelas preferidas de Murakami. Cuenta una historia que aparentemente no tiene nada de problemática. Hajime, de 37 años, es un hombre de éxito: propietario de dos bares de jazz, casado, con dos hijas. El éxito de su vida es un hecho objetivo que el mismo admite. Pero le falta algo, una chispa, un inefable que sólo se puede encontrar al sur de la frontera; es decir, moviéndose de lado, en lugar de seguir adelante, hacia el oeste del sol. Ese algo es el recuerdo de una amiga de infancia que tuvo a los doce años, una chica -Shimamoto- retraída como él, con un defecto en una pierna que la aislaba aún más. Fue su verdadero amor, aunque la relación no se consumó nunca. Y el recuerdo está matizado por otra relación posterior, que acabó tan mal que destrozó la vida de la otra muchacha.
Al principio, Al sur de la frontera, al oeste del sol parece ser una novela sobre la crisis de los 40. El personaje protagonista narra su situación vital en primera persona y va contando sus insatisfacciones. Un día, la amiga de la infancia entra en su bar –de todos los bares posibles en todas las ciudades del mundo- y la relación se reinicia. Pero la sospecha insistente del lector es que esa mujer realmente no existe, que esa relación sólo transcurre en la mente del protagonista o que como mucho podría ser una forma retorcida de venganza. Después de todo, la acción se describe desde el punto de vista de Hajime y elementos que parecen sólidos podrían ser totalmente evanescentes. ¿Está tan insatisfecho con su vida que está imaginando toda una aventura? ¿Cree de verdad poder retomar el pasado?
Pero la magia de la novela se produce justo al final. Durante casi doscientas páginas, Hajime nos ha hecho creer en su compleja vida interior, en sus padecimientos algo patéticos por no tener lo que realmente quiere. Pero de pronto, su esposa –hasta ese momento una mujer que permanece de fondo y que da la impresión de ser algo simplona- se revela como un personaje complejo, lleno de heridas, con un pasado que desenmascara a su marido como un llorica que no ha sufrido nunca, que desarma las pretensiones de Hajime, que revela su crisis de mediana edad como un gesto infantil y patético. Y es ella precisamente la esposa, en un eco de Tanizaki, el personaje que al final se comporta con más madurez.
Enigmática.
[50 libros] 2007
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Curiosas las apuestas sobre quién ganará el premio Nobel de litearatura. Mi favorito personal, Haruki Murakami, está a 8/1, lo que está bastante bien. Otros favoritos serían Amos Oz (10/1), Peter Carey (25/1), John Updike (40/1) y Umberto Eco.
(vía Follow Me Here)
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“The Mysterious Disappearance of the Strangely Beautiful Woman” es una buenísima (incluso bonísima) parodia de Haruki Murakami. Para apreciarla hay que conocer algunas de las novelas del autor (especialmente Crónica del pájaro que da cuerda al mundo) y sus temas más habituales. Pero me resultó hilarante.
Not much to look at, most people would say. Not your Reubenesque Picasso-with-the-eyes-on-the-same-side-of-her-nose type. To me, however, she was ninety-nine and forty-four one-hundredths percent perfect. I think it was the way she pared her toenails. If another woman had placed her bare, calloused foot on the dinner table, and proceeded to give herself a pedicure with a butter knife, I’m sure I would have been horrified. But there was something in the way this woman performed the act, as though each horny chunk of keratin was a sin being expiated. Just watching gave me an erotic sensation, almost, but not entirely unlike, the feeling of making love to three women and a midget at the very top of a Ferris Wheel.
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Descubrí a Haruki Murakami en una librería. Lo comento porque para mí es muy extraño descubrir a los autores en las librerías. Normalmente, los libros los compro después de saber de ellos. Los suelo descubrir leyendo bitácoras, aunque veces pasa también en un suplemento cultural. En cualquier caso, allí estaba yo, en la librería, repasando los libros. No tengo claro por qué lo hacía; quizá estuviese buscando un regalo de cumpleaños. Da igual, la cuestión es que di con un nombre claramente japonés y un título tremebundo: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. ¿Quién no se pararía ante semejante título? Sobre todo, cuando prácticamente bailaba en un lomo enorme.
Me pareció interesante.
Me lo llevé.
Quedé enganchado.
Entrar en una novela de Haruki Murakami es entrar en un mundo fantástico que refleja fielmente nuestra realidad. Sé que parece paradójico, pero ésa es la magia. Crónica del pájaro que da cuerda al mundo es en el fondo la historia de una relación de pareja, de una separación en malas circunstancias. Pero a su alrededor se mueve un torbellino, casi siempre silencioso, que va involucrando aspecto cada vez más amplios de la sociedad y que se va tornando cada vez más fantástico. Lo que comienza con la historia de Tooru, un hombre que ha perdido a su esposa, un tipo más bien parado, acaba derivando en una reflexión sobre la corrupción política y la incapacidad de Japón para aceptar su pasado agresor. El ritmo es lento y pausado, el protagonista vaga en busca de su esposa encontrando una plétora de fascinantes personajes, pasa largos periodos en el interior de pozos (una imagen que se repite en toda la obra de Murakami) y en general recorre una geografía distorsionada, un mundo ligeramente aberrante, pero exactamente igual al nuestro.
Ése es el secreto de Haruki Murakami: puede que sus universos narrativos contengan elementos fantásticos, o que sigan lógicas algo caprichosas, pero es que nuestro universo real es exactamente así en cuanto lo describimos proyectado sobre nuestra mente, en cuanto lo describimos desde nuestra percepción particular. El protagonista de Murakami puede quizá atravesar los muros de un pozo para llegar a otro lugar; pero el muro sólo estaba en su mente y el nuevo espacio es producto de nuestra geografía habitual. Por fantástica que sea, la historia es siempre de aquí y ahora. El narrador de Murakami no es objetivo, más que nada porque en la realidad no hay narradores objetivos. Como explica magistralmente Jay Rubin, traductor al inglés de Murakami y autor del excelente Haruki Murakami and the Music of Words, lo fantástico de su universo es el fantástico que se encuentra en el interior de cualquier cerebro humano.
El efecto que produce el autor queda más claro en el caso de Al sur de la frontera, al oeste del sol, que he releído recientemente y que es una de mis novelas preferidas de Murakami. Cuenta una historia que aparentemente no tiene nada de problemática. Hajime, de 37 años, es un hombre de éxito: propietario de dos bares de jazz, casado, con dos hijas. El éxito de su vida es un hecho objetivo que el mismo admite. Pero le falta algo, una chispa, un inefable que sólo se puede encontrar al sur de la frontera; es decir, moviéndose de lado, en lugar de seguir adelante, hacia el oeste del sol. Ese algo es el recuerdo de una amiga de infancia que tuvo a los doce años, una chica -Shimamoto- retraída como él, con un defecto en una pierna que la aislaba aún más. Fue su verdadero amor, aunque la relación no se consumó nunca. Y el recuerdo está matizado por otra relación posterior, que acabó tan mal que destrozó la vida de la otra muchacha.
Al principio, Al sur de la frontera, al oeste del sol parece ser una novela sobre la crisis de los 40. El personaje protagonista narra su situación vital en primera persona y va contando sus insatisfacciones. Un día, la amiga de la infancia entra en su bar –de todos los bares posibles en todas las ciudades del mundo- y la relación se reinicia. Pero la sospecha insistente del lector es que esa mujer realmente no existe, que esa relación sólo transcurre en la mente del protagonista o que como mucho podría ser una forma retorcida de venganza. Después de todo, la acción se describe desde el punto de vista de Hajime y elementos que parecen sólidos podrían ser totalmente evanescentes. ¿Está tan insatisfecho con su vida que está imaginando toda una aventura? ¿Cree de verdad poder retomar el pasado?
Pero la magia de la novela se produce justo al final. Durante casi doscientas páginas, Hajime nos ha hecho creer en su compleja vida interior, en sus padecimientos algo patéticos por no tener lo que realmente quiere. Pero de pronto, su esposa –hasta ese momento una mujer que permanece de fondo y que da la impresión de ser algo simplona- se revela como un personaje complejo, lleno de heridas, con un pasado que desenmascara a su marido como un llorica que no ha sufrido nunca, que desarma las pretensiones de Hajime, que revela su crisis de mediana edad como un gesto infantil y patético. Y es ella precisamente la esposa, en un eco de Tanizaki, el personaje que al final se comporta con más madurez.
En la literatura fantástica de Murakami siempre hay algo más. Lo que vemos no es exactamente todo lo que hay. Un día podemos abrir una puerta y encontrarnos en un mundo desconocido. Un día podemos descubrir nuestra capacidad para atravesar muros. O simplemente un día descubrimos que las personas que nos rodean poseen personalidades tanto o más complejas que la nuestra, que no son meras comparsas de nuestra existencia, que incluso es posible que sean protagonistas de sus propias historias. El protagonista de Murakami habla desde su yo. Pero no está aislado.
Libros de Haruki Murakami.
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Tengo un amigo que ha empezado a leer a Haruki Murakami. Empezar a leer a Haruki Murakami me parece una suerte. Comentando el libro, Kafka en la orilla, le dije que no era el mejor del autor. Le presté unos cuantos más. Días después, pensándolo, se me ocurrió que quizá sería interesante comentar los libros de Haruki Murakami. Bien, aquí está la lista de los que recuerdo publicados en español y en inglés. Si falta alguno, por favor me lo indican.
Un par de no los he leído y uno -Hard-Boiled Wonderland and the End of the World- tengo que releerlo porque no confío plenamente en mi impresión inicial.
Iré enlazándolos desde aquí a medida que los vaya comentando.
Sobre Haruki Murakami.
Antes sobre Haruki Murakami.
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Y en lugar de traerme la consabida camiseta, Antonio me trajo dos joyitas de libros:

Uno es un libro para plegar papel. Lo divertido es que también viene con las hojitas de papel de colores. Muy divertido.


El otro es Hitsujiotoko no Kurisumasu porque le pedí un libro de Haruki Murakami. Las ilustraciones son muy graciosas. Parecer ir de un señor vestido de oveja, o quizá sea una oveja. Las ilustraciones me traen a la memoria La caza del carnero salvaje.


Muchas gracias Antonio. Tendría que haberte pedido un shogi
Una cosa que le pedí fue un DVD de bunraku. No fue capaz de encontrarlo. Es la segunda persona que fracasa en el empeño. Estoy empezando a pensar que en Japón no los hay.
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Con el título Tokio blues ha publicado la novela de Haruki Murakami (autor que me encanta) que le convirtió en éxito de ventas en Japón. El título original es “Noruwei no mori”, una referencia a la canción de los Beatles “Norwegian Wood”. La conexión es importante, porque si lees la letra de “Norwegian Wood”, descubres que estás leyendo una historia de Haruki Murakami, un claro caso de autor creando a sus precursores. Supongo que era imposible ponerle “algo noruego”, pero Tokio blues me parece un título excesivamente impersonal; casi suena a título de una novela cualquiera.
Toru Watanabe, un ejecutivo de 37 años, escucha casualmente mientras aterriza en un aeropuerto europeo una vieja canción de los Beatles, y la música le hace retroceder a su juventud, al turbulento Tokio de finales de los sesenta. Toru recuerda, con una mezcla de melancolía y desasosiego, a la inestable y misteriosa Naoko, la novia de su mejor -y único- amigo de la adolescencia, Kizuki. El suicidio de éste les distancia durante un año hasta que se reencuentran en la universidad. Inician allí una relación íntima; sin embargo, la frágil salud mental de Naoko se resiente y la internan en un centro de reposo. Al poco, Toru se enamora de Midori, una joven activa y resuelta. Indeciso, sumido en dudas y temores, experimenta el deslumbramiento y el desengaño allá donde todo parece cobrar sentido: el sexo, el amor y la muerte. La situación, para él, para los tres, se ha vuelto insostenible; ninguno parece capaz de alcanzar el delicado equilibrio entre las esperanzas juveniles y la necesidad de encontrar un lugar en el mundo.
Con un fino sentido del humor, Murakami ha escrito el conmovedor relato de una educación sentimental, pero también de las pérdidas que implica toda maduración. Tokio blues supuso el reconocimiento definitivo del autor en su país, donde se convirtió en un best seller.
La disfruté muchísimo en su momento y me parece una novela perfecta para empezar a leer a Murakami. Los elementos suprasensibles están minimizados en esta obra y se centra más en cierto momento vital muy concreto. No es que no haya carga de profundidad, sino que simplemente se encuentra en un lugar diferente al habitual.

Un detalles curioso. La edición inglesa que tenemos en casa viene en dos pequeños volúmenes, uno rojo y otro verde, dentro de una caja. Aparentemente, la novela se publicó en Japón -según dice la caja- como dos volúmenes, uno rojo y otro verde. Lo que no sé es si en la edición japonesa el primer volumen también se cortaba en mitad del capítulo 6.

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Llevo más de la mitad, por lo que supongo que ya la estoy acabando. Al principio no parecía una novela de Murakami. Cuando empiezas una novela de Murakami sabes de inmediato que estás de inmediato en su mundo narrativo, que algo raro va a pasar. No sé a qué se debe exactamente. Quizá sea una capacidad para la atmósfera llena de presentimiento.
Como sea, en este caso no era así, lo que me desconcertaba. No sé si achacarlo a la traducción o a que, quizá, Murakami estuviese haciendo las cosas de otra forma. En cualquier caso, ya da igual, porque a estas alturas tengo claro que estoy leyendo una novela de Haruki Murakami.
Ahí están esos diálogos inteligentes, reflexivos que siempre dan a entender algo más. Los personajes que se salen de los normal (Oshima es el mejor de entre los “normales”) y esa rara habilidad para los lugares. La biblioteca en este caso. La meditación sobre la vida y la muerte. Los problemas de las responsabilidad y la búsqueda de la paz interior.
La cosa va de un niño de 15 años que huye de casa. Lo curioso es que lleva planeándolo desde hace bastante años, pero no se nos dice por qué. En otra línea argumental, un curioso incidente durante la segunda guerra mundial lleva en el presente a un señor mayor que no sabe ni leer ni escribir, ni es demasiado inteligente como admite, que sabe hablar con los gatos. Para que se hagan una idea del resto, salen Johnnie Walker, el coronel Sanders y llueven sardinas. Y no, no queda ridículo, todo lo contrario, queda como lo más normal del mundo.
Ya seguiré cuando la termine.
De la contraportada:
“A stunning work of art,” the New York Observer wrote of The Wind-Up Bird Chronicle, “that bears no comparisons,” and this is also true of this magnificent new novel, which is every bit as ambitious, expansive and bewitching. A tour-de-force of metaphysical reality, Kafka on the Shore is powered by two remarkable characters. At fifteen, Kafka Tamura runs away from home, either to escape a gruesome oedipal prophecy or to search for his long-missing mother and sister. And the aging Nakata, who never recovered from a wartime affliction, finds his highly simplified life suddenly upset. Their odyssey, as mysterious to us as it is to them, is enriched throughout by vivid accomplices and mesmerizing events. Cats and people carry on conversations, a ghostlike pimp employs a Hegel-quoting prostitute, a forest harbors soldiers apparently unaged since World War II, and rainstorms of fish fall from the sky. There is a brutal murder, with the identity of both victim and perpetrator a riddle. Yet this, like everything else, is eventually answered, just as the entwined destinies of Kafka and Nakata are gradually revealed, with one escaping his fate entirely and the other given a fresh start on his own.
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Haruki Murakami reflexiona sobre su cumpleaños cuando descubre que esa fecha se ha convertido en un acontecimiento público. Haruki Murakami, para quien no lo conozca, es un novelista japonés absolutamente extraordinario.
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El premio Nobel, que los suecos siguen entregando año tras año con una tenacidad digna de algo más importante, recaerá algún día sobre Haruki Murakami. Y no por sus méritos literarios, que los tiene en abundancia suficiente para ganar un Nobel, sino por ese lugar común que aparece indefectiblemente en las comunicaciones oficiales del premio: siempre se concede por el retrato que hace el autor de la condición humana (o palabras a tal efecto). En la novela Crónica del pájaro que da cuerda al mundo Murakami mantiene a su protagonista en el fondo de un pozo, que ni siquiera contiene agua, durante varias páginas.
Estar en el fondo de un pozo seco, lo que te impide incluso la mínima decencia de beber, encerrado en un espacio pequeño, mirando a un cielo que apenas se entrevé como un círculo lejano, con la luz del sol alumbrándote renuente sólo, si acaso, durante unos pocos minutos al día.
Si eso no es un retrato de la condición humana, no sé qué lo es.
El personaje sale -la novela tiene 600 páginas, no se va a quedar toda la vida allá abajo- del pozo. Pero al lector le queda la duda de si cada vez que desciende a las profundidades de la tierra, la acción se repite cíclicamente, y vuelve a salir ese trepar a la superficie, el proceso le devuelve al mismo mundo del que partió. El carácter surreal y onírico de Murakami es tan exagerado, y tan intenso, que por no estarlo, uno no está seguro ni de la existencia misma de los personajes.
Así es la obra de Murakami. Un devenir continuo por nuestra condición individual, por el atavismo de la reflexión que nos mantiene encerrados en nuestro pozo personal, tras nuestra piel, con sólo los ojos como lejanas aberturas a través las cuales examinar el mundo.
Haruki ?con acento, dicen, en la a- Murakami es un extraordinario narrador japonés ?despreciado por parte de la crítica literaria de su país, lo cual no deja de ser un punto a su favor. Después de todo, los intelectuales luchan como gatos panza arriba por mantener su precario estatus personal. No hay nada que moleste más a un canónico que el hecho de que la gente lea libros sin consultarlo primero con él- que sabe describir en frases simples y llanas la soledad, el misterio, el abandono, la desesperación, la locura, el amor o cualquier otro síntoma de la condición moderna.
Es ferozmente individualista, y mucha de su obra se narra en primera persona. Pero no como si el protagonista le hablase al lector, sino como si el lector mismo la estuviese narrando. Aún así, Murakami no es solipsista. Su literatura está poblada de mundos individuales, de percepciones privadas e intransferibles, de la aceptación tranquila del hecho misterioso de que las demás personas son inteligentes y también tienen sentimientos.
Su Crónica del pájaro que da cuerda al mundo es una vasta obra absorbente y maravillosa. Nos introduce en un Japón que casi no podemos reconocer, tal es la fuerza del estereotipo, y que quizá tampoco exista. Sigue los avatares de un protagonista que muy a su pesar busca a su gato perdido y a su esposa, no necesariamente en ese orden, y que en el camino, que rara vez lo aleja de su casa, se topa con personajes, o manifestaciones, llenas de excentricidades. Todo un shock para un hombre tranquilo como él.
En español también se puede encontrar La caza del carnero salvaje, una historia casi de misterio, en la que no hay misterio, no hay detective, no se resuelve nada, y al final no se sabe si la acción ha sido real o no. Maravillosa.
Su mejor obra: after de quake donde, con la excusa del terremoto de Kobe, pinta varias escenas de soledad, pérdida y, curiosamente, esperanza.
Me han pedido un artículo sobre Murakami. He leído toda lo suyo publicado en español e inglés (una fracción de su producción total). Quizá debería aprender japonés para leerlo en el original (y de paso, ver todos esos mangas que me apetecería). El autor bien vale el esfuerzo.
Me han pedido un artículo sobre Haruki Murakami. Me ha venido bien la excusa para leer Haruki Murakami and the Music of Words de Jay Rubin.
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Etiquetas: Libros