It was the same with the performance based on cubes that rose and fell, seemingly controlled by digital means. I was blindsided when the human beings beneath the cubes revealed themselves. Such precision. Such dedication. Four months in rehearsal, eight hours a day. The effect of the presentations was enhanced, even created, by the colorful, exuberant costumes, many designed by Eiko Ishioka (”Mishima,” “The Fall”), the Oscar-winning Japanese designer. I was even moved by the Chinese cheerleaders who danced and waved, forming a ring around the entire track for the parade of nations. They didn’t stop for more than two hours. The heat was 85 degrees, the humidity high. I looked closely, but couldn’t spot a single young woman who had collapsed or fainted. Their task in itself was an athletic feat.
En muchos aspectos se podría decir que Cinturón Rojo (Redbelt, 2008), última película de David Mamet es prácticamente la misma película con la que debutó en 1987, sólo que en lugar de una psiquiatra y unos timadores tenemos a un profesor de Jiu Jitsu y a unos productores de cine y televisión. Los arquetipos vuelven a funcionar y los personajes asumen de forma irrenunciable el papel que les ha tocado jugar en el mundo: desde el sentido del honor y la lealtad del profesor que encarna un estupendo Chiwetel Ejiofor hasta la dupla hipócrita compuesta por, de nuevo, Joe Mantegna y un sorprendente Tim Allen. Como siempre la cámara no consigue ocultar que estamos en un teatro, aunque tenga la forma de Long Beach en California; como siempre los personajes se explican a sí mismo y a los demás con las palabras mucho más que con las imágenes; como siempre la sensación que queda es que Mamet ha contado exactamente lo que quería contar. El cómo se digiera esa forma de narrar depende ya del paladar de cada espectador.
Dicen que van a adaptar al cine la Fundación de Asimov. La verdad es que les va a resultar difícil. Verán, los primeros títulos de la serie son más bien una sucesión de diálogos donde los personajes se van diciendo unos a otros lo que van a hacer, lo que habría que hacer o lo que hicieron. Si alguien quiere dar un golpe de estado dice: “Vamos a dar un golpe de estado”, y a partir del punto final de frase el golpe ya se ha dado. Hay tan poca acción que las batallas estelares se resuelven con un “ganó la batalla estelar” o “perdió la batalla estelar” o “no hubo batalla estelar”. Vamos, que no suena muy cinematográfico.
Vince Gerardis, productor de ‘Yo, Robot’ estaba desarrollando la adaptación de ‘Fundación’ para la Fox, pero ahora lo hará para la Warner, estudio con el que Shaye y Lynne han firmado un acuerdo de tres años para que el gran estudio se ocupe de la publicidad y la distribución de sus largometrajes. El guión correrá a cargo de Jeff Vintar, el hombre que firmó junto con Akiva Goldsman (’Soy Leyenda’, ‘El Código DaVinci’) el libreto de ‘Yo Robot’.
Ya me la voy imaginando.
Hari Seldon medirá dos metros treinta de alto, apenas habrá cumplido los veinticinco años –a pesar de tener tres doctorados, ser campeón de todas las artes marciales habidas y por haber y tener una novia en cada espaciopuerto-, le gustará coleccionar objetos de principios del siglo XXI en la Tierra (aunque nadie sabe dónde está ni cuando caía exactamente el siglo XXI) y tendrá unos músculos tan tremendos que a su lado Leónidas parecerá un viejecito fofo. Cargará con una tremenda ametralladora con la que personalmente acribillará a toda la Segunda Fundación (sí, la Segunda Fundación es de los suyos, pero estas películas nunca respetan la lógica mundana). El clímax de la cinta será la batalla final de treinta minutos contra el Mulo. El Mulo será un cruce genético de tres metros de alto con cabeza de caballo que lanzará rayos por la punta de los dedos. Liderará un ejército de mulitos, todos hijos suyos (cierto, sigue sin tener lógica; véase el paréntesis anterior). Seldon se defenderá lanzándoles calculadoras, pero al final acabará empalando al Mulo (después de cargarse a todos los mulitos) con una regla de cálculo de 3 metros mientras le dice “¡Psicohistoria esto!”. Al final se corona emperador de la galaxia proclamándose Dios Emperador de Dune (sí, lo sé).
WALL•E es una película visualmente espectacular –la mejor de Pixar en ese aspecto- con una primera parte sobrecogedora, mostrando una impresionante Tierra destrozada y abandonada. Por desgracia, la segunda parte es una historia de ciencia ficción boba y simplona indigna de Pixar (más bien, suena a la típica de DreamWorks), lo que deja la película, con diferencia, más infantil de la compañía. Durante los últimos minutos se ofrece la posibilidad de un final diferente –un final claramente imposible al estilo La luna es una cruel amante- y los títulos de crédito finales –realizados con los estilos pictóricos de distintas época- vale la pena verlos hasta el final y saben a poco.
The great subject of the cinema, Ingmar Bergman believed, is the human face. He’d been watching Antonioni on television, he told me during an interview, and realized it wasn’t what Antonioni said that absorbed him, but the man’s face. Bergman was not thinking about anything as simple as a closeup, I believe. He was thinking about the study of the face, the intense gaze, the face as window to the soul. Faces are central to all of his films, but they are absolutely essential to the power of what has come to be called his Silence of God Trilogy: “Through a Glass Darkly” (1961), “Winter Light” (1962) and “The Silence” (1963).
Después de una filmografía a contracorriente, brutal, sin concesiones, viene y nos hace un remake americano?. ¿De qué vas Haneke? Pero lejos de ser una maniobra comercial, que algo habrá, el cineasta, inteligentísimo, ha accedido a dirigir la misma película con una extraña pero genial condición: rodar ?la misma pelicula? exactamente. Plano por plano. Solo cambian los actores. ¿Y qué sentido tiene este esfuerzo? Pues el de que más personas sufran el mismo golpe bajo. Casi nada. La brutalidad del remake es más fiero que la original, por el simple hecho que se muestra en los multicines de los centros comerciales y mucha más gente la irá a ver. Nadie sabe lo que va a ver exactamente. Nadie sabe la brutalidad, la duración de los planos, su explicidad o carencia de ella. No, no es una peli para ver entre la hamburguesa de la tarde y los litros de la noche, aunque la foto promocional despiste y pueda parecer una pelicula de terror teenager.
Hello, WALL•E!: Pixar Reaches for the Stars. Un interesante artículo sobre cómo se logró el aspecto visual de la última película de Pixar.
Jeremy Lasky, DP camera, who worked in close collaboration with Danielle Feinberg, DP lighting, was eager to break new ground at Pixar. “At the very beginning of preproduction, when I came on, Andrew had a lot of preconceptions of what he wanted for a film without traditional dialogue. All of the staging, all of the shots have to be really clear for the audience to understand the backstory in addition to the main plot of the film. The planet’s covered in trash: What happened? So we had to convey it visually. As always, the first pressure is just telling the story right. Only in this case, there’s no dialogue crutch.
“So the question became: How can we make this work? Shots have to be so specific that you’re always following what’s going on. On top of that, Andrew said, ‘I want it to feel real.’ He wasn’t talking about photoreal, but that you believe you’re watching a little robot doing what he’s doing. To me, that triggered the notion that we have to raise our game a little.
“We have this virtual camera that we’ve used with variations of the same camera package for years, but we’ve never pushed it to be more like a live-action camera. So we took it apart and rebuilt it from the ground up to emulate the way a 35mm anamorphic camera would move: how it pivots, where it tilts from, how it works on a dolly. We based it on the concept of how you would shoot a sci-fi movie today with anamorphic lenses.
El otro día leía sobre la confianza en Pixar y cómo se demuestra. Mi conclusión fue: tengo tanta fe en Pixar que ahora mismo compraría los DVD de sus próximas 5 películas sin ni siquiera saber el título.
En cualquier caso, es una de esas pequeñas joyas que necesita el cine español, una película original y diferente de lo que se hace habitualmente en estos lares, con un guión cuidado al milímetro en el que encajan todos los detalles (incluso aquellos que apenas te habías fijado que estaban allí) y con una de las imágenes icónicas más impactantes del cine español reciente, una Momia Rosa armada con unas tijeras, que construyen una de las mejores películas posibles sobre viajes en el tiempo, en una línea muy diferente a la de las referenciales Regreso al futuro o Primer, que más parece remitir a los Límites de la Realidad o a Robert A. Heinlein. Una pena que la dirección de actores no esté demasiado inspirada, porque la película se queda en notable cuando podría haber optado a matrícula.
Más de cien años después del nacimiento del cine y con una montaña de películas vistas no deja de ser un acontecimiento poder ver una película como Los Cronocrímenes ( Nacho Vigalondo, 2007 ), tan poco parecida a casi nada que haya visto antes, al menos estructuralmente. No es que el director cántabro haya descubierto una nueva forma de filmar ni tampoco es que trate temas que nadie más ha osado abordar, no. La auténtica virtud de esta película es la de saber contar con muy pocos elementos una historia de ciencia ficción pura, algo inaudito en el cine español. Dicho de otro modo, Nacho Vigalondo consigue crear una película casi minimalista dentro de un género, la CF, que es casi por definición ampuloso y recargado.
When I caught up with “Iron Man,” a broken hip had delayed me and the movie had already been playing for three weeks. What I heard during that time was that a lot of people loved it, that they were surprised to love it so much, and that Robert Downey Jr.’s performance was special. Apart from that, all I knew was that the movie was about a big iron man. I didn’t even know that a human occupied it, and halfway thought that the Downey character’s brain had been transplanted into a robot, or a fate equally weird.
Yes, I knew I was looking at sets and special effects–but I’m referring to the reality of the illusion, if that make any sense. With many superhero movies, all you get is the surface of the illusion. With “Iron Man,” you get a glimpse into the depths. You get the feeling, for example, of a functioning corporation. Consider the characters of Pepper Potts (Gwyneth Paltrow), Stark’s loyal aide, and Obadiah Stane (Jeff Bridges), Stark’s business partner. They don’t feel drummed up for the occasion. They seem to have worked together for awhile.