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	<title>pjorge.com Pedro Jorge Romero &#187; Silva</title>
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	<description>Cosas que probablemente sólo me interesan a mí</description>
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		<title>La tecnología es fácil de predecir&#8230; sobre todo si ya la han inventado</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Jan 2012 11:23:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Jorge Romero</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Creo que es algo que sabe todo lector de ciencia ficción: no es difícil predecir la tecnología que ya existe, o mejor dicho, no es difícil predecir variaciones sobre lo que ya sabes. Es algo que se nos da realmente bien. Pero precisamente esa misma &#8220;familiaridad creativa&#8221;, nuestra habilidad para construir sobre lo que ya [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><span class="drop_cap">C</span>reo que es algo que sabe todo lector de ciencia ficción: no es difícil predecir la tecnología que ya existe, o mejor dicho, no es difícil predecir variaciones sobre lo que ya sabes. Es algo que se nos da realmente bien. Pero precisamente esa misma &#8220;familiaridad creativa&#8221;, nuestra habilidad para construir sobre lo que ya conocemos, nos limita. Por tanto, cuando alguien hace una predicción, lo interesante no es centrarse en los aciertos, sino prestar atención a los fallos, a aquellas cosas que hoy nos parecen claras pero que no se predijeron, porque de ellos se aprende bastante sobre las suposiciones subyacentes, aquellas que para una época concreta son tan evidente que muy rara vez se articulan explícitamente. </p>
<p>Un ejemplo lo tenemos en <a href="http://www.youtube.com/watch?v=JBEtPQDQNcI">un vídeo de 1994</a> donde se hacen varias predicciones sobre los tablets. Muchos aspectos parecen increíblemente proféticos, pero no lo son tanto si tenemos en cuenta varios elementos de la época, y podemos encontrar detalles interesantes si nos concentramos en lo que no logra predecir.</p>
<p align="center">
<iframe width="480" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/JBEtPQDQNcI" frameborder="0" allowfullscreen></iframe>
</p>
<p>Lo primero que debemos tener en cuenta que 1994 no es el pasado remoto de la especie. En 1994 ya había varias propuestas de tablets (cosa que el vídeo menciona) e incluso había disponibles sistemas que se le parecían bastante, por lo que la predicción principal no es tan sorprendente como pueda parecer. De hecho, <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/History_of_tablet_computers#Timeline">la Wikipedia tiene un artículo sobre la historia de los tablets</a> que se remota incluso a los años 50. Por ejemplo, el Dynabook de Alan Kay se propuso en 1968 y en 1987 Apple ya había presentado su concepto de un navegador de conocimiento. Y eso, por supuesto, sin hablar de un buen montón de películas, series y novelas de ciencia ficción, que de cientos de formas diferentes elucubraban continuamente sobre formas distintas de comunicarse o compartir el conocimiento. </p>
<p>Pero como dije antes, lo interesante es lo que no predicen. Me llama la atención la ausencia en el vídeo de dos tecnologías que ya existían en ese momento, cuyo impacto ha sido monumental, y que apenas se mencionan: la web y de la telefonía móvil. En concreto, el vídeo acaba prediciendo que irás a un quiosco a comprarte el periódico que luego insertarás en el lector, justo como hoy —o en 1994— vas al quiosco a comprar el periódico en papel. No se da el paso adicional de pensar que la telefonía móvil avanzará tanto que permitirá conectarse desde casi cualquier parte. Es más, las tecnologías que convergen en el móvil permiten hoy en día prescindir del tablet que se muestra en el vídeo. Cualquier teléfono moderno hace eso sin mayores problemas.</p>
<p>El vídeo plantea los periódicos como algo monolíticos, que leerás sobre una pantalla pero más o menos de la misma forma que lees un periódico de papel. Es decir, plantea el periódico como un todo, sin predecir que unos pocos años, gracias a Internet, tendemos a consumir los periódicos como fragmentos, combinándolos según nuestros gustos y nuestros intereses. En parte es un caso de miopía quizá deliberada, porque el vídeo va de situar el periódico en el futuro digital, por lo que la disgregación del periódico no es una opción que pueda agradar a los que pagan esas investigaciones.</p>
<p>Pero lo realmente difícil de predecir no es la tecnología, sino los cambios sociales producidos por la tecnología. De ahí incontables historias que transcurren en un imperio galáctico pero donde todos se comportan como en la América de los años 50. Resulta relativamente fácil predecir el automóvil, pero mucho más difícil (aunque no imposible) predecir los atascos. El origen de la dificultad está en que los seres humanos tenemos una capacidad asombrosa para usar la tecnología de forma diferente a la concebida por sus creadores, y todo sistema lo suficientemente complejo contiene sorpresas de funcionamiento que se pueden explotar con ingenio (y cuando metes en la ecuación a millones de seres humanos, lo que sobra es ingenio). </p>
<p>Es aquí donde el vídeo se vuelve más interesante. </p>
<p>Como dije, se da por supuesto que el periódico tal y como lo conocemos no va a desaparecer. Se dice explícitamente, en lo que me parece más una declaración ansiosa que producto de la seguridad en el futuro. Es normal, porque ya dije que de eso va el proyecto en el que trabajaban: preservar el periódico tal y como era. Por esa razón muestran el periódico de siempre, limitándose a un simple cambio de dispositivo, sin plantearse otros posibles cambios de hábitos. De hecho, el uso que se le da es como si estuviese impreso en papel exceptuando los detalles multimedia. La gente lo comparte, pero en la misma mesa. Hay que comprar un ejemplar nuevo cada mañana (en lugar de suponer un mundo informativo continuo). Incluso el componente social que se muestra se parece más al clipping de toda la vida, con tijeras, que al que practicamos hoy. A pesar de los avances tecnológicos que se predicen, es un vídeo bastante conservador que plantea un mundo que es continuación directa de su presente. Por no predecir —aunque está muy relacionado con el enfoque— no predice ningún uso del dispositivo que vaya más allá del periódico. Por ejemplo, los elementos multimedia se muestran en relación con una noticia. Una predicción social hubiese sido profetizar el vídeo personal, YouTube y los memes de gatitos.</p>
<p>Pero quizá el cambio más grande que no predice es el uso actual que hacemos de la fuentes de noticias. No sólo el periódico ha perdido buena parte de su autoridad (en parte por razones tecnológicas y en parte también <a href="http://davidjimenezblog.com/2012/01/04/el-suicidio-del-periodico/">por el proceso de suicidio</a> en el que se ha embarcado la prensa) sino que las cabeceras no tienen la importancia que se les atribuye en el vídeo. Para muchos de nosotros, la situación actual es precisamente la inversa de la mostrada. No empezamos con un periódico concreto, sino que partimos del proceso de compartir (vía Twitter en mi caso) y a partir de ahí vamos distribuyendo aquellas noticias o textos que nos interesen, sin importar su procedencia de una fuente u otra. Hoy en día, el recorte es en sí el punto de partida, en un proceso en el que mezclamos todo tipo de fuentes y medios. No tomamos un todo para fragmentarlo, sino que reunimos fragmentos para montar un todo.</p>
<p>Digamos que el vídeo plantea el mundo de siempre donde el canal de comunicación (de unos pocos a muchos) tiene una dirección concreta (del medio al público y rara vez a la inversa). Es el modelo de los grandes medios de comunicación que Internet hace años ya se encargó de modificar, haciendo que progresivamente sea más absurda la idea de empaquetar las noticias y vender el paquete. Eso tenía sentido cuando la tecnología –tener que imprimir sobre papel– hacía que resultase más conveniente y económico. Cuando cambias la tecnología&#8230; bien, las opciones son otras muy diferentes.</p>
<p>Eso sí, nada de lo que he dicho implica que nuestra época se libra de esa tendencia humana a extrapolar sobre lo conocido. Asumo que gran parte de lo que decimos hoy sobre el futuro, incluso el futuro a relativamente corto plazo, resultará también errado en lo social. Probablemente podamos acertar con la potencia de cálculo y las capacidades de los ordenadores del futuro, pero tengo claro que nos equivocaremos al predecir los usos que les daremos. </p>
<p>Que es precisamente lo interesante del futuro.</p>
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		<title>Patrones sexistas</title>
		<link>http://pjorge.com/2012/01/08/patrones-sexistas/</link>
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		<pubDate>Sun, 08 Jan 2012 15:01:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Jorge Romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Silva]]></category>

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		<description><![CDATA[Me sucedió con una colección de cuentos de Ballard. Al principio pensé que era un efecto producido por mi caótico orden de lectura, que al ir encadenándolos aleatoriamente había logrado producir sin querer ese elemento sexista. Pero poco a poco la repetición de un mismo patrón hizo que la hipótesis de la aleatoriadad perdiese sentido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><span class="drop_cap">M</span>e sucedió con una colección de cuentos de Ballard. Al principio pensé que era un efecto producido por mi caótico orden de lectura, que al ir encadenándolos aleatoriamente había logrado producir sin querer ese elemento sexista. Pero poco a poco la repetición de un mismo patrón hizo que la hipótesis de la aleatoriadad perdiese sentido y acabase admitiendo que había dado con un patrón, una incapacidad del escritor para salirse de un cierto cliché, de cierta forma de concebir los retratos literarios de mujeres.</p>
<p>En otro caso reciente, he acabado admitiendo que lo que podría haber sido producto de la casualidad —una forma concreta de expresar una idea— sea un patrón. Al principio, admito de nuevo, las acusaciones de sexismo hacia las nuevas temporadas de Doctor Who me parecieron un poco exageradas. Dudé posteriormente, al comprobar que un personaje tan bueno como River Song (que tuvo una gran presentación en &#8220;Silence in the Library&#8221; y al que se le concedió una muerte heroica en &#8220;Forest of the Dead&#8221;) iba quedando progresivamente sometido a la figura del Doctor, hasta perder por completo su razón de ser excepto teniéndole a él como referente (dejo de lado al personaje de Amy Pond, que tiene otros problemas diferentes). No sólo es River Song un arma contra él, sino que también fue prácticamente fabricada para el Doctor y que su obsesión con él es producto de lo que parece un proceso de tortura. Me incordió el trato final que se le daba al personaje al concluir la sexta temporada, pero decidí atribuirlo a unas condiciones concretas, a una narrativa que se había plegado tanto sobre sí misma que no había dejado más opción, por lamentable que fuese.</p>
<p>Decidí pensar que era una casualidad.</p>
<p>Por tanto, no se pueden imaginar mi sorpresa al ver el primer episodio de la nueva tanda de <cite>Sherlock</cite>, &#8220;A Scandal in Belgravia&#8221;, y encontrarme con un personaje llamado Irene Adler que no es más que una nueva versión de River Song. Empieza como mujer inteligente, independiente, combativa, capaz ampliamente de dar la réplica a Sherlock. Pero a partir de ese punto de partida, el episodio progresivamente la va aplastando, sometiéndola lentamente al personaje protagonista, tornándola un objeto sexual —de paso, convirtiendo la serie en un juego de niños pasándoselo bien—, hasta concluir con una escena de dominación masculina tan esperpéntica y ridícula que sólo puede tener sentido si la consideramos una fantasía de poder producto de la mente enferma del protagonista. Aumentando el paralelismo, incluso descubrimos que Irene no actuó por iniciativa propia, sino que ella es también un arma lanzada específicamente contra Sherlock. Ante ese panorama, lo que empezó pareciéndome un episodio ingenioso se me fue desmoronando con el paso de los minutos.</p>
<p>(Más detalles sobre el sexismo en el episodio se pueden encontrar en <a href="http://fozmeadows.wordpress.com/2012/01/02/a-scandal-in-belgravia/">An Scandal in Belgravia</a> y <a href="http://www.dispositio.net/archives/810">Steven Moffat, Sherlock, and Neo-Victorian Sexism</a>).</p>
<p>Lo más asombroso es que Irene Adler es un personaje de una obra de Doyle (que no he leído, pero por lo que comentarios que he visto parece  diferente a su versión televisiva). Vamos, que la única razón para que siga el mismo patrón que River Song es que su guionista lo ha decidido así. La cosa empieza a dejar de ser casualidad y me obliga a volver atrás y considerar de nuevo lo que sucedía en Doctor Who. Aunque por otra parte, tampoco es de extrañar en la medida en que esta versión de Sherlock se parece mucho a la versión actual de Doctor Who, sobre todo si uno cree que la escena final es real, porque en ese caso el detective posee las mismas capacidades de doblegar el espacio y el tiempo que el extraterrestre (y de hecho, Doctor Who tiene en &#8220;A Good Man Goes to War&#8221; un momento muy similar al final de Sherlock).</p>
<p>Parece quedar claro, pues, que en el arsenal de trucos de Moffat (que por lo demás, es un guionista de una gran imaginación) hay uno que se repite demasiado y siempre de la misma forma: una limitación enorme de los personajes femeninos. Ya se le ha acusado antes de sexismo y en ese aspecto creo que el especial Navidad de <cite>Doctor Who</cite> de este año es su intento de redimirse. Para empezar, el Doctor es más bufón y bobo que nunca (y eso que la versión actual del viajero en el tiempo es especialmente bufa), siendo un pobre diablo con buena intenciones que se las arregla para meterlos a todos en un lío monumental que es incapaz de resolver. Tiene que ser una mujer fuerte e inteligente la que acabe salvándolos a todos. Mujer que acaba con su dignidad y su orgullo intactos. </p>
<p>Por desgracia, la caracterización es igualmente superficial, sin que Moffat se moleste más allá de los mínimos, porque se la define unidimensionalmente sobre todo como madre, con la versión más cliché de madre. Por tanto, cuando el personaje dice que viene a buscar a sus hijos, ya sabes que no habrá fuerza en el universo capaz de detenerla (y un comentario similar sobre las madres se hace en <cite>Jekyll</cite>, por lo que el asunto viene de lejos), porque eso es lo que hacen las madres de ficción por el simple hecho de ser madres, sin que sus individualidades intervengan en lo más mínimo. Si el personaje que se ve en la pantalla supera esa unidimensionalidad, el mérito es de la actriz, que consigue elevar al personaje más allá de lo que podría esperarse de ese lugar común. Pero al menos el guión le concede escapar al destino fatal de River Song e Irene Adler, y le deja conservar su autonomía y sus méritos. Doctor Who sigue siendo el protagonista, pero de una forma bastante distante.</p>
<p>Viendo juntos el especial Navidad de Doctor Who y el &#8220;A Scandal in Belgravia&#8221;, uno podría acabar pensando que Moffat sólo es capaz de escribir dos tipos de personaje femenino: la madre y la puta. No puede ser, porque yo a la protagonista de <cite>Press Gang</cite> la recuerdo como un gran personaje y me cuesta conectarla con estas mujeres recientes. </p>
<p>Quizá sea simplemente una cuestión de edad.</p>
<p>De la de Moffat.</p>
<p>O de la mía.</p>
<p align="center">* * *</p>
<p><span class="drop_cap">T</span>ras escribir lo anterior, decidí leer &#8220;A Scandal in Bohemia&#8221;, el cuento corto de Doyle que inspira el episodio de <cite>Sherlock</cite>. La lectura no pudo ser más reveladora, porque al terminarla el episodio me parecía todavía más ridículo y la deriva machista todavía más evidente. No es sólo un cuento donde, se recalca, Holmes pierde, sino que además Irene Adler, a la que jamás se despoja de su dignidad, le derrota empleando contra él precisamente las armas que caracterizan al detective. Es más, el cuento acaba bien —recordándonos que acabar bien no es lo mismo que terminar con el triunfo del héroe— porque Irene da su palabra y el futuro rey de Bohemia la considera tan sólida que no duda ni por un momento en aceptarla. Son ella y el futuro rey los que empleando a Holmes como conducto resuelven la situación.</p>
<p>Ciento y pico años después de que ese cuento se escribiese, su &#8220;adaptación&#8221; al siglo XXI convierte a una mujer fuerte e inteligente en un objeto sexual. Transforma la historia de una derrota merecida en una fantasía de poder. Las peripecias de dos caballeros británicos intentando resolver un caso se tornan en una aventura de adolescentes bobalicones.</p>
<p>Y Doyle es el victoriano.</p>
<p>(Postre: <a href="http://www.dispositio.net/archives/830">Steven Moffat Does the Classics</a>)</p>
<p><b>Actualización:</b> Imprescindible <a href="http://fozmeadows.wordpress.com/2012/01/08/imaginary-interview-with-imaginary-steven-moffat/">Imaginary Interview With Imaginary Steven Moffat</a>.</p>
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		<title>Esto que estás leyendo un libro&#8230;</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Jan 2012 09:47:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Jorge Romero</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Y te encuentras con erratas. No tiene nada de raro, ya que ninguna labor humana es perfecta y los errores son inevitables. Pero lo simpático es mi reacción al dar con el fallo (una a que falta en medio de una palabra, digamos, o &#8220;fugo&#8221; por &#8220;fuego&#8221;): no me sorprende el error. Lo que me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><span class="drop_cap">Y</span> te encuentras con erratas. No tiene nada de raro, ya que ninguna labor humana es perfecta y los errores son inevitables. Pero lo simpático es mi reacción al dar con el fallo (una a que falta en medio de una palabra, digamos, o &#8220;fugo&#8221; por &#8220;fuego&#8221;): no me sorprende el error. Lo que me sorprende, durante una fracción, de segundo es no ver una línea roja ondulada bajo la palabra, indicando que no aparece en el diccionario y que por tanto es preciso revisarla.</p>
<p>Qué conveniente sería. Para que luego digan que los libros en papel no tienen sus limitaciones.</p>
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		<title>[50 libros] 2012</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Jan 2012 11:48:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Jorge Romero</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Un año más, una nueva lista. Se trata de ir apuntando los libros que leo durante el año con el objetivo de llegar a los 50. No por nada en particular. Es más, la cifra de 50 es totalmente arbitraria. Aunque se podría considerar un poco mediocre. Ni tan fácil como 20, ni tan difícil [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><span class="drop_cap">U</span>n año más, una nueva lista. Se trata de ir apuntando los libros que leo durante el año con el objetivo de llegar a los 50. No por nada en particular. Es más, la cifra de 50 es totalmente arbitraria. Aunque se podría considerar un poco mediocre. Ni tan fácil como 20, ni tan difícil como 100. Algo alcanzable sin requerir mayor esfuerzo. Por tanto, ni siquiera digna de considerarse deporte.</p>
<p>(Abro paréntesis por placer (hoy (aunque sucede periódicamente) tengo uno de esos días) y porque acabo de recordar (en la medida (ciertamente limitada) en la que resulta posible recordar algo que vi (muy superficialmente) hace (más de) 25 años) de un chiste (sobre Lisp (el chiste (aclaro (porque ya sé que (en los comentarios) me lo van a preguntar)) es hacer referencia a un chiste sobre Lisp))).</p>
<p>Las listas de años anteriores: <a href="http://pjorge.com/2004/03/30/50-libros-2004/">2004</a>, <a href="http://pjorge.com/2005/01/01/50-libros-2005/">2005</a>, <a href="http://pjorge.com/2006/01/01/50-libros-2006/">2006</a>, <a href="http://pjorge.com/2007/01/01/50-libros-2007/">2007</a>, <a href="http://pjorge.com/2008/01/01/50-libros-2008/">2008</a>, <a href="http://pjorge.com/2009/01/01/50-libros-2009-2/">2009</a>, <a href="http://pjorge.com/2010/01/02/50-libros-2010/">2010</a> y <a href="http://pjorge.com/2011/01/04/50-libros-2011/">2011</a>.</p>
<p>A lo que iba, empezamos:</p>
<ol>
<h3>Enero</h3>
<li><cite>Fábulas de robots</cite> de Stanislaw Lem</li>
<li><cite>The Ego Trick: What Does It Mean to Be You?</cite> de Julian Baggini</li>
<h3>Febrero</h3>
<li><cite>Decoding the Heavens: Solving the Mystery of the World&#8217;s First Computer</cite> de Jo Marchant</li>
<li><cite>How to Do Thing with Videogames</cite> de Ian Bogost</li>
</ol>
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		<item>
		<title>Juan Carlos Planells</title>
		<link>http://pjorge.com/2011/12/26/juan-carlos-planells/</link>
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		<pubDate>Mon, 26 Dec 2011 14:44:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Jorge Romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Silva]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando empecé en la ciencia ficción, Juan Carlos Planells ya era una figura grande en ese mundo, un crítico de una finísima capacidad de análisis y una de esas personas que simplemente &#8220;lo sabía todo&#8221;. No es que yo estuviese siempre de acuerdo con sus ideas y opiniones, de hecho, solía estar en desacuerdo, pero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><span class="drop_cap">C</span>uando empecé en la ciencia ficción, Juan Carlos Planells ya era una figura grande en ese mundo, un crítico de una finísima capacidad de análisis y una de esas personas que simplemente &#8220;lo sabía todo&#8221;. No es que yo estuviese siempre de acuerdo con sus ideas y opiniones, de hecho, solía estar en desacuerdo, pero Planells poseía una de esas inteligencias con las que vale la pena discutir, una de esas mentes privilegiadas que vale la pena haber conocido. Murió a principios de este mes, pero no quiero dejar pasar la oportunidad de recordarle.</p>
<p>Colaboró muchas veces con BEM, pero en realidad sólo le vi en unas pocas ocasiones (memorables algunas; todavía recuerdo la cara que me puso cuando le dije que el volumen de los cuentos completos de Dick era una excelente almohada). Pero conocerle sólo por lo que escribía fue ya una suerte. Aunque tengo la impresión de que la ciencia ficción española nunca le reconoció debidamente y creo que fue una lástima. Una selección de sus escritos sobre el género sería todo un regalo y alguien debería ponerse a ello.</p>
<p>Y por lo demás, pueden leer <a href="http://www.bemonline.com/portal/index.php/noticias-mainmenu-2/1979-ha-muerto-juan-carlos-planells">el recordatorio de Juan Carlos Planells</a> que ha escrito nuestro amigo común Joan Manel Ortiz.</p>
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		<title>Hay cosas que no pueden ser y además son imposibles</title>
		<link>http://pjorge.com/2011/12/20/hay-cosas-que-no-pueden-ser-y-ademas-son-imposible/</link>
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		<pubDate>Tue, 20 Dec 2011 10:52:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Jorge Romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Silva]]></category>

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		<description><![CDATA[A todos nos han dicho que la ficción tiene reglas o, como mínimo, que sus reglas son más estrictas que las de la realidad, que la vida no está obligada a tener lógica, pero que la ficción debe someterse a cierta unidad. Como muchas verdades, que en este caso imagino se remonta a Aristóteles, es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><span class="drop_cap">A</span> todos nos han dicho que la ficción tiene reglas o, como mínimo, que sus reglas son más estrictas que las de la realidad, que la vida no está obligada a tener lógica, pero que la ficción debe someterse a cierta unidad. Como muchas verdades, que en este caso imagino se remonta a Aristóteles, es sólo cierta a medias. Hay mucha ficción que se recrea en la rotura de las reglas, que encuentra su justificación en subvertir todo lo que el receptor espera recibir. Y también hay mucha ficción que por su propia naturaleza, por una serie de imperativos externos al universo de ficción, tiene difícil trascender las reglas, incluso las que se impone a sí misma. En particular, aunque no exclusivamente, ésa es la situación de la ficción comercial, porque la necesidad de obtener un beneficio económico de la atención del receptor crea también la tentación de no superar ciertos límites, de no traspasar la línea de lo que puede hacerse, no vaya a ser que el interés y el beneficio correspondiente se evaporen (la hipótesis, por tanto, sería que aquellas obras que dan poco dinero, o que van a concluir, se sentirían más libres de dar la vuelta a sus premisas básicas). No es que el cambio sea imposible, pero muy rara vez es drástico. Es mucho más habitual una evolución gradual que va modificando lentamente tanto una obra concreta como el tipo y la forma de las obras que se pueden producir.</p>
<p>Y por haber, hay toda clase de reglas. Por ejemplo, en cualquier historia policial la simple regla de &#8220;economía de personajes&#8221;, la necesidad de no introducir más caracteres de los estrictamente necesarios para contar la historia, garantiza que el culpable será alguien que ya nos hemos encontrado en la narración. Incluso aquellas obras que parecen subvertir esa idea, como <cite>Seven</cite>, la cumplen. Se entiende que el receptor no puede aceptar el caos de un culpable externo a la trama, cosa que en la vida real podría darse sin problemas. Introducir de pronto un actor externo, un asesino que aparece en el último momento, parecería violar la unidad de la obra y probablemente sería rechazado por muy “real” (que no “realista”, porque en este contexto lo ajeno a la realidad parece más real) que fuese el recurso. Aunque un autor con gran habilidad puede aprovecharse de esa regla y llevarla hasta su consecuencia lógica, como hace Agatha Christie en <cite>El asesinato de Roger Ackroyd</cite>.</p>
<p>Otras reglas más variadas que dictan lo que puede suceder o no en la ficción comercial me vinieron hace poco a la cabeza al ver el final de temporada de algunas series y un capítulo en concreto de otra. Son de esos episodios en los que de pronto se platean situaciones que de seguir adelante provocarían cambios radicales en la narración. Cambios tan radicales que podrían incluso alterar fundamentalmente la naturaleza de lo que se está contando. Pero no todos los cambios son admisible ni igualmente probables.</p>
<p>Los finales de temporada fueron los de <cite>Castle</cite> y <cite>The Mentalist</cite>. En ambos se planteaba de pronto una situación que rompía la dinámica de la serie. En el primer caso, Kate Beckett, la detective co-protagonista, recibía un disparo en el corazón y la temporada terminaba con la posibilidad de que el personaje pudiese morir. En el segundo, Patrick Jane finalmente parecía matar a su Moriarty, el temible asesino en serie Red John. En los dos casos, de concretarse las posibilidades planteadas, las motivaciones de las series desaparecerían, debiendo ser sustituidas por otras o sufrir una considerable modificación. Castle no tendría detective a la que seguir y Patrick no tendría motivo para sus labores policiales.</p>
<p>Y sin embargo, no son situaciones exactamente iguales.</p>
<p>En el caso de <cite>Castle</cite> ya sabes que la muerte de la Kate es simplemente imposible. Si bien el personaje protagonista es Castle, y es su mirada la privilegiada, la serie sólo existe porque acompaña a la detective Kate Beckett. Sin la detective, Castle no es más que un escritor de novelas de misterio que de vez en cuando juega al póker con otros colegas. Sin Kate, la serie como tal simplemente no existe.</p>
<p>Por supuesto, todo se puede arreglar y será por falta de justificaciones. Kate podría morir y ser sustituida por otro personaje similar. Castle podría seguir queriendo jugar a ser policía y por tanto aceptar a la sustituta. Ya ha sucedido muchas veces. Pero, y esto es lo importante, ¿para qué cambiar lo que funciona? A menos que la actriz no hubiese podido volver (o se hubiese dado un caso <cite>Embrujadas</cite> o similar), era seguro que su personaje se levantaría de la cama del hospital. Y en cualquier caso, lo que se habría buscado es preservar la serie y no explorar cualquier nueva posibilidad abierta por la desaparición de ese personaje. Castle no iba a volver a su mesa y la serie pasar a contarnos sus aventuras como escritor. </p>
<p>En el caso de <cite>Castle</cite> el cliffhanger final no era tal. No podía ser. Pero el de <cite>The Mentalist</cite> era diferente.</p>
<p>Matando a Red John, Jane lograría su venganza. Sin embargo, no necesariamente eliminaría su motivación para seguir ayudando a la policía. Evitar que su tragedia se repitiese para otros podría ser justificación más que suficiente. Y la muerte de su némesis podría introducir interesantes dinámicas en el personaje, que ahora se encontraría &#8220;libre&#8221; pero no. ¿Sería suficiente la venganza? Desaparecido el demonio exterior, ¿ganarían fuerza los demonios interiores? Eliminada la razón de su existencia, ¿se enfrentaría Jane de cara con su tragedia?</p>
<p>Por tanto, si bien la posibilidad de <cite>Castle</cite> era totalmente imposible, en el caso de <cite>The Mentalist</cite> no sólo era posible, sino probablemente hubiese sido un elemento interesante para alterar la serie dejándola con la misma estructura. En el caso de <cite>Castle</cite>, la desaparición de la figura central de la detective habría provocado demasiados cambios, convirtiéndose la serie en algo totalmente diferente, situación que la ficción comercial no admite fácilmente, mientras que <cite>The Mentalist</cite> podría haber evolucionado lo justo. </p>
<p>Por desgracia, no fue. No sólo Jane no mató al verdadero Red John, sino que las consecuencias del disparo mortal se resolvieron en el primer episodio de la cuarta temporada y al segundo la serie seguía como si nada hubiese pasado. Fue un cliffhanger sin mayores consecuencias a pesar de ser mucho más prometedor.</p>
<p>Y llegamos a <cite>Dexter</cite>.</p>
<p>En el episodio “Nebraska”, durante una sexta temporada en la que se han hecho referencias a la luz y a la oscuridad interiores, Dexter pierde el &#8220;espíritu&#8221; rector de su padre y obtiene a cambio el &#8220;espíritu&#8221; nada recto de su hermano Brian. Hermano al que él mismo mató y que era además el temible Ice-Truck Killer. Fue un poco una situación de dibujos animados, cuando un personaje adquiere de pronto una versión angelical de sí mismo en un hombro y una versión diabólica en el otro. Si el padre de Dexter le recomendaba continuamente cautela, siendo la voz interior de la parte buena del alma de Dexter, su hermano le recomienda continuamente que se deje llevar por sus instintos más criminales. Con un golpe de guión, el oscuro pasajero, que durante tanto tiempo había sido anónimo, adquiere de pronto una cara. Una cara conocida, evidentemente, como dicta la regla comentada anteriormente.</p>
<p>Un detalle que me gustó fue que los mostraban de forma muy diferente. El padre de Dexter aparece como luminoso. Aquellas escenas en las que está presente se muestran como ligeramente difusas, como más abstractas, porque en realidad es una manifestación de procesos mentales de Dexter. Si la cámara se mueve y el padre desaparece, el escenario recupera su aspecto más terrenal. Es más, el padre de Dexter tiende a no interactuar con el entorno. Tiende a situarse pasivamente, ejerciendo de consejero. Henry, el padre, se mueve en la región de las ideas, de la planificación, de la cautela. A Henry le preocupa lo que debe hacerse correctamente, que es una preocupación más del futuro.</p>
<p>Sin embargo, al hermano (tan muerto como el padre) se le representa como si realmente estuviese presente (aunque con cierta tendencia a la oscuridad). Cuando va en el coche con Dexter es como si realmente fuese un acompañante más. Si la cámara se mueve, la imagen sigue teniendo el mismo aspecto. También se le ve comer, porque él es un espíritu que actúa, es la representación del impulso interior de Dexter, una parte de él que aspira a lo contrario de la cautela. No sólo se le ve interactuar con el entorno, sino que se le ve matar, aunque luego se revele que realmente el asesino fue Dexter. Brian está totalmente preocupado por el presente, por lo que se puede hacer aquí y ahora mismo. Su deseo es matar, como sea, sin que importen las consecuencias. </p>
<p>El hermano es como un impulso físico, algo que ansía intervenir en el mundo. No quiere ser el pasajero, quiere hacerse con el control. El padre, que curiosamente tiende a ser el pasajero del coche real de Dexter, tiene poco poder para limitar las acciones de su hijo, mientras que el hermano lo tiene más fácil para convencer a Dexter. El hermano es más terrenal mientras que el padre es más espiritual.</p>
<p>Por desgracia, al comprender el planteamiento del episodio ya sabes que esa situación no puede durar. Y de hecho, no pasa de ahí. Es simplemente imposible que Dexter se entregue al destino de su hermano, que abandone el recto camino de Henry por el frenesí del presente de Brian, aunque ambos conduzcan a la sangre. Dexter no se va a mudar de pronto a un pueblo perdido y no se va a poner a matar a los turistas. Estamos hablando de Dexter, no de Norman Bates o Henry.</p>
<p><cite>Dexter</cite> la serie puede ser atrevida en cuestiones de sexo y violencia (que es la forma más conservadora de ser atrevida), pero no puede cambiar tanto sin poner muy en peligro su valor como producto comercial. En concreto, es preciso mantener al protagonista como un personaje &#8220;simpático&#8221;, con el que el espectador pueda identificarse. Por tanto, Dexter no puede ponerse a matar gente sin ton ni son so pena de superar la línea de la simpatía. Dexter sólo puede matar a alguien &#8220;culpable&#8221; de algo, aunque esa culpabilidad sólo se descubra a posteriori. El espectador debe poder pensar que cada asesinato de Dexter es un acto de justicia, ya fuese porque Dexter no tuviese ninguna otra opción (una pelea) o porque la víctima fuese culpable de algo mucho peor. De hecho, los asesinato de Dexter tienden a adoptar la forma de ejecuciones&#8230; más todavía, de actos médicos, revistiéndose de la asepsia del plástico. Dexter recubre el escenario de sus ejecuciones como si fuese un quirófano en el que se aspira a contener el torrente de sangre que su intervención va a desatar. </p>
<p>Se entiende que en el código de Dexter, el impuesto por el padre, el propósito de esos preparativos es no dejar pistas y por tanto evitar que Dexter sea capturado. Pero sirven también como justificación racional de sus actos, como punto a su favor en el juicio del espectador. Si Dexter se entregase directamente al homicidio, estaría rindiéndose a sus impulsos (cosa que a veces se nos permite ver, para recordarnos quién es por dentro). Siguiendo ese guión en concreto, adoptado una estrategia que intenta distanciar el acto de sus consecuencias, adoptando un procedimiento que no es el simple ritual de los demás asesinos, Dexter domestica su instinto. Y el premio por &#8220;racionalizar&#8221; sus impulsos es poder matar al final. Situar a Dexter como “exterminador” le vuelve aceptable. Siendo metódico, especialmente en la elección de las víctimas, demuestra que no es totalmente un monstruo. O si lo es, un es un monstruo capaz de controlarse durante el tiempo que le lleva montar toda la parafernalia y verificar culpabilidades. El único ritual que se le consiente es conservar una placa con sangre, que aún así sigue remarcando que el procedimiento es casi “médico”.</p>
<p>Lo que hace tan interesante la aparición del hermano es la existencia de ese sistema que protege a Dexter de la policía y de su pasajero interior. El capítulo nos deja entrever cómo sería el otro Dexter, el que nunca podremos ver (de hecho, en un episodio posterior son los propios guionistas los que, refiriéndose a un videojuego, rechazan la opción de mostrar ese punto de vista). Y también permite recuperar el Dexter de la primera temporada, antes de que la serie se convirtiese en un culebrón, cuando Dexter era un elemento anómalo en una matriz realista, cuando todos parecían comportarse como personas normales, cuando Dexter era el monstruo que vivía oculto entre nosotros. Las temporadas posteriores han ido construyendo un universo donde Dexter es casi el personaje normal, lo que lo vuelve inevitablemente rutinario incluso considerando su comportamiento. A estas alturas de la serie ya sabes lo que Dexter va a hacer o no hacer. Y cuando no lo sabes, es la propia voz, sincera, del personaje la que te lo dice.</p>
<p>Mi única duda es saber por qué existe ese episodio con un road trip del hermano muerto con el hermano vivo, los dos hermanados por el homicidio. Me gustaría pensar que es para todo lo que he contado, para dejarnos ver cómo sería el otro Dexter, para mostrar de una vez a su oscuro pasajero, en lugar de mencionarlo continuamente. Digamos que para mostrar la enormidad del trabajo del padre, que realmente construyó un código tremendamente efectivo considerando las presiones que debe contener. </p>
<p>Pero sospecho que en realidad la función real de este episodio es cumplir con otra regla de la ficción comercial: es conveniente prefigurar las cosas. Si una pistola va a dispararse al final, es necesario haberla mostrado al principio, de forma similar a que el asesino deber ser un personaje conocido. En realidad ese episodio es una forma en que los guionistas, sin duda muy conscientes de la oportunidad de divertirse en medio de una temporada tan sosa, dieron a entender acontecimientos que se producirían posteriormente. Una gran revelación es menos grande si no se da primero una pista que todos pasen por alto, pero a la que todos podamos volver posteriormente y decir “mira, ya estaba aquí”.</p>
<p>Nada más.</p>
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		<title>La ciencia y los pingüinos de Madagascar</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Oct 2011 17:12:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Jorge Romero</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los pingüinos y los lémures de Madagascar y continuación —vamos, los únicos personajes con personalidad de esas películas— ahora viven en el zoo de Central Park y protagonizan la serie de televisión Los pingüinos de Madagascar. Los pingüinos siguen con lo suyo, viviendo una vida de comandos tan capaces de derrotar hoy a un genio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><img src="http://pjorge.com/wp-content/uploads/2011/10/pinguino.jpg" alt="" title="pinguino" width="279" height="400" class="alignleft size-full wp-image-10083" /><span class="drop_cap">L</span>os pingüinos y los lémures de <cite>Madagascar</cite> y continuación —vamos, los únicos personajes con personalidad de esas películas— ahora viven en el zoo de Central Park y protagonizan la serie de televisión <cite>Los pingüinos de Madagascar</cite>. Los pingüinos siguen con lo suyo, viviendo una vida de comandos tan capaces de derrotar hoy a un genio del mal como de recuperar mañana el globo rojo de un niño. Los papeles están más definidos que en las películas. Skipper es el jefe, el más machote de todos, que sueña con bombas y misiles, un pingüino dado a la paranoia que ve enemigos en todos los cubos de basura. Private es el más joven y el que tiene la cabeza llena de arcoiris y unicornios, aunque no por ello es menos capaz que sus compañeros (habla, además, con acento británico). Rico es&#8230; bueno, no sé qué es Rico: pero posee la capacidad de escupir de todo, incluso cartuchos de dinamita (con la mecha ya encendida… detalle fascinante). Y finalmente está Kowalski, el científico del grupo, uno que hoy transfiere cerebros, mañana fabrica una máquina del tiempo y que siempre sueña con tener un coco todavía más grande.</p>
<p>Es Kowalski el que habitualmente se pasa los episodios defendiendo la ciencia y sus certidumbres. Sus inventos tienden a fallar de las formas más insospechadas, pero eso es lo habitual en nuestro mundo. Su tendencia es ofrecer planes de batalla fantásticamente complicados y luego, al presentar alguien una versión mucho más simple, quejarse de que la otra opción es demasiado “fácil”. Fiel al estereotipo, eso de las emociones no se le dan nada bien, a pesar de estar enamorado de una delfín. Puede que sus inventos fallen, pero sus ideas también tienden a funcionar y resolver el problema (por ejemplo, el final de <a href="http://madagascar.wikia.com/wiki/Command_Crisis">“Command Crisis”</a>). Unas veces pone en peligro a sus compañeros pero en muchas otras es el salvador final. Y más de una vez, es preciso aclararlo, si el invento tiene consecuencias funestas, se debe al defecto de carácter de algún otro personaje (te estoy mirando a ti, rey Julien).</p>
<p>(En un episodio, Skipper le pregunta a Kowalski si alguna vez ha inventado algo que no acabase amenazando con destruir el mundo. Tras pensárselo, Kowalski responde que no; una respuestas sincera pero bastante injusta).</p>
<p>Es decir, como representación de la tecnociencia en una serie de humor, Kowalski no está mal, sobre todo porque habitualmente tiene razón y es, casi por definición, el personaje más imaginativo de la serie. Kowalski es una representación bastante positiva y un miembro más que valioso del grupo. No podría ser de otra forma, ya que a los cuatro pingüinos se les presenta como personajes que actúan persiguiendo el bien (no por nada son los héroes de la serie) y aunque tienen defectos, esos defectos son motores de las historias y no les hacen ser menos capaces en sus habilidades. Aunque la fe de Kowalski en el intelecto es excesiva, esa fe no mengua su considerable capacidad intelectual (es, de hecho, el pingüino más listo del mundo; en una ocasión incluso se vuelve más listo que él mismo).</p>
<p>(La serie cuenta con su propio científico loco. El doctor Blowhole (Espiráculo creo que lo llaman en doblaje), que es básicamente el Blofeld de los pingüinos. Como no podía ser de otra forma, Kowalski envidia el material del que dispone Blowhole).</p>
<p>Pero hay un episodio -<a href="http://madagascar.wikia.com/wiki/Otter_Things_Have_Happened">“Otter Things Have Happened”</a>- llamativo por el tratamiento que hace de la ciencia. Resulta que Marlene —una nutria hembra que vive con ellos en el zoo y que es la única presencia femenina (exceptuando a la cuidadora) regular (es decir, es la Pitufina)— no tiene novio. Los pingüinos deciden corregir esa situación y Kowalski utiliza la ciencia para fabricar un detector que permita localizar a su compañero ideal (el detector es una lata de sardinas con una pantalla de radar, porque Kowalski tiende a usar todo tipo de artículos cotidianos. El detector en realidad se ha creado para aprovechar sus grandes posibilidades militares. Posibilidades que no quedan nada claras en el episodio). Localizado el individuo, descubren que se trata de una ardilla de Central Park. Después de varios intentos de despertar el romance la cosa fracasa, situación que Kowalski no puede comprender, porque la elección ha sido totalmente científica y por tanto correcta. Como en su universo conceptual la ciencia no puede equivocarse, Kowalski arroja el aparato a la papelera mientras grita “Ciencia, ¿por qué me has abandonado?”.</p>
<p>En otra serie, el episodio terminaría aquí, con alguna referencia a “La ciencia no lo sabe todo y demás”, que suele ser el mensaje habitual. Pero en este episodio, el aparato sigue funcionando, indicando el mismo lugar. Lo que se descubre al final es que en ese mismo lugar del parque vive una nutria macho (conocida de la ardilla y con la que conversa brevemente) que sería, por su aspecto y aficiones, el compañero ideal de Marlene. Es decir, Kowalski tenía absolutamente toda la razón y la ciencia le había indicado el lugar correcto. El problema fue, digamos, un fallo de ejecución, una metedura de pata, pero la solución científica era más que exacta.</p>
<p>El episodio <a href="http://madagascar.wikia.com/wiki/Out_of_the_Groove">“Out of the Groove”</a> también llamativo por su comentario, reducido en este caso, sobre la ciencia. El rey Julien —el lemur más egoísta— pierde su marcha que, por arte de magia (o no), acaba en el cuerpo de Skipper. Skipper —el pingüino más serio de todos— se descubre de pronto capaz de bailar. Cuando se resuelve la situación del episodio, quedan dos opciones: existe la magia o Skipper lleva un bailarín dentro (que mantiene totalmente reprimido y que sólo despertó por, digamos, sugestión, el mismo mecanismo por el que el rey Julien perdió originalmente la marcha). Kowalski defiende la fría ciencia, negando cualquier posibilidad de magia. Sin embargo, Skipper decreta que la magia existe y la ciencia se equivoca, porque aceptar la alternativa va totalmente en contra de la imagen que Skipper tiene de sí mismo. Es una curiosa situación en la que la ciencia no falla (o se da a entender que no falla), sino que se decide que la opción científica no gusta.</p>
<p>Por supuesto, también hay algún episodio donde Kowalski es el científico loco. En <a href="http://madagascar.wikia.com/wiki/Jiggles">“Meneos”</a>, deseando producir algo después de un largo periodo sin ninguna gran creación, excepto un rayo para encoger, Kowalski logra fabricar un cruce entre blob y flubber. El monstruo, como lo llaman todos menos su padre, crece desmesuradamente hasta estar a punto de devorarlos a todos, incluyendo a su creador. Kowalski comienza su relación con la criatura defendiéndola, manifestado raras muestras de preocupación paterna y empleando todos los trucos retóricos para justificar o excusar lo que está sucediendo. Pero por desgracia, al final debe aceptar que la cosa se ha desmadrado y tras entonar “el problema lo creo la ciencia y la ciencia debe resolverlo” se ocupa personalmente de rectificar la situación.</p>
<p>En el epílogo, los pingüinos reunidos en la base secreta (una base construida en secreto bajo su hábitat, que contiene múltiples niveles con armas de todo tipo y con ingenios científicos de lo más variado. Viene equipada también con un generador de energía tan avanzado que si se fracturase, como está a punto de suceder en <a href="http://madagascar.wikia.com/wiki/Work_Order">&#8220;Work Order&#8221;</a>, podría destruir la estructura del espacio tiempo. Lo inventos más peligrosos de Kowalski tienden a acabar en las entrañas más profundas de la base) comentan que la ciencia nos da grandes cosas -entre ellas, tostadoras y colorantes artificiales- pero que la locura es algo muy diferente y que se debería evitar. Kowalski lo admite, aunque luego, cuando queda solo, descubrimos que no destruyó a Meneos, sino que, como si de un Quartermass se tratase, usó el rayo para reducir su creación a dimensiones mucho más cómodas y manejables, eliminando el problema sin tener que renunciar a su “prole”. Meneos será un monstruo, pero es su monstruo.</p>
<p>Y es que después de todo, Kowalski es humano. Bueno, quiero decir, es pingüino.</p>
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		<title>La imagen más importante</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Oct 2011 17:19:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Jorge Romero</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hoy Applesfera me pidió una opinión sobre la presentación ayer de Apple. Si la leen verán que soy uno de los que está contento con lo visto. En particular, creo que Siri tiene un gran potencial para cambiar la telefonía móvil. Hace mucho que el móvil tiende hacia el concepto de familiar y Siri me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><span class="drop_cap">H</span>oy Applesfera me pidió <a href="http://www.applesfera.com/iphone/un-telefono-excelente-es-ahora-mejor-invitado-pedro-jorge-romero">una opinión</a> sobre la presentación ayer de Apple. Si la leen verán que soy uno de los que está contento con lo visto. En particular, creo que Siri tiene un gran potencial para cambiar la telefonía móvil. Hace mucho que el móvil tiende hacia el concepto de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Esp%C3%ADritu_familiar">familiar</a> y Siri me parece uno de los grandes pasos en ese sentido.</p>
<p>También hice referencia a otro detalle de la presentación que me llamó mucho la atención. Ahora me gustaría ampliarlo un poco más.</p>
<p>Creo que ésta es la imagen más importante de la presentación de ayer:</p>
<p><img src="http://pjorge.com/wp-content/uploads/2011/10/5porciento.jpg" alt="" title="5porciento" width="500" height="280" class="aligncenter size-full wp-image-10071" /></p>
<p>Muestra la cuota de mercado del iPhone, un 5%, en el mercado global de la telefonía móvil. Como dejó claro el propio Tim Cook, no entre los smartphones, sino entre todos los teléfonos, porque desde el punto de vista de Apple todos los teléfonos móviles aspiran a la condición de smartphone. Si a eso sumamos que destacó las nuevas tiendas en China, el hecho de que ya son seis en total y que pensaban abrir más, queda claro el mensaje de esa imagen: Apple, al contrario que Alejandro, tiene todavía mucho mundo por conquistar.</p>
<p>En muchos aspectos es una gráfica muy ambiciosa y también una indicación de dónde tiene Apple situada la mira. En ese contexto, las discusiones entre Android, iPhone y demás carecen de sentido. Poco le importa si alguien ya ha optado por otro tipo de teléfono, porque lo que le importa es que el recién llegado a los smartphones escoja un iPhone. Ahí es donde ve el enorme potencial de crecimiento. Y también donde se encaja todo intento de simplificar la interacción con el móvil. Es decir, Siri. Un teléfono cuya potencia se puede controlar con facilidad es un teléfono más fácil de vender.</p>
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		<title>Don’t get fooled again: a sceptic’s handbook, de Richard Wilson</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Sep 2011 13:01:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Jorge Romero</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Libro sobre los engaños habituales, esos que de tan comunes son hasta admitidos. La astrología, por ejemplo. O la homeopatía. En esos aspectos es bastante normal, discutiendo algunos métodos que se usan para hacer pasar por verdaderas esas invenciones. Aunque a pesar del título no llega a manual, porque no es tan sistemático como para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><span class="drop_cap">L</span>ibro sobre los engaños habituales, esos que de tan comunes son hasta admitidos. La astrología, por ejemplo. O la homeopatía. En esos aspectos es bastante normal, discutiendo algunos métodos que se usan para hacer pasar por verdaderas esas invenciones. Aunque a pesar del título no llega a manual, porque no es tan sistemático como para ser útil en ese sentido (no es, para entendernos, un catálogo de falacias lógicas). En realidad, si ya conoces el tema, puede resultar bastante superficial.</p>
<p>El detalle interesante del libro es que se aleja un poco de los temas habituales y se adentra en terrenos del fraude científico y sobre todo de la manipulación social. En particular, se habla de cómo se fabrican los testimonios para justificar una guerra o de cómo engañar a la prensa con falsas noticias. Defiende el escepticismo como un mecanismo imprescindible para evitar que la sociedad se hunda bajo la corrupción y el fraude. Digamos que su posición escéptica tiene implicaciones mucho mayores.</p>
<p>Es uno de esos libros que podría haber sido mejor. Me resisto a recomendarlo, a pesar de que se lee muy bien y es entretenido, porque creo que a pesar de ejemplos interesantes que se salen de lo habitual es un libro que se queda corto.</p>
<p><a href="http://pjorge.com/2011/01/04/50-libros-2011/">[50 libros] 2011</a></p>
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		<title>En japonés</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Sep 2011 09:38:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Jorge Romero</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En japonés, sí, en el número 29 de Lunatic se publica &#8220;El día que hicimos la Transición&#8221;, un relato que Ricard de la Casa y yo escribimos hace ya un montón de años. No sé qué edición es ésta. Se ha reeditado tantas veces, muchas más de las que podría haber imaginado en su momento, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><img src="http://pjorge.com/wp-content/uploads/2011/09/lunatic29-e1317116305712.jpg" alt="" title="lunatic29" width="150" height="214" class="alignleft size-full wp-image-10053" /><span class="drop_cap">E</span>n japonés, sí, en el número 29 de <cite>Lunatic</cite> se publica <a href="http://pjorge.com/2003/05/02/el-da-que-hicimos-la-transicin/">&#8220;El día que hicimos la Transición&#8221;</a>, un relato que Ricard de la Casa y yo escribimos hace ya un montón de años. <a href="http://www.bemonline.com/portal/index.php/noticias-mainmenu-2/1868-el-dia-que-hicimos-la-transicion-traducido-al-japones">No sé qué edición es ésta</a>. Se ha reeditado tantas veces, muchas más de las que podría haber imaginado en su momento, que ya he perdido la cuenta&#8230; En italiano creo que está dos veces. En inglés está 3 veces; es decir, exactamente 3 veces más de las que podría razonablemente haber esperado al terminar de escribirlo. Incluso recibió <a href="http://pjorge.com/2007/05/29/gary-k-wolfe-y-el-dia-que-hicimos-la-transicion/">un comentario positivo de Gary K. Wolfe</a>, que durante años fue mi crítico favorito de ciencia ficción. </p>
<p>Vuelvo al tema. En japonés se ve así:</p>
<p><img src="http://pjorge.com/wp-content/uploads/2011/09/pagina1.jpg" alt="" title="pagina1" width="300" height="401" class="aligncenter size-full wp-image-10052" /></p>
<p>Antes de cerrar, debo dar las gracias al traductor, Yasutoshi Nakazima. Sin él, evidentemente, no hubiese sido posible.</p>
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		<title>Cuando el futuro nos alcance</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Sep 2011 07:55:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Jorge Romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Silva]]></category>

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		<description><![CDATA[Escribí este texto hace casi 8 años, como charla para la III Reunión de Informática y Ética: La Ética en la Ciencia Ficción. Tengo la mala costumbre de escribir las charlas, luego me las intento aprender de memoria (tarea que cada día resulta más difícil) y finalmente las suelto como puedo. En este caso, tras [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><em><span class="drop_cap">E</span>scribí este texto hace casi 8 años, como charla para la <a href="http://pjorge.com/2003/12/06/san-sebastian/">III Reunión de Informática y Ética: La Ética en la Ciencia Ficción</a>. Tengo la mala costumbre de escribir las charlas, luego me las intento aprender de memoria (tarea que cada día resulta más difícil) y finalmente las suelto como puedo. En este caso, tras volver de San Sebastián la dejé sin mirar durante todos estos años, pasando de un disco duro a otro a medida que iba cambiando de ordenador.</em></p>
<p><em>Releyéndola hoy, me queda claro que intenté hablar sobre todo de la incapacidad predictiva de la ciencia ficción que es, quizá paradójicamente, su mejor aspecto, porque al generar escenarios la mejor ciencia ficción nos invita a pensar (la peor nos dice que lo que ya pensamos no precisa modificación alguna). Por supuesto, también tengo la sensación de que la escribió una persona similar a mí pero diferente en varios aspectos. No es que no crea hoy más o menos lo se dice, pero al leer el texto repetidamente me encuentro exigiéndole mentalmente a su autor que justifique este punto o que demuestre aquella afirmación. Por esas razones la he dejado tal cual, sólo corrigendo las erratas que he podido encontrar. Ni siquiera he modificado las referencias a la presentación (¿cómo no iba a haber una presentación?) que le dan cierto carácter episódico.</em></p>
<p><em>Lo que pasó fue lo siguiente. Hace poco, unos amigos hablábamos de ciencia y tecnología en el canal de IRC que suelo frecuentar (sí, el IRC sigue existiendo). Comenté que en una ocasión yo había escrito sobre un tema cercano, hice una búsqueda rápida (gracias Spotlight) y les envié este texto. Les gustó. Y bien, siempre puede gustar a alguien más.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3 align="center">Cuando el futuro nos alcance<br />
Los desafíos de la tecnología del mañana a la luz de la ciencia y la ficción</h3>
<p align="center"><em>Donostia, 4 de diciembre de 2003</em></p>
<p><span class="drop_cap">¿Q</span>ué fue del futuro? Nos habían prometido tantas cosas: vivir en la luna, viajar por las estrellas, robots que limpiarían la casa, un avión personal para cada uno de nosotros, edificios que se elevarían kilómetros en el aire, teletransportación, civilizaciones extraterrestres, curas para las grandes enfermedades del mundo, etc&#8230; Se nos prometieron muchas cosas. ¿Qué fue de ese futuro? ¿Dónde están las imponentes estaciones espaciales de <cite>2001</cite>? ¿Los replicantes de <cite>Blade Runner</cite>? ¿Y los viajes rápidos por el espacio de <cite>La guerra de las galaxias</cite>? ¿Qué tal va lo de resucitar dinosaurios?</p>
<p>La pregunta me recuerda una escena del cómic <cite>Watchmen</cite> de Alan Moore y Dave Gibbon. <cite>Watchmen</cite> es un excelente ejemplo de ciencia ficción, de mundo alternativo que explora posibilidades que no se dieron en el mundo real. En este caso, los superhéroes existen, y tenemos a un montón de personas vestidas con leotardos que saltan por ahí resolviendo los problemas del país y del planeta. La realidad es que resolver, resuelven más bien poco. Y en un momento dado, Buho Nocturno (que no deja de ser una versión de Batman algo calzonazos) le pregunta a El Comediante (que a mí se me antoja un Capitán América como hubiese sido en la realidad): “¿Qué fue del sueño americano?” Y la respuesta de El Comediante, cínico como siempre, es bien simple: “Se hizo realidad”.</p>
<p>La respuesta es casi Zen en su simplicidad, pero totalmente exacta. Al igual que el sueño americano, el futuro se hizo realidad, y el mundo del siglo XXI está aquí. Podemos mirar a nuestro alrededor y verlo. Son tantos los ejemplos que sería una imposibilidad nombrarlos todos. Tomemos un par de ellos.</p>
<p>Hace una década, muy pocas personas en el mundo se conectaban a Internet, entre otras cosas porque Internet no existía más que como una oscura herramienta académica. Hoy día, Internet forma parte de nuestras vidas y ofrece posibilidades impresionantes. Casi todas las imágenes que he usado en esta presentación las he tomado, sin vergüenza, de la red de redes. Lo mismo sucede con los teléfonos móviles, que hace diez años eran caprichos de ricos (si se los podían permitir) y que hoy son una realidad cotidiana. Como dice el anuncio, “¿recuerdas cuando llamabas a un sitio y no a una persona?” Esa pregunta resume un cambio de mentalidad y social acaecido en menos de una década. Es una pregunta asombrosamente concisa, y sin embargo, contiene el germen de toda una reflexión sobre la realidad actual. Yo recuerdo cuando iba a la biblioteca a consultar la enciclopedia en lugar de buscar en Google.</p>
<p>Pero sorpresa, el maravilloso mundo del futuro de 2003 ha resultado ser completamente diferente al mundo que los futurólogos de hace treinta años predijeron. ¿Debemos sorprendernos? La verdad es que no; la ciencia ficción no se ha caracterizado nunca por sus habilidades proféticas. O mejor dicho, como los echadores de cartas, la ciencia ficción ha realizado tantas predicciones diferentes que inevitablemente ha acertado en alguna ocasión. No podemos felicitarla por los aciertos sin reprenderla simultáneamente por sus fallos. Por tanto, mejor no hagamos ninguna de las dos cosas.</p>
<p>Y ahora una pregunta importante, ¿nos hubiese gustado vivir en el mundo que predecía la ciencia ficción? No hablo de los paisajes destrozados por la guerra nuclear, ni en una de las distopías; no, claro. Me refiero a uno de esos escenarios futuro perfectos de superficies cromadas, donde todo el mundo es feliz.</p>
<p>William Gibson, famoso por su popularización del ciberpunk y campeón del ciberespacio, tiene un cuento llamado “El continuo Gernsback” que posiblemente sea su mejor aportación al estudio del impacto social de la ciencia ficción. Un fotógrafo recorre Estados Unidos fotografiando edificios diseñados cuando el futuro era reluciente y utópico; es decir, el futuro del progreso continuo tal y como lo concibió Hugo Gernsback, el creador del término ciencia ficción y la persona que más hizo por definir la idea del futuro que tiene el género: un mundo de progreso continuo, de avances cada vez más asombrosos, con su historia futura perfectamente definida: primero los planetas, luego las estrellas. Sin quererlo, el protagonista del relato se encuentra de pronto sufriendo visiones de ese mundo futuro alternativo, de unos años ochenta que no existieron nunca pero que los autores que escribían para las revistas de Gernsback habían imaginado y consideraban posible. He aquí una descripción de una de esas ciudades del futuro imaginadas por el pasado:</p>
<blockquote><p>
Había agujas sobre agujas en relucientes escalones de zigurat que trepaban hasta un templo dorado central rodeado por las alocadas pestañas radiadoras de las gasolineras de Mongo. Podrías ocultar el Empire State Building en la más pequeña de esas torres. Carreteras de cristal se elevaban entre las agujas, atravesadas y atravesadas de nuevo por suaves formas plateadas como gotas de mercurio en movimiento. El aire estaba lleno de naves: gigantescas alas voladoras, rápidas formas plateadas (de vez en cuando una de las formas mercuriales de los puentes aéreos se elevaba graciosamente en el aire y volaba para unirse a la danza), dirigibles de un kilómetro de largo, libélulas flotantes que eran girocópteros&#8230;
</p></blockquote>
<p>Lo que el protagonista comprende, después de ver a unos habitantes de ese mundo, es que el futuro tal y como fue imaginado no tenía nada que ver con su presente. Era limpio, aséptico, no sabía nada de límites tecnológicos, de problemas ecológicos, de luchas sociales, de tensiones o guerras. En muchos aspectos era una utopía, pero tan absolutamente estéril que se convertiría en una pesadilla para cualquier ser humano. Era un mundo utópico al precio de ser limitado, de estar constreñido y admitir a unos pocos, a los elegidos que podían aspirar a él. Al final del relato, el protagonista compra el periódico, tan confortablemente lleno de las tragedias y alegrías de la realidad de todos los días. El vendedor le comenta que vaya un mundo en el que vivimos, aunque podría ser peor. A lo que el protagonista responde “Cierto –dije-, o incluso más, podría ser perfecto”.</p>
<p>(Las cosas no han cambiado tanto como podríamos pensar. Recordemos el imponente Los Ángeles de <cite>Blade Runner</cite>, la nueva <cite>Metrópolis</cite> de Otomo o el Coruscant del universo de <cite>La guerra de las galaxias</cite>. La gran ciudad enorme y desproporcionada sigue dominando nuestra imaginación. Burke estaría orgulloso.)</p>
<p>Por tanto, ¿debemos preocuparnos por el futuro? Pues sí, la verdad. Como se dice popularmente, en el futuro vamos a pasar el resto de nuestras vidas, y más nos vale considerar seriamente lo que queremos o no queremos hacer. Nace ahí el problema ético de todo futuro, la gran pregunta: ¿qué queremos hacer? Y su inversa igualmente importante: ¿qué no queremos hacer? ¿Qué nos gustaría que no sucediese?</p>
<p>Lo curioso es pensar que el futuro es un invento relativamente reciente. Es decir, siempre ha existido el mañana. Un día sucedía a otro, el sol salía, se ponía, llegaba la noche, y luego, a empezar de nuevo. Sí, efectivamente, había cambios. Moría el rey y llegaba otro. El señor feudal de turno desaparecía y algún heredero ocupaba su puesto. Y si teníamos mucha mala suerte, la guerra hacía acto de presencia. Pero día a día, la vida era razonablemente igual para la mayoría, los siervos que trabajaban la tierra. Uno se dedicaba al trabajo de su padre, y era razonable esperar que los hijos ocupasen el mismo puesto.</p>
<p>Y un día nació el futuro. Se instaló en nuestras mentes la consciencia de que mañana podía ser diferente a hoy. Quizá podamos fijar ese punto durante la revolución industrial, cuando la tecnología comenzó a tener un impacto importante sobre la vida de mucha gente. De pronto había que hacer otras cosas (es posible que nosotros mismos conozcamos a personas que nacieron cuando los hermanos Wright apenas habían volado y que vivieron para ver el aterrizaje en la luna; apenas 66 años). De pronto se nos exigían otras habilidades. Aún así, a mí me gustaría retroceder un poquito más: al nacimiento de la ciencia moderna. Porque siempre ha habido tecnología: llevamos ropa, teníamos arados, etc&#8230; Pero cuando la tecnología se imbricó con la ciencia —de tal forma que hoy es difícil distinguir una de otra, porque la ciencia precisa de la tecnología para avanzar y la tecnología se apoya en la ciencia para crear sus maravillas– se produjo un fenómeno nuevo, una explosión deliberada, dirigida, una carrera rapidísima hacia el futuro. El futuro es hijo de la tecnología, o quizá sea mejor otra metáfora: la tecnología es el motor que mueve el futuro. Sin ella, tendríamos mañana, pero no futuro tal y como lo entendemos nosotros.</p>
<p>El movimiento es tan rápido, que muchas veces llegamos tarde al futuro. No porque no llegue el día de mañana, que llega, eso seguro, sino porque intentamos enfrentarnos al futuro, darle forma y sentido, con las expectativas y razonamientos éticos del pasado. Aquellas ideas que nos sirvieron tan bien cuando las cosas no cambiaban, o lo hacían lentamente, se nos deshacen entre las manos intentando comprender el presente del futuro en el que vivimos. Les puedo poner un ejemplo muy simple: Lee M. Silver comenta en su libro <cite>Vuelta el Edén</cite> que hasta mediados del siglo veinte algunos tribunales norteamericanos consideraban que los niños nacidos por inseminación con semen de donante, que no implica contacto físico entre los participantes, eran ilegítimos y que la práctica era adulterio. Incapaces de separar la sexualidad de la reproducción, su lógica les obligaba a llegar a esa conclusión.</p>
<p>¿Puede ayudarnos la ciencia ficción a movernos por el futuro? Pues sí. Pero no porque prediga el futuro. Eso es imposible, y quien afirme conocer la forma del mundo por venir probablemente intente vendernos algo. No, la ciencia ficción puede ayudar porque nos enfrenta a mundos extraños, a tecnologías nuevas, a sociedades diferentes, muchas de ellas totalmente imposibles. La ciencia ficción no es Casandra, prediciendo como una loca sobre las murallas de Troya sin que nadie le haga caso. No, tendríamos que buscarnos otro mito, uno en el que su protagonista invierta el tiempo en generar experimentos mentales, en plantearse escenarios, en decir “¿y si esto fuese así? ¿Y si se pudiese hacer tal cosa?”. Ésa, en resumen, es la esencia de la buena ciencia ficción. Se nos da bien razonar por analogías, y cuantos más ejemplos tengamos de sociedades diferentes, que se enfrentan a retos que nosotros todavía no hemos encontrado, pues mejor.</p>
<p>¿Hay contenido ético en plantearse cómo podría ser una nueva tecnología, qué podríamos sacar de un nuevo descubrimiento científico? Pues sí, y mucho. La razón es bien simple: habitualmente se considera que la tecnología y la ciencia son neutrales, que no tienen mayor efecto sobre el mundo que aquel que queramos darle. Nada más lejos de la realidad. La ciencia fundamental alterar nuestra posición en el universo. Nos obliga a desechar ideas, a aceptar otras nuevas, a cambiarnos de sitio. Piensen en Copérnico, que nos arrojó del centro del sistema solar. Piensen en Hubble, que nos dijo que nuestra galaxia no era la única. Piensen en Einstein, que nos quitó la cómoda certidumbre newtoniana de que ocupábamos el punto de referencia perfecto. E igualmente, toda tecnología implica una forma de ver el mundo, una metafísica (palabra que me gusta mucho y me gustaría reivindicar y limpiar de sus connotaciones mágicas). Toda tecnología implica una forma de relacionarnos <a href="#fn:cf1" id="fnref:cf1" title="see footnote" class="footnote">con la realidad que nos rodea y con otros seres humanos.</a></p>
<p>Un ejemplo.</p>
<p>Hoy, cuando hablamos de redes, pensamos en Internet. Una red grande, global, descentralizada, donde las terminales son inteligentes y también nodos perfectamente legítimos en la red. En suma, una red en la que se intenta minimizar la jerarquía. En la práctica, eso no es del todo así, pero la idea en principio es ésa. Pero hay otras posibilidades, como el Minitel francés. Minitel se adelantó en parte a su tiempo. Lanzado a principios de los ochenta, se convirtió rápidamente en una forma de comunicación para los franceses. Pero su estructura es mucho más centralizada, mucho más rígida, reflejando quizá la tendencia francesa a una estructura de ese tipo. Minitel es menos flexible que Internet, pero también es más fácil de usar y en algunos aspectos más segura. Ganas algo y pierdes algo, como en toda decisión que tomas. ¿Cuál es mejor? Pues depende de tu punto de vista. Internet está construida desde un punto de vista igualitario y su estructura refleja esos valores. Minitel es obra de una organización extremadamente jerárquica. Una la construyeron académicos y científicos, y la red confía en la capacidad de sus usuarios. La otra fue diseñada por burócratas y refleja una ligera desconfianza hacia el ciudadano.</p>
<p>En el análisis final, las dos son redes, y sin embargo, sus estructuras reflejan valores diferentes, y condicionantes éticos diferentes. ¿Es mejor tenerlo todo controlado? ¿Es mejor dar libertad? Internet ofrece mucha libertad y por tanto es muy flexible: la innovación es fértil y rápida: obsérvese el asombroso desarrollo de la web. Sin embargo, confía tanto en la buena voluntad de sus usuarios que es muy fácil abusar del sistema: recuérdese el spam.</p>
<p>Consideremos CyberSyn,<a href="#fn:cf2" id="fnref:cf2" title="see footnote" class="footnote">2</a> la “internet chilena”, de la que quizá no hayan oído hablar. Creada por el gobierno de Allende, se ideó para dar poder al pueblo, mejorando la interacción entre las fábricas, y rechazando el modelo centralizado soviético que su ideología política parecía imponerles. Después del golpe de estado, los militares no tardaron en deshacerse de ella. Era simplemente tecnología, pero su concepción de base chocaba con los valores que un régimen dictatorial defiende.</p>
<p>Ahora piensen un momento en los intentos de implantar sistemas de protección de copias en nuestros ordenadores. Es necesario proteger los derechos de autor, porque los creadores deben percibir una remuneración por su trabajo, ¿pero hasta el punto de quitarnos el control de las máquinas que hemos pagado y que mantenemos en nuestros hogares? ¿Cómo se equilibran los derechos de los creadores y los derechos de los consumidores?</p>
<p>Aunque defendamos la neutralidad de la tecnología, somos dolorosamente conscientes de que no es así. Posiblemente el mejor resumen se dé, precisamente, en una película de ciencia ficción: <cite>2001: Una odisea del espacio</cite>; en la transición entre el segmento del amanecer del hombre y el vals cósmico. Tenemos a un proto-humano, un simio más o menos desarrollado, que por influencia del misterioso monolito (tan desprovisto de rasgos que podría representar cualquier cosa) ha descubierto las herramientas. Un hueso en concreto. Y descubre el placer de destrozar cosas con él, sobre todo matando. De ahí arranca todo: nos dan un hueso y machacamos con él, como a quien le dan un martillo y cree que todos los problemas son clavos. En un momento de emoción, nuestro mono lanza el hueso al aire y, en una de la elipsis narrativas más brillantes de la historia del cine, el hueso cae convertido en una nave espacial, resumiendo así miles de años de desarrollo tecnológico.</p>
<p>Pero <cite>2001</cite> va más lejos. Al final, nos ofrece incluso la posibilidad de la trascendencia. Nuestro desarrollo tecnológico nos convertirá en algo diferente, nos acercará un paso más a una criatura superior: el niño estelar que promete un renacimiento de la especie. Tenemos ahí otra nota habitual de la tecnología, que inmediatamente relacionamos con el progreso. Creemos que progreso y tecnología van unidos.</p>
<p>Y sin embargo, lo primero que nos enseña la ciencia ficción es que tales conceptos están lejos de ir unidos. El progreso es una valoración humana. Si las cosas nos van bien en el futuro, tenemos progreso. Si las cosas no van bien, no importa el nivel de desarrollo tecnológico, no habrá progreso. <Cite>1984</cite> es el ejemplo que viene inmediatamente a la mente. George Orwell predice una sociedad bajo un control tan férreo que ningún ser humano querría vivir en ella. Pero <cite>Un mundo feliz</cite> de Aldous Huxley —con su título tan deliciosamente irónico incluso en inglés: <cite>Brave New World</cite>— nos presenta una sociedad todavía más deshumanizada. Los conocimientos científicos han avanzado tanto que es posible crear seres humanos en el laboratorio, cada uno adaptado perfectamente a la posición social que va a ocupar en la vida y por tanto feliz de ocuparla. ¿Qué podría ser más perfecto? Pero ese mundo, más que feliz, es más bien un mundo ordenado. Todo está en su sitio, sí, ¿pero valía la pena pagar el precio? ¿Perdimos en el proceso algo que valorábamos? </p>
<p>Lo interesante de esas dos obras es que su influencia se ha extendido de tal forma que incluso sin haberlas leído uno reacciona instintivamente ante ellas. Nuestra percepción de lo que las tecnologías modernas de control informático podrían traer vienen matizadas por Orwell. Pensemos si no en películas como <cite>Brazil</cite> de Terry Gilliam o <cite>Minority Report</cite> de Steven Spielberg que exploran desde diferentes puntos de vista la posición de un individuo en una sociedad con control absoluto. En la primera, sólo existes mientras la burocracia te tenga registrado. En la segunda, hasta tu futuro está bajo férreo control. </p>
<p>Si creen que la ciencia ficción no tiene nada que decir sobre el futuro, consideren un segundo las arañas espías de <cite>Minority Report</cite>. Piensen en esos bichos recorriendo por un edificio, registrándolo todo y a todos, violando hasta la más íntima de las intimidades. Y lo peor no es eso, lo peor es que se considera tan normal, que los inquilinos dejan lo que estén haciendo para facilitar el registro, y luego siguen con sus peleas o lo que sea. ¿<cite>Minority Report</cite> nos prepara o nos advierte? </p>
<p>En realidad, la respuesta a la pregunta no importa demasiado. Lo importante es que las novelas y películas de la ciencia ficción nos presentan esas situaciones en toda su dimensión humana. Es muy fácil elucubrar sobre si tal cosa sería factible o no, o conveniente o no. Pero verlo es algo muy diferente, experimentarlo emocionalmente es otra cosa. Tenemos a un personaje concreto, en el que hemos invertido ciertas emociones durante un buen rato, y de pronto, ese personaje sufre cierto trato. ¿Estaríamos dispuestos a consentirlo? </p>
<p>Y la respuesta a esa pregunta define ya nuestra posición ética con respecto a esa tecnología.</p>
<p>Tan poderosa es la técnica de tener a un personaje concreto sufriendo o disfrutando del futuro que su uso escapa al terreno de la ficción. Autores de libros de divulgación, por otro lado muy serios, no vacilan en presentarnos situaciones concretas del futuro, en un intento de situarnos en el lugar de personas que tendrán que sufrir el uso de ciertas tecnologías. Voy a poner unos ejemplos: <cite>Volver al Edén</cite> de Lee M. Silver (que ya he nombrado), <cite>El futuro del sexo</cite> de Robin Baker y <cite>The Transparent Society</cite> de David Brin.</p>
<p>Lee M. Silver va presentando posibles escenarios. Por ejemplo, una pareja de lesbianas que desea tener un hijo. Hasta ahora, eso se lograba con semen de donante, con lo que una de ellas era la madre biológica y la otra&#8230; bien, la otra no. Sin embargo, pronto la tecnología permitirá que las dos sean madres biológicas de la criatura, sin intervención de ningún hombre. De ahí, ¿cuánto tiempo hasta tener nacimientos virginales? Robin Baker va todavía más allá y presenta escenarios que son casi historias de ciencia ficción por sí mismos. Alterna capítulos. En uno, explica una técnica en concreto y en el siguiente ilustra cómo esa técnica cambiará los usos sociales. En uno de los capítulos más asombrosos, o desagradables, cuenta como un hombre preserva sus testículos implantándoselos a una rata macho. Cuando quiere tener un hijo&#8230; bueno, ya se lo imaginan.</p>
<p>Por otra parte, no son los primeros en reflexionar de esa forma. Un escritor de ciencia ficción, como no, se les adelantó algunos años: John Varley. Si alguien ha escrito de clonaciones, nuevas formas de reproducción y la preservación de la personalidad humana, ha sido él. Su novela <cite>Y mañana serán clones</cite>&#8230; va de&#8230; ya se lo imagina, ¿no? Pero fue en sus cuentos, recopilados en España en las antologías <cite>La persistencia de la visión</cite> y <cite>En el salón de los reyes marciano</cite>, donde exploró las múltiples posibilidades de la clonación. Vamos, que a los lectores de John Varley el 23 de febrero de 2000 no nos pilló por sorpresa. Dolly, la clonación de un mamífero, era algo que esperábamos desde hacía tiempo. Sin embargo, los expertos en ese campo, nos confiesa Lee M. Silver en su libro, creían que tal cosa era imposible.</p>
<p>Aún así, el problema de la biología suele ser otro. La clonación no debería asustar a nadie, porque en realidad clones ya tenemos. Todos los hermanos gemelos idénticos son clones unos de otros. De hecho, se parecen más entre sí de lo que podría parecerse a mí un clon mío. Ellos compartieron el mismo útero, mientras que mi clon, previsiblemente, se desarrolló en una madre de alquiler (lo que a su vez plantea otros problemas éticos: ¿se debe pagar dinero por la reproducción?). Normalmente lo que asusta es la posibilidad de la manipulación genética para obtener seres perfectos. A veces es el simple hecho de la manipulación genética: ¿cómo osaremos mancillar el código genético de un ser humano?</p>
<p>Por desgracia, esa posición no soporta ningún análisis serio. Se sustenta en una simple confusión. Buscando el alma, nos topamos con el ADN, y mucha gente ha decidido que alma y ADN son lo mismo y si uno es sagrado el otro también lo es. Sin embargo, siempre habrá gente dispuesta a modificar el código genético de sus hijos para darles ventajas en la vida. ¿No procuramos enviarlos a las mejores escuelas? ¿No intentamos que tengan lo mejor? Y si se pueden comprar buenos genes con dinero, ¿qué padre se negaría?</p>
<p>Ésa precisamente es la posición de Gregory Stock en su libro <cite>Redesigning Humans. Choosing Our Children’s Genes</cite>. Sucederá inevitablemente. Sea legal o no, alguien acabará pagando por modificar el código genético de su hijo. Nancy Kress, ya dentro de la ficción, explora un territorio similar en su trilogía de los mendigos, iniciada con <cite>Mendigos en España</cite>. Si fuese posible eliminar el sueño, ¿quién se beneficiaría? ¿Se crearía una casta social nueva?</p>
<p>Ahí radica el gran temor de las modificaciones genéticas. Si fuesen posibles, ¿se escindiría la sociedad en dos estratos diferenciados? ¿Crearíamos superhombres por un lado y supermonstruos por otro? Peor aún, ¿los humanos normales que conocemos hoy acabarían siendo considerados monstruos? ¿Cuál es la mejor solución? ¿Prohibir? En ese caso estarían disponibles sólo para aquellos dispuestos a violar la ley y a pagar el precio correspondiente. ¿Garantizar el acceso gratuito a esas técnicas? En ese caso habría que sufragar un gasto médico ingente.</p>
<p>Y hablando de genética. Cuando yo era pequeño, tenía un juego de química. Los niños de ahora pueden tener un juego de genética, para examinar ADN y emular a los héroes de CSI. Uno se imagina a un niño diciendo: “papá, papá, tu ADN y el mío no coinciden”.</p>
<p>Dejemos la biología, que en realidad conforma el grueso de lo que se quiere decir cuando se habla de ética científica, y sigamos.</p>
<p>El caso de David Brin en su <cite>The Transparent Society</cite> es algo diferente. David Brin es especialmente conocido como escritor de ciencia ficción, pero ése es un libro de ensayo, donde examina el futuro de la intimidad. ¿Qué pasará cuando el mundo esté lleno de cámaras e ir por la calle implicará ser grabado por quizá miles de ellas? Es más, ¿y si todas esas cámaras están instantáneamente conectadas a la red? En el laboratorio que hay junto al mío, en la universidad, investigan con redes neuronales para reconocer imágenes. Alguna empresa emprendedora podría cruzar muchas bases de datos, buscar caras entre la multitud y servir anuncios personalizados. Esa escena de <cite>Minority Report</cite> ya no parece ciencia ficción. Y no hay escapatoria. Las cámaras llegarán queramos o no. Y prohibirlas, no hará más que lleguen de tapadillo.</p>
<p>David Brin, buen conocedor del género, usa el truco de poner siempre al lector en el centro del dilema. Siempre hace preguntas con un “tú”. Por ejemplo, supongamos dos ciudades. Una está llena de cámaras, pero sólo unos pocos elegidos tienen acceso a ellas. La otra también está llena de cámaras, pero todo el mundo tiene acceso a ellas para ver lo que registran. ¿En cuál de esas dos ciudades querrías vivir? Si eliges la primera, estarás a merced de los ricos y poderosos, porque serán los que tengan acceso a la información ofrecida por las cámaras. Si escoges la segunda, la intimidad tal y como la conocemos desaparecerá. Difícil decisión, pero muy importante.</p>
<p>¿A qué otros problemas éticos nos podemos enfrentar en el futuro a cuya resolución, o planteamiento, nos pueda ayudar la ciencia ficción?</p>
<p>Muchos, muchos, francamente muchos. Voy a escoger unos pocos.</p>
<p>El estudio del cerebro nos obligará a mirarnos con otros ojos. Cuando conozcamos cómo somos realmente por dentro, cómo pensamos, cómo sentimos, ¿qué imagen tendremos de nosotros mismos? Hay muchos libros que han intentando responder a esa pregunta. El más fascinante, posiblemente sea <cite>The Mind’s I</cite> de Hofstadter y Dennett, científico y filósofo respectivamente. Estamos ante un collage, una recopilación de textos que van cubriendo las distintas posibilidades. Muy interesante, pero insatisfactorio desde el punto de vista que estamos tratando aquí. Por suerte, tenemos un autor de ciencia ficción dispuesto a aceptar el reto: el australiano Greg Egan, un hombre extraviado en la neurología. Sus novelas exploran nuestra naturaleza en su nivel más básico y fundamental, el funcionamiento de la mente como producto del cerebro. </p>
<p>Greg Egan lleva años explorando alternativas a nuestra configuración cerebral actual. Nosotros llevamos siglos alterando el funcionamiento del cerebro, aunque sólo sea emborrachándonos. Pero, ¿cómo será el mañana si disponemos de drogas para incrementar nuestra inteligencia? ¿Los avances en tecnologías no invasivas permitirán algún día leer nuestros estados cerebrales? ¿Podremos hacer que el cerebro se repare? ¿Debemos permitir alguna de esas cosas? Si las prohibimos, ¿nos arriesgamos a que sólo los ricos disfruten de ellas? Greg Egan ha escrito sobre estas cuestiones y otras más, aunque quizá su creación más seductora sea la joya Ndoli. Aparece en muchas de sus obras, pero quizá la más deslumbrante y terrible sea “Learning to be me”. Descubrimos que a corta edad se te implanta un dispositivo, la joya en cuestión, prácticamente indestructible, que va tejiendo una red por todo tu cerebro. La joya va “escuchando” las reacciones de tu cerebro a los estímulos externos y poco a poco va a aprendiendo a ser tú. Con el tiempo, la imitación es tan perfecta, que las reacciones de la joya son indistinguibles de las reacciones del cerebro real. En ese momento, ¿cuántas personas hay? ¿Una? ¿Dos? Si dos sistemas responden exactamente de la misma forma ¿son el mismo? La cuestión no es totalmente filosófica, porque llegado a cierta edad, te cortan el cerebro, lo sustituyen por una materia esponjosa (más que nada para satisfacer al riego sanguíneo), y la joya toma el control del cuerpo. Después de todo, la joya lleva muchos años aprendiendo a ser tú, y es la misma persona. ¿O no?</p>
<p>Imaginen que eso se pudiese hacer. ¿Avanzará la informática tanto como para que eso sea posible? Eso sí que es un problema ético. Y en cuanto uno lo medita unos minutos, coincidirán conmigo que Greg Egan más que ciencia ficción escribe novelas de terror.</p>
<p>La fascinación neurológica de Greg Egan no se detiene ahí. En <cite>Ciudad permutación</cite> explora la posibilidad de copiar a los seres humanos en un sistema informáticos. No tienen cuerpos físicos, pero responden como las personas que fueron. ¿Están vivas o muertas? ¿Tienen derechos? </p>
<p>Ya que estamos con copias informáticas, ¿qué hay de la inteligencia artificial? Ningún problema por ahí, ¿verdad? Pues mejor no ir tan rápido. Ya la que podemos considerar primera novela de ciencia ficción, el <cite>Frankenstein</cite> de Mary Shelley, trataba precisamente ese tema. Fabricamos un ser inteligente en el laboratorio, y luego qué hacemos con él. ¿Y si le da por comportarse libremente como hacen los seres inteligentes que conocemos? Es decir, nosotros. O se convierta en el Bender de <cite>Futurama</cite>, ese robot ladrón, mentiroso y en general canalla.</p>
<p>Y si les da por hacer cosas todavía más sorprendentes. </p>
<p>Vamos un segundo a Japón. País fascinante, que vive prácticamente 18 meses en el futuro. Howard Rheingold en <cite>Smart Mobs</cite> ya comenta que el futuro se le reveló un día de primavera del 2000. Se paseaba por Tokio (¡como le envidio!) y de pronto se dio cuenta de que la gente miraba a los teléfonos móviles en lugar de hablar con ellos. ¿Qué estaba pasando? Pues que esos japoneses habían descubierto otros usos para esos aparatos. Hace tres años ya sabían que servían para otra cosa. Nosotros ahora estamos empezando a recibir los primeros teléfonos con cámara. Por ejemplo, éste mismo que uso yo. Ya ven, un Nokia 3650 con una cámara que tiene una resolución de 640&#215;480 píxeles. Mientras tanto, los japoneses disponen ya de teléfonos con cámaras de un megapíxel. Incluso tienen un lugar de peregrinación tecnológico, el distrito de Akihabara donde se puede conseguir lo último de lo último. Ellos usan lo que nosotros usaremos dentro de unos meses.</p>
<p>Lo curioso de Japón es que su cultura es completamente diferente a la nuestra. Y sin embargo, están inmersos en una tecnología que en muchos aspectos supera a la que nosotros tenemos disponible. Merecería un estudio en profundidad examinar cómo se combinan ambos aspectos de las realidad moderna japonesa.</p>
<p>Pero a lo que iba. Japón parece un país en sintonía con el futuro, tanto que casi lo canalizan. Y esa sintonía se manifiesta en sus formas culturales más populares. Y de todas ellas, posiblemente el manga sea la más popular de todas y sus películas de anime reflejan lo que sus creadores esperan del futuro. El futuro visto por los japoneses, la verdad, no es muy halagüeño, aunque quizá en ese punto pese el ser la única nación que ha sufrido un bombardeo atómico. Y de todos los aspectos que han reflejado en su cine, me quedo con uno: una escena de la película <cite>Ghost in the Shell</cite> en la que una inteligencia artificial pide asilo político.</p>
<p>¡Asilo político!</p>
<p>Y ya que estamos, sueldo, pensión y seguro de invalidez transitoria. </p>
<p>Y por qué no. Pensemos un momento en <cite>Animatrix</cite>, el ejercicio de animación a propósito de la película <cite>Matrix</cite>. En particular, en el segmento titulado “El segundo renacimiento”. Vemos a robots trabajadores. ¿Cobran esos robots? Parecen inteligentes; ¿con qué criterio les negamos ese derecho? Supuestamente, si somos capaces de crear inteligencias artificiales, también seremos capaces de almacenar la personalidad de un ser humano en un sistema informática. ¿Cuál es la diferencia entre los dos? ¿Que uno surgió de un cuerpo humano? La verdad, parece poco en lo que sustentar una diferencia de trato.</p>
<p>Centrémonos ahora en la nanotecnología. </p>
<p>La nanotecnología es una posibilidad abierta. Nadie sabe si es posible o no. Pero supongamos por un momento que lo sea. Estamos hablando de máquinas diminutas, que podrían ir por ahí y hacer cosas fascinantes. Limpiar residuos, procesar minerales, arreglar problemas circulatorios, e incluso permitir nuevas formas de transmisión física de información. Si creen que copiar cedés es un problema consideren lo siguiente. Estamos en nuestra casa, tan tranquilos, y de pronto nos apetece comprar un reloj nuevo. Ojeamos el catálogo, holográfico por supuesto (todo es holográfico en el futuro), y nos decidimos por un modelo en particular. Lo pedimos a la tienda y a los pocos minutos un dispositivo instalado en una esquina de nuestra casa (o en el garaje) comienza a funcionar. En su interior, las nanomáquinas están ocupadas recreando un reloj idéntico al que vimos en el catálogo. Es más, puede que sea el primer reloj de su clase que exista en todo el mundo, y el holograma que vimos no fuese más que una fantasía generada por ordenador. La maquinita lo ha fabricado a partir de materias primas que periódicamente renovamos. Materias primas mucho más baratas que el reloj original en sí.</p>
<p>Ahora bien, si cualquier objeto físico se puede recrear con esa facilidad, ¿qué sentido tiene la propiedad privada? Si alguien me roba, digamos, la caseta del perro, ¿debo enfurecerme o pedir a la máquina que fabrique una nueva? Si la unicidad de los objetos desaparece, ¿qué valor podría tener la Mona Lisa o cualquier obra de arte? Pues un futuro así es el que imagina Neal Stephenson en <cite>La era del diamante</cite>. Las naciones estados no han podido soportar la aparición de la nanotecnología, el derrumbe de la industria basada en lo material, y el mundo se ha dividido en una serie de tribus, cada una ocupada de sus propios intereses.</p>
<p>Pero los recursos son limitados, me dirán ustedes, habrá que pagar por la materia prima.</p>
<p>Pues no, porque si tenemos nanotecnología, conquistar el sistema solar sería un juego de niños, y los recursos de nuestros planetas cercanos son prácticamente ilimitados. Y con un poco más de esfuerzo, las estrellas están ahí al lado. Con recursos ilimitados, ¿qué tipo de sociedad podríamos crear? Pues algo así como la Cultura, la sociedad creada por Iain Banks en sus novelas de ciencia ficción. Recursos ilimitados implica libertad absoluta. Quieres un reino, pues fabrícatelo. Quieres una nave espacial para ti solo. Ah, mala suerte, porque en la Cultura las naves espaciales son seres inteligentes y por tanto miembros de pleno derecho.</p>
<p>Uno de los aspectos más interesantes de la Cultura es que no está atada a los planetas. Con tecnología suficientemente avanzada, vivir en un planeta es un incordio, por el pozo de gravedad y esas cosas. Es mejor tener colonias artificiales e ir vagando por el espacio. </p>
<p>¿Será posible? Nadie lo sabe.</p>
<p>Y ahora, un metaproblema. ¿Pueden nacer nuevas formas de ética? ¿Puede la tecnología generar éticas diferentes a las tradicionales?</p>
<p>Curiosamente, la respuesta es sí. </p>
<p>Y ya ha aparecido.</p>
<p>La llaman la ética del hacker, la ética de una sociedad basada en la información, y ha sido descrita en muchos lugares. Neal Stephenson la da a entender en <cite>En el principio fue la línea de comandos&#8230;</cite>, aunque probablemente su bíblia sea <cite>La ética del hacker y el espíritu de la era de la información</cite> de Pekka Himanen. Un resumen muy bueno, aunque sin referenciar a ninguno de ellos, se encuentra en “Three Systems Of Ethics For Diverse Applications”.<a href="#fn:cf3" id="fnref:cf3" title="see footnote" class="footnote">3</a> El autor, Chris Phoenix, la describe como una ética de uno a múltiples, es decir, muchas personas, normalmente completos desconocidos, se benefician de tus actos. Una ética colaborativa, que respeta la autoría pero no necesariamente la propiedad, que se sustenta sobre la habilidad, que defiende el intercambio libre de información. El participante no busca la riqueza o el poder, sino la reputación. En ese sistema ético, eres tu reputación.</p>
<p>Por supuesto, no es más que una versión de la ética científica. En círculos científicos, la reputación es más importante que cualquier otra consideración, y el intercambio de información, dadas ciertas circunstancias, se considera primordial. Pero no ha sido hasta la aparición de los sistemas modernos de comunicación que ese sistema ha podido trascender el entorno limitado físico para extenderse a escala global. Esa ética es la que impulsa el movimiento de software libre.</p>
<p>¿Hay alguna novela de ciencia ficción que ejemplifique la ética del hacker?</p>
<p>Pues sí, la hay: la trilogía de Marte de Kim Stanley Robinson, compuesta por <cite>Marte rojo</cite>, <cite>Marte verde</cite> y <cite>Marte azul</cite>. Lo que describe esa trilogía es el esfuerzo por colonizar Marte, pero no cómo un proyecto dirigido desde un punto central, sino como un esfuerzo en red, una colaboración entre todos, que produce un resultado mayor que la suma de las partes. Tú haces lo tuyo, y el resultado final es un nuevo planeta en el que vivir. El volumen final es ya directamente utópico, porque su autor es un utopista. Pero hay una diferencia.</p>
<p>Si uno consulta el volumen <cite>The Farber Book of Utopias</cite>, que contiene ejemplos de utopías desde el remoto Egipto hasta nuestros días, descubrirá algo que quizá le sorprenda: por lo general, sin que importe el signo político, son totalmente abominables. En general, parten de una concepción clara de cómo debe ser una sociedad ideal. Como el ser humano rara vez se adapta a esa sociedad, pues deciden cambiar al ser humano, ya sea por reeducación o por métodos más expeditivos. Las utopías de Robinson son diferentes. Él parte de los seres humanos tal y como son e intenta, en sus novelas, establecer mecanismos de convivencia.</p>
<p>Ética del hacker, sí. La tecnología al servicio de la condición humana. No al revés, pretender que la condición humana se adapta a la tecnología.</p>
<p>Dejemos ya los ejemplos y volvamos al fondo de la cuestión, ¿para qué sirve la ciencia ficción? La repuesta es bien simple: no sirve para nada. Porque es ficción y no realidad. Sin embargo, nos permite entrever posibilidades y, paradójicamente, el hecho de que no sirva para nada nos permite aprender de ella. ¿Qué aprendemos de la ciencia ficción?</p>
<p>Aprendemos que el futuro es un hamletiano territorio tecnológico del que ningún viajero regresa. No debemos conformarnos con suponerlo, haciendo cábalas sobre su geografía definitiva o explorar alguna región que se nos antoja especialmente canalizadora del mañana. No podemos renunciar a la tecnología porque es parte de lo que somos y nos ayuda a ser quienes somos. Por tanto, no podemos renunciar al futuro, porque llegará inevitablemente queramos o no. Eso de volver al pasado está bien como fantasía, pero es poco probable que funcione en la realidad.</p>
<p>¿Qué debemos hacer entonces? Debemos pensar en el futuro que queremos. Porque el futuro, tal y como nos repite insistentemente la ciencia ficción, no es un lugar. No está ahí esperando a que lleguemos y lo ocupemos. No es ninguna última frontera. El futuro se fabrica día a día y por tanto es un artefacto humano como otro cualquiera. El futuro, en definitiva, se reclama como nuestro.</p>
<p>Muchas gracias.</p>
<div class="footnotes">
<hr />
<ol>
<li id="fn:cf1">
<p>Este aspecto de la tecnología se trata muy bien en <cite>El porvenir de la razón en la era digital</cite> de José Luis González Quirós.<a href="#fnref:cf1" title="return to article" class="reversefootnote">&#160;&#8617;</a></p>
</li>
<li id="fn:cf2">
<p><a href=" http://www.guardian.co.uk/technology/2003/sep/08/sciencenews.chile">“Santiago dreaming”</a> <a href="#fnref:cf2" title="return to article" class="reversefootnote">&#160;&#8617;</a></p>
</li>
<li id="fn:cf3">
<p><a href="http://www.nanotech-now.com/Chris-Phoenix/diverse-ethics.htm">Three Systems Of Ethics For Diverse Applications</a> <a href="#fnref:cf3" title="return to article" class="reversefootnote">&#160;&#8617;</a></p>
</li>
</ol>
</div>
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		<title>De la imposibilidad de hablar de las cosas</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Sep 2011 09:14:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Jorge Romero</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Adrián Hiebra hablaba hace unos días, en Ciencia, cultura y mercado, de ciencia y política científica, criticando el empecinamiento de hacer que la investigación científica rinda siempre cuentas económicas, que demuestre siempre su aportación al tesoro. Dice: Una cosa es admitir que el sistema tiene unas reglas que escapan a nuestra voluntad y otra, muy [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><span class="drop_cap">A</span>drián Hiebra hablaba hace unos días, en <a href="http://hiebra.blogspot.com/2011/09/ciencia-cultura-y-mercado.html">Ciencia, cultura y mercado</a>, de ciencia y política científica, criticando el empecinamiento de hacer que la investigación científica rinda siempre cuentas económicas, que demuestre siempre su aportación al tesoro. Dice:</p>
<blockquote><p>
Una cosa es admitir que el sistema tiene unas reglas que escapan a nuestra voluntad y otra, muy diferente, reducir la riqueza a su formulación monetaria, olvidando que nuestro patrimonio va más allá de aquello que produce lucro económico directa o indirectamente. La precariedad no conduce a nada, es obvio, y satisfacer unas condiciones materiales mínimas es un objetivo prioritario. Pero esto no impide que existan bienes tan imprescindibles como no comercializables. Bienes y actividades que se posicionan no en contra, sino al margen de los intereses económicos, con los que no guardan relación directa pero con los que tampoco tienen por qué ser incompatibles.
</p></blockquote>
<p>Recomendándoles la lectura del texto me gustaría centrarme en un aspecto que se deriva de su queja: la dificultad (en algunos casos extrema) actual para hablar de las cosas, reduciéndose todo al componente económico e industrial. Es decir, si intentas hablar del libro o del elibro, acabas casi de inmediato hablando de la industria del libro. Si intentas hablar de arte, acabas hablando de museos, galerías o cotizaciones. Si hablas de cine o televisión, otro cuarto de lo mismo. Es como si colectivamente hubiésemos aceptado que el criterio económico es la dimensión más importante e incluso la única. Lo que acabamos haciendo es sustituir el conjunto por una parte, que puede ser ser en sí misma digna de análisis y reflexión pero que no lo representa totalmente, que sólo trata de los aspectos puramente económicos. Ante ese panorama, no me sorprende que algunos reclamen que todo acabe siendo competencia del ministerio de industria.</p>
<p>Pero en esa operación perdemos buena parte de lo que hace realmente interesante a esos campos, precisamente los aspectos que no entran en esos cálculos de valor monetario. Es un triste empobrecimiento del discurso.</p>
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		<title>Renaissance, de Christian Volckman</title>
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		<pubDate>Wed, 31 Aug 2011 10:55:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Jorge Romero</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Una curiosa película de animación realizada con técnica de captura de movimiento. Es decir, una vez grabados las acciones de actores reales, los creadores emplearon esas referencias para animar modelos informáticos en 3 dimensiones. Luego, rizando el rizo, dejaron el resultado en un blanco y negros casi estricto, sin grises. En algún momento parece que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><img src="http://pjorge.com/wp-content/uploads/2011/08/renaissance.jpg" alt="" title="renaissance" width="220" height="311" class="alignleft size-full wp-image-9651" /><span class="drop_cap">U</span>na curiosa película de animación realizada con técnica de captura de movimiento. Es decir, una vez grabados las acciones de actores reales, los creadores emplearon esas referencias para animar modelos informáticos en 3 dimensiones. Luego, rizando el rizo, dejaron el resultado en un blanco y negros casi estricto, sin grises. En algún momento parece que sí hay algo de gris, y dos escenas contienen elementos de color que destacan sobre ese fondo tan espartano, pero por lo demás, sólo blanco y negro. El efecto visual, como ya pueden imaginar, es impactante, porque la tridimensionalidad de los objetos, las caras, los movimientos, deben inferirse a partir de las fluctuaciones de masas de negro y blanco, por lo que las imágenes te obligan a un ejercicio de orientación y revaluación de la imagen. Es como ver moverse un cómic, pero con un resultado que no podría haberse logrado sin emplear una técnica tan laboriosa (que aparece descrita en un documental que viene en la edición en DVD). </p>
<p>Hay algo inmensamente interesante en ese proceso que pasa de actores reales y renuncia al color, al gris e incluso al volumen. Hay algo profundamente asombroso en un mundo que se presenta con un contraste tan absoluto. </p>
<p>Además, la película transcurre en un París de 2054, que es muy similar al París actual, pero que contiene muchos elementos nuevos, producto de la imaginación y la extrapolación. Es una ciudad llena de niveles, por los que la cámara se va moviendo aprovechándose de los cambios de blanco y negro para ir revelando y ocultando detalles, donde nunca sabes si ese cambio es un producto de la modificación de la luz o del movimiento de la cámara. Además, en algunas ocasiones no sabemos si la masa que vemos es blanca porque está iluminada o es blanca porque es transparente, y con sorpresa descubrimos que algunos niveles son de vidrio y que podemos ver las acciones que se sucede por encima y por debajo. Lo mismo pasa con las masas de negro. La imposibilidad de saber si el negro es el propio del espacio vacío o es producto de la falta de iluminación se aprovecha en alguna ocasión para superponer caras de forma que las mitades iluminadas de cada una formen un nuevo rostro que fusiona momentáneamente a dos personajes, indicando una unidad simbólica entre ellos.</p>
<p>Y ya está. Si van a ver la película, será por lo que acabo de contar, porque les interesa ver si el resultado estético se corresponde a lo que he descrito. Porque la historia -científica secuestrada, misteriosa corporación con intenciones poco benévolas, policía decidido a resolver el caso- no es más que la sucesión de clichés de cualquier película de serie negra, sin apenas elementos novedosos o interesantes (vamos, por usar incluso recurre al tópico del policía que sólo resuelve el caso una vez le han suspendido de sus funciones). De hecho, apenas es ciencia ficción y podría haberse contado igual de bien en cualquier otro contexto. Esa historia no precisaba de tanto esfuerzo técnico, se alarga en exceso, es tópica y desmerece a lo visual. Me resulta difícil comprender que alguien invierta tantos esfuerzos en crear una película con una estética tan diferente y que luego la emplee para contar algo tan pedestre. ¿Por qué no buscar una historia que estuviese a la altura? ¿Por qué no aspirar a contar de esa forma lo que no podría contarse con otro tipo de estilo? </p>
<p>Si <cite>Renaissance</cite> no hubiese intentado contar una historia la habría disfrutado mucho más. Porque al final, es mucho más interesante como experimento que como narración.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Si el libro en papel le ganase al libro electrónico quizá sería por esto&#8230;</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Aug 2011 09:31:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Jorge Romero</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Al igual que John C. Abell, autor de 5 Reasons Why E-Books Aren’t There Yet (vía Five areas where e-books do not beat print), me encanta mi iPad para leer. Al contrario que él, sigo comprando muchos libros en papel aunque me encantaría no tener que hacerlo. Me gustaría poder comprar electrónicamente cualquier título que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><span class="drop_cap">A</span>l igual que John C. Abell, autor de <a href="http://www.wired.com/epicenter/2011/06/ebooks-not-there-yet/all/1">5 Reasons Why E-Books Aren’t There Yet</a> (vía <a href="http://www.teleread.com/ebooks/five-areas-where-e-books-do-not-beat-print/">Five areas where e-books do not beat print</a>), me encanta mi iPad para leer. Al contrario que él, sigo comprando muchos libros en papel aunque me encantaría no tener que hacerlo. Me gustaría poder comprar electrónicamente cualquier título que me interesase. Por desgracia, el precio (en muchas ocasiones superior a la edición en papel) o la disponibilidad (no todos los títulos están en digital) me lo suelen impedir.</p>
<p>Pero sí, el libro electrónico ha llegado para quedarse, porque sus ventajas superan a sus problemas. Pero, ¿en qué aspectos mejora el libro en papel al libro electrónico? Él ofrece 5 puntos, que son interesantes y también algo jocosos. Si has leído sus razonamientos, mi punto es vista es:</p>
<p><b>An unfinished e-book isn’t a constant reminder to finish reading it.</b></p>
<p>Lo considero un punto a favor del libro electrónico. Aunque debo ser sincero y admitir que estoy razonablemente acostumbrado a tener un buen montón de libros sin terminar, por lo que habitualmente no me importa ver la pila de libros que me gritan desesperadamente. Paso de ellos. Pero una de las formas de hacer que la vida sea menos estresante es eliminar aquellas preocupaciones innecesarias, por lo que es positivo que los libros no te estén recordando continuamente que debes leerlos. Así se vive más tranquilo.</p>
<p>Debemos recordar que no hay ninguna obligación de terminar de leer un libro. Si no recuerdo mal, era Borges el que decía que si un libro no te gusta, déjalo y pasa a otro (será por libro, debió pensar). Aunque admito que no nos educaron para esa libertad. Para muchos, la lectura parece ser menos una diversión y más una obligación, y un libro sin leer pasa de ser una trivialidad a convertirse en una falla moral o incluso en un pecado por el que pagaremos en un futuro indeterminado. </p>
<p>Por tanto, en este concreto es mejor aplicar el ojos que no ven, corazón que no siente.</p>
<p><b>You can’t keep your books all in one place.</b></p>
<p>Cierto. Peor aún, no tenemos claro que podamos leerlos en el futuro. Hay muchos libros electrónicos atados a un servicio concreto o que vienen en un formato propietario que el tiempo podría hacer imposible de leer. </p>
<p>Evidentemente, hay muchas formas de superar esos obstáculos. Pero hacerlo exige un cierto esfuerzo (que será o no asumible para algunos lectores) y no es tan simple como recoger todos tus libros en papel y disponerlos en el estante como mejor te convenga. Aún así, si estas dispuesto a invertir el tiempo requerido, puedes tener buena parte de tus libros electrónicos en un mismo lugar.</p>
<p>Haciéndolo, negamos por una parte algunas de las facilidades del libro electrónico (la facilidad de conseguirlo), aunque ganamos otras (tenerlos a disposición de todos nuestros dispositivos de lectura, por mucho que ésa no sea la intención del editor). Pero lo triste de esa situación de cierre editorial es que no se deriva naturalmente de la existencia del libro electrónico, de hecho, va contra su propia naturaleza de archivo informático. Al ser un simple fichero, en principio sería posible leerlo en cualquier plataforma para la que alguien se haya molestado en crear un lector (aunque no es magia y alguien tendría que conocer el formato), garantizando el uso de esos libros en un futuro arbitrariamente largo. Sin embargo, en lugar de abrazar esa libertad, nos empeñamos en restringirla, incluso superando en algunos casos las limitaciones del papel.</p>
<p>Y no hemos tocado el aspecto de control social. Si el editor o el distribuidor controlan los usos que se pueden realizar el libro, nada nos garantiza que ese libro vaya a estar disponible en el futuro. De hecho, a menos que tomemos precauciones, nada nos garantiza que no lo vayan a borrar de nuestro lector, como ya ha sucedido. De hecho, me parece una importante ventaja del papel sobre el digital que el artículo original no contempla.</p>
<p><b>Notes in the margins help you think.</b></p>
<p>Si eso te gusta, sí. Yo tiendo más bien a marcar frases o párrafos. Eso se hace igual de bien con un libro Kindle. Por supuesto, volvemos al punto anterior sobre las limitaciones. Las notas escritas en papel las puedo consultar mientras el libro exista. Las de Kindle mientras Amazon exista. </p>
<p>(¿Por qué dicen &#8220;la nube&#8221; cuando quieren decir &#8220;las nubes&#8221;?)</p>
<p><b>E-books are positioned as disposable, but aren’t priced that way.</b></p>
<p>Más que cierto. Un aspecto interesante del libro electrónico es poder leerlo y luego olvidar incluso de que lo tienes (con el libro en papel también se puede hacer, basta con regalarlo o tirarlo después de leerlo, pero no todos son capaces).</p>
<p>Si aprovechásemos realmente el mundo digital en el que vivimos, no haría nada de falta guardar libros electrónicos. Por su propia naturaleza son inmateriales y simplemente deberían estar por ahí, flotando en su éter, esperando a que los reclamemos. Guardar un libro en papel tiene sentido porque no sabes si, en el futuro, podrías llegar a recuperarlo. Pero ahora mismo no tendríamos absolutamente ningún problemas para preservar en internet todo lo que se ha escrito y ponerlo a disposición de cualquiera que pudiese conectarse.</p>
<p>Por desgracia, vivimos en un mundo donde eso se podría hacer pero los que venden cultura prefieren hacer que el libro electrónico se comporte como un libro en papel (más que nada, porque ése es el negocio que conocen y quizá no sería justo exigirles que cambien). Lo que hace que un intangible tenga que ser manejado como si fuese un objeto físico. Y lo que es peor, ponerle precio de objeto físico. Como dije al principio, es fácil irse a Amazon y encontrar el libro electrónico más caro que el libro en papel. Un absurdo que el tiempo posiblemente irá corrigiendo a medida que aparezcan editoriales puramente digitales.</p>
<p>O eso podemos esperar.</p>
<p><b>E-books can’t be used for interior design.</b></p>
<p>Soy frívolo. Tanto, que ésta es la razón, de las cinco, que me parece más importante. Hay mucha gente haciendo todo tipo de cosas con libros en papel, deformándolos, moldeándolos y rompiéndolos para crear objetos extraordinarios y nuevos. Pasará mucho tiempo antes de que el libro en papel desaparezca, por lo que ese arte perdurará durante un tiempo. Pero algún día dejarán de poder crear esas obras.</p>
<p>Pero evidentemente, buena parte del impacto de esas creaciones se debe precisamente a su relación con la cultura libresca. Si el libro no tuviese el valor social que tiene, la cuidadosa exploración de las páginas, el juego de yuxtaposiciones, la serendipia de un corte que conecta dos puntos que no sabíamos relacionadas, perderían buena parte de su sentido. </p>
<p>(Aquí me he desviado. El artículo habla de diseño interior, mientras que yo lo he derivado hacia otra parte. Él habla de cosas como usar los libros para decorar, mostrar quiénes somos y demás. Lo que es, también importante para muchos lectores: si no puedes demostrar que has leído ciertos libros, leerlos pierde parte de su valor. Pero el mejor aspecto de los libros en este punto escapa a su contenido. Exponer una selección de títulos interesantes y llamativos como método de distinción no exige haberlos leído, de hecho, ni siquiera exige que estén impresos).</p>
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		<title>El juego de los abalorios</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Aug 2011 19:24:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Jorge Romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Silva]]></category>

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		<description><![CDATA[Sobre el ritual de la cultura artística en Is the Tate too good for Danny Boyle?: It&#8217;s because art galleries are smothered in snobbery. We check in our real cultural passions at the door, put on a clever face, and prepare for a couple of hours&#8217; posing. Ah, a fine video work by Keiller, so [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Sobre el ritual de la cultura artística en <a href="http://www.guardian.co.uk/artanddesign/jonathanjonesblog/2011/jul/29/tate-danny-boyle-patrick-keiller">Is the Tate too good for Danny Boyle?</a>:</p>
<blockquote>
<p>It&#8217;s because art galleries are smothered in snobbery. We check in our real cultural passions at the door, put on a clever face, and prepare for a couple of hours&#8217; posing. Ah, a fine video work by Keiller, so restrained and boring – I mean profound. Art has to fulfil a set of criteria: to be reserved, abstract, conceptual – not because there is a modernist revolution going on (there isn&#8217;t) but because the ritual of visiting a gallery is a ritual of social definition and differentiation: a way of showing off. It is the opposite of a dark cinema where you become part of an egalitarian crowd.</p>
<p>Obviously I don&#8217;t think this is the whole truth about art and art galleries – but read <a href="http://www.amazon.co.uk/Distinction-Social-Critique-Judgement-Taste/dp/0674212770" title="">Distinction by the French sociologist Pierre Bourdieu</a>, who really did think it was the whole story. Looking at art should be and can be as passionate and genuine as enjoying a good film. But the culture of art-going gets in the way of that innocent eye. Art shorn of snobbery would look very different, and be a lot more fun. There might even be popcorn.</p>
</blockquote>
<p>En realidad, sucede con todo lo que se puede convertir en marca para diferenciarse de los demás, y ni siquiera el cine popular está tan libre de elitismos como la comparación podría dar a entender. Y asombra la cantidad de fenómenos que puede entrar en ese apartado. Por ejemplo, la furia ortográfica que flamea a menudo en Twitter. Cualquier pequeño error se responde con una declaraciones que harían pensar en algún crímen de sangre, a pesar de que el error no ha impedido la comunicación. Pero la reacción se comprende cuando nos damos cuenta de que la ortografía es uno de esos recursos que empleamos para distinguirnos de los que no son dignos de nuestra condición, para reconocer a otros de nuestro nivel o para fulminar a aquellos miembros de nuestro grupo cuando su mal uso parece arrastrarnos también a nosotros —el peor de las crímenes—, no sea que nos confundan con alguien inferior.</p>
<p>Y volviendo a las artes, sí resulta un poco triste que en tantas ocasiones la cultura no se defienda por los placeres que pueda proporcionar, sino que se use más bien como arma arrojadiza para atacar a los que no son tan &#8220;cultos&#8221; como tú.</p>
<p>(vía <a href="https://twitter.com/#!/ahiebra/statuses/98049005824647169">@ahiebra</a>)</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Acuario</title>
		<link>http://pjorge.com/2011/07/31/acuario/</link>
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		<pubDate>Sun, 31 Jul 2011 15:27:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Jorge Romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Silva]]></category>

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		<description><![CDATA[]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><img src="http://pjorge.com/wp-content/uploads/2011/07/pezpayaso.gif" alt="" title="pezpayaso" width="500" height="281" class="aligncenter size-full wp-image-9421" /></p>
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		</item>
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		<title>Dan Ariely y la economía conductual</title>
		<link>http://pjorge.com/2011/07/28/dan-ariely-y-la-economia-conductual/</link>
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		<pubDate>Thu, 28 Jul 2011 09:30:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Jorge Romero</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Eso dice la Wikipedia, conductual. Y quién soy yo para llevarle la contraria a la Wikipedia. Básicamente, es una rama que considera factores psicológicos en la toma de decisiones económicas. Vamos, las veces que nos equivocamos en valorar la conveniencia de realizar un gasto, o de recibir un beneficio, porque intervienen otros elementos más allá [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><span class="drop_cap">E</span>so dice la Wikipedia, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Econom%C3%ADa_conductista">conductual</a>. Y quién soy yo para llevarle la contraria a la Wikipedia. Básicamente, es una rama que considera factores psicológicos en la toma de decisiones económicas. Vamos, las veces que nos equivocamos en valorar la conveniencia de realizar un gasto, o de recibir un beneficio, porque intervienen otros elementos más allá de los puramente racionales. Dan Ariely es uno de sus grandes divulgadores, con un par de libros bastante recomendables (aunque menos convincentes de lo que sería deseable). En este caso, con formato de entrevista, <a href="http://thebrowser.com/interviews/dan-ariely-on-behavioural-economics">recomienda 5 libros sobre el tema</a>. Una lista que tiene pinta de ser de lo más interesante.</p>
<p>Pero me resulta especialmente llamativo el final, cuando le preguntan cuál debe ser la relación entre las ideas psicológicas y las económica. El final de su respuesta es:</p>
<blockquote><p>
Where economics should take behavioural economics into account is when it comes to implications and applications in the real world. Unlike other disciplines, economics is not just a descriptive study, it’s also a prescriptive study. It tells policymakers, businesses and individuals what to do. That’s the difficult step. Once you take an academic discipline and say “this is not just a description of a part of human motivation, this is how you should actually do things”, it becomes more dangerous. It’s one thing to say I have a model to describe 25% of human behaviour, and another thing to say you should take only that model into account when you establish policies. It becomes much more important that you are comprehensive and 100% correct.</p>
<p>I’m happy for the descriptive part of economics to stay as it is. The prescriptive part, when we tell people what to do – that one should be much more broad. In fact, we should stop using just economics and take all kinds of ideas from psychology, sociology, anthropology, philosophy and economics, and test which ones work, which ones don’t work and under what conditions. There is no question that behaviour is the ultimate goal – to try to understand behaviour, and how to change or modify it. I hope we can create a discipline that is much more empirically based and data driven. Maybe we can call it “applied social sciences”. It will draw from all the social sciences equivalently as we approach problems in the real world, and try to find solutions for them.
</p></blockquote>
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		<title>El fracaso del transbordador</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Jul 2011 15:36:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Jorge Romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Silva]]></category>

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		<description><![CDATA[Soy lo suficientemente mayor como para recordar las promesas del transbordador espacial, antes de que volase por primera vez. Iba a ser un camión de carga, capaz de llevar al espacio todo lo que pudiese necesitarse, el primer paso para una nueva era de exploración espacial. Iba a ser barato y reutilizable. Un sueño, vamos. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><span class="drop_cap">S</span>oy lo suficientemente mayor como para recordar las promesas del transbordador espacial, antes de que volase por primera vez. Iba a ser un camión de carga, capaz de llevar al espacio todo lo que pudiese necesitarse, el primer paso para una nueva era de exploración espacial. Iba a ser barato y reutilizable. Un sueño, vamos. Pero en su lugar, acabó siendo una limusina carísima, extremadamente frágil, inflexible y difícil de construir. En las dos ocasiones en las que estalló por los aires no sólo mató a sus tripulantes sino que además redujo la flota disponible sin posibilidad de sustitución. En resumen, fue una fantasía infantil que duró demasiado tiempo.</p>
<p>Y no es que no se supiese. <a href="http://www.nytimes.com/1981/11/17/science/shuttle-s-critics-call-for-a-broad-reassessment.html">Ya en 1981 había voces que hablaban de los irracional que era el transbordador</a>. Daniel Marín, <a href="http://danielmarin.blogspot.com/2011/07/hasta-siempre-transbordador-espacial-el.html">en Eureka</a>, que ha estado dedicando varias entradas al tema, lo resume así:</p>
<blockquote><p>
El transbordador espacial tenía un glorioso futuro ante sí. Debía revolucionar el acceso al espacio al abaratar los costes de lanzamiento de forma dramática. El sueño de los pioneros de la astronáutica estaba a punto de hacerse realidad y la conquista del Sistema Solar parecía estar a la vuelta de la esquina. Desgraciadamente, treinta años y 135 misiones después, la lanzadera espacial se retira sin haber alcanzado ni uno sólo de sus objetivos iniciales y tras dejar un triste saldo de catorce astronautas muertos y dos transbordadores destruidos.</p>
<p>¿Qué es lo que ha ido mal? ¿Cómo ha podido terminar de esta forma un programa que nos prometió el futuro?
</p></blockquote>
<p>Yo añadiría más. Más que no haber cumplido sus objetivos, el gran problema es que apostándolo todo a ese aparato, y a la exploración humana del espacio, lo que se perdió fue precisamente muchas de las opciones de exploración espacial. Ese es uno de los grandes fracasos.</p>
<p>En todo caso, disiento en un detalle. Añade:</p>
<blockquote><p>
Mucha gente piensa que el transbordador ha sido un fracaso porque catorce astronautas han muerto en estas tres décadas de servicio. No es cierto. Alcanzar el espacio es una tarea extremadamente arriesgada y algunas muertes siempre serán inevitables. El transbordador ha realizado casi 135 misiones con sólo dos fallos catastróficos, una tasa de éxito comparable a la de las naves Soyuz. El problema es que el shuttle carecía de sistemas que permitan salvar a al tripulación en caso de una emergencia realmente grave. La tripulación del Challenger podría haberse salvado con una torre de escape similar a la empleada en las cápsulas Apolo o Soyuz. Y los astronautas del Columbia no habrían muerto si la nave hubiera estado equipada con una cápsula independiente como la propuesta para el transbordador soviético Spiral. El shuttle debía funcionar perfectamente en cada misión, lo que constituía un verdadero desafío a la estadística y a los inevitables fallos que surgen en cualquier sistema complejo. Por esto si fuera poco, el transbordador nunca fue diseñado para ser utilizado sin tripulación, así que para lanzar un simple satélite de comunicaciones había que arriesgar la vida de varios astronautas.
</p></blockquote>
<p>Yo sí lo considero uno de sus fracaso. Una cosa es aceptar que la exploración es arriesgada y por tanto hay peligro de muerte, y otra muy diferente exigir que incluso las operaciones más rutinarias precisen de una tripulación humana. Mandar al espacio  a gente, simplemente porque crees que el viaje espacial tiene que ser tripulado, para hacer algo que sería más baratas y seguro usando un sistema automático es un gran fallo de tu planteamiento. Cuando las necesidades mediáticas limitan lo racional, eso es un fracaso. Cuando la necesidad de salir por la tele te hacen no considerar las advertencias de que algo puede fallar, eso es un fracaso. No es lo mismo morir porque explorar es arriesgado que morir por cuestiones burocráticas. No era arriesgar vidas por explorar, era arriesgar vidas por publicidad.</p>
<p>Si hay algo que hoy debamos lamentar es que la situación haya persistido durante tanto tiempo. Ahora que se jubila el último transbordador tenemos la oportunidad de plantearnos de otra forma el futuro de la exploración espacial. Y es precisamente eso lo que se dice en <a href="http://www.wired.com/wiredscience/2011/07/goodbye-space-shuttle/">Goodbye, Space Shuttle: Now the Space Race Can Really Begin</a>:</p>
<blockquote>
<p>Today many observers consider the Shuttle the ultimate expression of American technological prowess, and see its demise as a signal of America’s decline. In one sense, they’re right: With its huge size, distinctive shape and fiery launches, the shuttle has always been an impressive symbol. But as a practical space vehicle, it has long been an overpriced, dangerous compromise.</p>
<p>There’s a reason the Soviets canceled <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Buran_%28spacecraft%29">their space shuttle</a>, and that the Chinese <a href="http://www.foxnews.com/scitech/2011/07/11/china-aiming-high-in-space-as-us-shuttle-program-winds-down/">have never attempted one</a>. Even without their own shuttles, both nations are now nipping at America’s heels in space. Russia has increasingly reliable rockets and capsules; China began <a href="http://news.xinhuanet.com/english/2008-09/27/content_10121998.htm">manned spaceflights</a> back in 2003 and is mulling a space station and a moon mission. Both countries are working hard to expand their satellite fleets, though they remain far behind the United States with its <a href="http://the-diplomat.com/flashpoints-blog/2011/02/07/space-awareness/">roughly 400 spacecraft</a>.</p>
<p>In truth, the shuttle’s retirement could actually make the U.S. space program <em>stronger</em>, by finally allowing the shuttle’s two users — NASA and the Pentagon — to go their separate ways in space, each adopting space vehicles best suited to their respective missions.</p>
</blockquote>
<p>Aunque es irónico que termine así tras comentar las nuevas posibilidades:</p>
<blockquote><p>
Together, these vehicles will make space flight cheaper, safer and more flexible than was ever possible with the shuttle.
</p></blockquote>
<p>Resulta que ahorraremos y ganaremos en flexibilidad y seguridad retirando el vehículo que debía ser flexible, barato y seguro.</p>
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		<title>Un repaso escéptico a los extraterrestres</title>
		<link>http://pjorge.com/2011/07/17/un-repaso-esceptico-a-los-extraterrestres/</link>
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		<pubDate>Sun, 17 Jul 2011 14:15:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Jorge Romero</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Gran trabajo de PZ Myers en A Skeptical Look at Aliens mostrando porque las concepciones habituales de los extraterrestres —desgraciadamente habituales en otros campos científicos ajenos a la biología— estén más que posiblemente equivocadas a la luz de lo que se sabe sobre la evolución de la vida en la Tierra. Una cosa que se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><span class="drop_cap">G</span>ran trabajo de PZ Myers en <a href="http://scienceblogs.com/pharyngula/2011/07/a_skeptical_look_at_aliens.php">A Skeptical Look at Aliens</a> mostrando porque las concepciones habituales de los extraterrestres —desgraciadamente habituales en otros campos científicos ajenos a la biología— estén más que posiblemente equivocadas a la luz de lo que se sabe sobre la evolución de la vida en la Tierra. Una cosa que se suele olvidar es que estamos más íntimamente emparentados con las especies terrestres de lo que jamás lo estaremos con cualquier especie extraterrestre:</p>
<blockquote><p>
Here are representatives of four groups of animals that show great potential for intelligence: they&#8217;re self-aware, puzzle-solving, curious and exploring creatures: the primates, some birds like the Steller&#8217;s Jays shown here, cetaceans, and octopods. Science fiction stories love to speculate about meeting and communicating with aliens, but they always cheat and make the aliens mirrors of ourselves, so it&#8217;s relatively easy. Here are four species that are far more closely related to us, that share far more in common with us, than any aliens we might ever encounter. Yet we&#8217;re trying harder to listen to the conversations of unknown aliens with SETI than we are trying to have a chat with our next door neighbor, Octopus vulgaris. I suggest to you that extraterrestrial aliens are not impossible, but they may be rarer than you think, and furthermore, that they&#8217;re going to be weirder than you can imagine. And if you can&#8217;t think of what to say to an earthbound intelligent mollusc, you&#8217;re going to have a really tough time with the biochemically bizarre, anatomically improbable, historically unrelated tentacled blobs of Fomalhaut or whatever.
</p></blockquote>
<p>Digamos que ante nuestros deseos de comunicación los hechos pierden la batalla.</p>
<p>También en <a href="http://scienceblogs.com/pharyngula/2011/07/the_teeny-tiny_bit_of_my_tam_t.php">The teeny-tiny bit of my TAM talk I had to cut short</a> comenta de pasada lo que a mí me parece el gran fracaso de mucha  ciencia ficción: renunciar a sus propias aspiraciones de mirar al universo tal y como es para retirarse rápidamente a lo cómodo y conocido:</p>
<blockquote><p>
This is the most recent outrageous example of this, from the space fantasy movie Avatar. James Cameron consciously chose (for understandable dramatic and profit-making reasons) to completely ignore what science said and shape his aliens to fit human expectations. And that meant making them sexy.
</p></blockquote>
<p>Por desgracia, no pasa sólo en la película de Cameron.</p>
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		<title>The Man Who Fell to Earth</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jul 2011 09:24:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Jorge Romero</dc:creator>
				<category><![CDATA[Silva]]></category>

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		<description><![CDATA[La película la recuerdo muy vagamente, fragmentos e imágenes que me vienen a la cabeza. No sé si realmente la vi entera. Sí recuerdo haber leído la novela. En cualquier caso, parece un buen momento para verla. As science-fiction films go, this is a unique one. It focuses on character and implied ideas, not on [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><span class="drop_cap">L</span>a película la recuerdo muy vagamente, fragmentos e imágenes que me vienen a la cabeza. No sé si realmente la vi entera. Sí recuerdo haber leído la novela. En cualquier caso, parece un buen momento para verla.</p>
<blockquote><p>As science-fiction films go, this is a unique one. It focuses on character and implied ideas, not on plot and special effects. It’s very much a product of the 1970s, when idiosyncratic directors deliberately tried to make great films. A production of this style is almost unthinkable today; it’s too challenging and abstract for the Friday night mobs and requires too much thought.</p>
<p>En <a href='http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20110713/REVIEWS/110719991/-1/RSS'>The Man Who Fell to Earth :: rogerebert.com :: Reviews</a>.</p>
</blockquote>
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