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Superman II, la versión de Richard Donner

21 de November, 2006 · 5 comentarios

Navegando por ahí, me he enterado de que han sacado (al menos en el Reino Unido) la versión de Richard Donner de Superman II. Donner dirigió la primera película, pero cuando tenía ya filmada un 75% de la segunda (simultáneamente con la primera), tuvieron follón y lo cambiaron por Richard Lester, quien rehizo varias de las escenas ya filmadas. Esta nueva versión recoge gran parte del material de Donner, un poco del de Lester, algunas pruebas de pantalla y unas pocas escenas generadas por ordenador, para recrear la película tal y como hubiese sido. Aparentemente, esta versión explica cómo se las arregla Clark para recuperar sus poderes.

Hace muchos años, en Estados Unidos, vi una versión de Superman II que incluía más escenas al final, tras la pelea en la fortaleza de la soledad. Como nunca más volví a verlas, me planteé si no las habría imaginado.

Curioso, la verdad.

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Batman Begins

20 de June, 2005 · 27 comentarios

Han hecho algo mejor que una buena película sobre Batman.

Han hecho una buena película sobre Bruce Wayne.

Batman Begins no es sólo es mejor película que las anteriores (cosa que, francamente, no era nada difícil) sino que además lo logra alejándose de los modelos marcados mientras se ciñe a los modelos superheroicos. Sigue siendo arquetípica y toca todos los puntos del género, pero lo hace de otra forma e incluso en otro orden. El héroe enmascarado no aparece hasta bien tarde y su presencia está siempre supeditada a Bruce Wayne. Gran parte del metraje se dedica a explorar las motivaciones del protagonista, sus vacilaciones y sus balanceos en el borde del lado… digo, en el borde del mal. El resto se explora distintas formas de la maldad: desde la simple corrupción, hasta los tres grandes villanos, cada uno malo de forma diferente.

Uno de los grandes aciertos de la película es tratarlo todo con realismo. Con eso no quiero decir que lo que suceda sea real, sino que la película lo trata como si pudiese serlo: se nos muestra el proceso por el que los elementos van apareciendo; Bruce Wayne no se levanta un día de la cama para encontrarse con el traje lavado y planchado. La batcueva es efectivamente una cueva húmeda e infecta plagada de murciélagos (y para llegar a ella desde la mansión se usa un método de muy baja tecnología). Bruce Wayne necesita de una gran multinacional para conseguir su armamento, y aún así tiene que darle los últimos toques a mano. La batseñal sólo se asemeja a un murciélago si uno emplea grandes dosis de imaginación, y Gordon tiene que darle los últimos toques. Gotham parece una ciudad de verdad, y cuando el batmóvil corre por ahí, parece hacerlo por calles de verdad y entre edificios de verdad. Incluso los malos parecen realistas: muy poca teatralidad, sólo la justa para marcar el personaje. El propio Bruce Wayne aprende sus habilidades por un camino largo y tortuoso, que exige penalidades, sacrificios y voluntad. En esta versión, Bruce Wayne se convierte en luchador contra el crimen porque ya está de vuelta y ha vivido en el reverso.

Batman en esta versión es majestuoso y señorial, el verdadero príncipe de Gotham del que se habla. Es realmente una criatura de la oscuridad, convertida, por la magia de la química, en ser aterrador que llena de miedo el corazón de sus enemigos. Sus apariciones están cuidadosamente dosificadas y se le ve lo justo. Las peleas son también muy contenidas. Son eficientes, duran lo que tienen que durar y tienen como fin lograr los objetivos de los personajes no recrearse en las cabriolas (vamos, que aquí se pegan con la intención de dejar de pegarse lo más rápidamente posible). La batalla final no termina en el último segundo posible y director nos deja tiempo para disfrutar del último gesto del malo -gesto que, por cierto, resume maravillosamente al personaje. Y Batman es también humano y falible, golpeándose, sufriendo o teniendo que luchar para liberarse.

Liam Neeson, como Ducard, es majestuoso: un maestro de los caminos de la lucha que entre golpe y golpe de espada va impartiendo sus peculiares perlas de filosofía. Michael Caine como Alfred consiente con flema total las obsesiones de su protegido pero sin privarse de algún comentario afilado. Morgan Freeman hace de un Q leal al legado de la familia Wayne. Y Christian Bale no sólo demuestra ser un Batman perfecto, resulta también ser el Bruce Wayne definitivo. Pero me gustaría quedarme con dos. Gary Oldman, tan acostumbrado a interpretar a villanos histriónicos, interpreta aquí al último policía honrado de Gotham con una cara de perpetua tristeza y desesperación; sólo al final se atreve a mostrar esperanza aunque no por ello introduce una crítica final al héroe. Cillian Murphy es un espantapájaros perfecto: tiene unos ojos que parecen estar taladrando las paredes y dota de seriedad a un personaje que parecía iba a ser de broma. Un efecto curioso de tanto actor mayúsculo es hacerme desear verla en versión original. No dudo que con voces que estén a la altura de la capacidad interpretativa de esas caras, la cosa sea todavía mejor.

Destaco un único punto negativo a la película: la presencia femenina, que se reduce al personaje de Katie Holmes. La actriz estaba bien para Dawson crece, pero aquí, rodeada de tanto actor impresionante, la pobre no tiene mucho que hacer. Su personaje sólo sirve para avanzar la trama en un par de ocasiones -forzar la reflexión inicial de Bruce- y ponerse en peligro para que la rescaten. Si sólo iba a haber una mujer en toda la película, podían haber buscado una actriz que destacase un poco más. Es más, no había ninguna necesidad de que la película fuese un club de chicos; no hubiese estado más que algún otro personaje hubiese sido mujer: por ejemplo, Lucius Fox.

El guión está muy bien trabajado, con más de un guiño a los cómics (hay ocasiones en que uno cree estar viendo viñetas de Batman año uno o El regreso del señor de la noche). Excepto un pequeño agujero argumental al final (hay un aspecto del arma de los malos que no acaba de encajar) lo demás se engarza sin problemas. Aparte de tener un par de giros argumentales muy interesantes -la película comienza con Bruce Wayne prisionero en una cárcel asiática-, el guión se mueve sin esfuerzo entre varios temas que mantiene en el aire casi sin esfuerzo: la relación maestro-aprendiz, la fascinación del mal, la decadencia de las ciudades, la diferencia entre justicia y venganza, la salvación, la muerte y el renacimiento. Su gran virtud está en centrarse en el desafío entre personajes y en el choque de filosofías. Es más, se atreve a incluir un malo que busca los mismos fines que Batman -el problema son sus métodos-, lo que resulta mucho más interesante.

Y el guión, como me comenta mi amigo Xavier, pinta a Batman más como un colectivo que como un individuo. Si bien hay un señor que se pone la capa, hay otros muchos que toman decisiones y actúan para que Batman pueda volar por los tejados. En cierta forma, el guión plantea una deliciosa continuidad entre Thomas Wayne -a quien, por cierto, vemos por primera vez descendiendo desde lo alto para salvar a su hijo caído- y Bruce Wayne: los dos son, sobre todo, catalizadores.

Tenía razón Roger Ebert cuando comenta que, sobre todo, Batman Begins demuestra que muchas veces menos es más. Concentrarse menos en la espectacularidad y en las peripecias físicas produce, paradójicamente, una mejor película de acción y de superhéroes. Lo más extraordinario de Batman Begins no es que sea una buena película de superhéroes, sino que también resulta ser una buena película.

Por cierto, un detalle curioso: hacía tiempo que no tenía ganas de aplaudir al final de una película. Qué pena que eso no se estile.

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La venganza de los sith (con ricos spoilers y todo)

23 de May, 2005 · 103 comentarios

Un comentario inicial: la práctica del doblaje es una abominación, pero en pocas ocasiones tanto como en esta película. El personaje de Anakin es el que más sufre, pero Palpatine tampoco se salva muy bien. Tan así es, que me pregunto si lo que digo a continuación no será efecto del doblaje.

No esperaba esta película, francamente. Había leído que era buena, y algunos comentarios iniciales decían que tenía buenos elementos, por lo que yo esperaba al menos algo digno. Por desgracia, salvando la conversión física a Darth Vader (lo mejor de la peli), la traición a los jedis (el planeta de los hongos alucinógeno me gustó mucho) y algunas conversaciones de Palpatine con Anakin, el resto es un desastre de guión que se limita a apilar efectos especiales -vengan a cuento o no- con escenas sacadas de El gran libro de los tópicos (evidentemente, el ejemplar de George Lucas está ferozmente subrayado y de él sobresalen miles de esos post-it usados para marcar página -de diferentes colores, para dar con mayor facilidad con el tópico que quiere emplear) -vengan o no a cuento. No sólo eso, es además incoherente -las habilidades de los personajes cambian dependiendo de la escena- y está mal estructurado, con escena claramente en orden inverso al que exige la narración: por ejemplo, pretende hacernos creer que una matanza de líderes separatistas es más trágica que cargarse a un montón de niños.

El romance entre Anakin y Padme -ella con su cepillo y su canesú- es inexistente… y es mejor así, porque las pocas veces que se les ve juntos, oírles hablar causa dolor físico. Comparados con los diálogos de esta película, los de La guerra de las galaxias original eran obra de Shakespeare. Hay algún comentario político contra el nuevo imperio americano. Hay un intento de establecer un paralelismo entre la caída de un hombre en la maldad y la caída de la república. Más o menos. Es muy fácil de establecer.

Resulta asombroso lo que se descubre sobre la galaxia. Resulta que no hacen ecografías a las embarazadas. Ni una. Vamos, que la señora llega con su barriga (que crece y se contrae según el momento y la conveniencia del ulgar), se pone a parir y justo en ese momento descubre cuántos niños lleva dentro. Uno pensaría que el seguro médico de senadora galáctica daría para más.

Los jedis son un grupo de payasos incapaces de defender ni un chiringuito de playa y menos una galaxia. Son tan inútiles, que yo esperaba encontrar a Anacleto sentado en el consejo jedi, hasta que comprendí que Anacleto tenía demasiado nivel como agente secreto. Los jedis parecen existir única y exclusivamente para putear al pobre Anakin. Con mentores tan arbitrarios, estúpidos y ciegos -no verían ni a un sith ni aunque lo tuviesen delante, especialmente si lo tienen delante- lo sorprendente no es que Anaki se pase al reverso tenebroso… lo raro es que no lo hiciese antes. El único que se salva es Yoda -es el mejor actor de la película, por cierto, y el único que expresa emociones que se parecen a las humanas-, sobre todo porque uno sospecha que está en el ajo, que deja escapar al emperador adrede y que busca la purificación de los jedi… vamos, que es el malo maloso del todo.

Aparentemente, los jedis tienen un código de honor tan estricto que no pueden matar a nadie. Eso sí, el código no dice nada en contra de dejar abandonado a un pobre tullido que acaba de sufrir horrendas quemaduras y mutilaciones para que muera en un suplicio de dolor. Y todo porque dijo: “te odio”. Para que luego hablemos de no guardar rencores. Y a Obi-Wan que dios le conserve la vista, porque mira que le lleva tiempo descubrir quién es el padre del niño de una senadora-exreina-de-Naboo embarazada de nueve meses que vive en un lujoso ático con un joven jedi dado al mal humor (en la galaxia tampoco hay chismorreos ni marujas, que lo sepas. La república se habría salvado de haber tenido un buen Crónicas marcianas).

¿Y qué decirles de las batallas? Son más bien tirando a aburridas. No muere nadie, sólo monigotes generados por ordenador -y una lagartija mutante cruzada con un gallo de pelea a la que alguien le dijo que sabía correr. Empiezan y acaban, sin necesidad, simplemente para hacer exhibición de efectos especiales, no porque la narración vaya a mejorar con una batalla en ese punto. La primera, con la que arranca la película, es la peor. Mucha nave, mucho tiro, mucha tontería -nota para futuros héroes galácticos: si alguna vez tienes que hacer aterrizar una nave sin motores, procura que la batalla se realice directamente sobre el espaciopuerto-, pero ninguna emoción, ninguna sensación de que allí alguien se juega algo. Con los duelos con sable para lo mismo. Están, simplemente (por ejemplo, comparen con el duelo de Darth Vader y Obi-Wan en La guerra de las galaxias, los dos se pegaban como si fuesen idiotas luchando con garrotes, y sin embargo transmitía más sensación de peligro y de presencia física y tenía sorpresa final y todo). Lord Grievous es un personaje que sólo existe para mostrar a un proto-Darth Vader, y su vida o muerte no significan nada más. Incluso el duelo final, entre Anakin y Obi-Wan, parece más un nivel de videojuego -incluso saltan de plataforma en plataforma-, y es tan entretenido como ver a alguien jugar a la play. Sólo importa la conclusión, pero ésta vive como disociada del resto del duelo, como si lo demás fuese pura exhibición.

Y ése es el principal problema. La venganza de los sith es todo espectacularidad, pero no hay sorpresa. Todo sucede como lo marca el tópico más viejo (morir de amor, gritar “noooooo” cuando te dicen que has matado a tu amada, dar unos pasitos de la escuela de baile Frankestein…), pero eso sí, con muchos efectos. Nada sucede con ironía o con un punto diferente. Lo que Lucas no parece comprender es que cuando todo es espectacular, nada lo es. Y luego, para rematar, la película no tiene ni pies ni cabeza, en ningún momento parece devenir de su propia lógica interna, las cosas sucedes simplemente porque el guionista quiere que sean así sin molestarse en apuntalar los acontecimientos unos con otros. Parte de razón tiene: todo el mundo iba a ir a verla igual tuviese sentido o no.

Como dije antes, lo único realmente bueno es la conversión física en Darth Vader. La máscara tecnificada que desciende, el rostro de terror del convertido, y la primera vez que oímos la respiración son buenos momentos. La escena es breve y reluce como una joyita en medio de tanta quincalla. Seguro que se la dirigió el jefe de la segunda unidad. Luego se ve que llegó Lucas y la “mejoró” añadiéndoles unos pasos de baile; de pronto, el que dos segundos antes era Darth Vader se transforma en Casco Oscuro.

Después ya se ponen a coser esta película con La guerra de la galaxias. Los pespuntes se notan bastante, sobre todo porque son apresurados y en realidad no consiguen encajar las dos trilogías (hagan la prueba, vayan a ver La guerra de las galaxias y miren a ver si se creen que Obi Wan está hablando de la misma historia; el tío está contando otra película). Hay reparto de bebé -”yo me quedo con la niña”, dice uno-, hay justificaciones de por qué estos jedis son unos inútiles y no tienen esos chachis poderes de la otra trilogía que tantos problemas les hubiesen ahorrado y gesto final donde este Obi Wan intenta establecer la continuidad con el otro Obi Wan. Ah, y Yoda deja claro que es una rana y se va a vivir a un pantano (es duro ser verde). A pesar de todo, estos últimos minutos de la peli tienen su gracia.

Al volver a casa nos pusimos La guerra de las galaxias. Yo no soy muy fan de la serie en sí, la vi de niño y la disfruté horrores y nada más. Pero la diferencia con este episodio III es alucinante. Escena largas, personajes que se explican, comunicación entre ellos. Efectos especiales que hoy parecen cutres pero que eran efectivos. Batallas hipersimples pero que sin embargo provocan emoción, que van contrarreloj, que si lo haces mal te mueres. Aquella película, con todos sus defectos, no era todavía un videojuego.

Un punto a favor del episodio III, permite escribir textos como éste. Que lo disfruten.

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Código 46

2 de May, 2005 · 12 comentarios

Código 46 es una película más interesante que buena. Nadie puede negarle que intenta ser diferente y en gran medida lo consigue. Plantea una reflexión sobre un mundo futuro en el que hay zonas interiores y exteriores (interior y exterior de qué jamás se explica), donde hace falta permisos llamados papers- (limitados por días) para viajar a cualquier parte. Y también existe el famoso código 46 que le da título, que prohíbe las concepción entre personas que compartan un 25% o más de su código genético (aparentemente, en ese mundo no existen los anticonceptivos).

Al protagonista, William, lo mandan a Shangai. Su misión es descubrir quién está falsificando papers que te permiten viajar por ese mundo futuro y tener cobertura en el punto de destino- empleando sus habilidades empáticas también se ha inyectado un virus para incrementarlas y rendir mejor. Bien, la falsificadora resulta ser la protagonista, Maria, y el protagonista se enamora instantáneamente (posible efecto del virus empático). Tan es así, que acusa a un inocente y pasa la noche con ella, antes de volver a casa su paper sólo le da cobertura por un día.

Ya de vuelta, le resulta imposible ponerse en contacto con ella. Enviado de nuevo a Shangai, porque las falsificaciones no se han detenido, descubre que ha desaparecido. Finalmente da con ella en el exterior, en una clínica, donde le han practicado un aborto y le han borrado los recuerdos del hombre que la dejó embarazada. Todo debido al famoso código 46.

La verdad es que quería que me gustase esta película. Es un tipo de ciencia ficción distinta, más centrada en la vida dentro del orden futuro, rodada muy bien y con escenas realmente logradas. Trata de los problemas genéticos, de la sumisión del individuo al estado, de la imposibilidad de controlar el propio destino.

Por desgracia, los elementos interesantes no acaban de cuajar en un todo. Transcurre en un mundo muy mal definido. Parece haber un sistema absoluto de control, pero no se explica cómo actúa. Parece haber una diferencia entre unas partes del mundo y otras, pero no se explica qué implican esas diferencias. Cuando los protagonistas huyen al exterior siguen, sin embargo, sujetos al código 46 (ya delito porque lo hacen aposta). Es más, en la clínica parecen capaces de crear un virus que hace que la protagonista sea alérgica a William. Si pueden hacer algo tan específico, ¿no podían haberle localizado y borrado la memoria a él también?

Lo que nos deja con una historia de amor. Que por desgracia es una serie de clichés, con mejores diálogos: amor a primera vista, predestinación, noche de amor que acaba en embarazo. Los personajes no están más desarrollados de lo estrictamente necesarios para esa función (y los actores luchan bravamente con los límites de sus personajes). La historia de amor sirve sólo para exponer los males de ese mundo futuro. Pero sucede en el vacío, sin relación real con nada de lo que se pueda ver en pantalla.

En resumen, Código 46 es demasiado poco para lo que pretende estar contando. Finge ser más profunda de lo que realmente es.Deja sensación de tener un guión poco trabajado, en el que las cosas suceden simplemente porque sí. Me resulta más difícil, sobre todo, porque he leído muchas historias de ciencia ficción que trataban mucho mejor los mismos temas.

Luego he visto otra película de Michael Wintterbottom, The Claim; una mucho mejor. Cuando el mundo estáclaro y definido, y los personajes tienen dimensión, las reflexiones sobre en The Claim la avaricia y la estupidez- sobre ideas adquieren toda su profundidad.

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Serenity, el trailer

27 de April, 2005 · 25 comentarios

Una predicción: Serenity será la mejor película de ciencia ficción del 2005 (sí, sé que este año se estrena una cosa galáctica de ésas, por eso). Sucesora de la impresionante serie de ciencia ficción Firefly (tan buena, que sólo les dejaron hacer 15 episodios) nacida del genio creador de Joss Whedon. Sabiendo que iban a hacer una película, ya escribí sobre Firefly en mi columna bimestral de la revista Solaris. Esto dije:

Caballos y nave espaciales: Firefly

Pues sí, caballos. Porque en Firefly, a pesar de ser una serie de ciencia ficción -una revisión del tópico narrativo del imperio galáctico, los granujas renegados y los piratas del espacio-, hay caballos. Muchos caballos. Es más, en cuanto la nave toca el suelo de un planeta, todos a montar caballos. Incluso los caballos salen en el montaje de los títulos de crédito.

Hay más. El imperio. El imperio es muy corporativo, con una misteriosa empresa llamada Blue Sun que aparece de fondo. Pero si se presta más atención, el espectador observará con sorpresa que el “imperio” -llamado La Alianza- es una combinación de Estados Unidos y China, las dos únicas superpotencias supervivientes. De fondo se aprecian muchas influencias chinas y de frente los personajes maldicen en chino. Incluso la bandera, es una mezcla de la bandera china y americana.

Unos años antes del arranque de la serie, una guerra enfrentó a la Alianza contra los mundos independientes. Ganó la Alianza -que se pasea con naves majestuosas y verticales que se mueven seguras por el espacio- mientras que los independentistas huyeron como pudieron y ahora viven en los intersticios que deja la Alianza. Las naves de los independientes están “filmadas” cámara en mano -no tan difícil como parece, ya que todas las naves están generadas por ordenador- por lo que se agitan continuamente con efecto “documental”.

La serie se concentra en una nave en particular, Serenity, un carguero de tipo Firefly. Su capitán es Malcolm “Mal” Reynolds, un excombatiente convertido ahora en pillo de poca monta, que dirige más mal que bien a su tripulación, que intenta que la Alianza no lo fusile un día de estos y que… Y qué es a todos los efectos Han Solo, pero con pasado de verdad, y que cuando pone cara de dolor, sabes exactamente por qué sufre.

El resto de la tripulación es igual de variopinta. Una prostituta de lujo -tiene tanto nivel social, que nadie sabe qué hace en la nave-, un sacerdote con oscuras conexiones con la Alianza, un piloto coñón, una militar que seguiría a su capitán hasta el fin del mundo, un mercenario algo tontorrón, una pareja de hermanos que huyen de la Alianza (él es médico dotado, ella posee grandes poderes mentales). Todo ellos con pasado, con traumas, con personalidad, cambios de humor y demás. Porque lo mejor no lo he dicho todavía:

El creador de la serie es Joss Whedon, el genio detrás de Buffy y Angel. Y aquí demuestra que es guionista de televisión de tercera generación. Hay momentos deliciosos, diálogos chispeantes, reflexiones profundas y nunca, nunca, nunca, pasa lo que esperas. En cuanto la serie se topa con un cliché, lo pulveriza atravesándolo sin contemplaciones. Les pongo sólo dos ejemplos:

Al capitán le están dando de lo lindo. Al hombre lo tienen casi muerto y el matón de turno lo está estrangulando. El piloto de la nave corre a socorrerlo, pero la segundo de a bordo le retiene diciendo algo así como “Es algo que el capitán tiene que hacer solo”. A lo que el mentado capitán responde algo así como “La verdad es que no”.

Otro. En un episodio sale un cazarrecompensas. El hombre lleva toda la vida en el espacio, dando vueltas por ahí en la soledad de su nave, cazando gente. Le han mandado capturar a River -la hermana con superpoderes. Lo que se muestra en el episodio es cómo llega hasta la nave, los espía a todos, aprende sus puntos débiles, los deja fuera de servicio a cada uno de forma diferente y encima explica su filosofía vital. Lo interesante de verdad es que el personaje ya es conocido: Bobba Fett. Pero en esta ocasión, le dejan hablar y explicarse.

Firefly ofrece una magnífica revisión de los tropos de la ciencia ficción, sobre todo en su versión cinematográfica y televisiva. Aspira a conservar el sentido de la aventura y el entretenimiento sin sacrificar por eso la inteligencia. Por desagracia, duró muy pocos episodios. Sin embargo, en un giro inesperado, va a convertirse en película, con el título de Serenity, para estrenarse en 2005. Ya se habla incluso, de que vuelva a ser una serie de televisión. No me digan que no es raro. Mientras tanto, podemos tomarla como una espléndida miniserie de televisión, donde el género alcanza niveles rara vez logrados antes.

Ah, lo de los caballos. Sí, es que todos los planetas extraterrestres están sufriendo terraformación y por ahora se parecen bastante a… ¡sí, al oeste! Tampoco hay insfraestructura, de ahí la necesidad de usar caballos.

No hay alienígenas, por cierto. Y tampoco hay sonido en el espacio. Mejor aún, los productores saben emplear la ausencia de sonido como un elemento dramático.

Y ahora, por fin, hay trailer de Serenity. Y esto todo lo que los fans de la serie esperábamos y más. Y si quieren ver a Han Solo, al original, al que salía en las películas galácticas antes de los sucesivos revisionismos históricos, esperen un poco al final. ¿Lo ven? Si es que no hay color.

Y ahora a esperar, como mínimo, hasta septiembre. Qué largo se me va a hacer.

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The Rocky Horror Picture Show

4 de December, 2004 · 1 comentario

Acabo de ver The Rocky Horror Picture Show. No sé cuantas van ya: ¿10? ¿20? En cualquier caso, siempre que la veo me parece mejor que la anterior. No sé qué estaban fumando director, guionista y resto del equipo, pero les quedó genial.

La película va de una parejita de película de Capra que queda atrapada en una película de ciencia ficción de serie B. Rodeados de extraterrestres transvestidos, investigadores almenes de los ovnis, monstruos fabricados y sirvientes celosos, descubren que en la vida hay más cosas que la vida que les ofrece la sociedad. Muy pocas de esas cosas son agradables.

Las canciones son geniales, el ritmo maniaco (tanto, que la primera vez que se ve es casi imposible entender qué está pasando) y la historia tan divertida que es imposible que no te sientas más alegre. Aunque el final es muy triste y melancólico (toda una reflexión sobre la condición humana).

Y la canción sobre los títulos de crédito es todo un himno.

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Los increíbles

18 de November, 2004 · 4 comentarios

Pronto se estrenará en España Los increíbles, nueva película de Pixar que viene precedida de unas muy buenas críticas en Estados Unidos.

James Berardinelli dice:

As the crop of digitally animated films becomes more abundant, audiences are likely to demand increasingly more from such movies. The early efforts mostly had everything: beautiful visuals, great voice acting, and superior writing. But, as more of these pictures reach screens and they become “routine,” it’s natural to speculate whether there will be a slip in quality. Fortunately, such a trend (if it ever develops) is not in evidence in The Incredibles. As with Toy Story and Finding Nemo, Pixar has again struck gold. The Incredibles isn’t just fine family entertainment, it’s superior family entertainment.

One thing immediately noticeable about this picture is that it is markedly more mature in tone and approach than any previous digitally animated movie (excepting Final Fantasy, which was intended for -and did not reach- an entirely different audience). That’s not to say that kids, even young ones, won’t enjoy The Incredibles, but it appears that writer/director Brad Bird composed his film with older children and their parents in mind. Also, because of the long running time (nearly two hours), boys and girls prone to restlessness may have trouble sitting through everything.

The Flick Filosopher comenta:

That teaser trailer -you know the one I’m talking about- with the fat old ex- superhero struggling to get into his spandex costume? It left such a bad taste in my mouth whenever I contemplated the film that must go with it. I imagined a gang of former masked crusaders called out of happy retirement, reluctantly huffing and puffing their way back into action, replete with very unfunny cracks about getting fat and old, and probably with an even more unfunny getting- into- shape- à- la- Rocky sequence thrown in for good measure.

The Incredibles is so not that film. It is so so- not- that- film that it’s running neck- and- neck with Toy Story 2 as the best Pixar film ever, nay, as one of the best animated movies ever made; it’s running neck- and- neck with Spider-Man 2 as the best superhero movie ever made. If you love these kinds of movies like I do, then you cannot miss this film… but you probably don’t need me to tell you that, because you’ve already planned a night at the multiplex with all your geek pals followed by a roundtable dissection at the diner (you’re gonna have a lot to talk about). If you’re not sure if you like these kinds of movies, do yourself a favor and check this one out, because labels like “superhero,” “animated,” and “geeky” aside, this is simply a great film, overflowing with humor and heart and soul and with lots of interesting things to say about love and family and following your dreams and the priorities of our society.

Y Roger Ebert determina:

On the surface, “The Incredibles” is a goof on superhero comics. Underneath, it’s a critique of modern American uniformity. Mr. Incredible is forced to retire, not because of age or obsolescence, but because of trial lawyers seeking damages for his unsolicited good deeds; he’s in the same position as the Boy Scout who helps the little old lady across the street when she doesn’t want to go. What his society needs is not superdeeds but tort reform. “They keep finding new ways,” he sighs, “to celebrate mediocrity.”

Yo tengo tanta confianza en Pixar que ya hay un Mr. Increíble protegiendo mis libros:

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Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera

3 de November, 2004 · 5 comentarios

Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera es una película hermosa. Rodada en unos asombrosos paisajes naturales, con un templo budista que flota en medio de un lago, va recorriendo las estaciones haciéndolas coincidir con los momentos de la vida humana. Niñez, adolescencia, edad adulta, madurez… y sorprendentemente la vejez y la niñez de nuevo. La composición es perfecta, la naturaleza que muestra es totalmente real y la carga simbólica de la película asombrosa. Pero curiosamente, los símbolos no impiden disfrutar de la película. Más bien todo lo contrario. Las repeticiones, metáfora y demás sostienen el edificio de la película, haciendo que su mensaje resuene con mayor potencia.

Un sabio budista vive en ese templo flotante -en el que hay puertas sin paredes que se usan como si las paredes estuviesen presentes- acompañado de su joven discípulo. Estamos en primavera, y en una de sus escapadas el niño lastra a una rana, a un pez y a una serpiente con sendas piedras. El maestro lo veo, pero lejos de impedirlo aprovecha la oportunidad para enseñar una valiosa lección. Le ata al niño una piedra a la espalda y le dice que sólo la retirará cuando haya rescatado a todos esos animales. Y si alguno ha muerto, la piedra de esa muerte la llevará siempre en el corazón.

Evidentemente, la piedra en cuestión -que en otro segmento protagonizará una reaparición estelar- representa simbólica muchas cosas que no voy a enumerar, pero extrañamente es también sólo una piedra, un simple objeto físico que nos impide avanzar. Eso se debe a que los símbolos de la película están anclados en una sensualidad total, en un deleite absoluto de los objetos tal y como son, de las cosas en su misma esencia como tales.

En el episodio de verano, la llegada de una joven enferma desata la lujuria del discípulo ahora adolescente. Consumada la relación, el discípulo huye al mundo exterior. Una vez más el maestro no dice nada, porque este maestro no castiga tanto los actos como los razonamientos erróneos. De hecho, en otoño el discípulo regresa perseguido por la justicia. Ha matado a alguien. Con el mismo cuchillo planea suicidarse, pero el maestro le da una soberana paliza. No por el acto de suicido en sí, sospechamos, sino por las razones que le han llevado a tomar esa decisión, por el fallo de pensamiento. En una de las escenas más hermosa de la película, el maestro escribe un sutra sobre la madera empleando la cola de un gato como pincel. El discípulo debe tallar los caracteres con el mismo puñal criminal, y la aparición de la policía añade cuatro manos más para el proceso de pintarlos. Los símbolos son importantes incluso para la policía.

Y así dos veces más, pero creo que se hacen una idea. Hay una idea de circularidad, y una fusión perfecta entre los pasos de la vida humana y el paso de las estaciones. El dispositivo -cortar cada pocos años para mostrar una nueva viñeta de la vida- no hace sino incrementar la intensidad emocional. Como en muchas películas asiáticas, hay muy poco diálogo, y se permite al espectador aceptar lo que ve en sus propios términos. Como el propio maestro protagonista del film (más que un hombre, queda claro), intenta mostrar los fallos de percepción, pero no condenar conductas.

Los símbolos más claro de la película son los animales: perro en primavera, gallo en verano, gato en otoño, serpiente en invierno y tortuga otra vez en primavera. Cada uno indica algo concreto en cada uno de los momentos. De la misma forma, el camino al templo parte en una zona de la orilla, que se debe alcanzar en barca, que tiene una puerta. Una puerta que en realidad no cierra nada, pero que se usa simplemente porque has decidido usarla.

Como comenté antes, es una hermosura de ver. No sólo los paisajes naturales son preciosos, sino que la composición de las escenas hace lo posible por emplear los elementos del entorno para reforzar la acción. Hay pocas escenas que no sean sutilmente sorprendentes, y toda la película está pensada con rigor y atención a los detalles, pensada con la seriedad de quien se preocupa por su trabajo. Los personajes, lejos de hacer lo que se esperan de ellos, hacen algo inesperado, que sin embargo es totalmente apropiado.

Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera es una película deliciosa que sin darse aires, desde la simplicidad, ilumina aspectos de la condición humana; una reflexión sobre la fluidez y los cambios de la existencia, de nuestros avatares en este mundo. Un triunfo.

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Melinda y Melinda

1 de November, 2004 · 4 comentarios

¿Por qué Woody Allen no se ha retirado ya?, me pregunto en el interior del cine. Podría dedicarse a viajar por el mundo, a cuidar de sus hijos y a no ir a la ceremonia de los Oscars todo lo que quisiese. Pero no es así. Obstinadamente sigue produciendo una película al año, aunque hace mucho tiempo que quedó atrás esa época en la que uno salía del cine convencido de haber visto la obra de un gran director (la última que recuerdo fue Hannah y sus hermanas, hace casi veinte años). Desde entonces ha ofrecido una serie de película, algunas de las cuales estaban bien, y otras eran bastante pobres, indignas de su pasado. Pero confieso que nunca nada como Melinda y Melinda.

Todo comienza con los dioses de la comedia y la tragedia sentados en un café hablando con sus amigos. El dios de la comedia defiende una visión fundamentalmente trágica de la existencia, afirmando que la comedia permite evadirte de esa realidad ineludible. Al contrario, el dios de la tragedia defiende una visión cómica de la existencia, en la que no hay ningún hecho que en última instancia no sea patéticamente divertido. Uno de los otros dos propone un experimento, les cuenta una serie de anécdota (una persona irrumpe en una cena) y pide a cada uno de los autores (o dioses, lo mismo da) que decida si se trata de una tragedia o una comedia. En ese momento, el dios de la comedia se pone a inventar una comedia y el dios de la tragedia una tragedia, y las historias de la pobre Melinda comienza a desarrollarse en paralelo.

Piensen durante un segundo en la otra película evidente que se podría haber hecho. ¿Y si el dios de la comedia hubiese intentado escribir una tragedia o el dios de la tragedia una comedia? Bueno, en realidad eso es lo que pasa, porque ambas historias son tan ineptas que es difícil creer que se estén ofreciendo en serio. De hecho, todo suena a colosal broma, a que Woody Allen ha decidido finalmente engañar a sus espectadores ofreciéndoles trivialidades y tópicos vendidos como profundas reflexiones sobre la condición humana. Porque las dos historias no son más que eso, sucesiones de tópicos (en un caso de la comedia y en el otro de la tragedia) salpicados por diálogos inmaduros que fingen ser ingeniosos, agudos y perspicaces pero que en realidad servirían de justificación a eso de que si no tienes nada que decir es mejor callar.

La tragedia más que tragedia es como un culebrón sin ritmo. Aburrida y repetitiva, se limita a desgranar una serie de amoríos alrededor del personaje de Melinda. Hay traiciones, pasados terribles, posibilidades truncadas y demás. Lo que no hay, lamentablemente, es la más mínima pizca de interés u originalidad. Ni quiera al propio Allen le importa. Coloca la cámara allí donde cae y rueda lo que en ese momento esté frente de la lente, sin preocuparse más que de tener el metraje mínimo para montar la película. Siempre se le había visto a Woody Allen, incluso en sus peores momentos, preocupado por contar al menos una historia que tuviese cierta gracia. No en este caso.

La comedia es ligeramente mejor. No es que sea buena, pero al menos no es tan tediosa como la tragedia, y se hace algo más llevadera. En parte se debe al actor que hace de Woody Allen. Pero sigue siendo la sucesión de tópicos más larga que le he visto jamás a este director. Todo sucede exactamente como cualquier espectador puede predecir. A lo mejor ésa era la idea. Sin embargo, es triste darse cuenta de la total falta de sinceridad de su autor. No hay ni un sólo elemento que suene a verdadero, ninguna emoción que parezca genuina.

La conclusión final es que la vida depende del color del cristal con que se mire. Eso tal cual lo dice un personaje al final de la película. O una de dos, o Woody Allen está siendo irónico en un grado sobrehumano, o piensa que todos somos tontos y no nos habíamos dado cuenta. Que esa obviedad se ofrezca como conclusión de una película que parece durar tres horas de aburrida que es (debe ser la primera vez que me pasa en una película de este hombre) debe ser la prueba definitiva de que Melinda y Melinda se hizo para cubrir el expediente y mantener el cupo de una peli al año.

Mientras tanto, para el tema de cómo podría ser diferente la vida, y líneas argumentales que corren en paralelo, les recomiendo Dos vidas en un instante y Corre, Lola, corre. Ninguna de las dos pretende ser una “deliciosa reflexión sobre la condición humana”. ¿Será casualidad que las dos sean más interesantes, profundas y divertidas que la de Woody Allen?

Otro comentario sobre la película

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Grandes películas reexaminadas

26 de October, 2004 · Sin comentarios

HISTORY’S NOTABLE FILMS, RECONSIDERED. Revisión de algunos grandes clásicos. Me encanta el comentario sobre Babe:

Let me see if I understand this: The farmer and his family routinely slaughter and eat the animals on their farm. The animals are all sentient beings, who understand this and do nothing to escape-in fact, they work hard to curry favor with the farmer, in order to prolong their lives. This is the sort of children’s film that Roman Polanski would make.

(vía Bob Congdon)

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El bosque

15 de October, 2004 · 13 comentarios

El boque son tres películas una tras otra.

1.- “La casa de la pradera rodeada de un bosque infestado de bichos raros”. Pues eso, una pacífica comunidad (en la que como mucho se muere un niño de vez en cuando por alguna enfermedad incurable, como el resfriado común) vive el claro de un tremendo bosque habitado por criaturas inenarrables. Más aún, los más ancianos del lugar han llegado a un pacto con los lobos, digo, con los bichos: ellos no entran en el bosque, y los bichos no entran en el la villa. Hasta ahí bien.

En esta parte suceden muchas cosas, cada una variadamente aburrida. Hay reuniones del consejo local, un intento de asesinato, un ataque de bichos y demás. También hay una ciega, un tonto del pueblo y otro tonto del pueblo más bien lacónico. Dice mucho de la película que precisamente esos tres topicazos con patas sean los personajes más interesantes de toda la cinta. Al menos, sus motivaciones están claras y no se contradicen a sí mismos a cada paso que dan.

2.- “Caperucita amarilla en el bosque de la bruja de Blair”. Todo lo anterior lleva que sea necesario ir a la ciudad a buscar medicinas. Por tanto escogen a la persona más capacitada para la tarea, es decir, a la ciega. Porque claro, en un pueblo lleno de jóvenes fuertes y capaces (¿de dónde ha salido tanta gente?, por cierto) lo lógico para la misión de atravesar un bosque desconocido habitado por dios sabe qué bichos es decírselo a una persona que no ve (aunque detecta el aura de la gente. No, no pregunten, en realidad es totalmente irrelevante para la película).

Bien, en medio del bosque la ataca la rana Gustavo. La chica y la rana se persiguen durante algunos minutos más bien para alargar el metraje, porque la rana en cuestión causa tanto miedo como el monstruo de las galletas. Pero bueno, esa parte se acaba pronto, provoca más risa que otra cosa, instala en tu mente la idea de que el director se te está riendo en la cara (”jajajá, has pagado para ver esto”) y la cosa sigue. Y llega el:

3.- “Momento Twilight Zone” donde toda la verdad se revela. Bien, dos consideraciones:

a) Yo me imagino al guionista (que resulta que es también el director. Un hombre de lo más versátil que además se encarga del cátering e interpreta al cuarto carnero empezando por la derecha) sentado en su sillón: se le ocurre de pronto un final ridículo para su película, pero lo rechaza de inmediato porque está convencido de que es capaz de encontrar un final más estúpido. Y lo consigue. Es asombroso, la revelación final no podría ser más irrelevante, estúpida, carente de interés ni obvia. Comparado con ella, “Todo fue un sueño” hubiese un broche de lujo. Pero hay más:

b) El director comete un gravísimo error: la película dura todavía unos diez minutos más D.R. (después de la revelación). Eso te da tiempo para repasar, todavía dentro del cine, todo lo que has visto y llegar a una simple conclusión: nada tiene sentido. No sólo las motivaciones de los personajes carecen de razón o lógica, sino que además la mayoría de ellos son peligrosos criminales psicópatas a los que habría que abatir a tiros. El edificio entero de la película se desmorona después de ese final.

¿En qué estaría pensando Shyamalan cuando hizo esta película? ¿Se le ocurrió el golpe final y luego fue para atrás? ¿No podría haber hecho un remake de Los teleñecos conquistan Manhattan? El bosque no es sólo un bodrio como una casa, es además una completa tomadura de pelo. Y mira que Señales me gusto. Qué cosas.

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Audition

19 de September, 2004 · 3 comentarios

Me encantan como hacen estas cosas. Audition está rodada con tanta tranquilidad que si uno no supiese que es una película de terror (porque lo dice en la carátula del DVD) y porque sale alguna imagen inquietante, casi podrías creer estar viendo una comedia agridulce. Incluso cuando llega el estallido de violencia final (una escena de tortura y mutilaciones con mucho tonos sexuales), hay tanta tranquilidad y precisión en el desarrollo de la escena que el efecto es todavía más impactante. Hemos visto muchos pies cortados en otras películas de terror, pero posiblemente ninguno cortado con tanto mimo y primor como aquí, y luego desechado con tanta desatención.

Aoyama, un viudo hombre negocios, decide un día volver a casarse (él, que ni siquiera se da cuenta de que tiene el amor delante de las narices). Todo por un comentario de su hijo -el nuevo Japón, en contraste con su padre que vive en un mundo que desaparece con rapidez- quien no parece tener ningún problema para ligar: les habla a las chicas sobre dinosaurios (por lo visto, esos trucos funcionan en Japón. Yo tengo un amigo que intentaba ligar hablándoles a las chicas de Java, pero no funcionaba igual de bien). El problema es que Aoyama no sabe por dónde empezar. Porque lo que realmente quiere es una amante esposa como las de antes. Pero nada, a su amigo se le ocurre la genial idea de montar una audición, con la excusa de una supuesta película, para encontrarle esposa.

Audition se puede entender de muchas formas, pero una muy evidente es el comentario de la posición de la mujer ante los ojos de esos dos hombres. Aoyama y su amigo no son malas personas, pero hay algo ciertamente sádicos en ese desfile de señoritas dispuestas a hacer cualquier cosa delante de esos dos caballeros. Sumisas son, un rato, y cualquiera de ellas sería una esposa perfecta. Pero Aoyama ya venía previamente encaprichado de Asami, quien parece la más perfecta de todos. Lo que no saben es que si Aoyama buscaba esposa, Asami buscaba…

Asami vive en un apartamento. Se sienta en el suelo y se mantiene cabizbaja aguardando continuamente. ¿El qué? Quizá que salte la trampa. Su única compañía: un saco blanco que se agita, retuerce y gruñe cuando suena el teléfono. ¿Qué hay en el saco? Quizá un antiguo amante mutilado. Quizá la propia Asami, encerrada en el papel que se espera de ella. Quizá su locura, que salta cuando suena la alarma. Como sea, lo impresionante es verla erguirse y sonreír cuando sabe que todo se ha puesto en marcha.

Porque verán, Aoyama ha quedado definitivamente atrapado. Aún sabiendo que algo no va bien, incluso desestimando las protestas de su amigo, se interna en un mundo complejo, hecho de recuerdos del pasado de Asami (¿abusaron de ella o abusó ella de alguien para convertirlo en su acosador? ¿Asesinó a una persona? ¿Es sádica o masoquista? ¿O es ambas cosas a la vez?) y un laberinto de sueños -con sueños dentro de sueños- que tejen una red mortal. ¿Cuánto de lo que vemos es real, cuánto producto de la imaginación de Aoyama?

La pobre Asami sólo quiere que la amen incondicionalmente. Como eso es imposible, se venga, diseccionando con cuidado a su víctima viva. ¿Es un fantasma de una sociedad antigua al que sólo puede derrotar la nueva sociedad? Quizá.

Ya he hablado de la tranquilidad de la película. También me gusta su sentido del humor, que se combina con la tragedia. El guión y el director van entrelazando temas, pasando de la sátira social al comentario feminista. Un detalle interesante es que Aoyama es un buen hombre, y un padre preocupado; y tampoco está nada claro que Asami sea ontológicamente mala. Y el final -que no voy a discutir, aunque ya me gustaría- ofrece una de esos golpes brutalmente irónicos que me voy encontrando habitualmente en las obras japonesas. Debe ser cultural.

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El mito de Bourne

19 de September, 2004 · 5 comentarios

Considerando lo poco que me gustó la primera película, ¿qué hacía yo en una sala de cine viendo la continuación El mito de Bourne? Baste decir que de pesares como éste y otros está compuesta la existencia humana.

En cuanto a la película, es marginalmente mejor que la primera. A saber, se eleva un palmo por encima del fango. Carece de la más mínima originalidad (todos los elementos son clichés robados de otras múltiples películas de espías; por ejemplo, apenas empezar ya le han matado a la novia -pobre Franka Potente- para que la venganza esté clara) y la “trama” se resuelve de la forma más previsible posible (el malo maloso aparece al principio con un gigantesco cartel en la cabeza que lo señala como tal) y el plan de los malos es absolutamente idiota (si no hubiesen pretendido implicar a Bourne se hubiesen salido con la suya) y la CIA es idiota (creer que es un agente superentrenado como Bourne cometería el error de dejar una huella). Hay momentos muy graciosos (cómo volar una casa con una tostadora) y los habituales intentos patéticos de dotar el personaje de profundidad moral (Bourne no tiene ningún reparo en dejar un reguero de coches destrozados y cadáveres mutilados a su paso, pero luego no mata a los malos malos de verdad porque no es lo que ella “hubiese querido”. Aparentemente la pobre se pirraba por tullir a inocentes transeúntes que pasaban por allí).

Lo malo no es que la película sea tonta, porque películas tontas las hay a montones. El problema es que es tonta mientras la ves, que ya es un pecado capital. Bueno, lo de ver es un decir, porque como un 40% de la película no se puede ver. La escenas de acción y pelea están montadas a fragmentos no ya cortos, sino cortísimos, casi infinitesimales, y es imposible hacerse una idea de lo que está pasando. El director parece pensar que emoción significa mostrar confusión. Por eso, los mejores momentos son aquellos en que Bourne juega al gato y al ratón con sus antiguos jefes. En la distancia y con cierta inteligencia.

No dudo que harán más películas de Bourne (supongo que el hombre tendrá pasado suficiente para ir minándolo durante muchos años más) pero estaría bien que la próxima vez intentasen escribir un guión antes de pasar a la sala de montaje.

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Open Water

18 de August, 2004 · 14 comentarios

Durante buena parte de la película, sus protagonistas flotan en medio del océano rodeados de tiburones. Lo que acabo de escribir debe ser la receta de un buena película de miedo. O al menos, los creadores de ésta han logrado una buena película que te mete en el cuerpo el horror más absoluto.

No por los tiburones, claro. Esos bichos no son más que un añadido. Lo importante es haber sido abandonados en medio del océano (un error en el recuento hace que el barco se deje atrás a un par de submarinistas), en una situación desesperada, en la que no se puede hacer nada (excepto flotar) y sobre la que no tienes el más mínimo control.

Con esos elementos, basta con poner una cámara y ver a la pareja interaccionar mientras pasa por todas las fases emocionales de tal situación. Se pelean, se consuelan, amenazan a los que los abandonaron, analizan sus vidas… Las tensiones de cualquier relación larga salen a la luz y lo que nunca se dice porque hay tiempo sale todo a flote. Y por ahí andan variados pececillos que podrían ser, o no, peligrosos. Los actores son adecuados, ella mucho mejor que él, pero cumplen bastante bien con el papel. La aproximación es muy íntima incluso en las escenas iniciales que arrancan la película. Se nos invita sentirnos como si estuviésemos sentados a su lado.

¿Les rescatarán? ¿No les rescatarán?

La película es muy efectiva en provocar tensión. El abandono absoluto y el terror ante lo que podría haber bajo la superficie están perfectamente reflejados. El presupuesto de la película es muy bajo, pero hace un uso brillante de todos los elementos disponibles para crear el ambiente. Incluso se aprovechan de la leyenda “basada en un hecho real” para la narración.

Hay escenas muy buenas. Pero me quedo con la de la tormenta. Es de noche y llueve, y no vemos a los personajes porque todo está a oscuras. Sólo les oímos. Pero durante los relámpagos entrevemos a los protagonistas en el agua. Aterrorizados.

No es una obra maestra, pero es una buena película que merece una oportunidad. Sobre todo viendo como está la cartelera últimamente.

Lo que no entiendo muy bien es por qué no se llama Mar abierto. Será un misterio de los distribuidores españoles. Ya debía haber una que se llamaba así.

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Las mujeres perfectas

16 de August, 2004 · 2 comentarios

Por suerte, esta película dura 93 minutos. Un minuto más, es decir, 94, y el tedio hubiese sido insoportable para cualquier ser humano. En 93, el aburrimiento habrá destruido algunas neuronas no demasiado imprescindibles y podremos seguir más o menos con nuestra vida normal.

El problema de Las mujeres perfectas es que quiere ser una comedia. Es comprensible, la idea en la que se fundamenta (es un decir, más bien levita sobre ella y la roza en momentos selectos) era un truco más bien burdo ya en el año 75 cuando se hizo la primera. En aquella época tenía algo de sentido: la sátira de unos hombres convirtiendo a sus mujeres en robots porque no se adaptaban a vivir en el nuevo mundo de la liberación de la mujer. Lo dicho, ya en su día la idea ya tenía un grano algo demasiado grueso, y hoy en día es tan tosca que hace que el coche de los Picapiedra parezca un modelo de alta tecnología. Por tanto, el remake (si uno se plantea que es necesario, cosa de la que no me han convencido) hay que hacerlo en clave de comedia.

Por desgracia, como comedia la idea no tiene el más mínimo interés. En primer lugar, porque al ser una comedia sabemos ya que todo acabará bien y que a la protagonista no le pasará nada. No hay ninguna sensación de peligro, ninguna impresión de que algo podría llegar a salir mal, ninguna tensión. Ya sabemos que al final todo se resolverá y el orden triunfará. Tan claro lo tiene el guión, que se limita a desgranarse tan mecánicamente como si de una de sus protagonistas se tratase. Y de ahí surge el segundo problema: la idea no es de comedia y por tanto hay que añadirle chistes al guión para que la cosa funcione. Es resto es simplemente aguardar al siguiente chiste. Y como los chistes son escasos, no muy buenos y tardan en aparecer, pues uno se aburre esperando por ellos.

Pero confieso que había algo que no me esperaba de la película. No creía que fuese a ser gran cosa, pero no me esperaba que fuese tan devastadoramente machista.

Porque verán, es una comedia, luego hay que reírse de alguien. De los maridos, pensarán ustedes de inmediato. Esos señores que desean convertir a sus mujeres en robots a los que se les puede agradar las tetas con un mando a distancia. Pues no, curiosamente se les trata con mucha simpatía. Algo así como si fuesen unos pobres seres que no saben controlarse y hicieron lo que hicieron porque sus mujeres les hacían sentirse mal. ¿Por qué les hacían sentirse mal? Porque tenían más éxito, ganaban más dinero y hacían las cosas mejor que ellos. ¿Reciben su justo castigo al final? Pues ya me dirán ustedes qué castigo es ése.

Por tanto la película decide reírse de las mujeres. Y de un grupo en particular: de aquellas mujeres de alto nivel profesional, que dirigen empresas, controlan cadenas de televisión o son expertas en genética -ya empieza con algunas insinuaciones (vamos a ver, el concursante fue allí voluntariamente, ¿no? Entonces, ¿qué culpa tiene la pobre Nicole Kidman? ¿A qué viene simpatizar con él?) y el final de la película lo deja bien claro. Nos ilustra en dos ocasiones la imposibilidad de que una mujer tenga éxito en su trabajo y sea simultáneamente feliz. No. La felicidad sólo está al alcance de las mujeres que aceptan a sus mariditos, cuidan de la casa y hacen la comida (tal y como los robots, vamos). Mujer, si quieres trabajar y tener éxito, sólo te aguarda la infelicidad y grandes dosis de Prozac en el mejor de los casos (en el peor, te convierte en una psicópata). No hay termino medio. Advertida quedas.

Mucho hemos avanzado desde el año 75.

Una cosa con las mujeres robots. No queda nada claro si son robots o siguen siendo ellas pero controladas con chips. Al final parecen que simplemente las han reprogramado, pero en una escena se ve como a una de ellas la usan como cajero automático (en serio, no es tan divertido como podría sonar). Da la impresión de que la misma película no lo sabe.

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Dark Water

7 de August, 2004 · 42 comentarios

Lo de ser madre es muy complicado. La pobre Yoshimi está histérica. Aunque, la verdad, razones no le faltan. Está pasando por lo que parece un traumático divorcio, no encuentra trabajo, no tiene dónde vivir y encima batalla por la custodia de su hija de seis años Ikuko. Incluso cuando consigue piso, tanto el encargado del edificio como el agente inmobiliario parecen tratarla como una idiota, pasando de sus quejas sobre esa persistente mancha de humedad en el techo. El único que es simpático con ella es Kishida, un abogado (imaginen, un abogado haciendo de personaje positivo); aunque incluso él es excesivamente racional para comprender a tiempo lo que está pasando.

(Curiosamente, en las películas americanas son los policías los que siempre ofrecen las explicaciones racionales -equivocadas-. Parece que en las japonesas esa ingrata tarea la realizan los abogados.)

Es curiosísimo lo poco que necesitan los japoneses para montarse una película de terror -aunque sería mejor decir que se trata de una muy efectiva historia de fantasmas. Básicamente el único elemento terrorífico es ese impresionante edificio de apartamentos de cemento gris, lleno de recovecos y con un ascensor que permite entrever en riguroso blanco y negro, a través de una cámara de vigilancia, lo que sucede en el interior. Es un edificio que deprime nada más verlo, que arranca el calor del corazón de cualquier ser humano y lo deja convertido en un témpano de hielo. El lugar perfecto para que lo habite un fantasma.

También hay una mancha de humedad recalcitrante. Una mancha imperialista donde las haya, que va ganando terreno poco a poco hasta descargar en torrente sobre los que tiene debajo. Y un apartamento lleno de agua, en el que incluso parece llover. Por no mencionar el deposito herrumbroso de agua, donde el espectador sabe qué ha sucedido en cuanto aparece en escena (y bien poco importa saberlo). Mucha agua, sí. No en vano la película se llama agua sucia.

Con unos sabios movimientos de cámara, con una cuidadosa selección del ángulo, y con las perfecta reacciones de la pequeña Ikuko (que está al otro extremo de los críos insoportables del cine) los creadores convierte el agua en un elemento perturbador. La basta con salir de un grifo para amenazar a todos los presentes. No precisan más que dar a entender una presencia (una sombra fugaz, una imagen borrosa) para provocar una sensación de escalofrío. La escena en la que Ikuko se oculta en el colegio es magistralmente perturbadora. Incluso cuando sale el fantasma, está tratado con ciertas distancia, si permitirle tener demasiados detalles.

La historia es muy lineal. O más bien diría simple, poco más que una anécdota. Cualquier aficionado a este tipo de cine descubrirá inmediatamente qué le pasó a la niña que vivía en ese edificio y desapareció dos años atrás. Pero esa simplicidad juega a favor de la película, porque lo importante no es ese misterio, sino uno humano y más interesante: qué les pasará a Ikuko y a su madre. A ese respecto, la conclusión de la película es simultáneamente amarga y conmovedora. Una madre puede llegar a hacer muchos sacrificios.

Resumiendo, una pequeña joyita.

Tengo que contar cómo acabé viendo esta película. Me pasé por la página de Kitsune (la imagen la he sacado de su página) y vi que hacía referencia a ella. Luego, paseándome por un quiosco, vi la película por unos 9 euros y me la compré. Me alegro, la verdad.

Ahora tengo The Ring para ver. Dicen que es mejor.

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Yo, robot

3 de August, 2004 · 21 comentarios

Antes que nada, vamos a quitarnos el espinoso tema de Asimov de encima. Esta película no traiciona el espíritu de su obra. Esta película coge el espíritu de la obra de Asimov y lo arrastra por el fango más asqueroso durante dos horas. Luego, para mayor ignominia, le orina encima antes de apalearlo hasta la muerte. Y no contento con ello, procede a violar el cadáver en una repugnante acto de necrofilia. “Sugerida por el libro de Asimov” se atreven a escribir al final. ¿Qué libro?, se pregunta uno.

Porque verán, el doctor sería todo lo que ustedes quieran literariamente, pero tonto no lo era. Sus historias de robots intentaban tratar el tema en serio, soslayando clichés que ya eran viejos cuando se escribió la primera historia de ciencia ficción. Se impuso a sí mismo las tres leyes, y luego se puso a demostrar cómo esas tres leyes daban mucho juego para la reflexión y el entretenimiento inteligente. Como buen fabulador, demostraba que las restricciones autoimpuestas están lejos de ser limitaciones sino elementos liberadores. Sacar robots que intentan matar seres humanos simplemente va contra el espíritu de Asimov y ningún “sugerido por” va a cambiar eso. Incluso cuando sus robots se inventaron la ley cero, la aplicaron con sutileza, paciencia e inteligencia. Peor aún, sacar robots que corren por la calle matando gente es una ordinariez.

Vale.

¿Qué hay de la película? Pues nada, una más de la morralla de películas de acción veraniegas que podría ser moderadamente interesante si uno no ha visto otras 20.000 películas iguales antes (y las que nos quedan). Es un cóctel bastardo que toma todos los clichés (algunos ya eran viejos cuando Matusalén no pasaba del metro veinte) de las películas de policías (suspenden al protagonista y le retiran la placa), películas de acción (persecuciones interminables y un malo incapaz de matar al bueno aunque lo intente veinte veces) y la ciencia ficción (robots que se rebelan, científico muerto por su creación, discusiones sobre el déficit de corazón de los robots y otros muchos) y los mezcla intentando que la combinación resulte original. No lo es, claro, porque no se intenta inyectar ni la más mínima dosis de ingenio. No dudo que el director y los guionistas en su casas sean tíos muy creativos, pero ya se sabe que dinero en forma de gran prespuesto tiene la capacidad de lobotomizar.

La trama es estúpida, de esas que sólo pueden funcionar si todos los personajes son absolutamente idiotas. Lo peor no es eso, porque se puede soportar una película con trama estúpida que se revela como tal reflexionando después de verla. En Yo, robot la trama es estúpida ya desde el inicio y los pasos posteriores de la investigación no hacen sino confirmarlo. Para que no se note, los guionistas meten de vez en cuando una escena de acción. Lo típico: te tiramos un edificio encima, te perseguimos en el coche, nos comemos a tu gato… ah, no, eso no lo hace; hubiese sido interesante.

Si insisten, la cosa va de un padre que envía a dos de sus creaciones al bosque a seguir unas miguitas de pan y encontrar a la bruja mala. Sí, la misma película reconoce estar adaptando Hansel y Gretel. También adaptan el nuevo testamento: uno de los personajes es el Mesías, otro el Bautista. Incluso sale el pueblo elegido peregrinando por el desierto.

Por desgracia, lo que acabo de escribir hace que la película parezca interesante. No es así. Son puros espejismos, fragmentos de inteligencia muerta y fósil, como mariposas clavadas a un corcho, que los creadores han repartido por la cinta para intentar darle una profundidad que no tiene. Su misión es atrapar al intelecto haciéndole creer que hay señal en el ruido.

Will Smith es con diferencia lo peor de esta película. Su personaje es odioso, insulso, tonto y odioso (sí, dos veces). Es patético verle intentar ser gracioso. Sus chistes sin chispa no hacen más que distraer y restar interés a sus escenas. Con otro actor la película podría haber ganado algo, con él se hunde irremediablemente. Will Smith le roba a Yo, robot cualquier pretensión de ser inteligente. Es más, podría argumentarse que él es el responsable directo del desastre. La necesidad de pagar su sueldo, y por tanto recuperar todo ese dinero, obliga a hacer la película así y no de otra forma.

El personaje de Susan Calvin es para llorar cuando uno se acuerda del homónimo literario. Aquella mujer era una verdadera hija de puta, una cabrona con dos cojones que controlaba todo lo que pasaba en aquella empresa. Nadie se movía si Susan Calvin no lo decidía. Aquello sí que era frialdad. El maniquí que hace de S.C. en la peli cree que mostrar frialdad es no mover ni un músculo y mantenerse rígida como una viga. Es muchas ocasiones es indistinguible de los robots que la rodean. Es más, en muchas ocasiones los robots parecen claramente más vivos. A esta S.C. sí que le tendrían que meter algunas nanomáquinas en el cerebro. Evidentemente, no le harían ningún daño y posiblemente aliviasen su anhedonia.

Como la película es perfectamente predecible, al final, inevitablemente, todos los protagonistas acaban colgados de una gran altura luchando contra una horda de cienes y cienes de millones de robots. Los robots, que son idiotas, luchan con las manos. Contra humanos, dirán ustedes, sí, pero… Al final el bueno se carga al malo (¿de verdad lo consideran un spoiler?) y el otro bueno recibe finalmente el reconocimiento del bueno bueno. Aunque eso sí, le espera la cruz.

Yo, robot no hace reflexionar. Adormece varias zonas del cerebro. Su tratamiento de los robots es tan antiguo que básicamente repite lo que uno quiere oír. Se la ha comparado con Inteligencia Artificial. No sé en qué, francamente. IA no era un gran cosa, pero estaba hecha con atención a los detalles y a la historia, y con bastante más rigor e inteligencia.

Después de esto tengo claro que a Alex Proyas (a pesar de que Yo, robot visualmente tiene uno o dos momentos y los 5 primeros minutos, para ver el mundo del futuro que han diseñado, se pueden ver) Dark City se la hicieron. O ese día andaba inspirado. O es uno de esos directores de una sola película. En cuanto a los guionistas, deberían ocultarse bajo una roca. No por el argumento, eso les vino dado ya lo sabemos, sino por los diálogos. Uno no exige diálogos con triple e incluso cuádruple interpretación, como en Buffy, pero si al menos frases que no sonrojen. Aquí los diálogos son tan penosos que más de un crío de cinco años tiene una discurso infinitamente más fascinante, y un episodio de Pokemon contiene mayor riqueza expresiva.

Lo peor: Will Smith.

Lo peor (II): Will Smith.

Lo mejor: El robot paseando los perros

En resumen: Es simplemente mala.

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Spiderman 2

16 de July, 2004 · 2 comentarios

No me gustó nada el primer Spiderman. Si bien la película estaba bien hecha, me parecía que me contaba lo que ya sabía de una forma que ya conocía, y me aburrí bastante. Pero este segundo Spiderman es algo completamente diferente. Me ha gustado mucho la película. La he encontrado muy divertida, con ganas de hacer cosas diferentes, y francamente entretenida. Está a años luz de la primera y posiblemente sea la mejor traslación de un superhéroe de cómic a la pantalla.

Un aspecto que me ha gustado mucho es que no se sabe muy bien contra quién lucha Spiderman en esta película. El papel de malo lo tiene el Doctor Octopus, pero en realidad el tipo es un buenazo ligeramente trastornado por esos maravillosos brazos mecánicos que tiene (cada uno con su personalidad propia). En realidad, Spiderman se pega toda la película luchando contra Peter Parker, o quizá Peter Parker lucha contra Spiderman. Al pobre Pete no le gusta nada la vida que sus superpoderes le obligan a llevar y la verdad es que el pobre, imitando a Dangerfield, no consigue que le tengan respeto.

Por desgracia, cuando decide que lo mejor es dejar el rollo de Spiderman a un lado, el mundo conspira para recordarle que héroes hacen falta aunque duela. Lo bueno de la peli es que atreve a mostrar un Peter Parker torpe, negado y gafe, y a un Spiderman que no sabe muy bien a qué va. Vamos, que el malo real de la cinta es una serie de demonios personales que poco, o nada, tienen que ver con las amenazas externas.

Los personajes están todos muy bien. La tía May (la de “una mala salud de hierro”, Rafa Marín dixit) adquiere gran protagonismo y tiene una escena muy importante que te deja preguntándose si… Hay más juegos sexuales, como cuando Spiderman se acerca a Mary Jane atravesando una tela de araña, y Kirsten Dunst está, esta vez sí, guapísima (suyo es además el último plano de la película con una cara que lo dice todo).

Hay muchos planos impactantes (el traje en el cubo de basura), muchas escenas hilarantes (Spiderman bajando de un edificio en ascensor y comentando cómo le sienta el traje) y grandes ideas visuales (la batalla con sacas de dinero en el banco o la pelea en el tren) que demuestran gran imaginación. En cuanto a los efectos especiales, Spiderman sigue siendo un dibujo animado, pero en esta ocasión un dibujo animado que te crees. En cuanto a los brazos del doctor Octopus, son una delicia verlos moverse en la pantalla, o cuando le “hablan” a un Alfred Molina que borda el papel.

Lo más curioso de Spiderman 2 es que tiene muchos aspectos de una película intimistas. El gran drama central es la relación entre Peter Parker y Mary Jane, incluyendo un triángulo, o quizá un cuadrado, amoroso. Las escenas de batallas son asombrosamente cortas (pero espectaculares) y el gran momento de absoluto heroísmo no tiene como objeto al malo (es más, quizá el momento más difícil para el héroe sea cuando debe decir según qué cosas). Me alegra que los creadores no se limitasen a seguir el esquema habitual.

En resumen: si piensan seguir con este nivel, espero ansioso Spiderman 3.

Lo mejor: los brazos, sobre todo el de la izquierda (del espectador) de arriba.

Lo peor: que en realidad me confundí y compré entradas para mañana, pero en el cine fueron muy amables y nos dejaron quedarnos (no, no sé cómo me pudo pasar).

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El día de mañana

1 de June, 2004 · 11 comentarios

Tamaña injusticia se comete en esta película. Verán, en el cartel aparecen los nombres de actores, guionistas, directores, montadores, fotógrafos, etc… personas que no sólo no han hecho nada por la calidad de la película, sino que llegan a esfuerzos inhumanos por destrozarla (en particular, uno se pregunta qué le habrá hecho el director al guionista para merecer semejante espantajo de historia). Habría que tachar con prontitud los nombres de esos traidores del cartel y poner el de los verdaderos héroes: hasta el último mono del equipo de efectos especiales. Esos individuos demuestran tener más conocimientos sobre narrativa, tensión dramática y espectáculo que el padre putativo de la historia.

Esta película está formada por dos impresionantes escenas de efectos especiales, y una corte de escenas más pequeñas que exhiben aspectos del cambio climático. Las dos escenas en cuestión son la destrucción de Los Ángeles (tornados) y Nueva York (agua y hielo). Las dos son asombrosos ejemplos de dosificación narrativa, de tensión, de emociones contenidas, las dos reflejan perfectamente la magnitud de la tragedia. Las más cortas sirven para entrever una hipotética película mucho mejor que habría nacido si el equipo de efectos especiales hubiese tomado el control de toda la producción: los soldados británicos congelados instantáneamente al ir a rescatar a la familia real, la granizada sobre Tokio, los astronautas contemplando los frentes tormentosos… Buscando dos o tres ciudades más a destruir, hubiese quedado una película cojonuda.

Por desgracia, alguien en la reunión de producción decidió que había que contar algunas historias humanas. Reflexionemos un momento. En esta película mueren miles de millones de personas, el hemisferio norte acaba completamente cubierto de hielo, y el mundo se ve sumido de la noche a la mañana en un cambio climático que destruye la civilización tal y como la conocemos. Ante ese escenario, ¿de verdad debería interesarnos si el chico le va a decir a la chica que la quiere o no? ¿Si llegará o no llegará la ambulancia para rescatar al niño enfermo? ¿Qué conclusión podemos sacar de que un padre decida ir caminando de Washington a Nueva York a rescatar a su tierno retoño en medio de la mayor tormenta que el mundo haya conocido?

Que los asistentes a esa reunión estaban tontos ese día queda claro en un simple detalle. Cuando alguien dijo “Vamos a inyectar tensión dramática metiendo unos lobos en Nueva York” el sentido arácnido de los presentes no saltó a la estratosfera. Recordemos: mayor catástrofe natural que el mundo haya conocido. ¿Hacían falta lobos?

Con esa concepción del dramatismo, no es de sorprender que los personajes no ya sean planos, sino que clarísimamente poseen personalidad negativa. Absorben la personalidad de todo aquello que les rodea y dejan el mundo convertido en un lugar aburrido y miserable. Tan carentes de empatía que no piensan en ningún otro ser humano que pueda estar en peligro; de pronto hablan de un hermano, de pronto el hermano se olvida como si no hubiese existido jamás. Sólo se salvan dos:

Un hombre de negocios japonés, que bebe en chiringuito, a quien le suena el teléfono justo cuando empieza a caer granizo. El hombre corre por la intersección, buscando donde protegerse, y cuando parece que va a conseguirlo… Es curioso que un minuto se pueda contar tanto sobre una persona, lo suficiente como para que te interese tu vida y te preguntes por sus circunstancias.

El otro es Ian Holm. Uno de esos actores británicos espléndidos que tan pronto te hace de enano panzudo como de cenicero. Vamos, uno de esos actores que si entrase en un plato y el director le dijese “Haz de avutarda coja”, el hombre interpretaría a la mejor avutarda del mundo, envidia de aves gruiformes por doquier. Aquí más o menos. Le dijeron, “Haz de climatólogo escocés” y el hombre hace lo que puede.

Con lo dicho, comprendan que incluso me sorprenda que se hayan molestado en rodar las escenas con personajes humanos. La descompensación entre lo que le sucede al mundo y las vicisitudes de esos integrantes de una mente colmena es tan grande que no hay color. La película hubiese ganado mucho cortando la mayor parte de ese metraje. Aparte de ahorrarnos como cuatrocientos veintisiete clichés.

Pero lo peor es la película es que tiene final feliz. Sí, como me oyen. No, no, la catástrofe es inevitable, pero la verdad es que la llevan con una alegría y optimismo que ya los querría Pollyanna para sí. A ver, esos astronautas que miran con tanta tranquilidad la tormenta, ¿no se dan cuenta de que están muertos, de que nadie va a subir a buscarlos? ¿Cómo es posible que el Presidente de los Estados Unidos esté tan feliz después de que haya perdido todo su territorio y ahora presida un campo de refugiados? ¿Sólo porque encontraron a cuatro supervivientes mal contado? Han muerto cientos de millones, por Dios. Y además, ¿nadie se ha dado cuenta de que muchas de las principales bolsas del mundo están ahora enterradas bajo cientos de metros de hielo, que se encuentran en la mayor depresión económica desde el paleolítico superior?

Incluso la estatua de la libertad se mantiene en pie. Cubierta de hielo, eso sí, pero en pie, como representante que es del espíritu americano. ¿Recuerdan El planeta de los simios (la buena)? Pues sí, las comparaciones son odias.

Lo mejor: Las impresionantes secuencia de efectos especiales.

Lo mejor (II): Las pullas políticas. Especialmente los americanos entrando ilegalmente en Méjico.

Lo peor: Hay escenas con personajes reales.

Etiquetas: Cine

Troya

30 de May, 2004 · 28 comentarios

Aquiles y sus alegres muchachos deciden tomarse quince días de vacaciones e irse a la playa de Troya, lugar donde abunda la diversión: asesinatos, masacre y destrucciones varias. Y donde si tienes suerte, puedes incluso saquear el templo de algún dios. La excusa del viaje es recuperar la esposa “fugada con chico guapo además príncipe” de un rey “cornudo y calzonazos que se dejar atravesar por la espada del primero que pasa”. Digo excusa, porque la mujer tampoco está tan bien como para justificar lanzar mil naves. Treinta, quizá, y unos siete botes de pesca, pero definitivamente no mil.

Al jefe del cotarro está un malo de película de James Bond llamado Agamenón que quiere conquistar Troya, dios sabrá por qué. Q está interpretado por Ulises, que se pasea por la película con cara de estar hasta los huevines de tanta pelea y morirse por destejer a una que yo me sé. Curiosamente, Ulises aparece y desaparece según conviene, jamás se le ve hacer nada (podría argumentarse que es el más inteligente de toda la película), y esencialmente aguarda el momento en que se le ocurrirá la idea genial que le permitirá volver a casa (si él supiese…). Es más, claramente en varios momentos de la película se le oye pensar “¿A ver cuándo se me ocurre de una vez lo del caballo?” como si fuese un teleñeco y hubiese leído el guión.

Sigamos.

Rambo… digo, Aquiles, es el primero en desembarcar, cómo no, y claro, se dedica a saquear el templo de un dios, cortarle la cabeza a la estatua de un susodicho y secuestrar a una virgen. De lo más normal todo. Cuántas veces no nos habrá pasado el llegar a un país extranjero y buscar el templo más cercano para destruirlo. Tengo entendido que en algunas culturas se mosquean si no lo haces.

Rambo… digo, Aquiles, viene acompañado de sus colegas, que básicamente son una panda de delincuentes callejeros cualquiera pero con nombre griego. Si llamas a tu grupo Ángeles del Infierno puedes ir reservando sitio en el trullo, ahora, ponle Mirmidones y te llegarán contratos sin fin para ir a guerrear por ahí, en plan Equipo A, y tendrás garantizada la gloria eterna, los bardos cantarán tu nombre y una tortuga te ganará en las carreras. Luego dicen que hay justicia. Por cierto, es curioso que el muchacho ande tan preocupado por la salud del Patroclo (guapetón y sospechosamente sin novia, ¿no quedaban templos?). Si te preocupa el bienestar de alguien, ¿es lógico llevárselo a un campo de batalla? Dejó ahí la reflexión.

El resto de la historia consiste básicamente en que un ejército de cienes y cienes de millones de guerreros generados por ordenador se pelea contra otro ejército de cienes de cienes de millones de guerreros generados por ordenador. No se preocupen, el primer ejército había llegado en un millar de naves generadas por ordenador y el segundo vive en una ciudad también digital. Todos queda en casa, que dicen.

Se me olvidaba el bando troyano. Un momento:

Paris es imbécil. Pa qué nos vamos a engañar. Curiosamente, sale muy poco en la película, pero siempre es para cumplir la importante función de cagarla y meterlos a todos en líos (dispositivo para avanzar el argumento, que lo llaman). Es él quien convence a Helena para que deje de ser reina de Esparta y pase a ser princesa de Troya. Qué vio toda una mujer hecha y derecha en semejante alfeñique es algo que jamás se aclara. Sólo en un momento de la película Paris dice algo que denota un mínimo de inteligencia y sentido común… pero bueno, para el caso que le hacen…

Sólo hay dos personajes en toda la película. Héctor es uno de ellos. No crece ni se vuelve verde, pero sí pone ojos de preguntarse qué he hecho yo para merecer esto. El pobre es heredero, y por tanto le queda la obligación de cargar con las estupideces de los demás.

Priamo es el otro personaje. Está cansado, agotado, exhausto, fatigado y humillado. Además, se le nota el peso de un gran remordimiento: no haber castrado a su hijo menor cuando tuvo la oportunidad. Sinceramente, la línea sucesoria ya estaba garantizada y Troya se hubiese ahorrado muchos problemas. Todo ventajas. Alternativamente, podría haberse castrado a sí mismo tras tener el primero.

El grueso del asunto son las continuas peleas. Por desgracia, carecen por completo de la más mínima imaginación y por tanto su interés se aproxima a cero con rapidez. Para que la cosa sea más estúpida, cuando se pelean dos héroes da la impresión de que los ejércitos se detienen a contemplar las batallitas de los jefes. Yo, mientras tanto, me preguntaba por la asombrosa facilidad para encontrar madera en una costa en la que no se veía un árbol por ningún sitio. Y además, ¿de qué comía tanta gente?

Los personajes están completamente modernizados. Grave error. Primero, porque los personajes mitológicos no deberían parecer héroes de acción de una película de tiros. Segundo, los diálogos son tan penosos que en lugar de inducir una apreciación más profunda de los personajes te producen grandes deseos de reír. Por cierto, por modernidades, hay incluso una historia de amor, que es además la razón de la caída final del héroe. Creo que hace diecisiete millones de películas que no veía ese argumento.

No salen los dioses, otro error mayúsculo. Cuentan que se hizo para que la película no se pareciese a Furia de titanes. Ojalá Troya se acercase siquiera a la calidad de Furia de titanes. Parece, además, que el director los consideraba innecesarios y tontos. Antes de llamar tonto a un dispositivo narrativo debería repasar los diálogos de la película que ha creado; y de innecesarios menos, porque sin los dioses nada de lo que pasa en pantalla tiene sentido. El hombre homérico es un peón en manos de los dioses y su voluntad importa poco. Aunque mirado desde otra óptica, en esta película los personajes son marionetas en manos de su director.

¿Han leído alguna vez uno de esos cómics donde el texto cuenta exactamente lo que pasa en la viñeta? Pues aquí con la música igual. Se acerca un gran ejército y de pronto suena música de “se acerca un gran ejército”. Se va a tomar una decisión trascendental y nada, como si hubieses parido al compositor y lo conocieses desde niño, se cumple tu predicción y llega la música de “decisión trascendental”. Y así una y otra vez, machaconamente. Es el tipo de banda sonara que te hace anhelar los grandes días del cine mudo.

Bueno, terminemos. Después de algunas muertes y muchas piras funerarias viene lo del caballo (qué falta de imaginación, si al menos fuese un conejo). Paris propone quemarlo, que es lo que hubiese hecho cualquier persona con dos dedos de frente, pero nada, pa dentro va. Los troyanos alegres y felices duermen para que los griegos ocultos en el caballín arrasen la ciudad, dejen entrar al grueso del ejército y hagan de las suyas a placer. El ejército griego parece definitivamente americano, porque entre golpes, muertes, descuartizamientos, degollaciones, violaciones y demás se entretiene en derribar estatuas con fruición. Les ahorro describir la patética escena final con el malo, el héroe y una que pasaba por allí. Sólo decirles que al final aparece Légolas (te echábamos de menos) y resuelve la situación. Como algo de Paris le queda, vuelve a cagarla, pero tampoco importa.

París parece que sobrevive. Por lo tanto, quizá no nos libremos de Troya 2: El retorno del rey. Aeneas también sale por ahí, por lo que podría protagonizar una continuación que cuente su larga búsqueda de tierra seca en un mundo dominado por las aguas.

Lo mejor: Llega un momento en que se acaba.

Lo mejor (II): Voy a leer la novelización que dicen que es mucho mejor.

Lo peor: Es larga y aburrida.

Etiquetas: Cine