Relatos Japoneses de Misterio e Imaginación, de Edogawa Rampo

Caso curioso el de este escritor japonés que adopta un seudónimo basado en la conversión fonética del de otro escritor (Edgard Allan Poe). Hacer algo así puede ser toda una declaración de principios, un homenaje sentido a una figura idolatrada o un mal chiste. En este caso, desde luego, no se trata de un mal chiste, sino de una afirmación que trasciende la simple imitación: Edogawa no es Edgard Allan, sino otra cosa igual de compleja (aunque las conexiones sean evidentes al igual que el título del libro) e igual de impactante: un escritor dotado de una imaginación poderosa y de un gran sentido de lo perturbador, capaz de engarzar historias que se fijan en la mente del lector, llenas de una estilizada perversidad. Este libro es un recopilatorio de aquellos relatos que mejor describen al autor, según su propia voluntad. Quizás este volumen sea el espejo conscientemente construido con el que el escritor quiso reflejarse.

Temáticamente, los relatos podrían clasificarse en dos grandes grupos: las historias de misterio, de tendencia racionalista a la manera de Dupin y de los detectives decimonónicos, además de algún toque pulp y uso de las ideas de la psicología y la criminología que estaban en boga en la época en que se escribieron los relatos; y las inquietantes historias, de imaginación desbordante, donde el universo escrito responde a unas reglas sutilmente diferentes a las esperadas. Eso es, sí: Misterio e Imaginación. Sin embargo, esa clasificación no es del todo cierta: unas historias bordean en las otras, lo detectivesco se enlaza con lo macabro y lo psicológico con lo fantástico, las premisas básicas se difuminan y las vueltas de tuerca son espectaculares y sobrecogedoras.

Los relatos más destacables, en mi humilde opinión, son “La Butaca Humana”, “La Oruga”, “El Infierno de los Espejos” y “La Cámara Roja”. No es que los demás sean malos, ni mucho menos, pero los anteriormente mencionados destacan por sí solos. En “La Butaca Humana” una escritora de éxito recibe un fajo de papeles lo que parece una extraña confesión, confesión que llega hasta un punto insoportable para la escritora cuando entra en el terreno de lo personal para ella gracias a una vuelta de tuerca… y luego se nos brinda otra vuelta de tuerca, más amable, que disipa el terror pero no la inquietud. “La Oruga” es simplemente, una obra maestra de perversidad y que le valió a su autor ser perseguido por el gobierno (según la introducción del libro), descrita con un curioso sentido de lo cinético (esas extrañas contorsiones y convulsiones que se adelantan un tiempo a las convenciones del cine actual) y con una conclusión inexorable. “El Infierno de los Espejos” es una historia de decadencia psicológica y terror escrita con genio, una mirada a un infierno personal y artificialmente construido, pero no por ello menos impactante. “La Cámara Roja” comienza pareciendo la confesión de un asesino en serie bastante original ante los miembros de un decadente club de caballeros aburridos (una curiosa intersección de lo occidental con los japonés, pero efectivísima) para terminar siendo una magnífica broma macabra a costa de los oyentes. Para terminar, resulta curioso que el único deliberadamente fantástico esté situado al final, lo que le hace merecedor de un comentario: “El viajero con el cuadro de las figuras de tela” es una historia de corte fantástico (aunque bien pudiera ser una invención de la trastornada mente del narrador, una vez más el fantástico en su acepción de incertidumbre a lo Todorov) que destaca no por la historia en sí, sino por la atmósfera, insinuante y onírica de todo el asunto. Como punto divertido, uno de los detalles que usa el escritor para provocar una cierta sensación de desasosiego, es insistir en la vestimenta occidental de uno de los protagonistas.

En resumen, un libro magnífico para todo amante de las historias de misterio e imaginación, y una visión imprescindible sobre la obra de un autor prolífico pero poco conocido.

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Categoría: Reseñas

Xavier Riesco Riquelme

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