Recopilación de inventos que solo existen en la ficción, catálogo de una exposición, antología de cuentos fantástico. Inventario de inventos (inventados) de Eduardo Berti y Monobloque posee múltiples naturalezas.

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TRANSCRIPCIÓN

Inventario de inventos (inventados), de Eduardo Berti y Monobloque. Se trata de un… mmm… ¿un libro? …mmm… ¿un catálogo? … ¿una antología literaria? … ¿todo eso a la vez?

Mmmm

La verdad es que hay mucho que explorar.

Lo publica la editorial Impedimenta.

Vamos allá.

Empecemos por el principio.

Inventario de inventos (inventados), el libro, es una recopilación de invenciones que solo existen en la imaginación, inventos que alguien conjuró para la ficción. La mayoría son literarios, pero en algún caso se remite a lo visual.

Como volumen, combina textos de Eduardo Berti con ilustraciones de Monobloque, en una exquisita edición de muchos y agradables detalles, como suelen ser las ediciones de la editorial Impedimenta.

A su vez, es un catálogo de una exposición, que se exhibió en el Centro Cibeles de Madrid, como parte de la feria ARCO.

Como no vi la exposición, no les puedo decir qué tal encaja con el libro. Para mí, como para la mayoría de los lectores, el volumen es todo lo que hay.

Las ilustraciones son maravillosos vuelos de fantasía. Como si fuesen variaciones o fugas a partir de la descripción. A veces se acercan más a la forma física o el funcionamiento del invento al que se refieren, pero en otras ocasiones evocan emociones o sensaciones, cuando no se vuelven decididamente abstractas. Un juego divertido es mirar una ilustración e intentar descubrir a qué invento se refiere.

Los textos juegan continuamente con el concepto mismo de invención. No son descripciones repetitivas, basadas en un patrón. Algunos son extremadamente cortos y otros se alargan más. La forma varía muchísimo y también el punto de vista. El de “Ósculos” está escrito como el prospecto de un medicamento, con su posología, contraindicaciones y demás. El de “¿Despierta-idiomas?” es una breve cita con su correspondiente información bibliográfica.

A veces el invento sirve de punto de partida para cierta reflexión psicológica o social. “Casa móvil”, por ejemplo, se permite un comentario sobre la situación de las mujeres a principios del siglo XX. El paso del tiempo, la vejez, el absoluto de la inmortalidad se congregan en “Detector de muertos y vivos”. La sutil distinción entre semimuerte y semivida es el fondo final de “Moratorio de los Amadísimos Hermanos”.

Hay inventos que cuesta creer que no existan, como “Máquina de reverencias”. Otros son absolutamente imposibles, como esos inventos que son el resultado de un juego de palabras. Algunos inventos son perfectamente reconocibles si eres lector de ciencia ficción… Dick y Fredric Brown hacen acto de presencia… otro son deliberadamente oscuros o incluso… algo más.

En suma, el autor se deleita en la paradoja.

En el absurdo.

En la yuxtaposición de ideas.

O en el simple juego con el lenguaje.

Pero sobre todo, con la ficción en sí, que es la materia prima de estos textos. Por supuesto, los inventos ya están inventados, en el sentido de que son resultado de la imaginación, porque escribir, hacer cine o dibujar es fundamentalmente invención, mentira que se presenta, aunque sea por un breve espacio de tiempo, como real. Y con esa realidad irreal va entretejiendo los textos. El juego borgeano de dar citas, aclarar referencias o incluso datos precisos va floreciendo página a página. Y llega a su máximo cuando el invento es el propio inventor, el hacedor de ficciones convertido en recreación fantástica de su propio invento, transformado en exponente de su texto más famoso.

Inventario de inventos (inventados) es un delirante juego de metaficción.

Quizá.

Quizá valga así. Supongo que podría dejarlo aquí.

Pero la verdad es que hay otra forma de verlo.

Mientras leía este libro comprendí que no era nada de lo que he dicho anteriormente. O mejor dicho, todo eso está ahí, todo eso se puede encontrar. Pero como materia prima, como punto de partida, como base de la intención.

Lo que comprendí es que Inventario de inventos (inventados) es realmente una antología de cuentos. Una recopilación de historias fantásticas o de ciencia ficción. Un conjunto que sabe que hay muchas invenciones anteriores y que aprovecha ese hecho para sus propias escapadas a lo maravilloso. Los inventos se reinventan… digamos… sufriendo su propia mutación, retorciéndose sobre sí mismos. Las ideas de inventos se transforman ante nuestros ojos en pequeñas historias, trágicas o hilarantes, con su trama, sus personajes y sus alocadas inversiones finales.

En resumen, Inventario de inventos (inventados) se puede disfrutar de tantas formas, que el juego último es escoger una de ellas.

O varias.

Desde mi punto de vista, el coche autónomo es un caballo más rápido, una solución que realmente no soluciona nada o muy poco de los problemas de los coches, pero que permite conservar prácticamente el modelo actual sin cambiar nada. En lugar de repensar el transporte, simplemente hacemos que los coches se muevan solos. Tampoco me resulta convincente la lógica de “eso es el futuro” o “es lo que quiere le mercado”, como si no hubiese opciones.

Sin embargo, mi amigo Álex Barredo tiene ideas diferentes. Espoleado por el anuncio de que Apple trabaja en sistemas de conducción autónomos (sin mayores detalles) ha vuelto a reflexionar sobre esa cuestión en un episodio de su excelente mixx.io: Apple confirma que trabajan en vehículos autónomos.

Lo que él describe se acerca mucho más a una “solución”. Una caja que se mueve por ahí y que ni siquiera tendrás que tener en propiedad. Incluso apunta a una reducción del número final de coches en las calles. Vamos, más similar a un sistema de transporte público que al modelo que tenemos ahora.

Lo de reducir el número de vehículos se me hace un poco extraño. Si vendes 100, pasar a vender 10 no suena a ganancia para el vendedor. Por otra parte, un sistema de transporte privado te hace pensar en qué sucederá con la gente que no lo pueda pagar y qué alternativas tendrán esas personas. Sin embargo, sus reflexiones me resulta muy interesantes y creo que vale mucho la pena escucharlas.

Álex Barredo se está convirtiendo en uno de los comentaristas tecnológicos más interesantes. Es capaz de ir a mirar los detalles pero nunca pierde la visión de conjunto y alto nivel. Si no lo has hecho ya, suscríbete a su boletín mixx.io.

El universo de Cristal, de Dava Sobel

Durante décadas, un grupo extraordinario de mujeres examinó placas fotográficas para realizar grandes descubrimientos astronómico. El universo de cristal, de Dava Sobel, cuenta su fascinante historia.

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El universo de cristal, de Dava Sobel. La fascinante historia de un grupo de mujeres de ciencia que nos acercaron a las estrellas. Un gran ejemplo de divulgación científica, de historia de la astronomía y también un recordatorio de cómo se hizo y cómo se hace el conocimiento científico.

Lo publica Capitán Swing.

Vamos allá.

Hasta hace relativamente poco no se sabía nada de las estrellas más allá de lo que se podía ver a simple vista. Nada sobre su composición, por ejemplo. Muy poco sobre su dinámica o vida. Hay quien apostaba que ese era el límite del conocimiento que podríamos llegar a adquirir.

Los avances tecnológicos cambiaron la situación. La fotografía permitió preservar las estrellas y compararlas con precisión de una noche a la siguiente.

También fue posible romper la luz de las estrellas, haciéndola pasar por un prisma. El resultado era una serie de líneas claras y oscuras, el espectro. Y los espectros de las estrellas se podían examinar, comparar y clasificar.

El título de este libro, El universo de cristal, hace referencia a una colección de placas fotográficas de cristal, reunidas pacientemente en el observatorio de Harvard College desde finales del siglo XIX hasta bien entrado el XX. Allí, preservadas, estaban las estrellas, su luz y, muy importante, sus espectros.

Y las encargadas de leer las estrellas fueron las decenas de mujeres de un grupo extraordinario. Usaban los medios más rudimentarios para comparar placas con otras y obligarlas a hablar.

Un trabajo lento, tedioso, minucioso, que exigía unos niveles de concentración casi sobrehumanos.

Por ejemplo, cogían cuatro negativos que formaban una secuencia en el tiempo, más una impresión en positivo. Depositando cada negativo sobre el positivo, cualquier cambio se hacía evidente.

Evidente, si habías invertido años y años y años en entrenar la vista para apreciar esas diferencias. No era un trabajo que pudiese hacer cualquiera.

El universo de cristal es ante todo, un libro de divulgación científica que centrándose en ese grupo de mujeres, explica el origen de algunos descubrimientos importantes y también el proceso duro y penoso que permite el desarrollo de la ciencia. Crear conocimiento científico exige enormes sacrificios, tanto físicos como mentales. Y si algo poseían esas mujeres era fortaleza física y mental.

Dava Sobel muestra un enorme talento para iluminar sus vidas incidiendo en algún pequeño elemento, logrando así situarlas en contexto. Pero las experiencias vitales relatadas son necesariamente fragmentarias al ser un libro que habla de un grupo enorme de personas cuya actividad se extendió durante muchas décadas.

Y vaya un grupo. Estas son algunas de ellas:

Williamina Fleming. Empezó como doncella del director del observatorio para luego pasar a trabajar como calculadora y acabar dirigiendo todo el grupo.

Creó un sistema de clasificación estelar, descubrió diez novas y examinando los espectros dio con más de 300 estrellas variables. Entre sus descubrimientos, la famosa nebulosa Cabeza de Caballo.

Sin embargo, se quejaba, con razón, de cobrar mucho menos que un hombre.

Annie Jump Cannon clasificó los espectros de varios cientos de miles de estrellas. Su sistema de clases espectrales, OBAFGKM se adoptó oficialmente en 1922 y sigue en uso.

Antonia Maury fue la primera mujer con titulación universitaria en trabajar en el observatorio. Desarrolló su propio sistema de clasificación de espectros. A los dos años dejó el trabajo por discrepancias con el director, pero en 1918 volvió a Harvard como profesora adjunta.

Henrietta Leavitt descubrió miles de estrellas variables, en cuyo estudio se concentró. Dio con una relación entre el brillo máximo de las variables y su periodo, una ley que resultó muy importante para medir la distancia en el universo. Eso cambió la concepción del tamaño del cosmos que se tenía en su momento.

Cecilia Payne fue una de las primeras doctoras en astronomía y la primera de la universidad de Harvard. De hecho, su tesis doctoral se considera un clásico de la astronomía. Estudió la temperatura de distintos tipos de estrellas y comprendió que estaban formadas principalmente por hidrógeno, un descubrimiento tan asombroso para su época que se le aconsejo que lo tratase como un error.

Por si no ha quedado claro, este hombre se equivocaba.

El grupo tiene su origen en el cuarto director del observatorio, Edward Pickering. Convencido de que las mujeres podían realizar un trabajo tan bueno como los hombres, procedió a contratarlas. Evidentemente, contratar mujeres salía mucho más barato, pero Pickering parece haber sentido un gran respeto por sus calculadoras. Se aseguraba de dar el crédito que les correspondía y en alguna ocasión el nombre de ellas aparecía antes que el suyo.

Respeto tenía, lo que no tenía era apoyo de la universidad y tampoco dinero. Ya volveremos a ese punto.

El grupo investigaba en una época donde aparecían instituciones educativas destinadas a mujeres, becas, otras formas de apoyo e incluso se les alentaba a colaborar como ciudadanas científicas. Pero era también una época donde simultáneamente a las mujeres se les negaba reconocimientos básicos como ciudadanas. Derecho al voto, por ejemplo. La propia universidad de Harvard tardó mucho tiempo en llegar al nivel de respeto que demostraba el propio Pickering.

Volvamos al dinero, porque eso es parte de la historia.

El libro deja claro que una de las labores importantes del director era encontrar los fondos para mantener el observatorio y poder seguir investigando.

De hecho, a veces parece que no hacía otra cosa.

Y aquí entran otras dos mujeres extraordinarias: Anna Palmer Draper y Catherine Wolfe Bruce.

Anna Draper había sido la colaboradora de su marido en la fotografía de espectros estelares. Al enviudar, y viéndose incapaz de seguir sola con esa labor, decidió honrar el recuerdo de su esposo financiando las investigaciones que finalmente llevarían a un catálogo de espectros estelares.

Catherine Wolfe Bruce descubrió su amor a la astronomía cuando ya era una mujer mayor, pero eso no le impidió financiar distintos proyectos de investigación, así como la creación de la medalla Bruce que premia los aportes destacados a la astronomía. Medalla que todavía se concede.

Las dos fueron mujeres muy importantes para el mantenimiento del observatorio y sus investigaciones.

Y ese es uno tema implícitos del libro: en la época había grandes iniciativas por parte de mujeres para potenciar el avance de las mujeres en la ciencia. El mito del avance científico dice que se trata de una sucesión de personajes extraordinarios. Este libro nos recuerda que cualquier avance requiere de condiciones sociales y económicas adecuadas, que la ciencia es una actividad colectiva que requiere del apoyo social.

No se descubren cosas en el vacío.

A menos que sea el vacío del espacio.

La lección fundamental del libro es que la diversidad en la ciencia es tan importante como en cualquier otra actividad humana. Tener muchos puntos de vista diferentes, poderlos poner en común, reunir todas las ideas posibles no es solo cuestión justicia, que lo es, es que además funciona. Lección que Pickering y su sucesor Harlow Shapley tenían bien aprendida.

El archivo de placas de cristal sigue existiendo y a pesar de los problemas, sigue siendo una fuente enorme de información científica. Es incluso posible que en esas placas se encuentren señales de objetos astronómicos desconocidos en su época. Por su enorme valor científico e histórico, hay en marcha un proyecto para digitalizar esas placas. Dejo el enlace en la descripción.

Dava Sobel ha escrito un estupendo libro de divulgación, lleno de detalles fascinantes, que ilumina una parte importante de la historia de la ciencia y da protagonismo a una serie de personas que lo merecen.

El antídoto, de Oliver Burkeman

La felicidad. Todos la queremos, pero casi nadie parece capaz de lograrlo. En El antídoto, Oliver Burkeman plantea que nuestro problema es desear demasiado la felicidad.

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El antídoto, de Oliver Burkeman. Un libro de autoayuda para los que odian los libros de autoayuda. El subtítulo ya lo deja claro: Felicidad para gente que no soporta el pensamiento positivo. Y está lleno de consejos sobre los que vale la pena reflexionar.

Vamos allá.

Aaaah, la felicidad. Ese objeto de deseo. Todos la queremos, pero pocos parecen capaces de conseguirla y, lo que es más importante, conservarla.

¿Por qué es así?

Después de todo, muchos de nosotros vivimos en condiciones sociales y económicas que serían la envidia de nuestros antepasados. Sin embargo, ese elusivo fin, la felicidad, no parece estar más cerca. De hecho, da la impresión de alejarse cada vez más.

El problema, plantea Oliver Burkeman en este libro, es que queremos demasiado ser felices. Aspiramos tanto a la felicidad, la deseamos tanto, sacrificamos tanto en su nombre que paradójicamente reducimos las oportunidades de lograrla.

Oliver Burkeman es un periodista de The Guardian, donde publica una columna muy irónicamente llamada This column will change your life. Esta columna te cambiará la vida. Hay un enlace en la descripción del vídeo.

La columna está dedicada a distintos temas psicológicos. En esos textos breves va apuntando la raíz última de aquello que nos aflige, nos inquieta o nos intimida. La escribe con sentido del humor y con tono escéptico. No es de extrañar, porque las soluciones suelen ser muy simples, pero muy difíciles de llevar a la práctica.

El antídoto es como una versión larga de una de esas columnas. El punto de partida es la decepción ante los malos resultados que da el pensamiento positivo. ¿Ayuda en algo intentar desterrar los pensamientos negativos? Cuando nos sentimos como fracasados e inútiles, ¿sirve de algo intentar repetirse que no somos ninguna de esas cosas? ¿Sirve de algo esforzarse por mantener continuamente una actitud optimista incluso cuando lo que sentimos es el más absoluto pesimismo?

No, dice Burkeman, no sirve de nada. Por eso el libro trata de otra opción: la vía negativa a la felicidad. En lugar de intentar apartar lo negativo, es mucho mejor mirarlo directamente a los ojos, recibirlo con brazos abiertos, invitarlo a una taza de té y mantener una buena charla. Es más, para muchos, ese proceso es justo la condición necesaria para ser feliz.

Casi todos los capítulos analizan algo que hacemos habitualmente mal y lo que podríamos hacer mejor. Pero los dos primeros son especialmente destacables porque hablan de filosofías que podría ser de gran ayuda: el estoicismo y el budismo. Son dos idearios prácticos traídos de la antigüedad que defienden ideas muy similares. Los dos invitan a liberarnos de nuestro deseo de controlarlo todo y a admitir que buena parte de nuestro dolor deriva de que deseamos que las cosas no sean como son.

Por ejemplo, del estoicismo extrae la idea de imaginar deliberadamente lo peor que nos pueda pasar, e incluso enfrentarse deliberadamente a lo que nos da miedo. Rara vez, dice, lo malo es tan terrible como creemos.

Del budismo destaca el desapego a nuestras ideas sobre cómo deben ser las cosas. También invita a aceptar la idea de que nuestros pensamientos son como nubes que pasan por el cielo, que podemos contemplar con ecuanimidad sin darles mayor importancia.

En ambos casos, la necesidad de no dejarse llevar por las emociones. O mejor dicho, entrenarse para que nuestras emociones no sustituyan a nuestro intelecto, para establecer el necesario equilibrio entre “sentir” y “actuar”.

El libro es como una especie de diario de viaje, donde el autor va recorriendo el mundo charlando con gente que aparentemente sabe hacerlo mejor. Así va reuniendo ideas, opciones y estrategias.

Un ejemplo, ¿es bueno fijarse objetivos? El problema, dice, es que a menudo los objetivos acaban convirtiéndose en propiedad personal, y por tanto percibimos cualquier incertidumbre como un ataque personal. En lugar de cambiar cuando las cosas van mal, esa identificación personal nos puede llevar a persistir en una camino errado que lleve a un fracaso todavía mayor.

Lo mismo sucede con asumir los errores. Sí, la versión oficial es que errar está muy bien y es el camino al éxito. Pero es evidente en nuestro comportamiento diario que pocas personas creen tal cosa de verdad. Sin embargo, el fracaso es lo más habitual en cuanto intentas hacer algo. Cuando hablamos de historias de éxito nos estamos limitando a observar los pocos casos que lo lograron. Rara vez nos molestamos en estudiar a la gente que lo hizo todo bien y fracasó de todas formas. Nos paraliza el miedo al fracaso. Nos gustaría que el resultado fuese seguro, pero hay que admitir que muy rara vez lo es.

Como destaca en el capítulo dedicado al yo, la cuestión es que rara vez tratamos la mente como una herramienta. Asumimos que si lo hemos pensado es que es importante. En realidad, casi todo lo que pensamos es inútil. Hay que saber extraer las pepitas valiosas de nuestro pensamiento y dejar de identificarnos tanto con nuestra mente.

Por desgracia, hay un miedo final mucho más potente y que resulta mucho más difícil de manejar. El miedo a la muerte y el cese definitivo de todo lo que somos. Pero incluso en ese caso Oliver Burkeman, y las personas con las que habla, defiende que la contemplación de la muerte, volviendo a los estoicos, es el camino para lograr una vida más significativa.

Es inevitable, como ya sabían Bill y Ted. “Seas príncipe o seas un mendigo, tarde o temprano bailarás conmigo”.

Pero en última instancia, El antídoto no es un libro de reglas a seguir a rajatabla. El libro es una serie de reflexiones, sin dogmas, un conjunto de consejos que se deben aplicar únicamente cuando son útiles. De hecho admite, que incluso en ocasiones el pensamiento positivo puede ser útil. El problema es que habitualmente sobrevaloramos los beneficios de la positividad, cuando en muchas ocasiones la negatividad nos sería mucho más útil.

A la columna de la que hablábamos ayer, casi simultánea le salió la parodia, que sustituía a los millenials por baby boomers: Si el artículo de El País hablase de los baby boomers como habla de los millennials. Si leen el texto, comprobarán que es prácticamente idéntico al original con mínimos cambios.

El fenómeno puede parecer raro, pero no lo es. La columna original no era resultado de un análisis inteligente, de una reflexión madurada o de una opinión formada tras estudiar los datos. Se trataba simplemente de rellenar una cierta estructura prefijada, sin tener en cuenta si lo que se dice es cierto o interesante. Se podría haber hecho con muchos grupos diferentes sin apenas variar el modelo. El resultado de aplicar un patrón concreto es un texto que se puede publicar como columna.

Es decir, el propósito último era escribir una columna (que a poder ser generase visitas, supongo) y nada más.

Tendemos a creer que una columna de un periódico es algo que se le da a alguien que tiene algo interesante que decir o que expresa opiniones que debemos oír. En realidad, funciona al revés. Es el hecho de escribir una columna lo que te convierte en una persona interesantes con opiniones que debemos oír. La columna es en sí misma la marca que da valor a lo que dices, independientemente de lo que digas.

Al contrario de lo que dice el refrán, es el hábito el que hace al monje. Y eres columnista porque escribes una columna.

Un volumen de ensayo muy personal. En De qué hablo cuando hablo de escribir, Haruki Murakami desvela mucha de sus claves e ideas sobre la escritura.

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De qué hablo cuando hablo de escribir, de Haruki Murakami. Una exploración de sus ideas, opiniones, desarrollo, rutinas y valores contado por él mismo. Un Murakami que se sincera más de lo que parecía posible.

Lo publica la editorial Tusquets.

Vamos allá.

Tras leerlo, ya no tengo claro qué esperaba de este libro. Haruki Murakami tiene fama de ser una persona muy celosa de su intimidad. Era evidente que no lo iba a contar todo. Y hay momentos en que así es.

Un ejemplo.

Su esposa. Es un personaje principal en la historia del origen del Murakami escritor. Pero aparte de lo que ya sabíamos sobre lo de casarse y montar un bar, en este libro se explica la enorme importancia de su mujer como su primera lectora y la primera que critica su obra. Pero solo obtenemos esos pequeños e importantes destellos. Me encantaría saber más sobre ella y lo que piensa.

Por otra parte, Murakami tiene fama de autor políticamente neutral. Es una fama injusta, porque basta con leer atentamente La caza del carnero salvaje, con sus discusiones sobre el pasado militar de Japón, o Baila, baila, baila, con su crítica de la burbuja inmobiliaria, para saber que no es así.

Pero incluso sabiéndolo, sorprende la inclusión de todo un capítulo dedicado a criticar la escuela en Japón. Siendo Murakami, esperaba su defensa del individualismo. Lo que no esperaba es que fuese tan explícito en su crítica. Está claro que Murakami se toma muy en serio su papel social.

De qué hablo cuando hablo de escribir reúne 11 textos que forman una especie de ideario personal. El propio autor los compara con conferencias no leídas y sí tienen ese tono. Están claramente escritos para ser contados, para ser comunicación directa con el público. Dice al final que son puramente reflexiones personales y casi se disculpa al afirmar que no sabe si pueden servir a alguien.

Pero sí que sirven. Si eres seguidor de Murakami, harás bien en leerlo. Mucho de lo que cuenta se refleja directamente en su obra.

Si “todavía” no eres seguidor de Murakami, tengo una recomendación para ti.

En sus casi 300 páginas se tratan muchos temas, más de los que puedo comentar. Casi todos se refieren a Murakami como escritor. Desde el origen de su carrera literaria, que atribuye al azar por un lado y a una fuerza especial que se le ha concedido, hasta el proceso práctico que sigue para escribir: diez páginas al día, parando cuando termina sus páginas.

¿Y cómo ve Murakami lo de escribir novelas?

Pues lo ve muy similar a un trabajo físico. De hecho, destaca la necesidad de mantener una buena forma física. Para él, el ejercicio, las costumbres moderadas, la vida monótona y la fuerza física son elementos imprescindibles para mantener la creatividad. Murakami no es amigo del mito del escritor que se destruye psíquica y físicamente.

Le quita romanticismo a su profesión. Sorprende, sin dejar de tener razón, las actividades que compara con escribir una novela. Nos cuenta que las personas inteligentes se cansan con facilidad de ser novelistas.

Para Murakami, lo realmente complicado es mantener una carrera de novelista. Eso requiere una cierta capacidad que no está al alcance de cualquiera. Para él, exige cierta música, pasárselo bien, mucho tesón y toda la fortaleza física y espiritual que puede lograr.

Concibe la literatura como un proceso de extracción desde unas profundidades ignotas y oscuras. Cuanto más larga y compleja es la novela, más debe cavar y explorar esa oscuridad. Clavar esos cimientos en la oscuridad requiere una sintonía entre lo físico y lo espiritual.

De ahí su insistencia en la resistencia y la persistencia. No es fácil ahondar en esos pozos.

No sorprenderá a nadie que Murakami afirma no sentirse ni genial ni especial. Pero se muestra siempre seguro de sí mismo y de sus convicciones, concluyendo más de una idea con alguna versión de “así soy yo”. Acepta las críticas mientras escribe, pero pasa de ellas tras la publicación. Al contrario que la mayoría de los autores, dice pasárselo bien escribiendo.

Agradece el apoyo de sus lectores, en contraste con el recibimiento frío que recibe en el mundo literario. Le sorprende, no sin cierto orgullo, que no haya diferencia de sexos entre los que le leen y que sus libros traspasen las barreras generacionales. Está claro que le alegra que padres e hijos lean sus obras y las comenten juntos.

En varios momentos, reflexiones abstractas acaban convertidas en comentarios sobre su obra. Cuando habla de la originalidad, acaba extendiéndose sobre los cambios deliberados en su forma de escribir, porque la evolución en el estilo le parece un requisito importante. De la misma forma, comenta el paso de no usar nombres para los personajes a bautizarlos para hacerlos más reales. Hasta el punto de que fue Sara, en El año de peregrinación del chico sin color, la que decidió cambiar el curso de la novela.

El personaje, no el autor. Ella planteó el giro fundamental.

El momento más divertido del libro es cuando se pregunta si al final a Borges le dieron el Nobel. Eso es todo lo que necesitas leer para comprender su relación con los premios.

Por haber, hay un comentario de pasada que es simultáneamente una idea de lo más interesante que merece un desarrollo y a la vez suena a reflejo de su obra. Se da en la página 281, cuando dice que en Japón y Asia oriental no existía la modernidad antes de la llegada de la posmodernidad. Que no había esa separación tan clara entre lo objetivo y lo subjetivo.

¿No suena totalmente a Murakami?

Esa ausencia de separación se manifiesta en muchos puntos de este libro. Podría decirse incluso que es su fundamento y su razón de ser, presentarse tanto en lo objetivo como en lo subjetivo. Te está hablando de oscuridades y sótanos. Y luego te cuenta que salir al extranjero fue una decisión totalmente práctica. Que él mismo se encargó de buscar las traducciones para sus novelas, de forma que pudiese ofrecerla a los editores americanos en las mismas condiciones que un autor nativo.

De qué hablo cuando hablo de escribir no es esfuerzo a medias. Decidido a ser sincero y contar cosas, pues cuenta y se centra en ello. Ofrece muchos momentos deliciosos y muchas explicaciones que te hacen comprender mejor su obra. Manifiesta su seguridad en sí mismo, el empecinamiento que sostiene su carrera de escritor.

Si eres seguidor de Murakami, te va a encantar y lo leerás de un tirón, porque tiene ese tono cercano y cálido de conversación. Si eres seguidor de Murakami, te sabrá a poco, porque por muchas preguntas que conteste, siempre quedan otras sin respuesta.

Habitualmente en este punto es cuando pregunto si el libro te gusta, si lo vas a leer y demás. Pero si has llegado hasta aquí, es que te gusta Murakami. Por tanto, deja en los comentarios tu libro de Murakami, el que más te gusta.

Qué duro es ser joven

Leyendo la columna titulada ‘Millennials’: dueños de la nada me vienen a la cabeza dos reflexiones habituales que son así como gordas y también toda una constelación de pequeñas ideas.

Entre las pequeñas ideas, que resulta un poco triste que se dedique tanta inteligencia a escribir un texto así. También que después de tantos siglos no hayamos aprendido que cuando una persona de cierta edad se pone a escribir algo de estilo “es que los jóvenes de hoy”, debería parar inmediatamente e irse a hacer otra cosa, porque el resultado no va a ser bueno. O lo absurdo que resulta que por el simple hecho de haber nacido en un periodo de veinte años el mundo injustamente insista en meter en el mismo saco y tratar de la misma forma a individuos muy diferentes –unos están todavía en el instituto, otros salieron hace una década de la universidad– como si todos participasen de la misma mente colmena.

Parece que inevitablemente la edad trae cierto anquilosamiento que le impide a uno ver más allá y solo te permite recurrir a lo fácil. No me alegra comprobarlo una vez más, porque estoy a punto de cumplir los 50. Pero supongo que no tiene sentido negarlo.

Mi primera reflexión mayor es que debe ser duro ser joven en el mundo moderno. Es decir, todos hemos pasado por eso, y a los jóvenes en todas las épocas se les consideraba peores que las ratas que diseminaban plagas. Se joven es ser blanco, forma cómoda de asignar culpas sin necesidad de pensar o hacer uso de otras facultades cognitivas (y, por supuesto, mucho más seguro que meterse con algún otro grupo más merecedor que podría tener poder o similar). Pero hoy en día la cosa suena todavía peor. El desarrollo de internet y las redes sociales en particular permiten que ese discurso fácil se repita una y otra vez. De mí generación decían lo mismo, pero no tan repetida y machaconamente como se habla de los millennials.

La otra es que debe ser duro levantarse un día y comprobar que el mundo ya no te pertenece. O al menos, ya no te pertenece de la misma forma. El centro, el lugar generador de novedad, es de otros; de otros que encima, en su profunda villanía, no se molestan ni en pedirte permiso primero, haciendo caso omiso de la nobleza de tus canas. De nuevo, nos ha pasado a todos y algunos somos incluso capaces de aceptarlo y disfrutarlo. Pero para muchos, es claramente la última humillación de la realidad, un derrocamiento de una posición absoluta que creían inamovible. Perder el puesto que uno creía merecer por derecho provoca ira, está claro, y esa ira hay que descargarla contra alguien.

Los jóvenes son siempre un blanco fácil de las frustraciones de los adultos.

La naturaleza humana es así, imagino, y supongo que no me sorprende. Lo que me sorprende, y mucho, es que los periódicos sigan insistiendo en publicar ese tipo de textos. Aunque en realidad, quizá es que simplemente conocen bien a su público.

Una extraña bomba ha liberado las más alocadas fantasías surrealistas que ahora recorren el París ocupado por los nazis. Ese es el mundo fantástico al que nos invita China Miéville en Los últimos días de Nueva París.

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Los últimos días de Nueva París, de China Miéville. Una novela con nazis, demonios y cadáveres exquisitos. Todo eso en un París alternativo radicalmente transformado.

La publica Ediciones B.

Vamos allá.

En 1941, durante la segunda guerra mundial, una bomba estalló en París. La explosión liberó el surrealismo. Sus delirantes creaciones, sus fantasías desquiciadas, sus caprichosas ideas. En particular, los cadáveres exquisitos, criaturas imposibles, combinaciones de elementos totalmente inconexos, que ahora recorren la ciudad como si siempre hubiesen estado vivas.

La acción de la novela se inicia en 1950. París es una ciudad casi en ruinas y aislada del mundo. Todavía está ocupada por los nazis. Nazis que mantienen una incómoda y renuente alianza con demonios surgidos del inframundo.

Lo comento por si lo del surrealismo vivo recorriendo la ciudad parecía poco.

Quedan grupos de resistencia, por supuesto. Y a uno de esos grupos, basado es un colectivo artístico real, pertenece Thibaut, quien ya era un surrealista mucho antes de ser combatiente. Todo su grupo murió en una emboscada y ahora, cansado y totalmente harto, recorre una ciudad que aspira a abandonar como sea.

Así da con Sam, una mujer venida de fuera con la intención, o eso dice, de fotografiar todos los manifs, todas esas creaciones del surrealismo que recorren las calles de París. Por desgracia, Sam fotografió algo que no debería… o sí… y los nazis, ayudados por mesas lobo, la persiguen.

Los capítulos de 1950 se alternan con los de 1941, donde se nos cuenta la historia de la bomba, que es la historia de Jack Parsons, un ingeniero de cohetes americano y miembro del grupo ocultista de Aleistair Crowley. Parsons, deseando luchar contra los nazis, usa su magia y su ciencia para acumular cierta fuerza creativa.

En 1950, Thibaut va acompañado por el más desconcertante de los cadáveres exquisitos, con su sombrero de oruga, su locomotora que le atraviesa la barba. Thibaut decide ayudar a Sam, quien afirma estar preparando un libro de fotografías llamado Los últimos días de Nueva París.

Hay muchos seres raros que fotografiar.

Los nazis por su parte están dedicados a sus investigaciones mágicas y ocultistas, con su intención de invocar algo… ¿el qué? Quizá un manif superpoderoso o un demonio que se deje controlar.

Nada bueno.

Los personajes reales, una mayoría, tienen vidas muy diferentes en este mundo alternativo. Esos personajes, más ocultismo, ciencia, surrealismo, arte a raudales, nazis enloquecidos, sectas religiosas, objetos mágicos que funcionan porque sí son los elementos con los que China Miéville va montando este libro. Se lee en ocasiones como una partida de rol o incluso un videojuego.

Porque en realidad, lo que quiere China Miéville es mostrarte ese París, la ciudad profundamente alterada con su súbita explosión de imaginación surrealista. Se deleita con cada descripción estrambótica, con cada detalle incoherente o contradictorio.

Su prosa se eleva exuberante como las nuevas torres de Notre-Dame y se retuerce como la escalera moteada de serpiente. Tras cada punto y seguido puede surgir una nueva creación de los surrealistas que Miéville recrea con mimo. Al final acabas queriendo más a los manifs que a los protagonistas. Que no dudo, era exactamente la intención del autor.

Con su énfasis en el París trastocada, la novela debe mucho al concepto del flâneur, el paseante que recorre la ciudad, la recrea y la hace suya con el simple procedimiento de caminar. Thibaut es ese caminante, paseándose por su París con un pijama de mujer que le da superpoderes, observando los alocados edificios o las desconcertantes actividades de la fantasía hecha carne.

La novela usa ese deambular para oponer la idea de un arte vivo, revolucionario y desconcertante, contra un arte mucho más decorativos, mucho más ñoño. Incluso en su decepción, Thibaut no puede dejar de admirar su París, mientras que los nazis intentan controlarlo y dominarlo de la forma más burda. Thibaut es un exquisito admirador del surrealismo. Los nazis son unos paletos.

El autor no se limita a mostrar los elementos más obvios del surrealismo. El libro viene con una serie de notas finales donde puedes ir siguiendo los elementos artísticos que van apareciendo. Notas que son parte muy importante de la novela.

Solo tengo dos puntos de insatisfacción. Uno es que la traducción de los diálogos es algo más rígida de lo que debería ser y contrasta con las descripciones. Lo segundo es una peculiaridad de China Miéville como escritor. Sus finales no suelen estar a la altura del resto de la novela. En este caso, el final de la historia encaja totalmente con lo contado, es la evolución natural de la trama, pero sabe a poco. Es como si tuviese miedo de las consecuencias de lo que ha creado, como si no estuviese dispuesto a dar el último paso.

Por suerte, hay dos finales más. Porque una cosa es la historia de Thibaut y sus vicisitudes, y otra diferente, el final del libro, que se produce en el último párrafo de sus notas. Porque insisto, las notas son parte importante de la novela.

China Miéville es un autor de una enorme imaginación y en Los últimos días de Nueva París hace muy buen uso de ella. Logra que añores seguir en la ciudad que ha conjurado. Logra que desees girar una esquina y seguir explorando. Te olvidas bastante de los personajes y deseas permanecer en Nueva París.

Exposiciones

Pasé el fin de semana en Londres y tuve oportunidad de ver 4 exposiciones que me gustaron mucho. Ahí van:

David Hockney: Conocí a David Hockney en el instituto por sus fotografías (teníamos un profesor de diseño muy bueno, la verdad), esas que hacía con Polaroid o moviendo la cámara de un lado a otro. Para mí la pintura llegó después. Pero fue muy emocionante ver de verdad alguna de esas fotos. Lo mejor de la exposición es que va de principio a fin (trabajos en un iPad y material multimedia) y da una visión muy completa. De las pinturas, a destacar “A Bigger Splash” y varios de los cuadros con dos personas. (Tate Britain).

Giacometti: Una que me encontré cuando ya estaba en Londres. Una exposición espectacular, repasando toda su carrera. Está muy bien organizada y empieza de fábula: una habitación llena de cabezas de toda su vida artística, desde las primeras cuando era muy joven hasta las última. El cierre también es muy bueno, con varias piezas de gran tamaño (Tate Modern)

Balenciaga: Aparte de los vestidos, una cosa que me gustó en que se hacía mucho hincapié en cómo estaban hechos, en la parte estructural y de forma, casi geométrico. Algunos vestidos dependen de doblar de cierta forma una pieza completa de tela. Muy bonito y muy interesante. La segunda planta está dedicada a diseñadores posteriores que hablan de la influencia de Balenciaga con ropa más moderna (Victoria & Albert)

Hokusai: La última que vi unas pocas horas antes de subir al avión. El tema es “Más allá de la gran ola”, porque se trata de dar una visión en conjunto de todo lo que hizo Hokusai a lo largo de sus muchas décadas de trabajo. Hay cosas francamente espectaculares, con estilos o temas que yo al menos no asociaba con él. Queda claro todo lo que su actividad tenía de profesión y también su incesante búsqueda de cambios y nuevos estilos. Por supuesto, la Gran Ola tiene su propia sección, donde se explica el proceso de impresión de la época, el uso del azul de Prusia y demás. Y también se dedica una sección a hablar de la hija de Hokusai, Ōi. Una exposición maravillosa (British Museum)

Es uno de mis libros preferidos de Murakami. Después del terremoto es una recopilación de seis cuentos maravillosos que también sirve como un buen punto de entrada al mundo de Haruki Murakami.

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TRANSCRIPCIÓN:

Después del terremoto, de Haruki Murakami. Una recopilación de seis cuentos maravillosos que tienen como punto común más o menos explícito el terremoto de Kobe de 1995.

Lo publica la editorial Tusquets.

Vamos allá.

Es una obviedad afirmar que la ficción de Murakami, incluso la más realista, transcurre en al menos dos mundo simultáneos.

Está el mundo habitual, donde deviene todo lo que vemos, oímos, lo que percibimos. En ese mundo, todo sucede tal y como debe suceder.

Luego está el mundo de la psique, quizá el inconsciente, quizá algo todavía más ignoto y desconocido. Un sótano profundo. En ese mundo es donde habita el trasfondo común histórico y narrativo de todos nosotros.

Podría pensarse que un mundo es el real y el otro el fantástico. Pero en verdad son dos caras de la misma moneda y simplemente siguen lógicas diferentes. En uno de los mundos, los terremotos se producen por procesos geológicos. En el otro, los terremotos son el resultado de un gusano gigante que vive en el subsuelo.

Ambas verdades, o falsedades, coexisten en la ficción de Murakami.

La característica que une los seis cuentos de Después del terremoto es que se trata de historias individuales. Los protagonistas son personas concretas, que tienen unos problema concretos.

Pero sí, admito que son problemas que van desde ser hijo de un dios a estar enamorado de la mujer de tu mejor amigo. Pero siempre y en cada uno de los casos, esos problemas tienen nombres y apellidos.

Lo que se nos cuenta sucede a pocos días de la tragedia de Kobe. De entre toda la masa anónima, Murakami extrae a seis individuos. Estos seis relatos son todo lo contrario de una estadística.

Se trata, efectivamente, de destacar la absoluta subjetividad de cada uno de los protagonistas.

No se trata de contrastar una enorme tragedia como el terremoto de Kobe con estas historias individuales. Se trata más bien de manifestar que ambas formas de ver el mundo son compatibles y se dan simultáneamente. Hay un momento para las cifras abstractas y un momento para los hechos individuales.

En Después del terremoto, los temblores geológicos se dejan sentir mucho más lejos y en otro lugar. La destrucción altera también el espacio psíquico y mental.

Y esa alteración, la súbita furia de la tierra, abre grietas dejando al descubierto enormes vacíos interiores que los personajes no sabían que tenían.

A veces es indirecto.

Como le sucede a Komura, el protagonista de “Un ovni aterriza en Kushiro”, que se ve de pronto abandonado por su mujer cuando esta se obsesiona con el terremoto. La única razón que le ofrece es «vivir contigo es como vivir con una masa de aire». Lo que parece un diagnóstico acertado. Porque Komura tiene serios problemas para sentir y experimentar la textura del mundo. De todos los personajes del libro, Komura es el que manifiesta la anhedonia fundamental de tantos héroes de Murakami. A Komura, el eco del terremoto le resulta «monocorde y lejano», el café aguado e insípido, tanto le da el frío como el calor. Pero el abandono de su mujer, un súbito viaje a Hokkaido y un encuentro íntimo le impulsan a mirarse a sí mismo.

“Paisaje con plancha” es la historia de Junko, una adolescente fugada de casa. También es una historia de comunión frente al fuego, de la llama como reflejo del mundo interior, de proyección en la hoguera de la playa de ese espacio psíquico. También hay comentarios sutiles sobre el arte y la construcción de nuestra historia vital. Que, por cierto, resulta ser en parte una versión bastante explícita de la estética de Murakami. Hay ecos de la búsqueda del sentido en el tiempo. De lo ancestral y lo eterno como puntos de referencia. Temas que en Junko se combinan con el deseo de ser aceptada y percibida como persona. El vacío interior vuelve a aparecer, pero en este caso es producto de la circunstancias vitales y no una característica intrínseca del personaje.

Junpei, el protagonista de “La torta de miel” es un escritor de cuentos que tiene problemas para organizar su propia vida. Amores y amistades se mezclan en un peculiar triángulo familiar, luego convertido en cuarteto. Murakami muchas veces ha jugado con la idea del doble y este cuento es un buen ejemplo más. En este caso, lo que trastoca el mundo de Junpei son las imágenes de muerte y destrucción, la ineludible realidad de la desaparición final.

En los cuentos “Todos los hijos de Dios bailan” y “Rana salva a Tokio” es donde más explícitamente se manifiesta la vacilación entre los dos mundos que mencionaba antes.

El primero habla de Yoshiya, que en su día abandonó la secta religiosa a la que pertenece su madre. Sin embargo, el alejamiento no es total. Primero por la estrecha relación que mantiene con su madre y porque además esta insiste en que Yoshiya es hijo de su Dios. Un encuentro casual desata una epifanía súbita, una comunión casi mística con la tierra y el pulso fluido y geológico del mundo. El lugar donde se produce y el conjunto de las circunstancias, todo mundano hasta el extremo, no restan valor a la experiencia, sino que la incrementan. ¿Es Yoshiya hijo de un Dios? Hay dos opciones. O puedes responder como quieras. O bien puedes decidir que la pregunta no tiene sentido.

“Rana salva Tokio” es el cuento más gracioso de la recopilación. La deliberada ridiculez de una rana de tamaño humano que busca a un gestor de préstamos, Katagiri, para que le ayude a enfrentarse a Gusano y así salvar a Tokio de la destrucción de un segundo terremoto.

Katagiri es el héroe más anodino que Murakami ha creado jamás. Es como doble y contraste de Rana. Este es un anfibio alto, robusto y con una asombrosa facilidad para citar a los clásicos. ¿Es Katagiri un héroe secreto, un santo destinado a salvar anónimamente al mundo? ¿O se trata de un hombre tan difuso y etero que debe imaginar una rana gigante para sentirse conectado con la realidad? Sí, claro que sí. O no, por supuesto que no.

Las historias de este libro se van abriendo con delicadeza y precisión. Son elegantes análisis de distintas personalidades, cada una de ellas enfrentada a un súbito movimiento tectónico que altera su mundo. Ninguna de las historias concluye realmente.

Es decir, el análisis de lo que sienten los personajes y lo que experimentan está completo, pero los protagonistas acaban frente a un umbral que están a punto de atravesar y que cambiará completamente sus vidas. Cuando nos despedimos de cada uno de ellos, los dejamos justo después del terremoto, pero también justo antes del resto de sus vidas.

La nota final en todos los cuentos es de un enorme optimismo, una amplitud inmensa de posibilidades para todos ellos. Pero no estamos seguros de lo que sucederá a continuación, porque en estos cuentos lo importante es ese momento justo, el ligeramente fuera del tiempo, el atisbar otro mundo, el saber que las cosas pueden ser diferentes y mejores.

Dejo para el final la mejor de las historias, la simplemente titulada “Tailandia”. Siempre mi preferida cada vez que he leído este libro. Es todavía más sutil, más delicada y más armoniosamente melódica que las otras. Trata de Satsuki, una doctora que tras un congreso en Tailandia decide tomarse unas vacaciones. La asiste el enigmático y sabio Nimit, su chofer durante esos días.

Satsuki porta una carga interior que ella inicialmente apenas percibe pero que los ecos del terremoto dejan al descubierto. Al igual que los otros personajes, aspira a deshacerse de su vacío interior. Las conversaciones con Nimit van siendo su guía, en un proceso que se va desarrollando lentamente.

Hay aspectos curiosos en Después del terremoto. El optimismo de las historias. Que los personajes tengan nombre. Que sean absolutamente individuales. Enfrentados a un seísmo psíquico, todos los protagonistas parecen capaces de aceptarse y cambiar sus vidas. Lo conseguirán o no. eso ya es otra cosa. En cada caso, verse a sí mismos con claridad es el triunfo real.

Después del terremoto es una recopilación ideal para empezar a leer a Murakami. Su visión del mundo, la relación entre realidades, su tratamiento de la subjetividad y el yo interior se manifiestan frente al lector con sencillez, esmero y perfección.

Como siempre, si has leído el libro, deja tus comentarios. Y si no lo has leído, ¿piensas hacerlo? ¿Te gusta Murakami? ¿Te animas a empezar por este libro?

Nuevo vídeo en mi canal. Esta vez, sobre El tío Petros y la conjetura de Goldbach, de Apóstolos Doxiadis, una excelente novela sobre ambición y matemática. Enfrentarse a una demostración que ha derrotado a las mentes más brillantes.

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TRANSCRIPCIÓN:

El tío Petros y la conjetura de Goldbach, de Apóstolos Doxiadis. Una novela sobre familia, matemática, la imposibilidad de conocer, la obsesión y el orgullo. La publica Ediciones B.

Vamos allá.

Es una familia peculiar. Dos de los hermanos se dedican al negocio familiar, mientras el otro, Petros Papachristos, vive aislado en una vieja casa, dedicado al ajedrez y rodeado de libros de matemática que no lee. Se le considera la oveja negra de la familia.
Verán.

Por alguna razón, Petros Papachristos no cumplió el destino para el que estaba aparentemente dotado: ser un gran matemático. Su sobrino, sufriendo algo de rebeldía juvenil, se siente atraído por la figura de su tío, cuya condición de paria familiar no acaba de comprender.

Al descubrir que su tío Petros fue un importante matemático, él también decide dedicarse a esa disciplina. Pero su tío tiene ideas muy concretas sobre quién puede ser o dejar de ser matemático, por lo que condiciona su bendición a la ejecución de una tarea.

Una tarea muy fácil de explicar.

Se trata de demostrar que todo número par superior a 2 se puede expresar como la suma de dos números primos.
Por ejemplo, 4 es 2+2, por lo que cumple la condición. 6 es 3+3, por lo que también la cumple. 20 17+3. 112 109 + 3. 4.567.138 es 4.567.109 + 29.

La idea es que de esa forma podemos seguir recorriendo los pares. ¿Es así siempre? ¿Se puede demostrar que tal condición se cumple para cualquier par superior a 2?

Ese es el problema planteado.

Por supuesto, tras un verano de obsesivo trabajo, el sobrino no logra demostrar tal cosa. Era de esperar, porque ese problema se llama la conjetura de Goldbach. Y conjetura indica precisamente que nadie ha logrado demostrarlo. Es uno de los problemas no resueltos más famosos de la matemática, sobre todo porque es tremendamente sencillo de exponer.

El sobrino, convencido de su incapacidad para la matemática, firma un documento asegurando que no estudiará esa disciplina y parte para América… a eso de la universidad. Pero un día, su compañero de cuarto le descubre la naturaleza del problema real y el sobrino monta en cólera. ¿A qué se debió la traición de su tío? ¿Cómo pudo asignarle una demostración que había derrotado a las mentes más brillantes de la matemática? Y en particular, como descubre después, derrotó a la mente brillante de su propio tío.

Porque efectivamente, Petros Papachristos intentó durante años demostrar la conjetura de Goldbach.

El tío Petros y la conjetura de Goldbach es un libro muy corto, pero logra contener una multitud de temas que maneja con soltura.

¿Cuál fue el verdadero fracaso del sobrino? ¿No haber logrado demostrar la conjetura o no haber persistido a pesar del fracaso? Su tío, ¿fracasó en la demostración o encontró una excusa conveniente para abandonar una búsqueda que le hubiese garantizado entrar en el panteón de los grandes matemáticos?

Está también el repaso por la matemática de principios del siglo XX, un momento de gozo para la disciplina, justo antes de que el teorema de Gödel desmontase más de una convicción.Pero, ¿y si no todo fuese demostrable? ¿Y si el mundo contuviese en su interior una incognoscibilidad fundamental? ¿Una ambigüedad que fuese parte de su esencia?

En la parte histórica aparecen personajes reales como Hardy, Ramanujan, Turing y Gödel. Era una época de euforia matemática.

Y como tema final, la propia valoración que los personajes hacen de lo sucedido.

¿En qué consiste un acto heroico? ¿Es heroísmo lanzarse a una empresa que uno ni siquiera sabe si es posible? ¿Es estúpido buscar algo que quizá no exista? ¿Es un pecado de orgullo aspirar a lo más grande? ¿Sólo se es grande si se es el mejor? ¿Qué línea separa el genio de la estupidez? ¿La cordura de la locura?

Muchas de esas cuestiones se desarrollan en los diálogos que el sobrino mantiene con su tío Petros. La narración es casi siempre en primera persona, e incluso cuando pasa a contar la historia del tío Petros, el narrador es el sobrino. Es su visión y valoración final las que dominan el libro.

El tío Petros y la conjetura de Goldbach es una reflexión sobre la admiración, el orgullo y la iluminación casi religiosa del descubrimiento.

Si te gusta la matemática y no has leído este libro, te lo recomiendo. Si lo has leído o planeas hacerlo, no olvides dejar tu comentario. Y si no te gusta la matemática, quizá esta excelente novela te permita comprender por qué apasiona a algunas personas.

De qué hablo cuando hablo de escribir, de Haruki Murakami

De qué hablo cuando hablo de escribir, de Haruki Murakami

En abril se nos viene nuevo libro de Murakami en España, De qué hablo cuando hablo de escribir, publicado por Tusquets, editorial que parece dispuesta a hacernos el favor de publicar en español absolutamente toda la obra de Haruki Murakami.

(En Japón hay nuevo libro este mismo mes, Kishidancho Goroshi, pero imagino que el proceso de traducción será largo y los que no podemos leer japonés tardaremos en poder disfrutarla).

El título, por supuesto, hace referencia a su De qué hablo cuando hablo de correr, que aunque iba de correr, era también un libro sobre la forma que tiene Murakami de ver el mundo y por tanto también parcialmente sobre su escritura.

Sin embargo, De qué hablo cuando hablo de escribir está totalmente dedicado a su forma de concebir la literatura, su obra, su proceso creativo y sus opiniones sobre temas como la literatura japonesa o el elusivo premio Nobel (a este paso Murakami entrará en el club selecto, como Borges, de gente que debería haber recibido ese premio). Y también parece que da consejos sobre el proceso de escribir, que más allá de que se puedan aplicar o no (los consejos sobre cómo escribir tienden a ser muy personales) pueden también iluminar facetas de sus obras.

Siendo autor de una obra muy enigmática y además un hombre poco dado a hablar de lo que hace, el libro suena a francamente interesante.

Toca esperar un mes. Es un libro que me viene en el momento justo, porque me encuentro releyendo todos sus libros con la intención de comentarlos en vídeo (los dos primeros ya están: Escucha la canción del viento y Pinball 1973 y La caza del carnero salvaje)

Una mención aparte para la portada de la edición en español, que tal cual parece un divertido tablero para jugar a “identifica los libros de Murakami que estamos referenciando”.

De qué hablo cuando hablo de escribir, de Haruki Murakami

De qué hablo cuando hablo de escribir, de Haruki Murakami

Humboldt está hoy muy olvidado, pero en su momento su fama fue tan enorme que su nombre se honra por todo el mundo, sobre todo en América. En La invención de la naturaleza, Andrea Wulf rescata a este genial científico del siglo XIX sobre todo porque su visión del mundo cambió a su vez nuestra visión del mundo.

Mi reseña en vídeo:

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TRANSCRIPCIÓN:

Portada de La invención de la naturaleza, de Andrea WulfLa invención de la naturaleza, de Andrea Wulf. Una biografía de Alexander von Humboldt y también un gran libro de divulgación. Lo publica la editorial Taurus.

Humboldt es un personaje curioso. Hoy en día es más conocido en América que en Europa, aunque está olvidado en general. Pero en su época dicen que su fama solo la superaba la de Napoleón. Fue geógrafo, botánico, geólogo, explorador y autor. A partir de 1799, a los 30, dedicó cinco años a un épico por América, del que saldría una enorme producción científica. Luego, con 59 años, no dudó en recorrer Siberia y llegar a la frontera con China. Aunque nunca pudo cumplir su sueño de ir al Himalaya.

Tomaba datos sin cesar y creía en la libre circulación del conocimiento científico. Sus libros eran éxitos de venta y siempre estaba dispuesto a aprender algo nuevo. Sus conferencias públicas convocaban multitudes. Fue un genio seguro de sí mismo pero que buscaba la aprobación de los demás. Invirtió su herencia en su gran viaje y luego usó sus pequeños ingresos para ayudar a otros científicos. Adoraba la libertad, detestaba la esclavitud y el colonialismo. Y era el centro de una red de comunicación científica que unía todo el planeta.

Por todo el mundo hay montañas y cordilleras bautizadas en su honor. Muchas ciudades le deben su nombre. Hay bosques, ríos, lagos glaciares, corrientes marinas, especies animales y vegetales, aeropuertos, colegios y universidades que se llaman Humboldt. En la luna hay un mar de Humboldt y un asteroide en los cielos.

Mi preferido: un calamar de metro y medio que nada en la corriente de Humboldt. Si debes ser recordado, un calamar suena ideal.

Pero, ¿por qué?

Esa es la pregunta que pretende responder Andrea Wulf en La invención de la naturaleza. En realidad, dos preguntas: ¿Por qué Humboldt mereció esos honores? ¿Y por qué deberíamos seguir recordando a Humboldt hoy en día?

La primera respuesta es fácil. Humboldt creó la palabra Cosmos en nuestro sentido moderno. Concebía la naturaleza como un sistema de interacciones. Cambió nuestra concepción del clima y la distribución de las plantas, viendo el planeta como un sistema global. Para él, encontrar conexiones y ver patrones era de lo más fácil. En Sudamérica, por ejemplo, vio maravillas naturales (como el volcán Chimborazo) y también la depredación del colonialismo y la esclavitud. En una época en que se creía que la Tierra estaba a disposición total del ser humano, Humboldt supo ver que el uso indiscriminado de los recursos causaba problema e incluso fue capaz de anticipar el cambio climático.

Pero más allá de sus triunfos científicos, el Humboldt de Andrea Wulf fue también capaz de transmitir su visión. Para él la ciencia era una empresa romántica, cuyo fin último era unificar conocimiento y sentimientos. Como dice la propia autora «El conocimiento, decía, nunca podría “matar la fuerza creativa de la imaginación”, sino añadir pasión, asombro y admiración». Hizo lo posible por difundir sus conocimientos y los de lootros, entregándose a una enorme labor de popularización y divulgación. En ese importante aspecto, influyó y fue influido por el poeta Goethe, hasta el punto de que dicen que su Fausto, el de insaciable sed de conocimiento, está inspirado en Humboldt.

En la primera pregunta, el libro se lee como una combinación de novela de aventuras y apasionante exploración científica. El Humboldt de Andrea Wulf es un personajes fascinante, un individuo singular en un época singular. Casi como un Indiana Jones, si Indiana Jones tuviese rigor como científico.

Pero es la respuesta a la segunda pregunta la que convierte esta excelente biografía en un gran libro de divulgación. Humboldt, es la tesis de la autora, cambió nuestra forma de ver la naturaleza, y al hacerlo su influencia se extendió mucho más allá de su época. Y algunas de las personas en la que influyó procedieron a continuación a construir sobre su legado y cambiar a su vez el mundo.

Algunas de esas influencias fueron sus contemporáneos. Darwin es el ejemplo más evidente, quien también realizó un épico viaje. Pero tenemos a Simón Bolivar. En este último caso, la naturaleza como un hecho parcialmente construido por los seres humanos, y por tanto su uso como reflejo de aspiraciones de libertad. Y también Thoreau en su visión de la vida natural.

Pero más allá de sus días. Si Humboldt escribió el primer libro ecologista, sus sucesores llevarían sus ideas mucho más lejos. Es el caso particular de John Muir, con cuya historia, que se extiende hasta entrado el siglo XX, termina La invención de la naturaleza. El ecologismo moderno, argumenta Andrea Wulf, tiene sus raíces firmemente clavadas en las ideas de Humboldt. El Humboldt que Andrea Wulf quiere recuperar, de los muchos posibles, es el Humboldt ecologista y holista.

Siendo uno de los primeros en comprender el enorme impacto humano sobre el planeta, la autora defiende recuperar a Humboldt porque sus ideas siguen siendo relevantes. Como dice al final: «Uno de los logros más importantes del científicos alemán fue hacer la ciencia accesible y popular» para luego añadir «No fue conocido por un hecho concreto ni por un descubrimiento, sino por su visión del mundo».

Vídeos de ciencia y Azul de Klein

Como diría el chiste, me habías ganado en “Azul de Klein”. Yves Klein fue un artista francés de lo más interesante que, entre otras aportaciones, se inventó todo un azul para él (un día también tuvo la osadía de firmar el cielo). Lamentablemente, murió muy joven, porque de lo contrario seguro que habría aportado muchas más cosas. En lo personal, uno de mis placeres en mi primera, y por ahora única, visita al Centro Pompidou fue encontrarme con muestras de su azul.

Pero a lo que habíamos venido aquí.

La divulgadora científica Deborah García tiene un nuevo canal de YouTube donde en sus primeros vídeos aúna su interés por la ciencia y el arte contemporáneo (una combinación curiosa e interesante, que por lo que he visto parece ser también el tema de su tesis). Los resultados son tan interesantes como este vídeo.

Disfruten:

Cada poco tiempo, Mauro Entrialgo reúne en un volumen las páginas semanales de su personaje Ángel Sefija. Ángel Sefija en camisa de once varas es la oncena de esas recopilaciones, un conjunto de observaciones sobre nuestra sociedad y el mundo moderno.

Aquí mi reseña en vídeo. Si te interesan las lecturas de las que hablo, suscríbete a mi canal de Youtube.

TRANSCRIPCIÓN

Ángel Sefija en camisa de once varas, una nueva entrega de los tomos recopilatorios de la página semanal de Mauro Entrialgo. Una cornucopia de observaciones sociales de la mano de uno de los grandes humoristas gráficos de España.

Quizá no sea evidente, pero Ángel Sefija en camisa de once varas es la undécima recopilación de las páginas que cada semana Mauro Entrialgo publica en la revista El Jueves.

Por tener, Ángel tiene hasta página en la Wikipedia. Por ello sé que empezó como amigo de Alter Rollo, otro personaje del autor. Allí ya era el agudo observador de la realidad cotidiana que es ahora mismo, pero no se suelta realmente hasta saltar a su propia publicación.

Ángel Sefija es un personaje muy poco activo en su propia página. Muy rara vez es el protagonista y muy pocas veces interacciona con otros. Normalmente aparece en la parte superior de la página y anuncia el tema que va a diseccionar.

Ángel Sefija es un explorador de la realidad, un cosmonauta de lo cotidiano. Da la impresión de estar en todas partes. Aparece de pronto, mira fijamente lo que le rodea prestando atención a los detalles más nímios.

Es evidente que Ángel Sefija es una versión, quizá exagerada, de su autor, Mauro Entrialgo. Varios de sus personajes son claramente versiones extremas, o no tanto, de sí mismo. Drugos el acumulador llevaba al límite las tendencias coleccionistas de su creador. Pero en general, todas sus obras, aunque no sean páginas de Ángel Sefija, se sostienen sobre ese enorme poder de observación. Es evidente que en su vida diaria se fija en incontables detalles que a ti pueden pasarte totalmente desapercibidos. Capacidad que le sirve muy bien, porque su humor parte de una comprensión del fenómeno que está comentando. Intenta huir de lo obvio y el chiste fácil.

De tal forma, el poder de Ángel Sefija es tan enorme que te hace ver la realidad de otra forma.

Un caso práctico.

Hace unos meses fui a Barcelona. En el vuelo leí la página de Ángel Sefija donde comentaba un curioso cambio en la forma de sostener y hablar por el móvil. Allí, atrapado en muy constreñido espacio de un asiento en un vuelo moderno, mi incredulidad no pudo ser mayor. Pensé: “imposible, en mi vida he visto tal cosa”.

Por supuesto, en cuanto bajé del avión y salí a la calle no dejé de ver personas sosteniendo el móvil justo como la página describía. No pueden imaginarse mi sorpresa. Fue como poner el pie en un universo alternativo.

Por supuesto, después de tantos años no todas las páginas tienen el mismo nivel. Pero es muy muy consistentemente alto y en más de una ocasión brillante. Ángel Sefija es todo un derroche de inteligencia, con un sentido del humor que corta directamente al hueso. Estoy reseñando este último volumen, pero la verdad, vale cualquiera de los once. O todos.

Te garantizo que al menos una página te mostrará algo que está por todas partes pero no habías percibido hasta ahora. Y el resto te hará reír pensando “cuánta verdad”.

La matemática es maravillosa

El vídeo es una gran herramienta para la divulgación. Y si encima divulgas un área del conocimiento tan absolutamente fascinante como la matemática, mejor que mejor. El ejemplo es el canal Infinite Series.

Y de muestra, estos dos vídeos absolutamente fascinante sobre los infinitos ordinales. Hay que verlos en orden.

La investigación, de Stanisław Lem

No solo es La investigación mi novela favorita de Stanisław Lem, la considero también una de sus obras maestras. Es donde mejor aunó sus preocupaciones filosóficas con la forma de la obra que había creado.

Aquí mi reseña en vídeo. Si te interesan los libros de los que hablo, suscríbete a mi canal de Youtube.

TRANSCRIPCIÓN:

Hoy toca La investigación, de Stanisław Lem. Una extraordinaria combinación de novela policiaca y ciencia ficción. La publica Impedimenta, en su Biblioteca del Siglo XXI.

Stanisław Lem fue un famoso escritor polaco de ciencia ficción. Conocido especialmente porque sus obras tienden más al molde de un escritor satírico como Jonathan Swift que al de la ciencia ficción tradicional. Y también por entretejer en sus novelas y cuentos muchísimos temas filosóficos, sobre todo los referidos a la naturaleza última de la realidad y a si somos realmente capaces de comprender el mundo. A Lem no le hacía falta inventarse extraterrestres, porque desde su punto de vista todos lo somos y la Tierra es un planeta alienígena.

Palabras como metafísica, epistemología u ontología son las que uno puede usar con facilidad cuando habla de la obra de Lem. Muy similar a Borges en ese aspecto.

Un buen ejemplo es esta novela, La investigación que trata… pues bien… de una investigación. En un Londres de mediados del siglo XX, la policía se enfrenta a un buen misterio.

Da toda la impresión de que los muertos se levantan de los depósitos de cadáveres, se alejan a mayor o menor distancia y luego se desploman definitivamente.

Por supuesto, eso es imposible. Y la labor de la policía, con la ayuda de un erudito científico, es descubrir qué está sucediendo en realidad. Porque ya he dicho, lo que parece estar pasando es totalmente imposible. Y no puede estar pasando.

Aunque no es tanto imposible como… inaceptable…

La novela ya arranca con una reunión donde se describen todos los datos del fenómeno. Y el tono se mantiene casi siempre de la misma forma. Se discute, se lanzan hipótesis, se rechazan ideas, se interroga a testigos. Pero la impresión es que detective y científico dan vueltas alrededor del problema central.

¿Y si está pasando lo que no debería estar pasando? La novela va planteando toda una serie de preguntas que no solo se refieren a la investigación policial sino que van directamente al corazón de todo intento racional por comprender el mundo.

¿Cuáles son exactamente los límites de lo que es posible o no? ¿Cuáles son exactamente las reglas del mundo? ¿En qué medida sabemos con certeza lo que creemos saber con certeza?

El científico que ayuda a la policía crea modelos que describen perfectamente el fenómeno. Pero esos modelos no ofrecen ninguna explicación. El detective Gregory investiga con minuciosidad, pero su caso parece quedar enterrado en una montaña de pruebas imposibles de cuadrar entre sí. ¿Es toda investigación inútil? ¿Intentar comprender el mundo es una empresa destinada inevitablemente al fracaso?

En ese aspecto, la combinación de novela policial y ciencia ficción es brillante. Siguiendo el paso de una investigación policial clásica, Lem puede dar riendas sueltas a sus preocupaciones sin tener que salirse en ningún momento de los parámetros del género. La novela se desarrolla con completo realismo…

Exceptuando, por supuesto, lo que está pasando. Que insisto, no puede estar pasando. Es imposible. Y no puede ser.

La investigación es mi novela preferida de Lem. La leí por primera vez en la edición de Bruguera y ya me impactó en su momento. Es una que releo periódicamente. Me fascina la tranquilidad inexorable con la que plantea toda sus dudas epistemológicas. Dudas que sin drama ni tragedia acaban llegando a los mismos cimientos de la realidad.

Me gusta tanto La investigación que le dediqué el primer episodio de mi podcast Hoy Me Gusta. En él me explayo bastante más, especialmente sobre las distintas formas en que la novela acaba dudando de todo orden en la realidad.

Por cierto, tiene una especie de hermana gemela. Una novela llamada La fiebre del heno. La publicó Bruguera en su época, y creo que todavía no se ha reeditado. No pierdo la esperanza.

Recomendados 2016

Leí lo suficiente en 2016. De todos esos libros, entresaco cinco que me gustaría recomendar especialmente. Por supuesto, hay más: por ejemplo, Haruki Murakami es recomendación permanente. Pero me interesaba destacar especialmente estos cinco.

Aquí el vídeo con mis comentarios: Como siempre, si te gusta, suscríbete a mi canal de Youtube.

Los cinco libros, convenientemente enlazados a Amazon.es (me llevo una pequeña comisión si compras a través de eso enlaces), son:

Un libro al día

Durante el mes de agosto me planteé leer un libro al día (el más corto tenía algo más de 30 páginas, el más largo, más de 400). Y aquí dejo un vídeo con mis reflexiones.

Como siempre, si te gusta el vídeo, suscríbete a mi canal de Youtube.

Por cierto, los libros leídos en agosto de 2016 fueron:

  1. Non-Stop Inertia, de Ivor Southwood
  2. Shaking Hands with Death, de Terry Pratchett
  3. Philosophy of Technology: An Introduction, de Don Ihde
  4. Why a man should be well-dressed, de Adolf Loos
  5. Teoría King Kong, de Virginie Despentes
  6. El intelectual melancólico, de Jordi Gracia
  7. Adam Blake, de José Luis Garci
  8. Después del futuro, de Franco Berardi (Bifo)
  9. El instante de peligro, de Miguel Ángel Hernández
  10. Elogia de la indiferencia o la tolerancia plena, de Sebastiano Ghisu
  11. Ideas sobre la complejidad del mundo, de Jorge Wangensberg
  12. A mí, señoras mías, me parece, de Florence Delay
  13. Between the World and Me, de Ta-Nehisi Coates
  14. El viaje de invierno, de Georges Perec
  15. Ninfas, de Giorgio Agamben
  16. De lo sublime, de Longino
  17. Si te rindes, pierdes, de Wismichu (Ismael Prego)
  18. La cámara lúcida, de Roland Barthes
  19. Cómo visitar un museo de arte, de Johan Idema
  20. La duda de Cézanne, de Maurice Merleau-Ponty
  21. Vs., de Sergio Barreto
  22. Galois: Revolución y matemáticas, de Fernando Corbalán
  23. The First Fifteen Lives of Harry August, de Claire North
  24. Richard Serra: La materia del tiempo, de AA.VV.
  25. The Very Soil: An Unauthorized Critical Study of Puella Magi Madoka Magica, de Jed A Blue
  26. Para ver, cierra los ojos, de Jan Švankmajer
  27. Missing Out: In Praise of the Unlived Life, de Adam Phillips
  28. Historia natural y moral de los alimentos 7: El azúcar, el chocolate, el café y el té, de Maguelonne Toussaint-Samat
  29. De lágrimas y de santos, de E.M. Cioran
  30. Mientras no cambien los dioses, nada ha cambiado, de Rafael Sánchez Ferlosio
  31. The Hunting of the Snark, de Lewis Carroll

Los libros de 2016.

Nana de tela

Louise Bourgeois fue una extraordinaria artista que tuvo una carrera larga donde exploró muchos materiales. Entre sus temas, las difíciles relaciones entre personas. Nana de tela es una libro para niños (publicado por la editorial Impedimenta) que cuenta su vida.

Aquí mi reseña en vídeo. Como siempre, si te gusta el vídeo, suscríbete a mi canal de Youtube.

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